Alejandro Pérez Uriarte

La comida chatarra y el nostálgico fin de Chabelo

Todas las mañanas de domingo, desde hace 46 años, un curioso personaje se ha encargado de entretener a los más pequeños del hogar: Chabelo. Durante aproximadamente tres horas y apoyado en un humor sencillo, ha arrancado las sonrisas de los infantes con catafixias y canciones. Sí, mientras los padres descansaban de un ajetreado sábado de fiesta o quizá (¿por qué no?) buscaban un momento para el romance mañanero, Chabelo se anidaba en los recuerdos de muchas generaciones de mexicanos.

Los tiempos cambian, y la reciente medida que pretende disminuir el índice de obesidad en el país restringiendo en televisión comerciales que promocionan la “comida chatarra”, golpeará fuertemente al personaje que ya es parte de la memoria colectiva.

De acuerdo con la medida, los spots de ese tipo estarán vetados en algunos horarios. Adiós a los comerciales de papas, pastelitos, refrescos y dulces insanos. Adiós a… ¿Chabelo?

El programa “En familia con Chabelo”, que se transmite todos los domingos desde las 7 de la mañana, se sostiene principalmente de los patrocinios de empresas que venden esos productos. Ellos son el sostén económico de la emisión.

¿Éste es el fin de Chabelo? ¿Saldrá del aire? ¿Se acabarán las mañanas de catafixias, juegos y concursos? “Si no hay una educación por parte de los padres, vamos a estar en el aire. No hay que prohibirles, sino orientarlos sobre lo que deben comer, porque los dulces siempre serán dulces y las cantidades que deben consumir los niños no dependen de un programa”, declaró Xavier López.

Con la aplicación de la medida pareciera que el problema de la obesidad radica exclusivamente en las estrategias de publicistas que se encargan de convencer a los niños de consumir papitas y refrescos.

México es uno de los países con mayores índices de obesidad en el mundo. Sí, somos un país enfermo, pero los niños no tienen el poder adquisitivo como para responder a las invitaciones de publicistas. La alimentación es responsabilidad de los padres, pero también es producto de una dinámica global, donde los ingresos familiares son cada vez menores, las desigualdades monstruosas y alimentarse sanamente es cada día más difícil.

Mientras tanto, Chabelo y su programa peligran. Pero él sabe que alguno de sus cómicos berrinches no ayudará a revertir la medida. El problema de la obesidad debe atacarse integralmente y aunque la medida contra los comerciales me parece buena, debemos recordar que los hábitos alimenticios no dependen exclusivamente de programas y anuncios.

Y ahora un recuerdo viene a mi mente. Yo, a los 9 años, molesto con el mundo por tener que ir a misa como parte de la preparación para mi primera comunión. Me perdería “En familia…” por escuchar a un sacerdote que no me significaba nada. “Te catafixio una misa por quedarme a ver a Chabelo”, le dije a mi mamá, esbozando una sonrisa. Fracasé, cumplí con mis deberes de católico obligado, terminé alejándome de la religión y recordando los juegos y a las edecanes -con las que descubrí lo que significaba que me gustara una mujer- como graciosos pasajes de mis años infantiles.

Ya no veo a Chabelo, pero conozco a muchos que cuando lo recuerdan se les llenan los ojos de nostalgia. Su fin significará un vacío. Quizá guarden la esperanza de una catafixia que lo salve.

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