Internet como territorio

Opinión

Los procesos de comunicación son, quizá, los que mayor afectación estén sufriendo; recordemos que aún la teoría de los procesos complejos prevé cierta dosis de coherencia al pensar en campos semánticos unificados para los resultados y la comprensión de esos procesos. La comunicación, sin embargo, está comenzando a moverse en dos esferas semánticas al mismo tiempo, lo cual no tiene punto de comparación en la historia de la humanidad: la esfera semántica proveniente del intercambio de información máquina-máquina, sin intervención humana y la del intercambio de comunicación humano-humano con la estricta mediación de una máquina. Ambos son procesos todavía verificables y cognoscibles en la mayor parte de sus estadios; pero la idea de una automatización y eficacia cada vez mayores prevé que por lo menos uno de ellos, la comunicación máquina-máquina, quede pronto fuera de cualquier nivel de comprensión humana posible, no únicamente por la cantidad de datos y procesos que requiere sino porque las máquinas comenzarán a generar a partir de sus propias premisas unidades semánticas que estén más allá de nuestra esfera y/o capacidad de comprensión. Por lo menos de nuestra capacidad de comprensión inmediata, que es la que ligamos irremediablemente a la idea de “utilidad” de la información. Este territorio incognoscible es sombrío y desconcertante, aterrador dirían algunos; pero podría argumentarse que no inherentemente malo o peligroso. Los posibles beneficios de una automatización general, de una “conectividad universal” (o como la comienzan a llamar los entusiastas, de una Internet de Todo) y de una comunicación universal entre las cosas son al mismo tiempo sobrecogedores y estimulantes. Por supuesto, el lado flaco de las cosas se intuye casi de inmediato: ¿cómo se protege al usuario de las innumerables complejidades a las que están ya expuestos sus datos y sus decisiones cotidianas? ¿Cómo se evita que esta gran “cuadrícula inteligente” no se convierta en el perfecto tablero de ajedrez del control totalitario?

 

Como en toda guerra, el avance tiende a ser estratégico y, en la práctica, sigiloso y artero. El TPP (Trans-Pacific Partnership4) como primera movida para avanzar en legislaciones cada vez más restrictivas en cuanto al uso y la accesibilidad “indiscriminadas” en el mundo digital pretende pavimentar los privilegios de los estados y las corporaciones frente a la expansión inminente del territorio digital, particularmente en lo que se refiere a dos temas clave: defensa del copyright y modificación y apropiación de tecnologías.

 

Terribles preguntas se le antojan a la mente humana, acostumbrada como está a creer sólo en el universo verificable. Nosotros, frágiles en nuestra constitución de carne y hueso, de mente y vísceras, comenzamos ya a abrirnos paso entre la maleza de un mundo digital que comienza a abarcarlo todo. Que quiere abarcarlo todo.

 

¿Tendremos la capacidad de sobrevivir en él?

 

Notas:

 

1. Nacido en 1968 en Inglaterra, Ashton cofundó el Centro Auto-ID en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde desarrolló los microchips RFID (Radio Frequency Identification) que son la base fundacional del IoT.

 

2. Utilizo el anglicismo “gadget” en un sentido estricto y ante la ausencia de un término equivalente en español: “aparato de dimensiones cada vez más reducidas que se distingue por su novedad o por la novedad de las necesidades a las que atiende”.

 

3. “Grid” suele referirse en inglés a la red infraestructural de las ciudades (pública y privada), particularmente a los servicios como agua, luz, teléfono, gas, etcétera.

 

4. El TPP fue signado el 4 de febrero del 2016, con un altísimo nivel de secrecía, por 12 países: USA, Canadá, México, Chile, Perú, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Malasia, Vietnam, Singapur y Brunéi.

 

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