Cinque Terre

Ariel Ruiz Mondragón

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La danza no se entiende, se siente

¿Cómo te definirías?

Básicamente soy un fotógrafo dedicado a las artes escénicas. Ésa es mi principal labor. Y creo que me define, a diferencia de otros fotógrafos, una necesidad de mostrar la realidad, no necesariamente mi visión, en algunos casos.

Cuando hago una fotografía de un bailarín, le ayudo a hacer un autorretrato. ¿Cómo se ven ellos a sí mismos? ¿Qué es lo que es más peculiar? No tanto esta visión del artista que dice: “Yo te veo de tal manera, yo te defino, yo digo qué eres”. No, simplemente decir: “Aquí está mi cámara, aquí estoy yo, vamos a hacer juntos algo que tú creas que te defina…”.

¿Qué quieres hacer?”, ¿no?

Sí. “¿Qué quieres mostrar? ¿Cuál es la imagen que quieres dar al mundo?”, no la imagen que yo quiera dar.

¿En qué momento te encontraste con la fotografía?

Estudié periodismo, hará unos 20 años, en Sonora, y hubo un tiempo en que me dediqué allá a trabajar en periódicos. Pero realmente me gustaba la fotografía, me parecía entretenida. Ya aquí, en la Ciudad de México, una amiga me dijo que le hiciera una sesión. Una bailarina. Nunca había hecho fotos de danza. Fue muy impresionante. Empiezo a tomar fotos y todas bonitas, es como fotografiar un gato: siempre va a salir bien el gato. Una bailarina, el 90% de las veces, va a salir bien en una foto.

No hay ángulo feo…

No, lo que pasa es que todo el arte de la danza se basa en crear líneas. Como esto que hace ella, estas líneas, estas diagonales… ¡esto es un arte dancístico! Crear estas diagonales, esta tensión en el cuerpo… Muchas de las imágenes que se crean en pintura o en fotografía tienen que ver con las diagonales, entonces son artes que se llevan bien por naturaleza.

¿Y cuáles han sido tus tropiezos?

Más que tropiezos, creo que siempre es una batalla cuesta arriba. Realmente es muy difícil obtener una recompensa económica y motivar a la gente que trabaja contigo. La mayoría de los bailarines que trabajan conmigo nunca reciben dinero. A veces logramos vender algunas fotos a un coleccionista o algo así, pero es más bien raro que lo logremos. Muchas veces lo hacemos por gusto, por una inquietud personal, porque hay un gusto o una visión artística.

Te iba a preguntar: ¿Cuáles son las dificultades? Pero, más bien, te digo entonces: ¿Cómo le hacen para desarrollarse en este tipo de arte?

Hay que considerar dos cosas: Una es que existe un número considerable de artistas, por lo menos aquí en la Ciudad de México, que tienen beca. Aquí hay muchos espacios culturales, hay dinero del gobierno, por decirlo de alguna manera. No lo suficiente.

Y la otra es que realmente muchos hacemos otro tipo de trabajos. Como decía Elvis Presley: One for the money and two for show. Hacemos una por dinero y hacemos dos para seguir buscando recursos. Disney decía que él no hacía películas para ganar dinero, él ganaba dinero para hacer películas. Entonces buscamos la manera de tener ingresos de otras cosas, que a veces son adyacentes. Por ejemplo, hay bailarinas que hacen cosas de show que no son necesariamente artísticas, ahí ponen en juego también su talento y su preparación. Ahí andamos rascándole para mantenernos vivos, porque esa es nuestra misión: ir creando cosas.

Como fotógrafo, como artista, ¿quiénes son tus principales referentes?

Mis referentes son pintores, más que otros fotógrafos. Degas para mí es un referente; Toulouse-Lautrec, Perugachi, Egon Schielle son para mí quienes han explorado el cuerpo desde una visión mucho más realista, mucho más descarnada. Degas sufrió críticas feroces por fotografiar y por hacer esculturas de bailarinas tal cual son, y de Toulouse, pues ya sabes toda la historia que acaba tan trágica. Yo me identifico con ellos por esta búsqueda del cuerpo real, no del cuerpo idealizado. O sea, si uno ve a esta chica, a muchos hombres podría no parecerles tan atractiva: es una chica muy musculosa. En nuestra sociedad machista, una chica así de musculosa se considera que no es femenina, eso es una noción absurda. ¿Quién dijo que los músculos son propiedad de los hombres? Entonces hay este afán de mostrar la realidad, y la realidad es que hay mujeres tremendamente fuertes y tremendamente expresivas, como en el caso de ella.

¿Cómo se expresa la diversidad mexicana en el arte? Así, en general: en la literatura, en la pintura, en la danza.

Bueno, hablaría más de las artes visuales, que es lo que me compete. Somos un país de grandes creadores de imágenes. Ya lo hemos visto, desde el caso de la pintura hasta nuestros cineastas. Pero hay un hilo conductor: México es un país muy vivo, de mucho color, de muchos contrastes, y eso es algo que nos nutre. Aquí mismo sales a la calle y se te llenan los ojos de imágenes, te dan ganas de fotografiar, te dan ganas de dibujar.

Yo soy del norte. En el norte, nuestro paisaje es tan árido… Si tú ves las artesanías del norte, en su gran mayoría –hay excepciones–, pero en su gran mayoría son colores ocres, todos. Es una paleta muy tranquila. Bajas al sur y ves esta explosión de color; y como artistas respondemos a los estímulos; si algo tiene estimulado un mexicano es su visión, lo que nos permite tener grandes y diversos artistas, que muestran desde la sobriedad del norte, la falta de adjetivos del norte, hasta la gran riqueza en un alebrije; y para mí es muy emocionante vivir en la Ciudad de México, precisamente por eso, porque 24 horas al día, 7 días por semana, hay algo que ver, y si hay algo que ver, hay algo que fotografiar.

¿Hace cuánto que estás en la Ciudad de México?

Doce años.

¿Por qué viniste?

¡Me encanta! Desde niño quería vivir acá. A mí me gusta muchísimo esta ciudad, yo creo que es mi ciudad, es donde me siento en casa.

Ya eres parte de ella.

Sí. No me gustaría irme, pero para nada.

¿Crees que hay una correspondencia entre esa heterogeneidad cultural y el impulso que los gobiernos dan al arte en el país?

Son cosas diferentes. Sí hay un apoyo, es evidente que hay un apoyo gubernamental al arte. Pero no necesariamente es tarea del gobierno llenar todos los espacios; también nosotros tenemos que buscar la manera de allegarnos recursos, como lo hacemos mis amigos con los que trabajo y yo. Debemos ser autosuficientes y encontrar la manera de difundir nuestro trabajo. Pienso, y casi como abogado del diablo, que si haces una exposición y van cinco personas a ver tus fotografías, es muy difícil que luego obtengas todos los argumentos para ir a pedir apoyos. Tenemos que buscar público, debemos ser llamativos, y no discretos. No tocar la puerta, ¡tenemos que darle una patada y entrar, demostrar lo que hacemos! Al igual que en otras artes, en el mundo de la danza, debemos hacernos cargo de llevar gente a los teatros, de llenar las butacas. Para mí eso es sumamente importante

¿Crees que es particularmente difícil en la danza o es equiparable con otras disciplinas?

Sí, es muy difícil. Es especialmente difícil llenar las butacas en una función de danza.

¿Por qué es más difícil en la danza?

Nuestra educación está basada en la lógica, y la danza no es lógica. Siempre que voy a una función de danza, me dicen mis amigos: “Oye, no le entendí”. Y es que la danza no la tienes que entender, a una función de danza se va a recibir energía; los grandes bailarines no explican nada, no es una narración, es poesía. La poesía no se entiende, se siente. Por ejemplo, la semana pasada hubo una gala en honor a Gloria Contreras, y fue impresionante ver la fila de personas que había en un jueves, en el centro de la Ciudad de México, para ver ballet, y para ver ballet 100% mexicano, y decían: “¿¡Toda esta gente viene a ver ballet!?”. Apenas platicábamos sobre este tinte de violencia que hay en la ciudad, y sin embargo, la gente llega, después de horas en el tráfico, incluso frustrada, a ver una función de ballet, porque sabe que la belleza existe, se emociona. Les abres un mundo nuevo, y quizás esa gente salga a esas mismas calles, pero con más esperanza, con más gusto, eso es lo que te da la danza. Y eso no es fácil de explicar. Te lo puedo decir a ti, aquí, y tengo mucho tiempo, pero en un sistema publicitario es muy difícil hacerle entender eso a la gente. Que la danza te puede llevar lejos, que puede hacer más rica tu vida, más emocionante, que te puede hacer comprender a otros, a ti mismo.

Pensemos en el cuerpo mexicano, las crisis de salud pública en el país, la diabetes, etcétera, ¿cómo vive el cuerpo de una persona en la Ciudad de México, nuestros cuerpos? Súbete al metro. ¿Cómo has tratado tu cuerpo? ¿Cómo has tratado y maltratado tu cuerpo? Y de pronto, si te aficionas a la danza, entiendes tu cuerpo desde otra perspectiva. Y nada más ver, no necesariamente practicar, y entiendes que tu cuerpo es un espacio de disfrute, es una puerta al mundo, es un núcleo de energía, y eso es lo que intento transmitir, por eso mis imágenes son de este tipo. Lo ves y te dice algo, te emociona y no es mérito mío… bueno, sí un poquito, pero es también mérito de la foto. Fotográficamente, es sumamente sencilla, es una luz y ya, pero al dejar que se luzcan estos tipos y estas chicas, lo que haces es llamar a la gente, decirle: “Oye, mira, hay este mundo, te invitamos a nuestro mundo, ven a vernos”.

Me decías que en algún momento tú tuviste que hacer un ensayo fotográfico sobre danza. ¿Ahí es cuando te atrapó este género y dijiste “danza”?

Sí, a partir de una sesión que le hice a una amiga fue cuando quedé atrapado. Fotografiar danza en escena es increíblemente difícil, es una de las especialidades de la fotografía más complejas, se necesita un equipo muy sofisticado y muy caro. No tienes control de nada, estás en una butaca, no puedes hacer ruido, y con esos elementos mínimos tienes que transmitir algo que está pasando casi en la oscuridad, a gran velocidad. Fotográficamente es muy complejo. Hacer sesiones no, eso es más sencillo y es lo que generalmente hago más, pero me atrajo el reto, me atrajo mucho el reto de lograrlo. Te puedo decir que por dos años no sacaba nada bueno, iba a una función y clic, clic, clic, y a rezar para tener suerte.

Y vas agarrando tablas, finalmente.

Sí, también, es cuestión de… Cuando estás fotografiando en escena tienes que saber algo de danza, tienes que sentir el movimiento, no puedes estar disparando tu cámara a lo loco, porque molestas a la gente alrededor; las personas no van a oír tu cámara, van a oír la música, van a oír la respiración de los bailarines, incluso. Eso es parte de una puesta en escena, debes ser muy discreto. Y para lograr no hacer ruido, tienes que sentir al bailarín, sentirlo cuando va a saltar. ¡Tú tienes que saberlo! No puedes estar adivinando y para ello sí se requiere entrenar los ojos, y también cierta percepción energética, conectarte con el bailarín.

Regresando a este tema de la correspondencia del impulso que le da el gobierno a la cultura, ¿conoces alguna experiencia exitosa en el país o que al menos pueda ayudar como ejemplo del impulso que le da el gobierno a la cultura y la heterogeneidad?

A mí me parece muy positivo que haya estímulos. A mediados de año, se abrieron las puertas de nuestro más grande recinto cultural, Bellas Artes, a un bailarín que no llega ni a los 30 años, para que presentara su coreografía… Creo que hay una infraestructura y eso es positivo. Hay espacios. Quizá no son suficientes porque yo quisiera que hubieran 100 y hay 10, pero esos diez se abren; no todos, pero se abren, y se abren a jóvenes. No podría comparar, no soy experto en este tema, pero sí hay becas. Quizá en Escandinavia haya 100 becas por cada una que se da en México, no lo sé. Lo que sí sé es que hay un movimiento y por lo menos se ayuda a que unos pocos pasen la antorcha a la siguiente generación. Esperamos que ésta tenga más recursos, esperamos que todo el país tenga más recursos, pero en un país con el 50% de pobres, según cifras conservadoras, nosotros mismos tenemos que hacernos cargo, y no es algo de ahora, de nuestro tiempo, es algo histórico. Kafka era un funcionario de banco, toda su vida fue un funcionario de banco. Juan Rulfo trabajaba en el gobierno federal. A Van Gogh lo mantenía su hermano, vendió dos cuadros en toda su vida, ¡dos cuadros! Yo ya he vendido cuarenta fotos [risas]. No me va tan mal, mejor que a Van Gogh, pero uno tiene que hacerse cargo. Tener un ingreso seguro, ajeno al espectáculo, sin necesidad de allegarse público. Si tú tienes que hacer algo totalmente rompedor, totalmente vanguardista, que nadie va a entender, quizá ni tus propios compañeros, tener un subsidio, una beca, ayuda. De otra manera esa apuesta rompedora, no la va a hacer nadie, porque si solo puedes pensar en la renta y en los frijoles, no vas a ser rompedor. Tienes que hacer algo totalmente comercial.

Entonces digo: “Afortunadamente somos algunos”. Creo que mis fotos están a medio camino, llaman la atención, son fotos que están en la portada de etcétera. Pero al mismo tiempo son fotos artísticas, y me parece que eso es un gran equilibrio: lograr que lo que hago sea autosustentable, que dependa de mí…

¿Cómo financias tu trabajo?

Con otros trabajos, por ejemplo… no sé, para un fotógrafo es más fácil fotografiar una boda, fotografiar un evento. Eso no es nada glamuroso, pero nos mantiene y nos mantiene haciendo cosas.

Y te da la oportunidad de crear tu propia obra.

Ese es nuestro único objetivo, seguir creando. Así como los boxeadores: un round más.

Regresando a la danza, ¿qué opinas de la danza en México, así, en general y cuáles son las expresiones de la misma que más te atraen?

Pienso que la danza en México es absolutamente maravillosa. En otros países pareciera que le bajan el volumen a la vida. Conozco otros países de América Latina y de Europa, y México me parece un país lleno de vida, ¡absolutamente vital! Eso se refleja en todos nuestros artistas, pero muy especialmente en nuestros bailarines. ¿Qué hace uno cuando está feliz? Se mueve, ¡se mueve! Cuando estás triste te congelas. Nuestro país baila, a los mexicanos nos gusta bailar. Incluso a los norteños, que somos tan tiesos, nos gusta bailar. Los Tigres del Norte… Y creo que por eso tenemos tan buenos bailarines, porque somos un país muy vital. Las dos expresiones que más me gustan son la danza contemporánea y el ballet, pero la verdad asisto a todo tipo de danza, por ejemplo, disfruto mucho los encuentros en la Ciudad de México de escuelas de danza con niños de todo el país, y bailan tapatío, bailan danza folclórica y bailan lo que se te ocurra; eso a mí me emociona mucho, me llena de alegría porque refleja que, a pesar de todo, ¡de todo!, y en el caso de México, decir “todo” es una infinidad, somos un país muy vivo, y somos un país que continúa alegre, y eso es lo que busco mostrar en mis imágenes, no estamos… ¿Cómo lo diría? ¡No, nos dejamos vencer! Seguimos creando, seguimos haciendo cosas.

¿Qué es lo que más intentas captar de la experiencia de existir?

Energía, es una palabra muy compleja, pero es eso, es energía. La gran diferencia entre un buen bailarín y un mal bailarín no es la técnica, es la energía que transmite. Cuando te sientas en una butaca y enfrente hay un gran bailarín, no sólo lo ves, lo sientes. Un solo bailarín puede llenar un teatro, uno solo; 50 también pueden llenar un teatro, porque tienen una energía… porque te hacen sentir algo. Eso es lo que busco transmitir, es muy difícil, es como fotografiar el movimiento, es casi un fracaso de antemano, porque no hago video, no hago cine, hago imagen estática, es un gran reto, pero eso es lo que busco.

Nosotros creemos que una ruta que te distingue es que retratas estados de ánimos y dentro de estos te llama la atención la soledad y al mismo tiempo que la ruptura estética entre esa soledad –las miradas al vacío, por ejemplo– y la sensualidad.

Quizá la sensualidad, porque lo de la soledad no lo siento, por lo menos yo no lo veo en mis imágenes. Claro, como decía hace rato, hay tantos poemas como lectores, igualmente hay tantas fotografías como personas que las ven. En mis imágenes, no encuentro eso; yo más bien lo que busco, o más bien lo que yo veo como primordial en mi trabajo, es el poder femenino; un día un amigo me decía: “Me encantan todas las bailarinas que fotografías”, pero cualquiera de ellas me podría pegar; efectivamente, estas chicas van a ser las mujeres del futuro; son chicas increíblemente fuertes, seguras de sí mismas, con una gran presencia, son mujeres que no piden disculpas por estar en un lugar, que llegan y llenan el espacio, y eso es algo que yo busco fotografiar, más aún en un país machista. Como te decía, ¿por qué tendríamos que asumir que una mujer con músculos es menos femenina? ¿Por qué tendríamos qué asumir que una piel llena de moretones con heridas es menos bella? Es una tontería. ¿Es más bello un cuerpo que no hace nada? ¿Es menos bello un cuerpo que trabaja, menos bello un cuerpo que se expresa y que se esfuerza? Se golpea buscando eso, se lastima buscando eso, pero son precisamente esas huellas de sacrificio, de la pasión y de la disciplina lo que a mí se me hace que distingue mi trabajo.

Además es maravilloso y contrastante con la mayoría de las imágenes femeninas que se difunden en las portadas, que estos sí son cuerpos trabajados, quizá de otra manera, pero es el músculo, no la expresión corporal, al contrario, en ese sentido son comercialmente seductoras. Yo la he fotografiado, a ella, durante alrededor de cinco años; la he fotografiado cuando hacía danza contemporánea hace muchos años y era mucho más grande, más musculosa; después hizo ballet y era muy delgadita. Volvió a la danza y encontró un equilibrio entre esos dos; ella no trabaja su cuerpo para verse bien, no lo hace para agradarle a alguien; no le importa si un tipo le dice: “Oye, estás muy guapa”. Eso es intrascendente, es una frivolidad; no es gente que vaya a un gimnasio y diga: “Quiero tener unas piernas deliciosas”. No, simplemente su cuerpo es un cuerpo instrumento, es como un violín, son cuerpos… El violín no busca ser bello, el violín busca lograr un sonido, busca un objetivo artístico y así son estos cuerpos: no buscan ser bellos, simplemente hacen lo que hace falta, y muchas veces lo que hace falta es desarrollar los músculos de cierta manera, lo cual podría agradar o no estéticamente hablando; pero yo diría que en la mayoría de los casos, cuando hombres, sobre todo tradicionalistas, machistas, hombres normales, ven el cuerpo de una bailarina y ven sus músculos, puede resultarles, incluso, intimidante.

 

¿Cómo dan cabida los medios al arte, y en particular al esfuerzo dancístico?

Bueno, creo que hay una crisis; básicamente tenemos una persona en un país de 120 millones, una sola persona que tiene un espacio fijo en medios nacionales escribiendo sobre danza. Claro, no es nada más en México, también ocurre en EU. Leía hace poco un artículo que decía: “La muerte del crítico de danza en EU”; la danza, como te decía, es difícil de explicar, se puede volver un asunto de conocedores, un tema del que únicamente hable gente que le gusta la danza. Los periódicos tienen cada vez menos espacio, son cada vez más para ser vistos y cada vez menos para ser leídos, lo que provoca que haya uno o dos parrafitos dedicados a las notas de la sección cultural. Si a eso le añades que la danza es increíblemente difícil de explicar con palabras, es como explicar música por escrito, eso ha provocado que haya cada vez menos espacios para hacer crítica de danza, para reseñar y difundir danza.

Varios de nosotros, en un esfuerzo deliberado consciente, buscamos que haya más gente, que haya más público, que las butacas se llenen. Yo, por ejemplo, busco que mis imágenes sean vistosas, que llamen la atención; ella es una gran bailarina, es una de las cinco mejores bailarinas del país: ¿Cómo le haces para que eso se note, para que no sea una imagen aburrida, para que la gente que vea esa imagen y diga: “¡Me gustaría ir al teatro!”? A eso enfoco mi esfuerzo; los artistas somos así, como dinosaurios, y la falta de difusión puede ser nuestro meteorito, es un peligro real.

¿Podemos decir, que la danza en particular, el arte en general, está en crisis, en riesgo? Digo, no bailar, sino la danza como arte.

Mira, hay inestabilidad en algunas de las principales compañías e instituciones dancísticas de este país, eso sí es claro. Pero la danza continuará existiendo, incluso aunque no haya Conaculta, o se derrumbe el Palacio de Bellas Artes. La danza seguirá existiendo.

¿Aunque no llenen las butacas?

Aunque no se llenen las butacas. La danza es una actividad humana, la danza es intrínsecamente humana, hasta los niños bailan, siempre va a existir. Lo que sí puede pasar es que haya cada vez menos subsidios a la danza, y ya ha pasado; que se disminuyan las becas que disminuya el público, que sea cada vez más difícil que te presten un teatro. Y sí, hay una responsabilidad por parte el Estado, y no solo del gobierno federal, también los gobiernos municipales, los gobiernos estatales; el Estado tiene una responsabilidad institucional, no lo vamos a negar. Pero nosotros también somos responsables y debemos preguntarnos: “¿Cómo le hago?, ¿cómo entusiasmo a la gente?, ¿cómo los jalo?, ¿cómo hago para que alguien más se interese en ir?”.

Nos llama la atención que tu captes más que la figura estética convencional, la expresión del rostro; eso es clave para la expresión dancística, desde luego, pero una fotografía no capta ese movimiento y sin embargotu rescatas sentimientos.

Sí; hay toda una corriente artística entre los bailarines, diría que entre los mejores, de que son capaces de convocar demonios; hay bailarines que son capaces de alcanzar estados de ánimo brutales, estados de ánimo a los que uno muy difícilmente podría llegar. Hay tipos de danza hipnóticos, estados alterados de conciencia, meditación dinámica, formas de oración. Cuando entablas con un bailarín un ambiente de confianza, de amistad, de camaradería, se puede lograr todo esto y uno está ahí con la cámara como un testigo privilegiado; yo nunca le pido a un bailarín que pose, sería como hacer posar a un gato; a los gatos no se les dan órdenes, sería una estupidez. Lo mismo con un bailarín, nunca le vas a decir a un bailarín, como fotógrafo, algo sobre su cuerpo, es ridículo, él va a saber mucho más sobre su cuerpo que tú. Yo lo que hago es ser testigo, dejarlo que se mueva y que llegue hasta donde quiera llegar. Esto es un registro, mas que una creación unilateral.

¿Cuáles han sido los principales satisfactores que te ha dejado el desarrollo de tu trabajo?

Una de las nociones más bonitas que hay en la danza, es que un cuerpo no es un objeto; la frase es de Isadora Duncan. Un cuerpo no es un objeto, un cuerpo es un núcleo de energía. Un cuerpo es algo vivo, no es una cosa. Uno de los peores crímenes que un ser humano puede cometer es convertir a alguien en esclavo, y es un crimen que podemos cometer contra nosotros mismos, ver nuestro cuerpo como un esclavo, considerarlo una cosa y maltratarlo y mal alimentarlo… eso es algo que he aprendido con la danza. He aprendido a estar bien conmigo mismo y a estar bien con otras personas. Si me fuera posible, haría que todo mundo bailara danza, que se contagiaran.

En México especialmente, sobre todo para muchas mujeres, el cuerpo es un espacio de vergüenza. Hablamos sobre este movimiento, estos testimonios desgarradores sobre el primer acoso, y decías: “Si el 90% de las mujeres, o quizá más, han sufrido acosos desde niñas, ¿cómo han vivido su cuerpo? Lo han vivido como una amenaza”. Una de las cosas más tristes es que las mujeres no puedan mostrar su cuerpo con libertad y toda esta agresión al cuerpo, este crucificar al cuerpo, es algo completamente ajeno a la danza. Una de las primeras grandes críticas hacia las bailarinas de danza contemporánea a principios del siglo pasado, en EU y en Europa, fue que se desnudaban; estas chicas eran como… como si todas fueran alérgicas a la ropa. No les importaba mostrar su cuerpo. Y se escuchaba: “Oye, ¿por qué muestras tu cuerpo?”. Y esta crítica no es hacia mujeres que muestran su cuerpo por dinero. Pero sí a mujeres artistas que han trabajado por diez, 15, 20 años su cuerpo, para mostrarlo, con la gran diferencia de que estas chicas muestran su cuerpo desde una posición de poder. No están pidiendo a cambio nada, lo están mostrando porque quieren, y eso para una sociedad, perdón por el término de moda, pero para una sociedad heteropatriarcal es una afrenta. Muestran su cuerpo desde una posición de poder, no por una orden, vamos, ni siquiera les interesa seducir.

Todo esto es lo que intento mostrar y es algo que cambió mi manera de relacionarme conmigo mismo y con el resto de la gente.

¿Danzas?

No. Quiero, pero no. No danzo, bailo. Me gusta mucho bailar, me gusta mucho moverme.

¿Qué bailas?

Lo que sea. Los ojos principalmente, pero me gusta mucho bailar, me gusta mucho el movimiento, y sobre todo, más que el baile, creo que algo que hago es vivir mi cuerpo conscientemente: sentarme, sentir, tirarme en elsuelo, sentir el suelo, sentir dónde empieza y dónde acaba mi cuerpo, hacerle caso a las tensiones pequeñas que se van acumulando a lo largo del día, escucharme con atención. El cuerpo nos habla todo el tiempo, y muchas veces nos manda señales y no hacemos caso. A partir de la danza, he aprendido a escucharme más.

¿Cómo te ves en el futuro?

No sé, no me gusta mucho pensar en mí en el futuro, más bien soy como… voy haciendo cosas y a ver qué pasa. No planeo, creo que si haces bien tu trabajo o si haces las cosas lo mejor que puedes, si te esfuerzas, si lo haces con pasión y con entrega, otros se van a contagiar. Ni siquiera es que se den cuenta, que digan: “Oye, este tipo es bueno”. No, generalmente dicen: “Mira, este tipo hace algo que le importa”, y en un mundo donde la gente hace generalmente cosas que no les importa, la pasión puede ser contagiosa.

 

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