Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La diplomacia de los famosos

Por mucho tiempo se ha sumido que la diplomacia es un ámbito reservado a instituciones gubernamentales/estatales, ejercida por profesionales que poseen la calificación necesaria para la gestión y la negociación política. Sin embargo, en la actualidad, cada vez es más frecuente que las celebridades del mundo del espectáculo, el deporte y las artes se involucren en la esfera diplomática como “embajadores de buena voluntad”, “mensajeros de la paz” y/o “embajadores globales” de organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales. El fenómeno es muy frecuente y requiere un cuidadoso análisis, dadas las implicaciones que tiene en las relaciones internacionales contemporáneas.

Apuntes sobre la diplomacia pública

La diplomacia es un mecanismo de interacción, preferentemente entre Estados (gobiernos), para gestionar el entorno internacional.1 En las condiciones actuales, la diplomacia la ejercen, además de los Estados, las corporaciones transnacionales, los organismos no gubernamentales e, inclusive, los gobiernos sin Estado (i. e. como ocurre con los palestinos). Según José María Cantilo, quien fuera canciller de Argentina en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la diplomacia es el conjunto de reglas y métodos que permiten a un Estado instrumentar sus relaciones con otros sujetos del derecho internacional, con el doble objeto de promover la paz y cultivar una mentalidad universal fomentando la cooperación con dichos sujetos en los más diversos campos.2

El actor, por excelencia, para ejercer la diplomacia, es el agente diplomático, cuyas atribuciones se encuentran sancionadas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del 14 de abril de 1961. Así, el agente diplomático como funciones normales, ejerce, entre otras, las de carácter consular, fomenta relaciones de amistad con sus contrapartes, y protege los intereses del Estado al que representa en el país receptor. Como funciones extraordinarias figura la representación de los intereses de un tercer Estado en el país receptor por no contar aquel, con representación en el Estado que lo recibe.

La diplomacia puede ser pública y secreta. La primera intenta que un actor reconocido por el derecho internacional desarrolle gestiones y negociaciones mediante compromisos -en principio- lícitos y visibles con otro actor u actores igualmente reconocidos por el derecho internacional. La diplomacia secreta supone lo mismo, sólo que la visibilidad es nula y los medios empleados para alcanzar acuerdos pueden rayar en lo ilícito. Por ejemplo, a la diplomacia secreta se le responsabiliza de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en muchas ocasiones la diplomacia secreta también ayuda a lidiar con temas y situaciones escabrosas, cuya divulgación, a priori, podría dar al traste con la negociación, si bien una vez que se ha logrado el consentimiento de las partes, se puede optar por dar a conocer públicamente los resultados de las gestiones efectuadas, como ocurrió en los Acuerdos de Oslo que posibilitaron diversos consensos entre los árabes y los israelíes en 1993.

Con todo, la diplomacia ha cambiado y hoy se habla de una nueva diplomacia pública, cuyas características incluyen:

Que los actores internacionales son cada vez menos tradicionales y destacan, en particular, las gestiones de los organismos no gubernamentales (ONGs) e individuos como artistas, escritores, músicos, etcétera;

Que los mecanismos que emplean los actores internacionales consideran de manera prominente a las nuevas tecnologías, en particular, Internet -de ahí que el concepto de la diplomacia virtual sea cada vez más socorrido-; las nuevas tecnologías, al posibilitar una comunicación en tiempo real, aceleran los tiempos para tomar decisiones, a la vez que se tiene un amplio conocimiento por parte de la comunidad internacional sobre lo que se negocia.

Que a diferencia de antaño, cuando la diplomacia se apoyaba sobremanera en la propaganda, hoy predominan estrategias derivadas de la mercadotecnia y de conceptos emanados de la teoría de la comunicación en red.

Que existe una nueva terminología donde el lenguaje del prestigio y de imagen internacional ceden ante el llamado poder suave o poder inteligente.

Que se acentúan los contactos persona a persona sin la necesaria concurrencia de actores tradicionales -como los embajadores y/o los cónsules.

Que la gestión vertical y jerárquica de la diplomacia cede a la gestión horizontal, más relajada y flexible, y la construcción de relaciones entre los actores.3

El Estado y la nueva diplomacia pública

Como los protagonistas de la nueva diplomacia pública no son necesariamente empleados pagados por el Estado, la posibilidad de que sus acciones entren en conflicto con éste, son muy altas. Hay que partir también del hecho de que en la era de la globalización, los Estados cuentan con márgenes más restringidos de maniobra, al tener que reducir su tamaño sobre la base de la racionalidad económica que postula el libre juego de las fuerzas del mercado y que enfatiza que el Estado es un mal administrador. Además, tanto las reformas económicas como las crisis ponen en entredicho la capacidad de los Estados como proveedores de bienestar social, lo cual da la pauta para que los protagonistas no estatales de la nueva diplomacia pública se aboquen a tareas y agendas que no necesariamente cumplen a cabalidad los Estados en el mundo. Así, por ejemplo, cuando Amnistía Internacional presenta su evaluación acerca de la situación de los derechos humanos en los diversos países del orbe, generalmente se producen declaraciones de parte de diversos gobiernos, que desestiman lo que se dice sobre su quehacer. Cuando el actor Sean Penn criticó la invasión estadounidense contra Irak, la administración de George W. Bush pasó un mal rato, dado que la visibilidad y el prestigio que goza Penn atrajo mayor atención dentro y fuera de Estados Unidos a la causa anti-bélica.

Lo contrario también es cierto. Con frecuencia sucede que las voces de algunos ONGs y celebridades refuerzan la diplomacia pública de los Estados y/u organismos intergubernamentales. Claro que aquí es importante señalar que, a diferencia de los diplomáticos tradicionales, las celebridades y los ONGs poseen un interés particular, ajeno o por lo menos diferente al de los Estados u organismos internacionales: dicho interés coincide o no con el de los gobiernos o instituciones como Naciones Unidas, ahí radica la posibilidad de un conflicto o de una relación tersa entre ambos actores.

Por supuesto que los ONGs y las celebridades comparten con los Estados y los organismos internacionales una vocación a favor de la paz, de un mundo libre de pobreza y conflictos. En esto ambos coinciden. Sin embargo, adicionalmente a lo expuesto, los ONGs y las celebridades requieren de una imagen que les permita ganar adeptos, donantes, fans, e, inclusive, lograr una descarga tributaria: la filantropía está exenta de impuestos. Si el distanciarse de los gobiernos les representa a estos actores un beneficio en términos económicos y/o de imagen, no dudarán en apartarse e incluso despotricar contra algún Presidente y/o Primer Ministro. De ahí que tanto los Estados como los organismos internacionales -y algunos ONGs- busquen normar la relación que tienen con las celebridades y otros actores, en aras de evitar que trabajen en contra suya. Los Estados y los organismos internacionales están dispuestos a poner a disposición de las celebridades la plataforma institucional que poseen, la cual permite dar forma a la diplomacia de los famosos. Las celebridades, por su parte, usan los canales institucionales de gobiernos y organismos internacionales para promocionar su imagen y acrecentar su fama.

Características de la diplomacia de los famosos

Para que la diplomacia de las celebridades sea considerada como tal, se requiere entonces, que los famosos empleen los canales diplomáticos formales. De otra manera, sus acciones no pueden ser consideradas más allá de la simple denuncia o, en el mejor de los casos, la filantropía. Así, fundaciones como Heal the World y USA for Africa, creadas a instancias de Michael Jackson, no forman parte de la diplomacia de las celebridades, sino que se inscriben en el terreno de la filantropía, la cual, dicho sea de paso, tiene ventajas sobre las acciones que otros famosos desarrollan a través de instituciones estatales y/o internacionales. Baste mencionar que el envío de ayuda a regiones agobiadas por la hambruna, los desastres naturales y/o los conflictos armados, tarda mucho tiempo en llegar si se le canaliza a través de, por ejemplo, Naciones Unidas, dado que hay una serie de formalidades burocráticas que se deben cumplir antes de que la asistencia sea autorizada. En el caso de USA for Africa, la ayuda, estimada en unos 63 millones de dólares a la fecha gracias a la canción “We Are The World” (a tan sólo cuatro meses de haber sido lanzada al mercado, la citada canción ya había reunido unos 10 millones de dólares), posibilitó financiar programas agrícolas y de control natal de corto y mediano plazos en África y, en general, se reconoce que los recursos han fluido con celeridad. Asimismo, el contacto directo con las personas, más que con los gobiernos (muchos de los cuales concentran la ayuda y posteriormente condicionan su entrega a lealtades políticas) es otro factor importante que se observó en las acciones de USA for Africa.

Sin embargo, la experiencia acumulada de gobiernos y organismos internacionales es muy importante en el aprovisionamiento de ayuda, dado que ésta debe transitar por determinados canales, desde el origen hasta el destino final. Sting no puede cargar sacos de granos y llevarlos en persona hasta Biafra para hacer entrega directa a las víctimas de la hambruna. Pero lo que sí pueden hacer las celebridades es contribuir a que la asistencia sea más expedita, ya sea a través de conferencias de prensa, entrevistas, o con su presencia física en el lugar donde acontece la emergencia humanitaria.

Conforme a lo expuesto, se entiende entonces que la filantropía forma parte de la diplomacia de los famosos, pero que no es sinónimo de ésta. Y para que la filantropía transite al terreno de la diplomacia, debe operar en el marco de las instituciones estatales e internacionales existentes. Claro, podría pensarse que para las celebridades, la mayor parte de las cuales son ajenas a una formación diplomática y a cuestiones de protocolo y negociaciones, no es frecuente utilizar los canales institucionales formales. Pero la evidencia contradice este argumento.

En 2007, el diario español El Mundo señaló que unos 300 famosos -categoría que incluye artistas, cantantes, deportistas, escritores, científicos, etcétera- operan bajo categorías como la de embajador de buena voluntad, mensajero de la paz o embajador global, al servicio de Naciones Unidas y sus organismos y programas especializados, o bien, al amparo de ONGs.4 En el seno de la ONU, el organismo pionero fue el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que desde 1954 acogió al actor estadunidense Danny Kaye como su primer embajador de buena voluntad, organizando conciertos en beneficio de dicha institución y reuniendo fondos para sus diversos programas.

Los nuevos diplomáticos

Las celebridades tienen una larga historia de vinculación con la diplomacia. Benjamín Franklin, una de las grandes luminarias de su tiempo, tuvo una estrecha vinculación con la corte del rey Luis XVI. El coronel Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia) participó activamente en los trabajos de la Conferencia de Paz de París de 1919. Shirley Temple, Octavio Paz y Pablo Neruda, por citar sólo a algunos famosos, han representado a sus países como embajadores (Octavio Paz era embajador de México en India cuando se produjeron los lamentables sucesos del 2 de octubre de 1968). No está de más referir los casos de Ronald Reagan y Arnold Schwarzenegger, personalidades del mundo del espectáculo que gobernaron (gobierna, en el caso del segundo) al estado de California y, como se recordará, Reagan llegó a la presidencia de Estados Unidos (1981-1988), lo que destaca la importancia de la visibilidad que la industria cinematográfica les dio para desarrollar, a continuación, carreras políticas de altos vuelos. Pero sobre la relación entre las celebridades de Hollywood y el sistema político de Estados Unidos se hablará en otra ocasión.

Por ahora baste señalar que en todos los demás casos, Octavio Paz incluido, que devinieron en diplomáticos, representaban a sus respectivos gobiernos ante la comunidad internacional. En la actualidad la situación es muy distinta. Hay centenares de celebridades que no realizan gestiones a nombre de algún gobierno: William y Melinda Gates, Bono, Angelina Jolie, George Clooney, Michael Douglas, Paulo Coelho, Charlize Theron, Yo-Yo Ma, David Beckham, Orlando Bloom, Ricky Martin, Mia Farrow, Danny Glover, Angélique Kidjo, Jessica Lange, Roger Moore, Susan Sarandon, Alicia Alonso, Monserrat Caballé, Jean Michel Jarre, Susana Rinaldi, Nicole Kidman, Ronaldo, Zinédine Zidane, Giorgio Armani, George Dalaras, Cesaria Evora, Kaká, Maná, Drew Barrymore y Ronaldinho, son sólo algunos de los nuevos embajadores que promueven las agendas de una amplia variedad de organismos especializados y programas de Naciones Unidas.

Las celebridades son activistas que expresan abiertamente su sentir sobre la pobreza, la hambruna, los refugiados, la situación de la mujer y/o de los niños, etcétera, lejos de la formalidad, el secretismo y la discreción que caracteriza a los círculos diplomáticos formales. Su estilo, en general, es populista. Rara vez cuentan con conocimientos, capacitación o experiencia en torno a la diplomacia, y de hecho se inician en este arte sin saber gran cosa sobre ella. El mensaje que transmiten rara vez se expresa en un lenguaje diplomático, puesto que sobre todo es coloquial.

Los famosos no desarrollan su activismo en embajadas ni a través de comunicados oficiales, sino que las plataformas a las que recurren son entrevistas en medios de comunicación, y actuaciones en eventos masivos. Como se sugería líneas arriba, las celebridades no pueden argumentar que representan o hablan a nombre de un pueblo en particular. Lo que sí es cierto es que por sus méritos -o bien por sus egos- algunas celebridades merecerían ser consideradas como diplomáticos porque muchas de sus acciones entran en el terreno de la diplomacia cultural.

Aun cuando se debate si la diplomacia de los famosos es un fenómeno exclusivo del mundo anglosajón,5 lo cierto es que las celebridades combinan, en su quehacer filantrópico, actitudes individualistas propias de Occidente (aunque hay un montón de luminarias oriundas de países que no son occidentales) con valores universales y cosmopolitas. Todos los famosos, sin excepción, condenan la violencia. Las celebridades participan con voz propia en foros internacionales de alto nivel, como el Foro Económico Mundial, reuniones de los organismos y programas especializados de Naciones Unidas y el Grupo de los 20 (G20), por citar sólo algunos. En estos foros realizan encuentros cara a cara con prominentes figuras políticas, trátese de presidentes, primeros ministros, directores ejecutivos de corporaciones y el secretario general de Naciones Unidas, entre otros.

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Las celebridades buscan reconocimiento y apoyo al integrarse a la formulación transnacional de políticas, en tanto los gobiernos, los organismos internacionales y algunos ONGs emplean a los famosos para incrementar su propia credibilidad. Esta redituable asociación combina la mercadotecnia con los recursos que los famosos pueden generar a favor de una causa.

La palabra embajador provienedel latín ambactiare, que significa “llevará a cabo una misión.” Aun cuando gran parte de las celebridades cuentan con una formación en relaciones internacionales, ni en negociaciones ni política internacionales, entienden con claridad el significado de su misión. Impugnan el estado de cosas, en particular, la forma en que se abordan los problemas y se proponen soluciones. Combinan entusiasmo con coraje. Privilegian una trayectoria transnacional por encima de las sensibilidades nacionales. El activismo de las celebridades se aboca a cuestiones como el combate a la pobreza, la condonación de la deuda externa, la ampliación de los programas de asistencia oficial al desarrollo, la lucha contra el VIH/SIDA y otras pandemias, problemas que en su mayoría se concentran en África.

El caso del cantante Bono es particularmente ilustrativo. A través de su fundación Debt, Aids,Trade, Africa (DATA), es considerado como referente en las tareas que puede desarrollar una celebridad, al tender inclusive puentes entre Hollywood y las grandes corporaciones. Bono se reúne periódicamente con líderes mundiales y externa su preocupación por problemas como los referidos y otros más. Los gobernantes y representantes de organismos internacionales escuchan los planteamientos del cantante irlandés y se toman la foto con él, en una ecuación que se reproduce cada vez con más frecuencia con otras celebridades. A través de DATA y sus encuentros con líderes mundiales, Bono es visto como un artista sensible al sufrimiento humano. Por su parte, los líderes mundiales, al dialogar con Bono, aparecen como abiertos al diálogo y a la posibilidad de explorar opciones para solucionar los grandes problemas que aquejan a las sociedades. ¿Qué tanto repercuten estas acciones en la mitigación de las carencias más graves que padecen millones de personas en todo el mundo? Falta hacer una evaluación objetiva sobre el particular. En cualquier caso, gracias al trabajo de Bono se ha acuñado el concepto de Bonoización de la diplomacia.6

Las celebridades de la industria del entretenimiento, las artes y/o la ciencia tienen, de hecho, un amplio margen de maniobra, que se combina con el privilegiado acceso a los medios, un deseo por la auto-promoción, además, claro está, de la necesidad de atraer la atención respecto a otras luminarias. Por supuesto que estas características se diferencian de los diplomáticos formales, quienes, en su condición de representantes de Estados y/u organismos internacionales, no están facultados para emitir opiniones a título personal, ni pueden buscar el protagonismo, mucho menos tener un acceso irrestricto a los medios.

Pero pensar que la diplomacia de las celebridades sólo la encabezan personalidades no-estatales es incorrecto. La Princesa de Gales, Diana, desarrolló una activa campaña contra las minas terrestres anti-personal al lado de una enorme coalición de ONGs, en un curioso híbrido de diplomacia estatal y no-estatal. Un caso similar al de la Princesa Diana es el de figuras políticas que por diversas razones devinieron en celebridades, como Nelson Mandela y Albert Gore. Aunque en su momento, cuando tenían responsabilidades política en sus respectivos países, eran reconocidos por sus habilidades y liderazgo, una vez que dejaron sus cargos políticos se convirtieron en celebridades icónicas. A Mandela, por ejemplo, se le compara con Abraham Lincoln y George Washington, amén de la gran cantidad de estatuas y monumentos erigidos en su honor. En 1993 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a sus valiosos esfuerzos para luchar contra el apartheid. En el caso de Albert Gore, luego de perder en una impugnada contienda presidencial, los comicios del año 2000, destinó sus esfuerzos a la promoción de la agenda ambiental, con la integración de un grupo de expertos y el desarrollo de una serie de conferencias al amparo del documental Una verdad incómoda, laureado con un premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood en 2007, y en ese mismo año recibió el Premio Nobel de la Paz. Dos años después, el audio libro de Una verdad incómoda fue galardonado con un premio Grammy. Tanto Mandela como Gore con frecuencia aparecen en conciertos y reuniones encaminadas a reunir fondos; en el primer caso, para la lucha contra el VIH/SIDA y, en el segundo, en la lucha contra el calentamiento global, recibiendo el mismo trato que se le prodiga a las estrellas de rock.

Las celebridades también conviven entre sí para fines de auto-promoción. Es el caso de Larry King y Oprah Winfrey, quienes, además de desarrollar una reconocida filantropía, albergan en sus programas de televisión a innumerables personalidades del mundo del espectáculos, las artes y el deporte, quienes, a su vez, aprovechan esta plataforma para difundir su mensaje. Bono ha sido invitado de Oprah Winfrey, y en esas oportunidades ha promocionado a su fundación DATA. George Clooney, como huésped de Oprah, también uso ese foro para hablar sobre la crisis en Darfur.

La ONU y las celebridades

Al usar la plataforma de Naciones Unidas, que es una institución intergubernamental (al igual que sus agencias y programas especializados), las celebridades efectivamente operan como diplomáticos al coadyuvar al trabajo de la ONU y combinar la imagen de la institución con la propia. Procedentes de ámbitos tan distintos como la cultura, el deporte o los medios de comunicación, estos personajes tienen en común, como se sugería líneas arriba, el respeto a los derechos humanos y su solidaridad con los desfavorecidos, requisitos imprescindibles para obtener el nombramiento de embajadores de buena voluntad y/o mensajeros de la paz.

Todos ellos se comprometen de forma altruista a difundir los valores de la organización que representan, a la que ceden su imagen y su tiempo. La ONU aprovecha su generosidad, sabedora de que su popularidad es el mejor imán para atraer la mirada de la gente hacia las necesidades de los desvalidos, tanto en sus países de origen como en sus visitas a proyectos en diversas naciones y a programas de emergencia.

Además, los embajadores de buena voluntad se convierten en ocasiones en representantes directos ante las instituciones con capacidad de realizar cambios, participan en festivales benéficos, galas y otros eventos para recaudar fondos y realizan tareas de promoción en favor de los más necesitados, según documentan diversos organismos especializados de la ONU como el UNICEF.

El UNICEF es el que cuenta con más estrellas a favor de su causa. Aunque los embajadores de UNICEF son los más numerosos, otras agencias de la ONU, como la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD el Programa Mundial de Alimentos (PMA) también cuentan con personalidades que difunden sus valores y les ayudan a mantener sus proyectos.

El mandato de estos “patronos” de la paz y la justicia social es de un año, renovable por mutuo acuerdo. Aunque no cobran por su labor, si lo solicitan o es práctica común de la agencia que los designa, firman un contrato simbólico, por el que perciben un dólar al año. Asimismo, cuando se desplazan a ciertas zonas conflictivas, la ONU les entrega un certificado especial, que acredita su participación en esa misión.

Incluso cuando en el seno del Sistema de Naciones Unidas existe la figura del embajador de buena voluntad, en algunos casos sus funciones son más claras y definidas que en otros. Además, en ciertos casos existen categorías adicionales, como ocurre en la UNESCO, donde además de los embajadores de buena voluntad, existen los embajadores honoríficos, los enviados especiales, los campeones y los artistas para la paz.

Según la UNESCO, un embajador de buena voluntad es una persona célebre que contribuye a la difusión de los ideales de la organización gracias a su renombre y carisma.7 Además de ampliar el trabajo y la misión de la UNESCO, estas personalidades aceptan ofrecer su talento y reconocimiento internacional para sensibilizar a la opinión pública en apoyo del trabajo de la institución, en particular en materia de educación y en campañas de alfabetización.

En el caso del ACNUR, se sabe que empezó a trabajar con la figura de los embajadores de buena voluntad a principios de la década de 1980, cuando Richard Burton y James Mason fueron escogidos para hacer declaraciones a los medios y eventos públicos a favor de la causa de los refugiados. Hoy en día, siete embajadores de buena voluntad del ACNUR, con profesiones e intereses personales muy variados, ponen al servicio de los refugiados su talento y su tiempo. Ellos son: Barbara Hendricks, nombrada en 1987; Adel Imam, en 2000; Angelina Jolie, en 2001; Giorgio Armani, en 2002; Julián Clerc, en 2003; Georges Dalaras y Osvaldo Laport, en 2006; Muazzez Ersoy, en 2007, y Jesús Vázquez, en 2008.8

Otros organismos especializados y/o programas de la ONU que cuentan con programas de embajadores de buena voluntad, además de los ya citados más la FAO, el PNUD y el PMA son: el Programa Conjunto de Naciones Unidas contra el VIH/SIDA (UNAIDS el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (UNOCD la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO): el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el seno de la ONU también existe la figura de mensajero de la paz; son individuos distinguidos, seleccionados cuidadosamente de los campos de las artes, la literatura, la música y los deportes, quienes han acordado ayudar a concentrar la atención del mundo en el trabajo de las Naciones Unidas. Respaldado por el más alto honor que pueda ser otorgado por el secretario general a un ciudadano del mundo por un periodo inicial de tres años, estas prominentes personalidades contribuyen con su tiempo, talento y pasión para crear conciencia sobre los esfuerzos que realiza el organismo internacional para mejorar la vida de miles de millones de personas en todo el mundo.9

Desde el inicio del programa, hace ya casi una década, más de diez individuos han prestado su nombre, reputación y energía para contribuir a que las sociedades exijan un mundo donde haya paz. Como mensajeros de la paz de la ONU figuran la Princesa Haya Bint Al Hussein de Jordania (desde 2007 el músico y pianista argentino Daniel Barenboim (2007 el actor estadounidense George Clooney (2008 el escritor brasileño Paulho Coelho (2007 la violinista japonesa Midori Goto (2007 el actor estadounidense Michael Douglas (2007 la británica Jane Goodall, pionera en el estudio de primates y chimpancés (2006 el chelista japonés Yo-Yo Ma (2006 la actriz sudafricana Charlize Theron (2008 y el escritor Elie Wiesel, superviviente del Holocausto (2006). Previamente, figuras como Muhammad Ali y Luciano Pavarotti también sirvieron como mensajeros de la paz.

El fenómeno de los embajadores de buena voluntad no empieza ni termina en la ONU, dado que organismos como la Unión Africana, la Unión Europea, el Comité Olímpico Internacional y ONGs como OXFAM International cuentan con figuras similares. OXFAM International, por ejemplo, los denomina embajadores globales, distinción que poseen, entre otros, el actor mexicano Gael García Bernal, y los cantantes Miguel Bosé, de España, y la escocesa Annie Lennox.

El futuro de la diplomacia de los famosos
La diplomacia de los famosos llegó para quedarse. Obedece, en parte, a la globalización, donde el adelgazamiento de los Estados los convierte en actores con menores márgenes de maniobra, lo que a su vez convoca a que actores no-estatales ingresen al terreno de la diplomacia, tratando de abordar una serie de temas directamente relacionados con el desarrollo y la paz. Diversas celebridades del mundo del espectáculo, las artes y la ciencia desarrollan numerosas acciones en el terreno humanitario y a favor de la paz. Sin embargo, ni la mera presencia, ni sus discursos, ni las labores filantrópicas que realizan, constituyen per se, acciones diplomáticas. Necesariamente, los famosos deben vincularse de alguna manera a las instituciones diplomáticas, estatales, interestatales o no-gubernamentales para ganar credibilidad y proyectar de mejor manera la causa humanitaria que enarbolan. Asimismo, a través de esta vinculación, los Estados, organismos internacionales y/u ONGs, aseguran un cierto control sobre las acciones de los famosos.
Para una institución, la vinculación con alguna celebridad, aun cuando conlleva beneficios, plantea algunos riesgos. El beneficio es claro: la agenda de la institución en cuestión gana mayor atención del público gracias al trabajo de la celebridad en cuestión. Algunos organismos de la ONU, como se ha visto, detallan con claridad las obligaciones que tienen los embajadores de buena voluntad, lo que ayuda a administrar los riesgos posibles. Entre los riesgos destaca la posibilidad de que si la celebridad cae en desgracias, “manche” el nombre de la institución de la que es embajador (a). En el peor de los casos, la agenda promovida por una celebridad, cuando ésta cae en desgracia, puede colapsarse o ser suspendida. Esto ha ocurrido en varias ocasiones, siendo una de la más comentadas la promoción de la campaña adopta una mina que en Estados Unidos tuvo como dos prominentes patrocinadores a Paul McCartney y Heather Mills, pero cuando la pareja anunció su divorcio, la campaña simplemente se colapsó.
Por supuesto que Naciones Unidas, los gobiernos y los ONGs se reservan el derecho de admisión. Una celebridad sumida en el escándalo (como, Lindsay Lohan, Paris Hilton o Britney Spears), no califica como embajadora de buena voluntad, dado que podría resultar contraproducente para la institución de la que es vocera.
Pero para las celebridades, el vínculo establecido con una institución puede limitar, al menos en parte, su desarrollo profesional. El actor Don Cheadle, quien ha alertado en torno a la crisis en Darfur, ganó credibilidad a la causa que defiende, en parte por el papel protagónico que tuvo en la película Hotel Ruanda. Puede ocurrir también que aunque los famosos tengan muy buenas intenciones, sepan muy poco del tema y ello, en lugar de ganarles adeptos, propicia una avalancha de críticas. Es el caso de George Clooney, cuyo activismo a favor de las mejores causas es muy conocido. Al igual que Don Cheadle y Mia Farrow, ha alertado al mundo en torno a la situación en Darfur. Sin embargo, en el caso de Clooney, éste se abocó exclusivamente a las víctimas del genocidio y al papel de Estados Unidos, omitiendo, el papel de la RP China, de la ONU, del gobierno de Sudán y de la Liga Árabe, quienes tienen responsabilidad en lo que sucede. Al hablar del tema al mundo, George Clooney fue percibido como “muy ignorante” en torno a la situación en Darfur y, por lo mismo, fue ampliamente criticado.
Otro riesgo es que el activismo de los famosos pueda interpretarse como “imagen para el enemigo.” Fue lo que le ocurrió a Bernardo Bertolucci al rodar El último emperador en la RP China en 1987 con el permiso de las autoridades de ese país. Muchos criticaron a Bertolucci argumentando que había propaganda en su película a favor de los comunistas chinos. Fue también lo que le ocurrió a Sean Penn cuando criticó la guerra en Irak yse le consideró como “aliado” de Saddam Hussein. Algo parecido ocurrió con las críticas de Jane Fonda a la guerra de Vietnam, ganándose el mote de Hanoi Jane. Es también similar lo que ocurre ahora con Juanes con su concierto Paz sin fronteras en La Habana (las críticas más fuertes vienen de parte de la comunidad cubano-estadounidense en EU por considerar que hará publicidad al régimen de los Castro).
Con todo, la diplomacia de las celebridades provee otra manera de ejercer las negociaciones diplomáticas, a veces con más éxito que sus contrapartes profesionales. En este sentido, los famosos son protagonistas de la nueva diplomacia pública.
Sea porque tienen egos muy grandes o porque buscan deducir los impuestos que pagan, o porque adoptan una actitud contestataria frente a las autoridades como parte de su estrategia de mercadotecnia, las celebridades generan grandes expectativas y hoy se han erigido en actores protagónicos en las relaciones internacionales con la ayuda de Estados, organismos internacionales y ONGs -o a pesar de todos ellos.
1 Nicholas J. Cull (febrero 2009), “Diplomacia pública: consideraciones teóricas”, en Revista Mexicana de Política Exterior, No. 85, p. 56.
2 José María Cantilo (1987), Canciller Cantilo. La diplomacia argentina al servicio de la paz, Buenos Aires, Editorial Librería Histórica/Historia Argentina.
3 Nicholas J. Cull, Op. cit., p. 59.
4 Martha Arroyo (27/12/2007), “Más de 300 famosos de todo el mundo ejercen como embajadores de buena voluntad para la ONU”, en El Mundo, disponible en http://www.elmundo.es/elmundo/2005/08/19/solidaridad/1124447421.html
5 Andrew F. Cooper (2008), Celebrity Diplomacy, Boulder, Paradigm Publishers, pp. 111-112.
6 Andrew F. Cooper, Op. cit., pp. 49-50. Cooper también refiere que el fenómeno Bono se puede analizar desde la óptica del concepto de diplomacia de las celebridades: el cantante irlandés usa los canales institucionales, es decir, juega conforme a las reglas establecidas, por lo que también se habla de la diplomatización de Bono.
7 UNESCO (2006), UNESCO Goodwill Ambassadors, Paris, UNESCO, disponible también en http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001446/144698E.pdf
8 Véase UNHCR (2001-2009), Goodwill Ambassadors, Geneva, United Nations High Commissioner for Refugees, disponible en http://www.unhcr.org/pages/49c3646c3e.html
9 Véase United Nations (2007), United Nations Messengers of Peace, New York, United Nations, disponible en http://www.un.org/sg/mop/index.shtml

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