Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

La construcción de la gobernabilidad

Los medios jugaron un papel fundamental en el proceso de la transición democrática. De la comprensión que los mismos tuvieron de la etapa de la alternancia desarrollaron su trabajo. Con el arribo del gobierno del presidente Calderón entramos en una nueva etapa que es la construcción de la gobernabilidad democrática. El camino por recorrer es largo. Esta fase tal vez lleve de 12 a 16 años. Los medios en ella tienen un papel particular.1

La incidencia de los medios en el debate público va a ser todavía mayor. Si en el pasado su papel se centraba en acompañar a la ciudadanía en sus denuncias sobre los abusos del poder, en la actualidad muestran una amplia capacidad para intervenir en la agenda del debate público.

Los medios en esta nueva etapa, más que en ninguna otra, tienen dos compromisos con sus públicos: contribuir al desarrollo de las condiciones para la difusión de una cultura política y mediática que fomente las prácticas y valores democráticos, y dar cuenta de la realidad, por encima de filias y fobias.

La literatura académica sobre cultura política indica que la información emitida por los medios ejerce una importante influencia sobre las percepciones, actitudes y creencias políticas. Es indispensable que actores políticos y medios contribuyan a elevar la calidad del debate público, que presenten información relevante y reflejen la pluralidad de ideas y la tolerancia ante la diversidad de México.

Los medios cumplen un papel vital en la sociedad, porque a través de lo que se ve, escucha o lee en ellos se crean puentes entre los ciudadanos y la política. La arena mediática genera espacios públicos a través de los cuales las personas integran o rechazan valores y comportamientos.

El papel de los medios es también pedagógico. La información que transmiten ayuda a integrar las experiencias cotidianas como algo significativo para la convivencia democrática. La tolerancia en las opiniones políticas es uno de los valores que se puede aprehender a través del debate mediático, por ejemplo.

Creo no exagerar si afirmo que los medios pueden y deben de contribuir en hacer del ciudadano un personaje activo en la política del país.

Con respecto a la veracidad de la información, la democracia exige a los medios una autorregulación fundada en la responsabilidad social y altos estándares de ética. Éstos tienen la función social no sólo de servir como fuentes de información, sino de ayudar a los receptores a analizar y procesar las noticias que reciben.

Lo deseable en una democracia es que el periodismo político se construya a partir de la investigación y en la garantía de veracidad de las fuentes; que lo que se emite como noticia no provenga de dichos o rumores sin fundamento, sino de hechos constatables.

La información puede presentarse de muchas formas, la elección de una nota y la manera en que se emite son ejercicios de autonomía dirigidos a formar opinión pública. Esto genera un nexo de responsabilidad entre emisor y receptor.

El debate público debe ser más un espacio de deliberación que de confrontación . Cuando este debate es presentado a través de especulaciones y contradicciones el espectador percibe a la política sólo como un espectáculo. Para fomentar que la acción de comunicar sea más deliberativa que especulativa es preciso definir reglas claras y marcos de intercambio que permitan al receptor distinguir entre la información llana y los ejercicios noticiosos de opinión y de corte interpretativo.

La democracia ha propiciado mayor transparencia en el ejercicio del gobierno, fomentando la supervisión del poder público. A esta práctica política debería corresponder una acción semejante de los medios con respecto a su práctica profesional.

La tarea de los medios en la etapa de la construcción de la gobernabilidad democrática está en el ejercicio de información objetivo, equitativo, respetuoso y crítico; de una tarea basada en la difusión de la verdad.

La idea de que el ciudadano es un receptor pasivo de la información y susceptible de ser manipulado es errónea. Ha llegado el momento de aprovechar la pluralidad y el número de espacios de información pública para afianzar un mercado de calidad para un consumidor cada vez más activo en política.

Para ello, es preciso que los medios incorporen a su lógica de acción la idea de que la información tiene un valor de utilidad para el ciudadano; que a partir de ella se puede formar una opinión.

Una vez pasado el boom de la libertad de expresión el receptor será cada vez menos complaciente con los emisores y comenzará a fijar castigos para aquellos que no cumplan las exigencias de calidad. Así, quedarán fuera los medios que aporten poco al público, para que éste desarrolle su opinión más allá de sus propias percepciones.

En este sentido, la democracia demanda no sólo una reforma a las leyes que rigen la relación entre el Estado, los medios y la sociedad, sino una información apegada a la veracidad y al respeto a la integridad de las personas; una normatividad que comprenda incentivos para un mejor desempeño de los medios.

Esto sería posible si se promueven las reglas tendientes a crear sistemas de autorregulación, procedimientos para el derecho de réplica, etcétera.

El tema exige detenerse en una reflexión: ¿cuáles son los límites que en una democracia tienen los derechos de libertad de prensa y de libertad de expresión?

La libertad de expresión y la de prensa encuentran sus fronteras en el respeto a la dignidad, la vida privada y la estabilidad y la paz públicas. Los medios no pueden ejercer las libertades de prensa y de expresión de manera irresponsable porque existen derechos fundamentales que entrarían en tensión.

Si los medios no ejercen mecanismos de autorregulación, entonces es probable que los derechos individuales y colectivos resulten insuficientes para operar contra los excesos o sesgos en la información publicada.

Es necesario que, frente al respeto a las libertades, se considere el derecho del ciudadano a recibir una información cierta.

El derecho a la información debe hacerse efectivo en todo régimen democrático y esto no es responsabilidad exclusiva del gobierno sino una tarea compartida con los medios. Sólo bajo una lógica de cooperación se podrá constituir una cultura en la que se perciba el valor de la política y los beneficios de un sistema democrático en su justa dimensión.

Los medios son el vínculo más cercano para que los ciudadanos accedan a la información pública. Como actores directos de la política, es imprescindible que se comprometan a ejercer mecanismos de control de calidad sobre la información que brindan.

Una consideración final

En la situación actual, si bien es cierto que los medios son actores relevantes en el debate público, también hay que anotar que muchos de ellos lo hacen sin que exista una clara empatía entre los fines de la democracia y sus propios fines. Esto obedece a que en lugar de dar prioridad al interés público, dan más importancia a la noticia que es rentable por su atractivo mediático, por su capacidad de brindar entretenimiento.

Hasta ahora, el prestigio de un medio se ubica en la “novedad” de su primicia. A esto se debe que el periodismo profesional, que exige códigos éticos y responsabilidad social, siga como un desafío para los medios.

Los medios deben asumir el nuevo papel que les toca en la construcción de la gobernabilidad democrática. Que la arena del debate se convierta en una verdadera esfera pública depende de que éstos asuman ya sus nuevas responsabilidades ante una sociedad que adquiere mayor madurez política. Los medios que no lo entiendan quedarán rebasados.

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