Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Internet y la violencia virtual

Implementar la tecnología sobre la sociedad siempre trae consigo cambios estructurales, en los hábitos y las costumbres de sus integrantes y en las “formas” de socializar. Es así como la imprenta revolucionó la comunicación oral o bien el automóvil propició la extensión física de las ciudades. En la actualidad, Internet, como columna vertebral de la nueva revolución tecnológica, puede expandir todo tipo de productos y representaciones humanas.

En la red, las preferencias sexuales, los estigmas contra un grupo étnico, el fanatismo religioso, la exacerbación política o el consumismo irracional, transitan de la vida cotidiana de los cibernautas hasta la pantalla de las tabletas y los teléfonos móviles. Pero este nuevo espacio comunicativo de experiencias reales y virtuales, también proyecta los recursos que emanan de fuentes de violencia.

Algunos investigadores (Montagu, 1990; Sanmartín, 2000) definen a la violencia humana como la conducta de una persona que en forma premeditada puede generar un daño o una amenaza a otro. Puede ser físico, donde se incluye la violencia sexual, pero también puede ser no físico, o que varios terapeutas han reconocido como violencia lingu%u0308ística o psíquica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) divide la violencia a partir de tres formas de ejercerla: la auto-violencia, la violencia interpersonal y la violencia colectiva.

En este contexto diversas áreas de la psicología definen a la violencia como una agresión emergida de la propia naturaleza humana, como respuesta “natural” a un hecho conflictivo, ante una “frustración” (Rodrígues, Assmar y Jablonsky, 2004) o incluso como parte de sus instintos sexuales (Freud, 1985). Pero también otras ramas científicas como la sociología, extienden la explicación de la violencia a las propias normas sociales y culturales que son impuestas al individuo.

En la comprensión de la sociedad postmoderna, algunos autores culpan al desarrollo civilizatorio de occidente de la escalada de violencia que se vive en el planeta (Habermas 1989, Calinescu, 1991). Las guerras, las hambrunas, las crisis financieras, el desempleo, la pobreza, la marginación, la corrupción política y una serie de conceptos que minan la libertad y el buen vivir de las personas, podrían ser considerados “resortes” de la propia violencia.

En la sociedad contemporánea la violencia humana es fácil de reconocer, se presenta en todas las clases sociales, aparece lo mismo en zonas marginadas que en regiones económicas desarrolladas: golpizas de padres a hijos, vejaciones sexuales de mujeres o niños, el fenómeno conocido como bullying en los centros escolares o los acosos sexuales en las áreas de trabajo, etcétera. Otra tesis que puede derivarse de las desigualdades humanas generadas por el sistema económico y político, es que los conflictos sociales también pueden ser explicados por la lucha de poder. Bajo esta premisa, el poder se ejerce entre dominados y dominantes, su fuerza se define por la capacidad de poder afectar a otros, de poder vigilar y castigar (Foucault, 2008).

Sin embargo, en el paradigma de la Sociedad Red, donde lo humano pasa del plano real al virtual, tal vez el concepto que mejor puede explicar las nuevas formas de violencia virtual sea el campo simbólico. El célebre sociólogo Pierre Bourdieu llegó a concebir la violencia simbólica a partir de formas reconocidas y “legales”, como recurso invisible donde un dominador ejerce acciones indirectas contra otro o contra un grupo social. Los dominados carecen de mecanismos de interpretación para darse cuenta que su voluntad está sometida a lo que piensen otros.

La nueva violencia

Para ubicar los escenarios de violencia que actualmente circulan por la vida virtual de la humanidad, necesitamos aclarar algunos puntos. En primer lugar, que la nueva concepción de la violencia virtual es más simbólica porque los campos donde se desarrolla son virtuales, es decir, el medio o canal de transmisión son las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC y en segundo lugar, porque la globalización comunicativa ha expandido las formas de violencia más allá de lo doméstico.

Ante esta aclaración considero que las nuevas formas de violencia que circulan por Internet, se han despojado de lo material (ahora son virtuales) y de lo espacial (pueden ser globales, mundiales o como también se ha concebido “planetarias”). Estas dos características dan la posibilidad de que estas nuevas formas virtuales tengan más probabilidades de aparecer que la propia violencia real, pues implica un menor gasto de recursos económicos y físicos para llevarla a cabo.

Además de lo anterior, la ventaja que tienen las personas de cambiar sus roles reales por falsos, explotar el anonimato y dar rinda suelta a todo tipo de fantasías, trastornos emocionales o psíquicos, parecen ubicar nuevos elementos para construir teorías que definan con mayor claridad por qué la red (como se ha registrado en miles de casos en varias partes de todo el mundo) puede ser una potente palanca emocional para precipitar la agresión contra otros.

Es por esto que en Internet y las innovaciones conectadas en red, tienen un origen virtual (ciber-violencia) y simbólico (dominación invisible). Este fenómeno presente en la cultura en red, lo podemos ubicar en dos momentos:

1. En primer lugar la violencia psicológica (el plano mental) y puede derivar en la física (por ejemplo en un abuso sexual).

2. La ciber-violencia puede tener como finalidad la autodestrucción (dirigida al propio individuo), la afectación de relaciones interpersonales (por ejemplo la relación familiar) o contra un grupo social (por ejemplo una comunidad étnica o una clase social).

Parte de una compleja estructura construida por las relaciones humanas que existen en Internet. Las diversas tesis que generan la violencia real también aparecen en la comunidad virtual. Los desencuentros amorosos, los celos entre parejas, las pulsiones y los problemas económicos, pueden ser detonantes.

Para intentar explicar la forma de expresión de ésta través de las TIC, retomaré los campos de la violencia que propone la OMS y ubicaré ejemplos reales de cómo los conflictos humanos de la vida digital tienen determinados desenlaces que no siempre forman parte de las fantasías de los cibernautas.

a) Violencia contra el “yo”

Siguiendo la teoría freudiana, el “yo” como concepto que define en el individuo los mecanismos de placer y media con el campo regulador (normativo), ahora lo ubicaremos en la red, donde el usuario también es capaz de buscar su propia satisfacción (tal vez aquí valdría la pena recordar al posmodernismo que ha llegado a definir al hombre del siglo XXI como un ser “hiper-individualista” y “egocéntrico”). Pero el deseo de vida y de satisfacción pueden revertirse hacia el propio individuo, hacia el sentido de muerte, de auto-destrucción. El tánatos mitológico y del sicoanálisis, ahora aparece como un tánatos de la Era Digital. En otras palabras, la violencia que puede infringirse una persona contra sí misma, también es visible en la comunidad en red. Aquí podemos encontrar casos de mutilaciones en línea, páginas web que promueven la bulimia, competencias de anorexia e incluso recetas para personas “desadaptadas” de la sociedad.

Una práctica de la auto-violencia, que pasó del horror real al virtual es el suicidio. Hay casos documentados sobre cómo se han quitado la vida las personas, tanto en archivos policiacos, en noticias y por cámaras de usuarios de la red. En noviembre de 2008, en Florida, Estados Unidos, un joven que padecía problemas emocionales ingirió una sobredosis de medicamentos y murió frente a la webcam mientras se despedía de sus ciber-amigos. En Tailandia a finales de 2010, Nichakrn Srisawat, de 24 años de edad, después de terminar una relación con su novio y en medio de una crisis depresiva, decidió quitarse la vida mientras charlaba en línea con sus contactos: amarró una sábana a su cuello y se colgó de un ventilador.

Tal vez el video más célebre es de un joven sueco de 21 años quien escribió la siguiente nota: “Bueno, así que ahora estoy aquí, sentado a punto de matarme, me pregunto dónde acabaré”. Después de redactar su despedida, encendió la cámara web donde charló con varios amigos, algunos de los cuales le hicieron recomendaciones sobre cómo suicidarse. Se ató un cable al cuello y murió ante la presencia de la comunidad red. El video está disponible en varios servidores e Internet y ha sido compartido por miles de cibernautas.

Otra práctica común de auto-violencia se refiere a los trastornos alimenticios. Aquí podemos ubicar la anorexia y la bulimia como formas de no aceptación de la propia persona.

b) Ciber-violencia interpersonal

La violencia que se ejerce a partir de las relaciones interpersonales es una de las más comunes en la vida real, virtual. Agresiones de todo tipo, (físicas, sexuales o psicológicas) se ejercen lo mismo contra una pareja de enamorados, que en contra de familiares, amigos, compañeros del trabajo, conocidos, etcétera. Los mecanismos semánticos utilizados son variados y pueden ser desde insultos en línea mediante fotografías eróticas (sexting), hasta chantajes digitales (grooming).

En interpersonal, en red, los agresores o dominadores emplean las nuevas tecnologías como tabletas digitales, teléfonos móviles o computadoras personales, para enviar amenazas, avergonzar, generar reacciones de temor, miedo y frustración en algún persona.

Un ejemplo que conmocionó a Canadá fue el caso de Amanda Todd, una adolescente de 15 años, quien el 10 de octubre de 2012 se suicidó después de sufrir acoso sexual por parte de un cibernauta al que había contactado cuando tenía 12 años de edad. Antes de quitarse la vida, Amanda Todd colocó en YouTube un video bajo el nombre “Amanda Todd Suicide” donde narró el “infierno” que vivía a causa del ciber-acoso.

Este hecho llevó al gobierno de Vancouver a promover una iniciativa para considerar el acoso virtual como un delito grave, en tanto el grupo de hackers Anonymous inició una “cacería” del pedófilo y reveló a finales del año pasado que el acosador podría ser un hombre de 32 años de edad, ex empleado de Facebook y quien actualmente radica en Nueva Westminster, provincia canadiense de Columbia Británica.

Es el abuso dentro del sistema escolar, conocido como bullying es una práctica común en las aulas y centros de estudio que se ha trasladado a la sociedad red para convertirse en ciberbullying: fotografías y videos son compartidos en Internet para evidenciar el dominio que ejerce la violencia contra terceros. Este fenómeno de agresiones es también un espectáculo voyerista en YouTube.

En Argentina, una niña creó un grupo en Facebook para lanzar mensajes de odio contra Romina Perrone, de 10 años de edad. El caso llegó hasta los tribunales y a pesar de que el portal alcanzó más de cinco mil seguidores que compartían la idea de “odiar” a Romina, la red social tardó varias semanas en dar de baja la página.

Otro caso fue la muerte en septiembre de 2012 de Jamie Rodemeyer, de 14 años de edad, quien se despidió del “mundo” mediante Facebook y Twitter al dar a conocer que la decisión la había tomado ante las burlas que sufría después de que declaró abiertamente ser homosexual. El caso llegó hasta las cuentas de Twitter de los cantantes Lady Gaga y Ricky Martin, quienes condenaron el ciberbullying.

c) Violencia social

Lo actos de violencia contra un determinado sector de la sociedad también son visibles en la red. Las diferencias económicas, los conflictos raciales, las ideologías políticas, el extremismo y fanatismo religioso, e incluso el nacionalismo o el deporte, pueden llegar a detonar casos de violencia social en la red.

Por ejemplo la corriente ideológica nazi ha unido a miles de cibernautas que creen en sus fundamentos: crearon páginas en una red social, montaron videos con amenazas y abrieron portales web para “compartir” experiencias y conocimientos. Estos grupos de neonazis utilizan las nuevas tecnologías para difundir sus contenidos propagandísticos y de odio irracional.

Los nazi digitales han conformado partidos (http://www.americannaziparty.com), blogs (http://antisionista.blogspot.mx) y hasta estaciones de radio en línea. En Facebook o Twitter, pueden encontrarse páginas neonazis que lo mismo alaban los conceptos de Adolfo Hitler que atacan y critican no solo a judíos sino a todo aquello que sea “bárbaro” o “salvaje”. Un caso reciente se registró en enero de 2013, cuando se reveló que Omar Barona González, ex funcionario de la Secretaría de Gobernación de México, a través de su perfil en Facebook manifestó abiertamente sus presuntas ideas antisemitas.

También se registra otra violencia social en la red basada en el “fundamentalismo”, uno de los polos extremos religiosos que sigue al pie de la letra un mandato, como puede ser la Biblia o el Torá. Por ejemplo, el fundamentalismo islámico busca cumplir lo que dice el Corán. Los fundamentalistas han llegado al gobierno en varias partes de Medio Oriente desde donde a través de las armas iniciaron una “guerra” contra occidente.

Esta postura extrema alimenta los pensamientos de miles de cibernautas, quienes participan en foros de grupos, blogs, redes sociales, sistemas de almacenamiento de archivos digitales y páginas web donde manifiestan un “odio” abierto contra políticos, sistemas de gobierno, figuras públicas, escritores y todo aquel que piense diferente a sus ideas. Dentro de este campo podemos mencionar las célebres páginas www.faroq.org y www.alndea.com, donde se publicaban mensajes y videos del desaparecido Osama Bin Laden, líder de la organización terrorista Al Qaeda (Ver etcétera 143).

Quizá el fenómeno más común de odio social se registra en las campañas electorales. Existen evidencias de todo tipo de violencia en Internet durante los procesos de cambio de representantes en el poder. La “guerra” electoral va por lo general en dos sentidos: la denostación de los adversarios y la propaganda a favor de un candidato. En este escenario se ubican tanto los comicios que se llevan a cabo en Norteamérica como los Latinoamericanos y los que se han presentado en algunos países europeos.

El anonimato y la pérdida de ubicación física permiten a los candidatos, a sus equipos de campaña, a los partidos políticos, a los simpatizantes e incluso a la sociedad apolítica, participar en la guerra electoral en la red. En las elecciones federales y locales de 2006, 2010 y 2012, en México se han doblado videos para dañar la imagen de oponentes, se distribuyen alteraciones de imágenes (morphs) o montajes para ridiculizar a rivales, se crean perfiles falsos (bots) en redes sociales, para seguir a un partido o candidato o bien para establecer campañas negativas.

Conclusiones

Internet no solo es un medio de comunicación, un espacio de interacción social, canal de transformación laboral o desarrollo educativo, es también un ring en el cual los usuarios ejercen diversos mecanismos de violencia contra otros. Ésta, a pesar de ser virtual, parece que migra de la mente de los actores en red para depositarse en los hábitos cotidianos. Tanto los instintos o mecanismos internos de destrucción, como la violencia interpersonal o social, aparecen a lo largo de la red debido al ahorro de energía que su producción implica: blogs, portales digitales, foros, mensajes de teléfonos móviles, redes digitales, etcétera.

La violencia humana, intrínseca a su naturaleza o a su contexto social, permanecerá en las redes digitales en tanto su origen continúe siendo el mismo: desigualdad, conflicto, poder, dominio, etcétera. Es importante no perder de vista este fenómeno en Internet dada las repercusiones en las comunidades al carecer de control y convertirse en extensión emocional de cada conflicto individual hacia los demás, hacia al mundo virtual, pero con una intencionalidad real.

Referencias

Bourdieu, Pierre y Passeron, Jean Claude (2001). Fundamentos de una teoría de la violencia simbólica. España: Editorial Popular.

Freud, Sigmund (2005). Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte. Obras

Completas, Tomo VI. Madrid: Editorial Alianza.

Foucault, Michel (2008). Vigilar y Castigar.

México: Siglo XXI Editores.

Montagu, Ashley (1990). La naturaleza de la agresividad humana. España: Alianza Editorial.

Rodrígues Arnoldo, Assmar Evelín y Jablonsky Bernardo (2004) Psicología social. México: Editorial Trillas.

Sanmartín Esplugues, José (2000). La violencia y sus claves. España: Editorial Ariel.

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