Cinque Terre

Mariano Yberry

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Periodista.

La Antología Palatina

La literatura occidental se cocinó en Grecia. Y lo más erótico de la poesía griega se encuentra, sin duda, en la Antología Palatina. Un conjunto de poemas, esencialmente epigramas, que abarcan desde el periodo clásico hasta la era bizantina. Su temática es muy variada y en el aspecto sexual o del amor carnal expresa todas las variantes que hoy día conocemos, desde el amor en pareja hasta las orgías; y desde lo heterosexual y homosexual hasta la zoofilia y la necrofilia. Aunque los momentos más brillantes, a nuestro entender, se encuentran del lado del humor.

Éste es un ejemplo que podemos calificar como diamante por su calidad estética y bellamente anónimo: “Nada más dulce que el amor. / Todas las felicidades vienen / Después de aquellas que él ofrece: / Mi boca ha desdeñado a veces hasta la miel”.

Aquí otro ejemplo anónimo de la liberalidad de la poesía erótica griega: “Jugaba yo con Hermione. / Bella como Kipris, / Llevaba un cinturón bordado / En el que se mezclaban flores y letras de oro. / Y he aquí lo que pude leer: / ‘Ámame, pero si un día algún otro me posee / No seas celoso, amado mío’.”

Ahora un epigrama de Asclepíades de Samos, un importante poeta griego clásico que vivió en el siglo tercero antes de nuestra era: “Aunque ella sea una muchacha, Dorkión / Es hábil para imitar a los muchachos. / Como un niño gordito, ella sabe muy bien cómo / Echar por encima del hombro, desde / Debajo, su sombrero de ala ancha, / Para atraer la rápida / Mirada del amor público, y así / Manifiesta como en un destello / La belleza de su trasero desnudo.”

Más otros dos epigramas anónimos: “Aglaonice se ha dormido, / En dulce embriaguez, junto a Nicágoras. / Ha ofrendado a Kipris / Los despojos perfumados de sus amores virginales. / He aquí las sandalias y aquí los cinturones. / La diosa verá en ellos las huellas de graciosas luchas.” // “¿Guardas tu virginidad? / ¿Para qué? / Cuando hayas descendido al Hades / No hallarás quién te ame, ¡oh, muchachita! / Es entre los vivientes / que se dan los placeres de Kipris. / A orillas del Aqueronte, ¡oh, virgen!, / Sólo seremos huesos y cenizas.”

Algunos epigramas anónimos también han sido añadidos a otras antologías como Los dados de Eros (Hiperión, 2000), donde se demuestra que el erotismo no es un juego entre parejas sino una conexión entre seres humanos y una especie de idea sacra (convocada por los dioses) sobre la interacción entre los cuerpos; ritos no aptos para cualquiera pero al alcance de todos. Igual iluminan la fertilidad humana que la fortuna del deseo perverso polimorfo.

Partir de la idea que plantea el inicio del erotismo como una comunicación universal permite esbozar las modificaciones por las que ésta irá pasando con los cambios de regímenes y el nacimiento de amplias instituciones; de modo que, las prácticas bien vistas (ideales incluso) en la antigua Grecia terminarán en la clandestinidad al ser consideradas libertinas e inmorales, en los siglos posteriores.

 

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