Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Iconofagia en la era digital

Las de nuevas tecnologías han provocado cambios de distinta profundidad en la vida de sus usuarios. Con las nuevas herramientas algunos trabajos pueden ejecutarse casi en su totalidad a distancia, los estudiantes pueden de cursar una carrera sin pisar el salón de clases o bien, se puede organizar una fiesta sin necesidad de imprimir invitaciones.

Con el desarrollo de artefactos de fácil transportación y cada vez más miniaturizados, los usuarios de las nuevas tecnologías son capaces de descubrir y desarrollar prácticas que pueden llegar a modificar parte de su existencia. La penetración de medios digitales puede medirse por un constante aumento en el número de usuarios: tan solo Facebook tiene poco más de mil 200 millones de suscriptores y WhatsApp, para el envío de mensajes instantáneos, alcanza los 400 millones.1

Actualmente existe un elevado uso del teléfono móvil para comunicarse con los otros aun cuando tal uso tal vez no sea tan necesario como parece: actualizaciones en perfiles en redes sociales, comentarios a publicaciones que sean de interés individual o colectivo, debate racional o irracional sobre un tema, desdoblamiento de la personalidad, etcétera. Tan solo en México el 68% de los usuarios del móvil lo emplea no solo para hacer llamadas, sino principalmente para navegar en Internet; el 8% de las personas con teléfono celular lo revisa cada 10 minutos para verificar si tiene alguna llamada o mensaje; 3 de cada 4 usuarios duermen con el aparato en la mano; el 68% lo lleva al cine y casi el 50% lo utiliza mientras está en el baño.2

La innovación es otro factor que puede en cierto grado determinar cambios en las actividades humanas. Uno de los casos más visibles actualmente es Google como servicio de búsqueda en Internet. En los albores de la red encontrar archivos montados en páginas era una tarea titánica porque no había forma de dar orden a un contenido disperso. Google, fundada en 1998, vino a regularizar el caos para encontrar información más fácilmente: posee más de un millón de servidores y centros de datos, con la capacidad de procesar más de mil millones de peticiones de búsqueda todos los días.

Es la comunicación humana, tal vez, el campo que ha registrado el mayor número de cambios producto de la penetración de las nuevas tecnologías. En este terreno es necesario tener en consideración tres puntos sobre los cuales se ha discutido teóricamente en los últimos 20 años: a) la forma de comunicación presencial es desplazada por una comunicación en red (o mediática) que va más allá del espacio real; b) la comunicación tradicional que funcionaba por espacios de tiempo es ahora perpetua, por flujos continuos que solo se detienen cuando hay interferencias o barreras técnicas y c) el individualismo se desplaza de distintas formas internas a través de comunidades y espacios globales.

Ante lo anterior considero importante reflexionar sobre uno de los aspectos más visibles de los cambios en la comunicación dentro de la era digital: la imagen. Al ciberespacio lo pueblan millones de imágenes que todos los días circulan en las redes sociales, son compartidas con servicios de mensajería, almacenadas en servidores distantes e incluso sustraídas por piratas informáticos. El paisaje de imágenes es cada vez más opulento en la medida en que los usuarios construyen sus contenidos basados en representaciones y mantienen una comunicación perpetua mediante un lenguaje icónico.

La hiperabundancia de imágenes que registra la red parece renovar conceptos que podrían ayudarnos a definir parte de los fenómenos sociales que generan actividades como el narcisismo y el voyeurismo. Los usuarios consumen imágenes y al mismo tiempo las imágenes consumen las representaciones físicas de quienes son. Esta ingesta es definida por Norvan Baitello Junior como iconofagia: imágenes que devoran imágenes. La iconofagia puede ser pura (las imágenes presentadas en los medios terminan por poseer un alto grado de referencia a otras imágenes) o impura (los cuerpos que devoran imágenes, como el actual consumo de marcas y productos que definen lo que debe ser un cuerpo humano). En el modernismo basado en el consumo y las nuevas formas de comunicación, el autor considera que el individuo es digerido por “los modismos, las ideas pregonadas por los dioses menores de la publicidad y del marketing, las nuevas necesidades de hacerse visible, el ritmo de los tiempos de la productividad y muchas, muchas otras imágenes, que detentamos como trofeos en las paredes, no hacen otra cosa que devorarnos”.3

Bajo esta interpretación, algunos pensadores consideran que la iconofagia puede llegar a vaciar a los individuos al indigestarlos tanto de representaciones exógenas como de la incapacidad para reflexionar críticamente: las imágenes en los medios de comunicación saturan los discursos dialógicos de comunicación humana y reactualizan los procesos de artificialidad, anulando la cuestión comunicacional.4 En las sociedades contemporáneas, a diferencia de las comunidades indígenas cuyos integrantes consumían rituales y fetiches, los habitantes mastican imágenes que patológicamente pueden alimentarse de quienes las observan: “se come un alimento que no contiene nutrientes. Se comen muchas imágenes que no tienen ninguna información nueva, ninguna sorpresa, ningún nutriente para el alma” (Baiteillo Junior, 2003).

El concepto de iconofagia montado a la expansión de imágenes que circulan en el ciberespacio podría ser útil para intentar enmarcar las nuevas prácticas tanto de uso como de apropiación de las imágenes que están generando las redes digitales en los usuarios. Con la expansión de los medios de comunicación tradicionales el canibalismo de imágenes encontró un nicho para su consumo: la mercadotecnia, la publicidad, la marca, etcétera. En la realidad que imponen las redes electrónicas, la alimentación de imágenes también se origina en la percepción que los usuarios tienen de sí mismos. Las redes digitales podrían representar un espejo de la iconofagia contemporánea, donde no solo se pueden devorar imágenes externas presentadas a través de los medios, sino también la propia imagen.

Devorar bits

La cantidad vertiginosa de datos que transitan por Internet avanzan a la velocidad de la luz. Las cifras que han aportado diversas fuentes en el último año son sorprendentes, no solo por la penetración de la nueva tecnología sino también por la transmisión de contenidos. Tan solo en YouTube cada minuto son transferidas más de 24 horas de imágenes en movimiento, en tanto en Facebook han sido distribuidas más de 400 mil millones de fotos desde que la red fue abierta al público.

Una de las características de los sistemas de comunicación web es la integración de herramientas para la edición, almacenamiento y difusión de imágenes. Incluso algunos sistemas que nacieron como herramientas para construir textos han integrado paulatinamente las imágenes. Twitter es un ejemplo de cómo una red social textual puede ser absorbida por la imagen, desde memes hasta fotografías que se han convertido en virales, como la que tomó Ellen DeGeneres en la entrega de los premios Óscar de 2014, donde aparecen actores como Kevin Spacey, Meryl Streep, Brad Pitt o Angelina Jolie, publicación que en menos de una hora se compartió un millón de veces, alcanzó más de tres millones de retweets y casi dos millones de usuarios la marcaron como favorita.

Con el desarrollo de la Web 2.0, la era de las redes sociales se ha convertido en un signo que representa una de las principales prácticas que existen en Internet. Las plataformas para almacenar o compartir imágenes han alcanzado su éxito por la capacidad que ofrecen para transferir sus publicaciones a otros usuarios. Caso ejemplar es Flickr, compañía fundada en Vancouver en 2002, cuya característica principal es la capacidad para ordenar, buscar, vender y compartir fotografías y videos en línea de sus suscriptores. Hoy en día Flickr permite “subir” videos y compartir fotos en una cuenta gratuita, con la posibilidad de compartir en una sola acción hasta 200 fotografías. El sistema ofrece un registro de más de 8 mil millones de imágenes y se estima que cada minuto los suscriptores suben más de 5 mil imágenes.

Otro caso de la expansión de imágenes es Instagram, una red social para compartir fotografías, creada por Mike Krieger y Kevin Systrom en 2010. En menos de dos años Instagram alcanzó la sorprendente cifra de 100 millones de usuarios. Según datos de esa red social, en 2014 tiene una cifra de más de 20 mil millones de fotos compartidas, en tanto cada mes 200 millones de usuarios comparten imágenes de su vida diaria en su mayoría desde el teléfono móvil, tabletas o laptops.

Una red social exitosa dentro de la distribución de imágenes ha sido Pinterest. Abierta al mercado en 2010 por Ben Silbermann, Paul Sciarra y Evan Sharp, ofrece a los suscriptores diseñar y administrar tableros personales con imágenes que incluyen bodas, vacaciones, exhibición de ropa o práctica de deportes. En 2013 contaba con más de 70 millones de usuarios, de los cuales casi el 70% eran mujeres; tiene más de 500 mil cuentas de empresas y ha logrado recaudar 338 millones de dólares en financiamiento privado. El tema que prevalece en las fotografías de Pinterest está relacionado con la alimentación y el exhibicionismo.

Además de esas plataformas, hay una gran cantidad de aplicaciones especializadas en imágenes como Pinstagram que permite unir las redes Instagram con Pinsterast. Otra aplicación popular es Tadaa, capaz de manipular las imágenes con trucos de fotografía antigua, con marcos, en negativo, corrección de errores, desenfoque, etcétera. También son conocidos dentro del mundo de la fotografía digital otros sistemas como Pixlr Express, que permite el retoque de imágenes, VSCO Cam, que da la posibilidad de modificar el tiempo de exposición, el contraste, los tonos o de recortar las fotografías, o SnapSeed, aplicación desarrollada por Nik Software que tiene una gran gama de filtros y de funcionalidades para editar imágenes de alta resolución.

Existe también toda una gama de herramientas que han sido diseñadas con motivos icónicos como Jux, un sistema que ofrece la posibilidad de diseñar un blog cuya característica principal es mostrar imágenes, es decir, se trata de una bitácora personal para ser observada, no tanto para ser leída. También hay comunidades para conocedores y fotógrafos profesionales como 500px, donde se puede abrir una cuenta para compartir imágenes con la posibilidad de ganar dinero o recibir alguna invitación para exponer en galerías o museos.

Con todas las variantes técnicas para poner a disposición de otros millones de imágenes a través de Internet, el consumo de las mismas representa una práctica común para todos los habitantes de la sociedad red. Si bien la comunicación a través de Internet incluye una diversidad de soportes semánticos, las imágenes se han convertido tal vez en la principal herramienta para determinar que “una imagen vale más que mil palabras”, aun cuando las imágenes difundidas por los nuevos medios también pueden ser manipuladas para mentir.

En las comunidades virtuales la iconofagia tiene como base de su significado una imagen o bien la representación de una idea a través de un icono. En otras palabras, la imagen tiene como fuente de referencia otra imagen. Esto comprende la difusión de millones de imágenes a través de Internet que representan un significado y tienden a sustituir el pensamiento escrito. La cultura de los memes constituye una idea concreta que hace referencia a una imagen. El meme codifica un mensaje para darle un sentido concreto, diluye aquello que puede dispersarlo. La propagación de los memes en la red encajaría perfectamente como una práctica de la iconofagia.

La proliferación de imágenes en Internet ha superado en número y difusión las que circulaban por los medios tradicionales a finales del siglo XX. Cada usuario de Internet tiene la capacidad de crear sus discursos, de elaborar narrativas a través de imágenes sobre sus fobias y deseos. Por eso resulta casi imposible para los gobiernos detener el tsunami de imágenes referentes a escándalos que involucran a políticos y personas vinculadas con esferas de poder, como han intentado recientemente en China, Rusia o Corea.

¿Puede afirmarse que con la libertad de Internet se democratizaron las imágenes? Desde una posición optimista la red permitió liquidar parte del control de la información que mantienen tanto medios de comunicación como gobiernos, abrió nuevos nichos para conocer escenarios alejados a la cobertura mediática, incluyendo problemas sociales que se viven tanto en Estados Unidos como en algún país de Medio Oriente. Desde una óptica crítica tal pareciera que la exuberancia de la cultura icónica en la red solo permite la saturación de imágenes para que sean digeridas por los consumidores, una saturación que impide la reflexión y en algunos casos llega a provocar psicosis, pánico o ira.

Un ejemplo reciente se registró a finales de julio en el conflicto armado entre Israel y Palestina. A través de las redes, y en especial mediante Twitter, jóvenes israelitas en distintas poses fabricadas han construido un lenguaje icónico de odio contra la comunidad árabe, incluyendo mensajes xenófobos y el uso de etiquetas como #rocketselfie para captar una imagen de ellos mismos en el momento en que suenan las sirenas ante un posible ataque de misiles. En las imágenes que engendran la ira entre las comunidades en conflicto lo que menos existe es racionalidad: es más fácil la propagación del odio en las redes electrónicas que otros valores contrarios como la solidaridad o la fraternidad.

En el otro extremo de la iconofagia, el consumo sin límites de imágenes que circulan en Internet puede llevar a los usuarios a un acto de apropiación de imágenes, lo que Baitello califica como una compulsión exacerbada de apropiación. No se trata de imágenes que devoran otras imágenes (una imagen hace referencia a otra imagen), sino de imágenes que son devoradas por cuerpos: lo físico ingesta una idea fabricada en un departamento de mercadotecnia. Se trata de una retórica que va más allá de lo denotativo para cargar su peso en la connotación de los significados.

En este punto el cuerpo se somete a la imagen o a las imágenes. Los atuendos, los tatuajes, la figura delgada el color de pelo, la forma de las mejillas o hasta las posturas al caminar pueden llegar a ser adquiridas por los cibernautas desde las pantallas de sus computadoras y teléfonos móviles. El cuerpo real de carne, hueso y fluidos debe someterse mediante una serie de trucos a una serie de cirugías estéticas para asemejarse en la idea a aquello que se quiere ser, ya sea estético o no, ya sea racional o irracional.

Un ideal de lo corpóreo en la red puede encontrarse con facilidad siguiendo algunas modas impuestas por el mercado. Ejemplos abundan, como el caso de Instagram, donde las cuentas con más seguidores son aquellas que representan precisamente lo corpóreo como una imagen. El perfil de la exuberante Kim Kardashian es seguido por más de 17 millones de cibernautas y aunque comparte fotografías familiares al lado de su esposo y de su bebé, su popularidad se debe al exhibicionismo de su voluptuoso cuerpo en las pantallas digitales. En este nivel de exposición encontramos a otros famosos exportados de los medios de comunicación tradicionales, como los cantantes Rihanna, Justin Bieber o Beyonce, quienes cada vez que comparten alguna imagen, por lo general son devoradas por sus fans, al grado que pueden llegar a ser consideradas como noticias por medios tradicionales. La vida llena de lujo, el glamour y la elegancia, la opulencia económica en que viven, los viajes, automóviles, yates o mansiones que son exhibidos en la red, pueden llegar a constituir un ideal de existencia para algunos internautas.

Los perfiles en las redes sociales pueden registrar parte de las transformaciones producto de la iconofagia. Las representaciones mentales de lo bello o aquello que es “agradable” para la vista llega a tener parte de sus orígenes en imágenes exógenas, tanto aquellas que pueden convertirse en mitos icónicos producto de la publicidad o la exposición mediática, como aquellas que convierten a algún usuario de las redes en una persona popular. Así, las imágenes que representan el perfil de una persona en Facebook o Twitter se alejarán cada vez más de lo corpóreo conforme busquen la perfección ideal para representarse a sí misma, es decir, la imagen representa al todo, el individuo pierde la totalidad para ser absorbido por la parte de la representación.

Un ejemplo empírico de lo anterior es la función no consciente que han descubierto algunos estudios en los últimos años sobre el nivel emocional que provocan las redes sociales en las personas:5 la necesidad afectiva de algunos usuarios de las redes de recibir comentarios positivos sobre las imágenes que comparten. La autoestima en este nivel estaría asociada a la iconofagia: conforme se perfeccione la imagen digital de una persona, se perfeccionará por lo tanto la imagen que tienen los demás sobre dicha persona: la modificación corpórea obedecerá a una modificación digital.

Conclusiones

Toda imagen digital que circula en las redes no representa la realidad. Es simplemente una representación en bits sobre un momento determinado del pasado. El consumo y la apropiación exacerbada de imágenes puede modificar los referentes en los individuos: las ideas que tienen sobre alguien puede que estén basadas en imágenes. Los cuerpos podrían devorar las imágenes al grado de definir su existencia a partir de una imagen que no corresponde con la realidad. Prácticas como las selfies, el diseño de avatares virtuales o las fotografías de perfiles bajo el sometimiento quirúrgico de la modificación digital, pertenecen a una cultura moderna caracterizada en parte porque uno de sus principales nutrientes de la mente es representación icónica

Referencias

1.Datos obtenidos en el portal We Are Social (http://wearesocial.sg).

2.Cifras obtenidos del estudio “México: uso y abuso del teléfono celular” de Consulta Mitofsky, publicado en enero de 2013.

3.Baitello Junior, Norval (2003): “Las cuatro devoraciones: iconofagia y antropofagia en la comunicación y la cultura”, en Comunicación, Departamento de Comunicación de la Universidad de Sevilla.

4.Browne Sartori, Rodrigo (2006): Comunicación indisciplinada: iconofagia e iconorrea en los medios de (in) comunicación.

5.Un reciente estudio al respecto lo constituye el estudio realizado por Lars Backstrom y Jon Kleinberg de la Universidad Cornell, sobre las relaciones románticas que genera la red social Facebok

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