Verónica Díaz

Reportera

José Luis Martínez: “Expío mis culpas oyendo a Ferriz de Con”

¿Desde cuándo escribes “El Santo Oficio”?

  • “El Santo Oficio” comienza en 1986 en Ovaciones, como una columna colectiva entre amigos reporteros que cubrían diferentes fuentes. La columna se llamaba “Picota” y era firmada por “El Santo Oficio”. El nombre de “Picota” y “El Santo Oficio” son míos y la columna la escribía un amigo, Arturo Hernández, yo la corregía. En Ovaciones duró algunos meses, luego el grupo se deshizo, continuamos dos o tres ocasiones escribiéndola Arturo y yo, y posteriormente la escribí yo solo en la revista Diva.

    ¿Cómo vive su soledad el Cartujo?

    Foto: Guillermo Cardoso
  • Bastante a gusto, yo creo que tomé un curso avanzado de misantropía, lo aprobé con mención honorífica y realmente huyo de los tumultos. No tengo vocación por la manada. Me gusta de vez en cuando romper esa soledad con grupos pequeños de amigos con los que puedo conversar.

    ¿A qué crees que se deba que en los últimos años se ha explotado mucho el humor fácil en las columnas?

  • Yo creo que el humor periodístico siempre ha sido una veta que se ha explotado en nuestro país. Lo mío no va tanto por ahí, a mí me gusta mucho más la ironía, me siento mucho más identificado cuando leo al Novo irónico con ese humor áspero, pero siempre puntual de Renato Leduc, ese humor que necesita reflexión. No me gusta el chiste, no me considero chistoso.

    ¿Qué piensas de tus diosas ahora caídas en desgracia?

  • Yo creo que la única desgracia que les sucedió fue la del tiempo, como a mí también. Pero siempre nos queda el privilegio de la memoria. Mi diva mayor, que es Marilyn Monroe, la guardo en su esplendor. Y si te refieres a las vedettes de los 70, tengo una colección suficiente de revistas para recordarlas tal como las vi en su mejor momento, y para mis actrices favoritas como bellezas del cine mexicano -Fany Cano, Julissa, Diana Bracho, por supuesto Leticia Perdigón, Isela Vega- están ahí las tiendas de videos.

    ¿Por cuáles errores del Cartujo has pagado más penitencias?

    ? Creo que el Cartujo tiene una marcada intolerancia hacia ciertas cosas, entre ellas la falsedad, la hipocresía.

    ¿La estupidez?

  • Por supuesto, huyo de la estupidez… y en muchos de mis textos he sido bastante severo en mis juicios, pero prefiero no escribir, en el último de los casos, que escribir algo en lo que no creo.

    ¿No es demasiado sufrimiento que expíes tus culpas escuchando a Pedro Ferriz de Con? ¿Ante eso no es preferible el infierno?

  • Bueno, recuerda que el infierno tiene, según Dante, nueve círculos y en el más profundo, en el más horrendo, está Ferriz de Con. Definitivamente ahí van los que de verdad han pecado.

    ¿Cuál de los siete pecados capitales es en el que más incurres?

  • Pues, mira, quisiera incurrir en la lascivia, en la lujuria, pero en un permanente estado de castidad, obligado por las circunstancias, pues no. Quizá la soberbia, el orgullo, sea uno de mis mayores pecados.

    ¿Es cierto que el Cartujo es uno de los hombres que más cantinas conoce de la ciudad de México?

  • No sé. Lo que sí es que estoy de luto porque cerraron El Nivel.

    ¿La frecuentaba mucho?

  • No, llegué a ir en algunas ocasiones, era una cantina para mi gusto incómoda, mal oliente, pero con una historia y un sabor.

    Uno de tus cinco queridos lectores aún te recuerda cantando de bar en bar. ¿Aún lo haces?

  • Pues solamente en noches de luna llena porque yo no canto, aúllo.

    ¿Qué géneros te gustan para la cantina?

  • En la cantina no pensaría jamás cantar a Pink Floyd, no sé, José Alfredo y los boleros cubanos.

    ¿Quién es algo así como el Papa del periodismo mexicano? ¿Y quién sería el anticristo?

  • Bueno, el anticristo ya lo sabemos, Pedro Ferriz de Con. Afortunadamente creo que las grandes figuras del periodismo mexicano se han diversificado, queda ahí el nombre de Julio Scherer. Pero para mí por su audacia, por su verdadero espíritu democrático, por su generosidad y su fiereza, José Pagés Llergo, que lo mismo tenía entre sus páginas a la derecha más recalcitrante que a hombres de izquierda. Pagés era un hombre que se permitía el lujo enorme de tener muchos defectos, no era esa figura, impoluta, era un hombre de carne y hueso que forjó, a muchas generaciones de periodistas.


¿Qué reflexión te despierta el periodismo de este momento?

  • El periodismo escrito no puede continuar bajo los mismos esquemas cuando las nuevas tecnologías irrumpen con tanta fuerza e imponen nuevos ritmos y retos. No puede estar pendiente de la agenda de los medios electrónicos y ver qué dice López Dóriga o Pepe Cárdenas para después publicarlo, al contrario debe encaminarse hacia un mayor análisis, hacia la escritura de historias, recuperar el espíritu del reportaje y de la crónica.

    ¿Qué te deja haber escrito La vieja guardia?

  • Me deja muchas lecciones y me hace, de alguna manera, pagar una deuda. A varios de estos periodistas los conocí, pude tratarlos con alguna asiduidad, como en el caso de Renato Leduc, y sin embargo, nunca los entrevisté. No sé, con Renato fueron muchos años de convivencia y nunca fui capaz de entrevistarlo, pensaba que iban a estar, él y sus compañeros, Alberto Domingo y muchos otros, para siempre y no, de repente se fueron muriendo y me di cuenta que había perdido una enorme oportunidad. Después cuando quise investigar sobre ellos me di cuenta que hay muy pocos datos. Los periodistas, cuando han desaparecido, los hemos tratado muy mal, una notita por ahí perdida y nada más, entonces estuve rastreando su vida, y dio como resultado este libro, cuya gran lección, para mí, es la gran pasión con que se asumía el oficio: el oficio se vivía, era de 24 horas, el periodista se levantaba siendo periodista y se acostaba siendo periodista. Eran periodistas con una gran vida, viajaban, se divertían, se emborrachaban, conocían, leían, escribían. Para mí, gente como Pepe Alvarado, Martínez de la Vega y Renato Leduc son mis epígonos, mis mayores ejemplos en este oficio.

    ¿Qué es la risa?

  • Cuando es genuina, una bendición, cuando sale del corazón y no es fingida, cuando no quieres herir a nadie.

    ¿La ironía?

  • Es un recurso de la inteligencia, siempre. Una manera divertida de decir algo, muy lejana al sarcasmo, donde pones en juego, tú y la inteligencia de tu interlocutor si no, no se entiende.

    ¿Y el olvido?

  • Es como una moneda, tiene dos caras. Puede ser una bendición cuando hay algo que te atormenta y puede ser una desgracia cuando olvidamos por deslealtad, por interés, por ingratitud.

    ¿Has pensado en un epitafio para tu tumba?

  • Yo le digo a mis hijos que lo único que quiero es que me incineren. Yo nací y he vivido toda mi vida en esta ciudad, me he respirado todo su esmog, entonces no me importa que mis cenizas las rieguen en esta ciudad. Un poquito de polvo, qué más da. No quiero más que convertirme en el polvo de esta ciudad que amo.

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