Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

La CIA en la rebelión de 68

El 5 de junio de 1967, sin que viniera al caso, la revista US News and World Report señalaba que en México había problemas graves y existía posibilidad de una revuelta comunista. En Latinoamérica teníamos entonces una buena cantidad de dictaduras militares, las cuales iniciaron con el golpe de Estado de 1954 en Guatemala contra Jacobo Arbenz, organizado por la CIA. En 1973 se sumarían a esos gobiernos derechistas Uruguay y Chile.

¿Intervino la agencia antes, durante y luego de 1968 en nuestro país? Es la pregunta básica de: La conexión americana, documental del prolífico y eficaz Carlos Mendoza, que dirige el canal seis de julio.

El 19 de mayo de hace 40 años, el director del FBI, Edward Hoover, planteó que el ilegal Partido Comunista Mexicano acopiaba armas para realizar una revolución aquí, con la ayuda de Cuba, China y la URSS. Es decir, la famosa y trillada maquinación comunista en acción.

La “información” y la declaración estaban en sintonía con lo que empezaban a publicar los diarios nacionales. En la gran mayoría se insistía en “detener a los rojos”, “salvar a la patria”, “impedir los disturbios de provocadores”, “evitar que los agitadores hagan de las suyas”, “castigar a quienes mancillan la bandera y el honor nacional”. Propaganda vil, que insufló el espíritu nacional para tratar de castigar a los malvados (Contra las patrias, de Fernando Savater).

Un personaje clave en esa operación fue Winston Scott, el estadounidense tuvo una permanencia en México inusual: 1956-1969. Al matrimoniarse, fueron testigos de su enlace Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. Incluso se dice, contra el mito, que López Mateos financió la llamada operación Bahía de Cochinos, o sea, la invasión a Cuba por los exilados de Miami y sus patrones.

Volviendo a la gesta de 68, Richard Helms, el jefazo de la CIA, estuvo en nuestro país el 27 y 28 de septiembre para dialogar con Scott. ¿Curioso? Ya sabemos que en política y comunicación no existen las casualidades, sino las planeaciones estratégicas.

La operación del 2 de octubre se elaboró en tres sentidos: provocaciones, infiltraciones y, obviamente, el golpe final, represión, en las cuales intervinieron porros, azules y Ejército.

Todo ello no hubiera sido factible si prensa y televisión no colaboraran para atacar a los supuestos enemigos nacionales y pedir, frecuentemente, que se reprimiera a quienes “desestabilizaban” la nación.

Sergio Romero, “El Fish”, quien manejaba desde antes las llamadas federaciones de sociedades de alumnos, resultó el vehículo para reclutar golpeadores; Manuel Díaz Escobar y Mario Ballesteros Prieto (ambos formados en academias militares estadounidenses), incorporaron pistoleros, y Luis Gutiérrez Oropeza, amigo y cercano a Díaz Ordaz, tuvo a su cargo las acciones militares.

Asaltos a escuelas, golpizas a personajes como Heberto Castillo, pintas muy tempranas en la puerta de Palacio Nacional con la leyenda: “Díaz Ordaz, chinga a tu madre” (algo inusitado, según Ángeles Magdaleno) y hasta personajes que son apresados con armas y dejados misteriosamente en libertad, forman parte de ese coctel que muestra una nueva faceta del movimiento popular más rememorado en los últimos años.

Philip Agee, autor de Dentro de la CIA, apunta que la agencia tenía su mayor centro de operaciones en América Latina precisamente en México: 35 en total, más periodistas, intelectuales y varios informantes a los que se les retribuía de varias maneras.

Carlos Mendoza dice que hubo 12 Litempos –agentes de la CIA en México. Entre ellos: Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Antonio Carrillo Flores (quien puso a su sobrino, Humberto Carrillo Colón, en La Habana y fue pescado como oreja de la agencia, pero ésa es otra historia, igual que la conexión en Chile), Fernando Gutiérrez Barrios, Miguel Nassar Haro, Joaquín Cisneros Molina y otros.

Hay una foto magnífica, en el apartado de “Sociales”: una serie de cubanos y yanquis conviven en un centro nocturno del DF, luego participarían en los asesinatos de Kennedy, el Che, Orlando Letelier y otras nefastas acciones.

Los testimonios incluidos son de los mencionados Agee y Ángeles (“García Barragán no quiso decretar el estado de sitio”), John Saxe Fernández (la relación de la CIA con las empresas estadounidenses), Beatriz Torres (el mayor fabricante de fantasías, más que Disney, es la CIA) y este tecleador que asegura: el 26 de julio de 1968 hubo provocación con el objeto de que los estudiantes se enfrentaran a la policía.

En información desclasificada por la CIA se lee: no hay evidencias de que las embajadas cubana y soviética participaran en el movimiento estudiantil de 1968, ni que los comunistas efectuaran una conjura.

Una versión más de aquellos t iempos que es indi spensable conocer.

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