Cinque Terre

Iván de la Torre

helliconi[email protected]

Egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la Pampa, Argentina

Hombres y superhombres

Superhombres…

“Alias” y “Powers” de Brian Michael Bendis En “Alias”, Jessica Jones, una superheroina de escaso éxito, sobrevive trabajando como detective; en “Powers”, luego de perder sus poderes, Christian Walker se convierte en policía de homicidios e intenta resolver quien asesina sistemáticamente a sus antiguos compañeros de aventuras.

Ambas sagas retoman y amplían la pregunta que Superman le hace a Batman en “El retorno del caballero oscuro” de Frank Miller: ¿qué piensan las personas comunes de los superhéroes?, ¿qué sienten al saber que gigantes caminan entre ellos?, ¿cómo hacen esas millones de figuras anónimas para no enfurecerse al saber que otros tienen privilegios que a ellos se les negaron recordará después de muertos?

A diferencia de los comics tradicionales, donde el superhéroe siempre está en primer plano y en control de la situación, Bendis responde la pregunta reduciendo sus tramas y personajes a una escala humana para demostrar que pasaría realmente si los superhéroes vivieran entre nosotros y fueran, más allá de sus poderes, hombres y mujeres con miedos, dudas e inseguridades a merced de una humanidad que los supera en número y, llegado cierto punto, para calmar su envidia, comienza a idear la forma de acabar con todos ellos.

“The Boys” de Garth Ennis

Ennis invierte totalmente el concepto de Bendis porque para él los peligrosos no son los humanos sino “las capas” que han convertido al mundo en un inmenso parque de juegos donde pueden hacer lo que quieran sin que nadie los detenga; motivo por el cual hace falta que “alguien que lo vigile; que junte información sobre ellos y luego la use en su contra; alguien que les recuerde quien es el jefe”. En definitiva, “The Boys”, es un grupo de élite liderado por un irlandés llamado Butcher y financiado por la CIA.

A lo largo de los 43 capítulos publicados hasta ahora —separados en sagas auto conclusivas de cuatro episodios cada una—, Ennis se burla de todas las ideas conocidas sobre “la gran brigada en calzoncillos” desde el número inicial donde Homelander, clara parodia de Superman y líder de los siete héroes más poderosos del mundo, le explica a una aspirante a unirse a su grupo que la condición para ser aceptada es simple: debe practicarle sexo oral a él y a sus compañeros.

“Pero ustedes le dan justicia a los inocentes. Son “The Seven”, replica Startlight a lo que Homelander responde: “Sí, y queremos que nuestros penes sean chupados”.

“The Boys” puede entenderse como un largo viaje por el detrás de escena donde Ennis muestra que, más allá de su imagen intachable, los superhéroes son conscientes de la impunidad que tienen y la aprovechan en su beneficio porque, como alguna vez confesó Lennon sobre los intocables Beatles, los policías, periodistas y políticos que podrían denunciarlos prefieren compartir “esa Roma portátil con drogas, prostitutas y dinero. Nadie quiere perdérselo”.

“Joker” de Brian Azzarello

En “El retorno del caballero oscuro”, Frank Miller envejeció por primera vez en su historia a Batman, convirtiéndolo en un hombre de 50 años que, sin la juventud ni la fuerza de sus comienzos, cruza todos los límites para imponer su particular forma de justicia. Azzarello, 25 años después, repite el procedimiento con el “Joker” contándonos a través de un personaje secundario como actuaría realmente un villano loco para quien las vidas ajenas no valen nada si se interponen en su deseo de convertirse en el único jefe criminal de Ciudad Gótica (en contraposición al único superhéroe de la metrópoli).

“El retorno del caballero oscuro” y “Joker” alcanzan calidad de clásicos al despojar a los personajes muy populares de las sucesivas capas de corrección política impuestas por editoriales y los censores del gobierno mostrándonos como actuarían Batman y el Guasón sí realmente estuvieran vivos.

La respuesta, en ambos casos, da miedo.

“La liga extraordinaria” de Alan Moore

Después de una periodo de gracia creativa y gran productividad que le permitió, en poco más de dos décadas, crear clásicos como “V de Vendetta” y “Watchmen” y apropiarse de personajes ajenos dándoles una nueva identidad y profundidad de la que carecían los originales (“Miracleman”, “La cosa del pantano”), Moore comenzó el inmenso “Desde el infierno”, una recreación de Inglaterra a fines del siglo XIX, con una sociedad marcada por los asesinatos de Jack, “El Destripador”. Consciente de la confusión de muchos de sus lectores ante un proyecto que ocupo más de 600 páginas separadas en cinco libros, Moore simplificó sus ambiciones escribiendo y publicando al mismo tiempo “La liga extraordinaria”, serie sobre un grupo de superhéroes formado por personajes de la literatura popular (El doctor Jeckill y Mister Hide, el Hombre invisible…).

Más allá de la aparente simplicidad de la propuesta, Moore recupera varios temas de George Orwell, en primer lugar la forma en que el imperio británico usa cualquier método (incluyendo darle impunidad a verdaderos criminales) para imponer su poder y someter a sus enemigos y, en segundo lugar, deliberadamente, la forma en que los iconos de la literatura popular son aprovechados por el gobierno para dar un mensaje subliminal a sus jóvenes lectores sobre una Inglaterra que siempre gana lo que confirma: “el imperio britanico es una empresa caritativa que durara por siempre”, tema que había sido tratado por el propio Moore en “Miracleman” así como la forma en que las revistas de comics de la posguerra trabajaron con estereotipos sobre superhombres y superioridad racial.

Hombres

“Blankets” de P. Craig Rusell

Rusell consiguió recuperar la autobiografia, un género del que se abusó en los últimos tiempos con productos que parecian especialmente pensados para vender historias banales como si fueran obras de artes sólo porque estaban contadas en primera persona.

Gracias a este minucioso relato sobre su niñez y adolescencia como integrante de una familia pobre y católica, similar en el tono y personajes a las historias de Stephen King, donde niños y adolescentes ignorados por los adultos y maltratados por sus compañeros, sufren su condición de parias sin poder hablar con nadie de sus problemas ni encontrar una forma de solucionarlos en una etapa de transición donde ciertas preguntas deberían ser contestadas por figuras de autoridad que aquí, como en los relatos de Charlie Brown, no aparecen por ningún lado.

Como le dice el adolescente Rusell a la chica de la cual se enamora: “confianza no es una palabra que asocie con adolescencia. Más bien atrapado o indefensión”.

Palabras que copian, sin cambiar una coma, a cualquiera de las grandes historias de King, desde la inicial “Misery” al tantas veces citado relato largo o novela corta “El cuerpo”, sobre cuatro niños inadaptados buscando construir una camaradería que les permita reconstruir esa figura paterna ausente, por diferentes motivos, desde su nacimiento.

“El derrotista” de Harvey Peckard A lo largo de más de 30 años, y desde su primera historia dibujada por su amigo y vecino Robert Crumb, Harvey Peckard retrató su vida cotidiana a través de breves viñetas recopiladas periódicamente en “American Splendor”, una antología editada y vendida por él mismo, primero en su natal Cleveland y luego en todo Estados Unidos.

Las historias de “American…” cuentan su trabajo como empleado de un hospital público hasta su pasado remoto, como el único niño judío en un barrio negro, acosado y golpeado regularmente por pandillas que no entendían que hacia un blanco allí. (Harvey recuerda que su madre, simpatizante por ese entonces del partido comunista, le decía que no debía confrontarse con los niños del barrio porque ambos eran parte de las clases explotadas; algo que el pequeño Harvey, cansado de ser perseguido y humillado, no entendió nunca).

En “El derrotista” Peckard retoma estas historias para contar por primera vez en forma integral toda su historia: desde su nacimiento en 1939 hasta su presente como empleado a punto de jubilarse, casado todavia con su tercer mujer, Joyce, y con una hija en la universidad. Un libro esencial para entender la vida de un hombre que, adelantándose a los modernos reality shows, mostró su realidad cotidiana durante cuatro décadas sin ocultar nada, ni siquiera sus miserias, consciente de que “que la vida es algo muy complejo” que, por eso mismo, valía la pena mostrarse en todos sus matices, con sus grandes derrotas y sus pequeñas, ocasionales y casi siempre efímeras e ínfimas victorias.

“Black Hole” de Charles Burns

Aunque la mayor parte de su trabajo puede situarse en el comic underground, con guiones predecibles pensados para un público complaciente, Charles Burns sorprendió con esta historia sobre una misteriosa enfermedad que se transmite en forma sexual causando efectos deformantes en sus víctimas.

Burns, como King -el antecedente más claro para situar su obra-, usa el terror como una excusa, un disparador que le sirve para estudiar ese mundo cerrado en si mismo que es la adolescencia: una pirámide social rígidamente construida con los “cools” en la cima y los inadaptados en la base; un lugar donde los mayores apenas tienen -por desinterés o desidia- participación real y donde se impone sin discusión la ley del más fuerte.

Como en “La peste”, novela de Albert Camus, la intención de Burns es analizar qué efectos causan la aparición de la enfermedad en un lugar donde la apariencia es tan importante: ¿se mantienen intactos los pactos sociales?, ¿qué pasa con el chico popular si se infecta y descubre, por ejemplo, que le ha surgido una segunda boca en la garganta con dientes y todo?, ¿o la chica bonita que al mojarse ve como su piel cae íntegramente, como si fuera un vestido, a sus pies, ante la mirada de sus aterrados compañeros?

En definitiva: ¿qué sucede si las personas que antes te adoraban ahora se burlan de ti y te marginan?

Burns analiza cada situación con la misma morosidad de King, dando una prolongada mirada a un universo que la mayoría de las personas prefieren evitar, negándose a reconocer lo mal que la pasaron entonces y perpetuando en sus relatos la idea de que esa fue la época más feliz de su vida.

“Punisher” y “Nick Fury” de Garth Ennis

La censura primero y la corrección política después hicieron que algunos de los mejores personajes del comic americano e inglés perdieran su atractivo original; una de las tantas víctimas fue Frank Castle, conocido popularmente como Punisher, el veterano de Vietnam que vestido de negro y con una inmensa calavera blanca pintada en su pecho, se dedicaba sistemáticamente a matar mafiosos para vengar el asesinato de su mujer y sus dos pequeños hijos.

Garth Ennis, un especialista en personajes violentos y tramas llenas de acción, fue contratado en el 2000 para rescatar al personaje y, con las manos libres y pocas o ninguna directiva que respetar a la hora de escribir los guiones, tomo explícitamente como base para la resurrección de Castle a “Harry, el sucio” y una larga serie de vengadores o policías solitarios de los años 70.

Al igual que sus modelos, el Punisher de Ennis no tiene tiempo para pensar en porqué hace lo que hace y son los demás (amigos, vecinos, ocasionales ex-compañeros del ejército) quienes reflexionan sobre sus motivaciones y sentimientos mientras él se encarga de matar traficantes de drogas, acabar con cadenas de prostitución y denunciar policías corruptos.

Gracias a su éxito, Ennis pudo hacerse cargo de “Nick Fury”, director de S.H.I.E.L.D, al que aplicó el mismo esquema que Punisher, insertando un personaje con la personalidad de Harry “El Sucio” en escenarios actuales que recrean las típicas superproducciones típicas de los 80, protagonizados por héroes que hablan poco y se dedican a hacer lo suyo sin pedirle permiso a nadie pero tensando la verosimilitud de la trama hasta el límite de lo posible, convirtiendo lo que en Rambo II o III era tremendamente serio, en una inmensa broma que sirve para que el lector deje de preocuparse y simplemente disfrute la parodia a la que está asistiendo.

Como escribió en el primer número de Punisher el propio Garth: “Nadie se preocupa cuando Itchy ata la lengua de Scratchy y lo envía en un cohete a la luna donde se desparraman sus intestinos. ¿Por qué? Porque no es real, es entretenimiento, puro y simple. Eso es lo que pretendo con esta serie. Entretenimiento. Unas cuantas carcajadas. Nada más”.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password