Ángel Trinidad Zaldívar

Comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI)

Jóvenes mexicanos en las redes

En la actualidad es común escuchar que “los niños de hoy nacen con chip”, y parece que es cierto. Su habilidad para utilizar la tecnología sin recurrir a los manuales sólo es proporcional al desconocimiento de los alcances que puede tener el mal manejo de esa tecnología. Para ellos la idea de la aldea global es una realidad palpable: el mundo está al alcance de unos cuantos clicks. Para esta nueva generación no se vive hoy en una sociedad cualquiera, sino en la sociedad de la información, lo que significa que, quien no esté “informado” y a su vez “no informe”, está fuera de la estructura social.

Si los humanos somos seres sociables por naturaleza (según Aristóteles) estar fuera de la sociedad no es opción. Los niños y jóvenes viven este dilema de manera frenética, porque no sólo no quieren estar fuera de la sociedad de la información, sino que quieren ser los primeros en estar dentro y para ello se requiere darle al mundo todos los pormenores de lo que hacen, dicen o piensan, es decir, informar de su situación personal, minuto a minuto. Para eso utilizan las redes sociales, para compartir casi sin ningún tipo de filtro sus datos personales: nombre, teléfono, dirección, escuelas, horarios, fotos, videos, aficiones, hábitos, nombres y lugares de trabajo de los padres, etcétera.

El problema de “socializar” de esta manera es que en muchos casos se desconoce al interlocutor. Lo que realmente importa es tener el mayor número de “amigos” “seguidores” y “contactos” sin importar si los conocen o no, eso los hace más importantes en la estructura de esta nueva sociedad.

En 2011 el número de internautas a nivel mundial llegó a la cifra de 1,374 millones lo que significó un crecimiento de 10% respecto del año anterior. De esa cifra, Latinoamérica participa con 118 millones de internautas, de los cuales casi el 60% se ubican en Brasil (con alrededor de 70 millones) y 30% en México donde hay aproximadamente 35 millones de usuarios. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI)1, el 37% de esos 35 millones tienen entre 6 y 17 años y el 60% entre 6 y 24 años. Esto indica que son los jóvenes quienes concentran el uso de las redes y por lo mismo quienes están más expuestos a sufrir algún perjuicio. Pero lo paradójico es que niños y jóvenes no perciben ningún peligro. Y por desgracia los adultos nos desentendemos del tema dejando a los menores navegar a sus anchas en esos mares llenos de tormentas, tiburones con múltiples hileras de dientes y pulpos con grandes tentáculos. En efecto, según un estudio 45% de los niños y adolescentes tienen la computadora en su habitación, lo que significa que navegan sin supervisión de padres o tutores. Esta falta de control sobre el quehacer de los menores permite que se amplíe la posibilidad de que contacten con desconocidos. De hecho uno de cada dos (49%) de los menores considera que no es peligroso chatear con desconocidos y por desgracia 43% no estima peligroso ir a una cita con una persona que se conoció en Internet. Al respecto hay un dato escalofriante: en Brasil más de la mitad (56%) de los menores se han encontrado personalmente con “amigos” conocidos en la red y 65% acudieron al encuentro solos. ¿Se imaginan si esos “amigos” resultan ser secuestradores o pederastas?

En la Conferencia Internacional de Protección de Datos celebrada en México en 2011, Korina Velázquez destacó que un pederasta desde la primera vez que contacta a un niño tiende a fotografiarlo o videograbarlo por Internet en un plazo de aproximadamente 15 días; esto si no es que el propio niño(a) ya subió imágenes a la red. En efecto, dado que, como hemos dicho, prácticamente la mitad de los menores tienen la computadora en su habitación, 37% de ellos aprovecha esta situación para usar la webcam para “conocer” y que lo “conozcan”. Asimismo 36% de adolescentes entre 12 a 18 años reconoce que ha publicado imágenes suyas (fotos o videos) en poses “provocativas”.

La tormenta hormonal que envuelve a la adolescencia los hace acercarse al peligro y buscar emociones excitantes. Así es como empiezan las aproximaciones a los sitios pornográficos. Mientras que en México un 32% de los menores reconocen haber entrado a sitios con contenido únicamente para adultos, en Reino Unido el 57% de niños y jóvenes entre 9 y 19 años dicen que han visto pornografía en línea; en China 41% (cabe recordar que ahí representan varios cientos de millones) afirma haber contactado con extraños sobre sexo u otros temas que lo hacía sentir incómodo. Otro estudio afirma que uno de cada cinco niños será contactado por un predador o un pedófilo cada año.

Cabe resaltar que México ocupa el tercer lugar en delitos cibernéticos; la mitad de ellos están relacionados con la pornografía infantil. Entre abril del 2008 y noviembre del 2011 se han atendido por parte de la policía cibernética al menos 5 mil 582 denuncias de pornografía infantil, y en muchos de estos casos los menores que se han visto involucrados ni siquiera tienen conocimiento de ello. De acuerdo con una nota publicada por la revista de derecho informático Alfa-Redi el 19 de octubre de 2009, “el boom de las redes sociales en Internet ha contribuido al incremento de la desaparición de menores de edad en Lima, muchos de los cuales caen en manos de trata de personas”.2

El problema no sólo se presenta con el uso de las computadoras. Los teléfonos celulares también son utilizados para “mensajear” datos, sean textos, fotos, audios o videos. Cada vez es más común toparse en las redes sociales con algún video o foto tomada con un teléfono móvil donde dos menores se están golpeando o burlándose de un tercero que se tropezó; esto es el llamado cyberbullying. Una investigación aplicada a más de 80 mil menores, de entre 6 y 18 años, de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela, desarrollado entre octubre de 2007 y junio de 2008, determina que el 83% de los mayores de 9 años poseen un teléfono móvil propio (el 42% en el caso de los niños de entre 6-9 años), lo que facilita aún más esta situación de intercambio de datos sin control. Pero el tema del mal uso de las redes sociales no para ahí. José Luis Piñar Mañas3, exdirector de la Agencia Española de Protección de Datos Personales señaló “que dentro de unos años 25% de las personas que ahora tienen entre 14 y 25 años podrían tener serios problemas a la hora de encontrar trabajo como consecuencia de la información que van dejando en Internet, y muy especialmente en las redes sociales”. En este mismo sentido se pronuncia David Kirkpatrick en su libro The Facebook Effect, en donde hace referencia a una encuesta realizada en 2009 entre empresarios estadounidenses cuyo resultado arroja que el 35% de las empresas reconocen que han rechazado solicitudes de trabajo debido a informaciones encontradas en las redes sociales. Pues si, toda esa información que puede pensarse como una broma “adolescente” (como fotos en estado inconveniente o las afirmaciones, ciertas o no, de que se consumen en exceso determinadas drogas o alcohol que demuestran “madurez”) pueden dar lugar a discriminación y cerrar las puertas para obtener empleo. Resultado similar arrojó una investigación de la Autoridad Inglesa de Protección de Datos, publicada en 2009, que afirma que 4,5 millones de jóvenes entre 14 y 21 años tienen un alto riesgo de sufrir consecuencias negativas para su trabajo en el futuro por las huellas dejadas en las redes sociales. La magnitud de este problema queda de manifiesto al considerar que de acuerdo con la Guía de Facebook, más de 30 mil millones de piezas de contenido se comparten mensualmente (ligas, noticias, fotos, etcétera). Para muchos niños y adolescentes, conectarse en la red les da oportunidad de construir una vida imaginaria en donde pueden hacer o decir lo que quieran sin consecuencia alguna. Se escudan en la idea de que Internet y las redes sociales son realidades virtuales que les permiten mantener cierto anonimato.4 Sin embargo los datos nos demuestran que la realidad virtual puede ser absolutamente real y los puede golpear con el mazo de la pornografía o la pederastia o con la cachiporra del desempleo. Paradójicamente su realidad virtual los puede dejar fuera de la sociedad real.

El problema no se resuelve eliminando las computadoras, los celulares o las redes sociales, sino creando conciencia de los riesgos que trae el mal uso de la tecnología, o como dicen los italianos “cuando se tiene fiebre, no es útil romper el termómetro” (Piñar) sino analizar los síntomas para eliminar las causas de la enfermedad. Y el origen de este mal social es que tanto adultos como menores carecemos de una cultura de protección de nuestros datos personales. Particularmente los niños y adolescentes no tienen conciencia clara de lo que puede suceder si su información personal cae en manos de la delincuencia. El medio idóneo para adquirir los elementos que permitan a los menores entender y desenvolverse en el mundo digital de una forma segura, sin poner en riesgo su integridad, es la educación. Es indispensable que, en el mundo interconectado de hoy, el sistema educativo haga frente a las nuevas realidades preparando a los menores en materia de protección de datos. Por ello es importante que los diputados analicen una iniciativa de ley5 presentada apenas en diciembre de 2011 en donde se pretende reformar la Ley General de Educación para que en los planes de estudio de educación primaria se establezca como obligatorio “fomentar la cultura sobre el uso responsable y seguro de las nuevas tecnologías, así como difundir la importancia del derecho a la protección de los datos personales” (artículo 7 fracción XVII). El primer paso para asegurar la protección de datos personales de menores es educarlos para cuidarse a sí mismos. Ojalá nuestros legisladores tomen el tema con seriedad y prontitud, porque los pederastas y secuestradores siguen al acecho6

Notas

1 Estudio Redes Sociales en México y Latinoamérica 2011. AMIPCI, septiembre 2011.

2 Ornelas Lina, Protección de Datos Personales en Redes Sociales” en Protección de Datos Personales en las Redes Sociales Digitales: en particular de niños y adolescentes, Instituto de Investigación para la Justicia – Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos, México, 2011.

3 Piñar Mañas, José Luis, Redes Sociales y Privacidad del Menor, Fundación Solventia, Madrid, 2011.

4 Existe incluso una página disponible denominada Teen Second Life en donde los adolescentes entre 13 y 17 años pueden jugar a tener una vida alterna o segunda vida. Disponible en http://teen.secondlife.com/.

5 Iniciativa presentada por la Diputada Carolina Viggiano Austria el 8 de diciembre de 2011.

6 Otras fuentes de información: www.children-go-online.net; www.itu.int/cop; ponencias de Thiago Tavares, Isabel Priscila e Irma Ferrera que se realizaron durante el evento de la Presentación del Memorándum de Montevideo, disponibles en http://memorandumdemontevideo.ifai.org.mx/index.php/material-de-ponencias.

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