Cinque Terre

Ana Lilia González

Individualismo en la red

En la era digital existe una emergente innovación técnica a fin de mejorar la comunicación a nivel planetario entre las personas. La generación de aplicaciones para fortalecer los sistemas de interacción entre individuos como la mensajería instantánea o el desarrollo de software abierto tienden a cumplir uno de los fines de la era digital: la transmisión de millones de datos por segundo a través de Internet.

La posibilidad de comunicación entre las personas permite el establecimiento de todo tipo de relaciones, interpersonales, grupales, institucionales, etcétera. Tal conectividad facilita la colectividad en Internet, en nuevas formas sociales conceptualizadas como cibercomunidades o comunidades virtuales: red de lazos interpersonales que proporciona sociabilidad, apoyo, información, un sentimiento de pertenencia y una identidad social (Wellman, 2001). En los nichos virtuales de la Web 2.0 los contenidos son compartidos por productores, consumidores, por usuarios nómadas (Lévy, 1994) que han migrado a la red o por nativos digitales (Prensky, 2001).

Bajo este contexto se ha demostrado que los hábitos de las personas se han transformado a partir del uso y apropiación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Si bien los estudios empíricos han demostrado que en el mundo digital existen más posibilidades para socializar que en el vida real, también la virtualidad permite la fragmentación de lo global y la explosión de la individualidad. Tales hábitos terminan siendo determinantes en algunos casos, por ejemplo resultaría extraño que un cibernauta no tenga un perfil en redes sociales como Facebook y Twitter, o un smartphone con aplicaciones para comunicarse mediante WhatsApp, Line o WeChat. Los integrantes de comunidades en red comparten en forma colectiva desde canales de comunicación hasta temas de interés y de identificación.

El crecimiento del número de los habitantes de la sociedad conectada o pertenecientes a la sociedad red trae consigo una mayor expansión del uso de tecnologías orientadas a la sociabilidad. Dicha difusión, según lo demuestran diversos estudios sociales realizados en varias partes del mundo, tienden a ampliar las redes virtuales de comunicación entre los usuarios y al mismo tiempo a individualizar sus comunicaciones: adornos en sus perfiles, fotografías con amigos, mascotas, parejas sentimentales, deportes, actividades laborales, etcétera. La vida privada se colectiviza sin dejar la individualidad.

Desde una visión postmoderna los usuarios de la comunicación mediatizada han sido vistos como personas egocentristas y hedonistas, es decir, prevalece la individualidad sobre el interés colectivo: “cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tienen por decir, cuanto más se solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto. Paradoja reforzada aún más por el hecho de que nadie en el fondo está interesado por esa profusión de expresión, con una excepción importante: el emisor o el propio creador. Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el principal receptor… hay otra cosa en juego, la posibilidad y el deseo de expresarse sea cual fuere la naturaleza del «mensaje», el derecho y el placer narcisista a expresarse para nada, para sí mismo, pero con un registrado amplificado por un «medium»” (Lipovetsky, 1983).

¿La catástrofe postmoderna sobre los nuevos medios de comunicación puede ser útil para explicar la manera en que las relaciones y emociones de las personas se han vuelto virtuales a partir del uso de redes sociales digitales, entendidas éstas como el medio que amplifica la satisfacción y placer de expresarse para sí mismo?

Desde una perspectiva crítica las redes podrían no sólo ser estructuras que albergan vacíos en cuanto a contenidos (por su carácter efímero) sino también todo tipo de manifestaciones provenientes de la esfera más íntima y privada del individuo.

Es precisamente a través de mecanismos inconscientes, como la desinhibición como práctica en el ciberespacio, lo que individualiza al usuario y lo identifica de la colectividad en red. Tal visibilidad es continua (y más si su estado en línea es perpetuo) y puede observarse en la transmisión de mensajes que son enviados entre internautas con toda una variedad de fines. Tal vez uno de los más visibles es aquel mensaje que busca hacer eco en el ciberespacio con raíces emotivas, como reafirmar la autoestima, alimentar la individualidad o apuntalar las convicciones para formar parte de un grupo social (por ejemplo una élite que tiene acceso a internet o los seguidores de un personaje público). Ante estos supuestos valdría la pena intentar responder si las redes sociales digitales se han convertido en un medio que puede permitir a las personas cubrir sus necesidades individuales más elementales a nivel emocional y psicológico.

Hay quienes afirman que las redes sociales establecen su propia lógica para quienes han decidido formar parte del mundo virtual, no obstante, ante esta aseveración, surge la pregunta de si se estaría ante la presencia de un fenómeno nuevo generado por la masificación de la tecnología mediante el uso de estos mecanismos, o bien, si éstos surgieron para dar respuesta a una condición preexistente producto de la evolución de la sociedad.

Lo que puede ser comprobado en la red es que dentro de la misma existen nuevas formas de sociabilidad que permiten la colectividad, pero también la individualidad y diferenciación del “yo” en relación con los demás.

Ante este escenario, se disuelve por un lado la línea que divide lo privado de lo público y por otro el individuo se transparenta ante el mundo virtual a partir de su exterior (lo visible, como sería la imagen de su perfil en YouTube) y su interior: el manifiesto de emociones, amor, odio, frustraciones, aspiraciones, miedos, deseos, etcétera. La red puede albergar lo racional, pero también convertirse en un canal de lo irracional donde aparecen lo mismo patrones narcisistas, manifestaciones de soledad existencial, exhibicionismo y hasta la búsqueda de la eternidad (en términos de Milan Kundera) para dejar huella y ser recordado por el mundo exterior.

Cuando fue creado Facebook hace nueve años, el objetivo de sus diseñadores era el convertirse en una red de interacción solo para universitarios, es decir, para construir una colectividad en red, pero tal fin se diluyó casi desde su nacimiento, al abrirse al resto de los internautas, quienes determinaron a partir de sus intereses particulares sus formas usos. Hoy en día Facebook tiene más de mil millones de internautas activos. Algo similar ocurrió con otras nuevas tecnologías como el teléfono móvil, cada vez más individualizado por el mercado (la producción de las características del artefacto) y por el mismo usuario (llegando incluso a reflejar parte de la personalidad del propietario).

A ese respecto, un reciente estudio de Fundación Telefónica llamado “Identidad Digital” (2003) demuestra que existe preocupación de las personas que son usuarias de Internet por presentar a los otros una “identidad” y hasta construir una “reputación” como parte de una necesidad básica. En este esfuerzo de construcción, es posible identificar algunos rasgos que caracterizan la individualidad de los usuarios de Internet, más visible en las redes sociales. Por ejemplo, en Twitter existen cibernautas que desean ser vistos en la virtualidad, en cierto modo decirle al mundo que “existen”, aunque sus mensajes no tengan receptores específicos e interesados. En la visibilidad en red puede que no haya el debate dialógico ni la retroalimentación racional, basta con que exista la imagen, el ícono de identificación.

También en Twitter, es posible encontrar al usuario que busca fama y reconocimiento, para lo cual lleva a cabo diversos esfuerzos en la emisión de sus mensajes con la finalidad de llamar la atención y ser “popular”, situación que se ve potenciada por las nuevas tendencias microblogging consistentes en la realización de “dinámicas” para incrementar el número de contactos a través del retweet (RT) y el seguimiento seguro (followback). Mediante dichas dinámicas los tuiteros pueden incrementar el número de seguidores en cuestión de minutos, aún y cuando por la gran cantidad de personas que les siguen disminuyan las posibilidades de una comunicación profunda.

En este plano, la individualidad se pierde en la colectividad anónima: parece no existir un interés por establecer relaciones interpersonales, sino por intentar existir en medio de un mar de desconocidos.

Es posible tener una interpretación de las intenciones inconscientes que aparecen en la individualidad del ciberespacio partiendo de la teoría sobre la motivación humana (theory of human motivation) de Abraham Maslow, mediante la cual se establece que las necesidades humanas pueden ser jerarquizadas y, conforme cada una de las necesidades básicas sean satisfechas, el ser humano puede aspirar a otras necesidades, en este caso, superiores. Dicha teoría considera los siguientes tipos de necesidades básicas: fisiológicas referentes al alimento, la casa y el vestido; la seguridad vinculada a la prevención de daños físicos y preventiva de padecimientos; la social incluye el deseo de ser aceptado y amado; y de reconocimiento que abarca el ser respetado y conocido. Por otro lado las necesidades de orden superior incluyen las de autorrealización, la capacidad para poner en práctica las habilidades propias y la de trabajar sirviendo a intereses individuales.

Al retomar la idea de necesidad es posible plantear una serie de hipótesis para intentar comprender el funcionamiento del individualismo en la red. A bote pronto se podría ubicar a un grupo de usuarios de alguna red social en el nivel básico cuando su comportamiento esté relacionado a la búsqueda consciente o no, de reconocimiento y aceptación en el mundo virtual. Tal reconocimiento puede tener múltiples orígenes sobre lo cual debería profundizarse, como el supuesto de la carencia afectiva real que se intenta llenar con emociones virtuales o distanciadas del contexto inmediato.

Por lo que se refiere al nivel superior se tendrían que plantear nuevas inferencias sobre las redes como mecanismos de autorrealización. Bajo este supuesto en redes sociales como Twitter es posible identificar a usuarios que comparten información, y en algunos casos también conocimiento. Este grupo de usuarios, si bien podría estar interesado en la aceptación, la reputación y el sentido de pertenencia a un grupo, puede que priorice alcanzar la autorrealización al socializar contenidos con otras personas de intereses afines, generando comunidades de intercambio y construcción.

Los planteamientos de necesidades ante el comportamiento de los cibernautas en las redes parecen vigentes toda vez que estos espacios pueden llegar a jugar roles fundamentales en la búsqueda de la satisfacción personal, en un mundo donde su uso no es una cuestión de libre elección, sino una condición para lograr el sentido de pertenencia y aceptación en determinados grupos. No obstante, sería aventurado afirmar que si los usuarios satisfacen necesidades básicas a partir del uso de la red, puedan aspirar a la autorrealización digital a partir de la individualización.

Los nuevos hábitos en la sociedad de la información y ante el vertiginoso avance de la tecnología orientada a la particularización de necesidades sociales, convierten a las relaciones virtuales interpersonales en un proceso irreversible, tendiente a la generalización de actividades y prácticas en red, y se profundiza el narcisismo por el incremento en el tiempo de permanencia en el mundo virtual (en determinados casos por encima de la convivencia real) aunque tal expectativa de vida puede ser simplemente una extensión del mundo físico. La contemplación que realiza un adolescente frente al espejo mientras capta su imagen con un teléfono móvil es un acto común en la red que emerge de la individualidad y que puede alcanzar determinados grados de masificación.

En la actualidad Internet permite que la comunicación sea casi inmediata, rápida, pragmática, racional o afectiva, aunque en el plano afectivo dicha comunicación se desarrolla en las mentes de las personas. El cibernauta desde la lejanía puede buscar la satisfacción de su individualidad, de necesidades particulares sin que exista un compromiso real con el otro, dado que su comunicación (que llega a partir del anonimato o de una personalidad alejada de la conciencia) puede estar acompañada de una colectividad simulada: desde la soledad de la individualidad hacia el vacío del ciberespacio

Referencias

Lerner, Joel (1984). Teoría y problemas de Introducción a la Administración y Organización de Empresas. México: Mc Graw Hill.

Lévy, Pierre (2004). Inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio. Washington: OPS.

Lipovetsky, G. (1983). La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Barcelona: Anagrama.

Prensky, Mark (2001). Digitals natives, digital inmigrants. On the horizon, MCB University Press, Volumen 9, número 5.

Wellman, Barry (2001). Physical place and cyberplace: the rise of personalized networking. International Journal of Urban and Regional Research. Volumen 25, número 2 págs. 227-252.

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