Cinque Terre

Miguelángel Díaz Monges

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Insanias, etcétera, etcétera

Para M. L. T., por supuesto

Tengo una palabra de consejo para los que no pueden

llegar al final del sinuoso sendero del día sin una dosis de

mito. Mi consejo es el siguiente: sigue soñando.

-Julian Barnes, Amor, etcétera.

La enorme enfermedad social y el malestar de la cultura siempre me han importado menos que mi úlcera y mi jaqueca. Soy consciente de que las primeras hacen empeorar las segundas, pero también soy consciente de que mi dinero alcanza a duras penas para Ulsén y Aspirinas, no para revolucionarios y psicólogos sociales. Por lo demás, no estoy seguro de que un improbable remedio a los problemas sociales y culturales alivie, de manera secundaria, mis problemas estomacales y neurálgicos; mientras que la ausencia de éstos hace tolerables los primeros, con lo que se aminora mi contribución a ellos. Esto es, si me duele el estómago tiendo a ser un problema social, si me duele la cabeza soy un problema cultural. Esto debería importarle al mundo, pero no habla de ello López Dóriga, no hay portadas con la radiografía de mi estómago (sólo tengo uno), no hay indignados en plantón por mis disfunciones fisiológicas, no hay notas de Facebook ni tuits retuiteados discutiendo el asunto. No parece, pues, que exista un consenso suficiente acerca de la importancia socio-político-económico- histórica de mis malestares. Y sin embargo dos o tres simplones a mi alrededor lo pasan mejor cuando yo estoy de buenas. “Poco dura la felicidad en casa del pobre”, pero eso no tiene remedio ni con chochos o chamanes.

No sé cuántos seres humanos habitamos la Tierra. Lo que me queda claro es que todos somos mediáticos en tanto masa y muy pocos lo son en tanto individuos. Si Fecal es borracho, Noroña irresponsable o Aristegui ingenua, México enloquece, los medios revientan con el asunto, se rompen amistades de toda la vida, los editores se enemistan con los colaboradores y otras desdichas por el estilo. Mare Magnum que termina en que se olvida sin aclararse si el uno es borracho, el otro irresponsable o aquella es ingenua. Bueno, pues yo sí soy las tres cosas: borracho, irresponsable e ingenuo; pero no soy culpablde máximo del destino del país, embajador pejista en el congreso ni vocero de nadie en ningún medio, así que -por decirlo en latín clásico- me la pelo.

Hace unos meses quedé con mi querido amigo Arouet en proponer al Sr. Levario que etcétera se ocupe de convertir todas las mamadas socio-político-económico-históricas en mamadas de las que a la mayoría nos gustan. Arouet quedó en planteárselo a Marco, pero no sé si lo hizo, porque últimamente andan peleados porque ambos le van al América (sí, los americanistas están peleados con los americanistas, y los pumas estamos peleados con los demás pumas: eso es la crisis, el resto mera charlatanería teórica útil para becas y grados en la nómina del mecenazgo público). Por cierto que Levario dirige una revista de primera, sale en la tele, se pelea en el congreso y nadie arma un sainete por su americanismo galopante (en mi descargo debo decir que para cuando supe de ese defecto suyo ya éramos amigos, ¡demasiado tarde para poner a salvo mi reputación!). Levario es mediático para todo efecto descriptivo o definitorio, es americanista y está peleado con Arouet. ¿Cómo es que las televisoras y los tuiteros no hablan de esto? Sólo puedo concluir, hasta aquí, que el silencio o desinterés público hacia mi úlcera y mi jaqueca no se debe a que no sean mediáticas o yo no lo sea. Otra cosa será, aparte de una mamada, ambas y por separado, y no tengo idea de cómo hacer de ellas tal práctica en su versión erótica, genital y disfrutable. Arouet quedó en ayudarme a discernir estas cosas siempre que no se pusiera en duda su virilidad de bien. Parece que aún está buscándole la fractura fractal al asunto.

Lo mediático entonces no es mediático en sí. ¡Vaya hallazgo! Lo mediático se define por la agenda pública que a su vez es definida por los medios. Esto ya no es tan de pero grullo: Si los medios deciden que no se habla de -por ejemplo- la alarmante ineficiencia abusiva y monopólica de la CFE, ésta no existe, ni existe la jurisprudencia en que la SCJN establece -voto en contra del admirable Góngora Pimentel, claro está- que el usuario no puede ampararse contra el corte de suministro pues se trata de un asunto entre pares y no de un acto de autoridad. De la misma forma, la matadera terrible que sufre México está en la agenda pública porque los medios lo quieren, que de callárselo andaría por las redes sociales ocupando a los que se han creído que las redes sociales pueden cambiar el mundo (pero no creen que la gente en sí misma pueda hacerlo). Si de pronto etcétera deja de ser una revista que da entrada a los diversos puntos de vista y se decanta descaradamente porque el Sr. Slim se apodere de la Banda Ancha, la Cofetel y todos los medios de comunicación, inmediatamente se vuelve peligrosa para los grandes medios y para las huestes pejistas con lo que -bibidi babidi bum- tene-mos como asunto público -mediático y mediatizado- que Levario le va al América. ¿Cómo podemos, amigo Arouet, erotizar esta mamada?

No creo descubrir el hilo negro o el agua tibia al consignar que nuestra sociedad es estúpida y nuestra intelectualidad de quiero y no puedo es manipulable hasta la náusea: me limito a recordarlo. Es mi personal manera de celebrar los once años de la nueva época de etcétera y mi primer año de que volví a la que fue mi casa en sus inicios como semanario político y cultural. ¿Que dónde está lo festivo? Muy simple: en una sociedad mediatizada hasta la idiotez alguien tiene que vigilar que los grandes medios (en complicidad o echando un pulso con la Cofetel y la LFRyT) no idioticen en demasía a las masas mediatizadas. Es el propósito de etcétera, el que cubre cabalmente, por el que recibe insultos y aplausos y por el que es -amén de excelente idea- un medio indispensable.

Ahora, esto de que un medio vigile a los medios quizá es una mamada, pero no se me ocurre un medio que no sea un medio. etcétera no se distingue por manipular la agenda pública -a fin de cuentas sólo es una revista, ¿no?-, no mete en ella mi jaqueca o mi úlcera, ni el alarmante y cínico aguilismo (ex cremismo) de Arouet: Analiza, sólo eso. ¿Los demás medios lo hacen? Pareciera que sí, pero en realidad no se trata sino de montajes en que todos dicen lo mismo con distintas palabras: que todo está bien mientras ellos estén bien y que lo contrario estará mal si ellos mismos permiten que exista. ¡A soñar a Twiter, cafetariado pequeñoburgués! …¡La perseverancia nos preserve a etcétera en medio de los medios!

Respuesta de Arouet

De intrascendencia y erotismo

Cuando la calidad del debate público mexicano está por los suelos, querido Migueángel, yo prefiero ver al Águila volar por los suelos (aunque ahora vuele templadito y a media altura). Y si la política tuviera la prestancia para acometer en serio las reformas que necesita el país, igual optaría por ver a mi equipo batirse en la cancha. Ello es así porque, igual que tu, tengo muy claro el sentido de nuestra intrascendencia y en esas condiciones es como me parece que tu y yo escribimos en esta revista.

Tengo claro que mis arengas en favor de la escuadra azul crema tampoco influyen para nada y entonces elijo en lo que quiero ser insignificante (si de todas maneras lo soy en cualquier cosa). Por eso es que no me peleo ni con Levario ni contigo: cada quien encuentra motivos para sambutirse las aspirinas que quiera o que necesite y yo como siempre respeto los tuyos más aún porque gracias a tus letras es que encuentro remanzo en el ánimo menguado por tantas derrotas de las Águilas. Por eso te pido que me hagas saber si hallas la forma en que el ánimo decaído tenga su expresión erótica. Me urge. (Mientras tanto leo a Manara.)

Te abrazo fuerte

Arouet

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