Premio Nacional de Protección Nacional
Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

La dictadura de la imagen

Nada descubro al advertir que en fechas venideras las campañas políticas se librarán en los medios masivos. Tampoco hallo el hilo negro prediciendo dosis letales de mamarrachencia y menesterosidad intelectual en todos los candidatos que tratarán de esquivar los cepos que el IFE ha puesto en su camino.

En realidad lo realmente interesante se concentrará en los “cómos” (ya sabemos cuáles son los “qués”, representados por señores que juran que son la mejor opción y que ahora sí, se necesitaría ser pendejo para no votar por ellos).

Por principio de cuentas y bajo el mexicanísimo principio del descontón cabaretero, es sensato pronosticar carretadas de mierda que se lanzarán con denuedo unos candidatos a otros. Nos enteraremos de asuntos tan fascinantes como que el PRI no paga su predial y le pega al perro, que el PRD le pega, pero a su mujer, que los del Verde trafican con tucanes a la sombra de su líder (ese Estadista) y que una señora del PAN, que es muy devota, tiene la afición de bailar semidesnuda y con aceite untado en YouTube.

Es perfectamente sabido que en este país la ley electoral tiene tanto valor como un boleto del metro en un vuelo París-Marruecos, por esta simple razón es que la guerra sucia rinde ¿qué se graba ilegalmente? No pasa nada ¿qué se calumnia? Santas Pascuas. De hecho hemos sido ya testigos de la forma en la que Fox y Calderón (esos Estadistas) fueron declarados culpables de violar la ley electoral mientras se abanican jarochamente con tal resolución.

Un segundo elemento, esta vez diseñado por Torquemada, hará su aparición; seguramente Peña Nieto, acompañado por las intelectuales mexicanas Andrea Legarreta y Galilea Montijo, nos regalará en cadena nacional la receta de las quesadillas de pápaloquelite. Es probable también que algún Gobernador (quizá el mismo), pague millones para que Televisa produzca una telenovela en su feudo local, en la que podremos admirar la notabilidad de un señor vestido de pirata y todo sudado encomiando lo bonito que es Barra Vieja o la Laguna del Chairel. El combo televisivo va frecuentemente acompañado de una entrevista al mandatario estatal en la que algún conductorcete dice cosas como:

“Señor Gobernador, vemos muy modernizado su Estado”, lo cual resulta paradójico porque el más reciente huracán se llevó con rumbo preciso a la chingada la mitad de las casas de la región.

Finalmente. La última arista que me interesa analizar en este polígono trágico es la de la imagen. Lo he dicho ya; las campañas en las que un candidato entraba al pueblo acompañado por la banda de guerra, cargaba niños meados y le metía mano a la flor más bella del ejido mientras le colgaban un collar de limones, han terminado y forman parte de un México premoderno.

Lo que rifa hoy es una profesión parásita llamada “consultoría de imagen” en la que un grupo de expertos se las ingenia para sugerirle a los candidatos que no se rasquen la entrepierna en público, que sonrían así tengan una fractura expuesta o que utilicen corbatas más alegres, porque las que portan son de abonero.

Lo anterior provocará que los aspirantes dejen de ser ellos mismos para convertirse en lo que los consultores creen que deben ser; personas cuidadas, elegantes, buenas y ejemplares, conscientes de los problemas nacionales y maquillados como cucarachas de panadería para los numerosos paneles en los que participarán, siempre con una sonrisita.

Hace no mucho se realizó un experimento fascinante: a gente de la India y Estados Unidos se le presentaron fotografías de pares de candidatos mexicanos reales que habían contendido en elecciones y se les pidió (así, sin ningún contexto) que dijeran por quién votarían, el resultado fue fascinante; más del 80% de los entrevistados acertaron al desenlace de la elección guiándose solamente por el criterio de una “mejor imagen”.

Son pues esos los tiempos que vivimos, el análisis quedará relegado inexorablemente (¿alguna vez tuvo un lugar destacado?) y la imagen, esa gran dictadora, guiará nuestro criterio electoral. Por ello supongo que el próximo Presidente será encantador, sabrá cocinar y portará una costosísima corbata Hermes que, como se sabe, no es poca corbata. Dios.

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