Verónica Díaz

Reportera

Javier Solórzano: “El nombre del juego es el contenido”

Dijiste en una entrevista que la libertad de expresión empieza y termina donde quieren los dueños de los medios; ¿qué significa eso en tu trabajo como periodista?

Significa que uno debe de entender el espacio en el que uno labora y que ahí se da una más de las batallas por la libertad de expresión.

¿Cómo ha sido tu batalla?

Mi batalla, como la de muchos, ha sido tener la certeza de que uno vuelve a un periodismo básico de preguntarse cosas centrales y en que existe la posibilidad de que todos aquéllos que están involucrados en la información sean partícipes en ese momento y no diez días después, me parece que se abre un gran espacio para hacer un periodismo más profesional, más auténtico.

¿No tiene esto un sello de romanticismo frente a la realidad de que si el dueño dice “esto se hace”, eso se hace?

Todo depende quién sea tu jefe y de cómo establezcas tus relaciones profesionales. Si alguien te quiere imponer tú sabrás lo que haces; si con alguien estableces una relación profesional ante el entendimiento de que el periodismo es un trabajo, pero que no es autómata sino de reflexión, yo presupongo que las cosas tendrían que ser diferentes.

Qué difícil para los jóvenes…

Pero no hay quien no la tiene difícil, para muchos dueños de los medios la democracia y la libertad es una maravilla, siempre y cuando no sea en sus propios medios.

¿Y cómo se inscribe en medio de esta batalla el derecho a la información?

Es un asunto de mucho tiempo y discusiones. Creo que algo que ha costado trabajo, no a México sino al mundo, es cómo establecer mecanismos de ida y vuelta; el rating nos da un elemento de personas que al mismo tiempo están viendo un programa o una estación de radio, etcétera. Yo creo que eso fue en su tiempo, hoy hay muchas cosas que no se pueden medir; se pueden medir algunas que tienen que ver, por ejemplo, con Twitter, pero si corresponde al seguimiento que hay en Internet, con las muchas cosas que hay con la nueva tecnologías es muy difícil poder tener una idea clara. Entonces, ¿es más la televisión que Internet? En este momento sí, en el futuro no lo sabemos.

Para cerrar te diría, hoy el gran reto consiste en entender que la televisión solita, per se, ya no funciona y lo que se está peleando son muchas otras instancias, que son las instancias fundamentalmente de los ciudadanos.

Los usuarios, las audiencias, deben establecer vía las leyes nuevos mecanismos de relación con los propietarios, con los difusores de los mensajes.

¿En términos de información, incluso de periodismo, qué posibilidades ofrecen las redes sociales?

Es un asunto clave; esto es lo que ha cambiado un poco la dinámica de las cosas. Pero aquí hay algo muy importante, el papel de las audiencias, el papel de los ciudadanos, debe tener una forma claramente establecida de participación. Si las grandes empresas no entienden que no basta con tener en un cuarto a personas viendo un programa de televisión para que luego opinen, sino de que se trata de establecer una relación diferente con audiencias que participan, etcétera, esto no va a cambiar. También hay que pensar, a diferencia de lo que se establece en las leyes secundarias, que la forma en que se debe establecer no debe ser a través de los propios medios sino de organismos autónomos.

Veremos en qué termina todo este jaloneo.

No soy tan optimista. Me ha tocado a mí desde el 77, como espectador, pero lo fuerte me tocó a mí con Jesús Reyes Heroles, que se aventó una declaración, cuando era Secretario de Gobernación, que me encantaba, para hablar de la importancia de los medios de comunicación y tener que hacer algo con los medios utilizó una frase de Hans Magnus Enzensberger: “se están manipulando las conciencias”. Esto fue una gran toma de conciencia general, incluso al interior de los gobiernos.

¿Cuál es tu percepción ante esta batalla interminable, hemos ganado un poco de terreno o lo hemos perdido?

Yo diría que se ha avanzado y mucho, pero también te diría algo, quien ha avanzado son las sociedades, los ciudadanos, los medios a veces los veo en la misma dinámica, a muy pocos los veo como con ánimos de provocar cosas nuevas.

¿Cuál ha sido el peor momento de tu carrera: censura, imposición, búsqueda de empleo, error?

Ha habido muchos, pero así como de trauma, no. Me tocó vivir momentos muy difíciles, el caso Ahumada fue muy complicado, todos sabíamos que ahí habían pasado cosas de toda índole; me tocó cuando estábamos en Imagen, una salida muy intempestiva, muchos asuntos también que está de más recordar, la salida de canal 13, cuando era Imevisión y que se acababa de vender bajo argumentos inocuos. Pero fíjate que eso lo recuerdo no necesariamente como algo malo, lo recuerdo como parte de la ruta.

¿Hacia dónde va el periodismo mexicano?

Está ahora en una interesante encrucijada. No sé bien qué pueda pasar, por fortuna, eso me alienta para buscarlo, pero te diría que creo que vamos a tener que regresar mucho a que los opinólogos pasemos a hacer un asunto con información más dura; creo que tenemos que regresar a preguntas básicas del periodismo, creo que tenemos que estar más in situ; tenemos que informar más a una sociedad, me refiero a más ampliamente; hay una obsesión sobre la política y cosas cotidianas, tenemos que pensar más.

Creo que vamos a recibir con las leyes secundarias una buena sacudida, los medios van a tener que transformarse, creo que los noticiarios difícilmente van a dejar de existir, pero deben tener otras características, creo que deben de contarse las cosas de manera menos traumática, más amable.

¿Tendría que cambiar el perfil del joven reportero?

Yo entiendo que a la pantalla tu le puedes poner muchas cosas muy atractivas, pero el nombre del juego es el contenido, es lo que tú cuentas, y yo creo que en ese sentido, me permitiría decir, los jóvenes tendrían que pensar en tener buenas historias, esas historias que le puedan dar fortaleza al lugar en el que trabajan.

¿Qué balance haces del proceso que ha seguido la Ley Federal de Telecomunicaciones?

Hay muchos puntos a revisar, primero que no se nos olvide que la reforma en 2013 tuvo un gran consenso entre la ciudadanía, es evidente que estaban tocando puntos muy sensibles para el gran capital de la industria de las telecomunicaciones, casos concretos: Carso y Televisa; esta idea de la preponderancia es un asunto muy importante, no podemos concentrar el poder. Yo creo que esto está todavía en veremos.

Como estamos a la mitad del camino no sé qué vaya a pasar, me preocupa que los contenidos queden en Gobernación, que no hayan atendido a los medios públicos, me preocupa que este canal de televisión, nuestra Deutsche Welle, nuestra RAI o nuestra TVE, acabe en Gobernación.

¿Ya leíste El periodismo de ficción de Carmen Aristegui?

No lo leí a detalle, pero lo leí entre líneas.

¿Qué opinas?

Primero, me parece que el libro tiene también lo mismo de lo que acusa, está ahí como con verdades a medias. A mí me parece que Marco es un tipo siempre muy provocador y lo digo de manera positiva, me parece que hay partes en el libro que son muy difíciles respecto a casos muy concretos en donde los asuntos, pareciera, se quedaron en el aire y era obligación poderlos cerrar, pero me parece que se suma a esta discusión que es lo que me parece más importante de cómo debe hacerse el periodismo. La crítica que hace Marco Levario es la crítica a cómo hace periodismo Carmen Ariestegui y me parece que eso no la descalifica, sino que es otra forma de hacer periodismo y, alguien desde fuera, Marco Levario, encontró los elementos para desarrollar una crítica en algunos momentos muy mordaz, muy fuerte, pero te diría que yo creo en la lealtad y honestidad con su profesión de Carmen Aristegui.

¿Qué recuerdas de compartir el periodismo con ella?

Fue una época formidable, una época profesional y personal formidable, fue una gran etapa y mucho compromiso que yo no veo que Carmen haya perdido ni un ápice, al contrario, la veo echadísima para adelante.

Tiene muchos detractores.

Por supuesto, está en el centro de todo, es inevitable. Yo sí creo, te vuelvo a decir, bueno, no tengo duda de la lealtad y seriedad y solidaridad profesional que tiene Carmen Aristegui. Y sí, entiendo que a veces es periodismo de causas, pero a ver, te lo planteo de esta manera: yo hago las cosas, pienso, de otra manera, pero eso a mí en función de lo que hace Carmen no lo desacredita, al contrario, no nos hagamos, es un referente. Entiendo el libro de Marco, pero es un referente, todo mundo anda diciendo qué dijo Carmen y yo la respeto además de que la quiero entrañablemente.

¿Conservas la costumbre de leer diarios impresos?

Diario. No lo he dejado de hacer desde que tengo 19 años y tengo 62. ¿Por qué? Es lógico preguntarse, ¿ahí está la neta? No, es que los diarios impresos te dan miradas y tendencias de las cosas, quieres saber qué piensa un sector de la población lo puedes encontrar muy fácilmente en dos o tres diarios; quieres saber qué piensa un sector empresarial, lo encuentras en otros; quieres saber qué piensan hombres y mujeres avezados, inteligentes, lo encuentras en los diarios.

¿Pero no es más fácil de manera digital?

Lo había dejado de hacer pero desde que estoy en Canal Once, a las siete y media de la mañana presento unos 5 diarios, entonces los veo y me encanta verlos ahí en pantalla y hasta de repente puede ser el caso de que me ensucio los dedos.

¿Con cuáles te desayunas?

¿No importa el orden…? Varía si ya bajaron a las cuatro de la mañana la edición por Internet, por supuesto Reforma, El Universal, La Jornada, Milenio, Récord, Excélsior y La Razón.

¿Como consumidor de información qué te gusta más: prensa escrita, digital, radio o televisión?

Yo me hice mucho en la prensa escrita, la sigo mucho, la voy capturando a través de Internet.

¿Como periodista en cuál te sientes más cómodo?

Ahí varía, yo he estado rondando en la radio, prensa y televisión en estos 40 años. Pero siempre la televisión, todos lo sabemos, es un medio que te obliga mucho a formas, en la radio juego más libremente, hay que adecuarse. En el caso de la prensa siempre tengo, debo de reconocerlo, una especie de singular placer, de abrir la prensa ver un artículo que yo escribí, es una especie de añoranza de juventud, digamos.

¿Qué programas o caricaturas recuerdas de tu infancia?

Hay muchos, veía mucho Disneylandia, pasaba en el canal 4 ó 5 en los 70, recuerdo a Don Gato y su pandilla, La pantera rosa, caricaturas que veía, el show de Dick Van Dyke, me gustaban mucho Los locos Adams, que me parecen una cosa fuera de serie, y los Monster, que a pesar de que no eran tan buenos también me divertía horrores, me gustaba el Super agente 86 y sobre todo el doblaje del Tata.

¿En cuál de los noticieros nocturnos te informas?

Por supuesto veo a Adriana Pérez Cañedo a las 9 de la noche, además de que me importa, me sirve al día siguiente y veo el inicio de López Dóriga.

¿Volver a la pantalla de TV abierta qué reto te impone, o es algo así como esto ya me lo sé?

Supongo que me contratan porque quieren que haga lo que ya sé. Lo más importante de esto es el Canal Once, sinceramente te lo digo, o sea, estar en el canal Once para mí es muy importante, el hecho de que esté aquí, que toda la vida he tratado de ser un defensor de los medios púbicos, estar aquí, tener esta capacidad de maniobra, el estar en un buen momento que tiene el canal, con un espacio en el entorno muy democrático. No pienso tanto si es un reto o no, sino que es una oportunidad.

El América derrotó a las Chivas, tu equipo favorito.

Asumo la derrota, le mando un saludo a Marco Levario porque nos pasaron encima. Es muy importante lo del futbol, entiendo que de repente haya mujeres que no les guste, aunque cada vez les gusta más, pero para el aficionado común son 90 minutos de vida o muerte, pero creo que mientras más sepamos ver el futbol como un fenómeno social, como un fenómeno económico, como un fenómeno de manipulación, lo entenderemos y lo disfrutaremos más, aunque parezca paradójico.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password