Cinque Terre

María Cristina Rosas

[email protected]

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Hollywood: ¿Tolerancia y diversidad?

Dejando de lado el sentido peyorativo de la palabra “tolerancia”, proveniente del vocablo latino tolerare, que significa “soportar”, “aguantar” o bien admitir o aceptar algo contrario a los valores o percepciones de una sociedad, es un término que resulta relevante. En otro momento, esta autora proponía como concepto alternativo el de “coexistencia”, que sugiere una existencia simultánea, aceptada a pesar de las diferencias  entre los participantes.

El ejercicio conceptual no es ocioso. La noche del 7 de enero pasado, Hollywood hizo frente a uno de los momentos más penosos en su historia, aunque no es la primera vez que esto ocurre. En la entrega de los Globos de Oro, las celebridades se pronunciaron contra el acoso sexual, la discriminación, el sexismo y la desigualdad de oportunidades. En momentos en que los  escándalos por acoso sexual, encabezados por el actor Kevin Spacey y el productor Harvey Weinstein –sin dejar de lado acusaciones similares contra Dustin Hoffman y otras personalidades de la industria–, han evidenciado una vez más la doble moral de Hollywood, los Globos de Oro buscaban enderezar el barco y decirle a las audiencias: “no toleraremos más esta situación”. Una de las mujeres más poderosas del planeta, Oprah Winfrey, galardonada con el premio Cecil B. DeMille por su trayectoria, se alzó con un discurso políticamente correcto: “Time is up!”, dijo, insistiendo en que los abusos y la discriminación, trátese de mujeres, afroestadounidenses u otras, deben llegar a su fin. La frase fue replicada por otras actrices y figuras del espectáculo tras la  parición de Winfrey.

Los galardones entregados, efectivamente parecerían sugerir un cambio en Hollywood, dado que entre los premiados figuraron actores, productores, directores y guionistas de México, Italia, India, etcétera. El Hollywood WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant; blanco, anglosajón y protestante), racista y excluyente, parecía ceder, ante las enormes críticas de que, en la era de Donald Trump, sólo atizan el fuego con quienes afirman que el conservadurismo, en todas sus formas, se ha asentado firmemente hasta en la meca del cine, considerada –de manera errónea, claro está– liberal y progresista.

¿Qué tan “liberal” es Hollywood?

La percepción de que en Hollywood predominan los liberales y los progresistas tiene su fundamento, posiblemente, en los estragos que el macartismo provocó en la industria del entretenimiento durante la Guerra Fría. Como ha sido documentado ampliamente, mucha de la histeria anticomunista previa y posterior a la Segunda Guerra Mundial permitió asestar fuertes golpes al sindicalismo en Estados Unidos, ello sin dejar de lado que al optar por una postura favorable a la política exterior del vecino país del norte en aquellos tiempos y, más adelante, a lo largo de la confrontación Este-Oeste, quienes colaboraron con el tristemente célebre Comité de Actividades Anti- Estadunidenses aseguraban el favor de las autoridades para impulsar a la industria del entretenimiento dentro y fuera de la Unión Americana.1

Si tiene dudas respecto a la relación entre Hollywood y el establishment considere lo siguiente. Walt Disney tuvo una participación muy destacada en el marco de la Segunda Guerra Mundial. En primer lugar, una parte de los estudios de Disney en Burbank fue ocupada por ocho meses –a partir de diciembre de 1941– por el ejército estadounidense a efecto de proteger a la planta de Lockheed –que se encontraba físicamente muy cerca– de posibles ataques aéreos. A raíz de este hecho, el propio Disney, quien había anunciado que se jubilaría de la industria, regresó en enero de 1942 a producir 20 películas animadas con fines de entrenamiento para la Oficina Naval de Aeronáutica de EU a cambio de 80 mil dólares. Adicionalmente, el gobierno estadounidense encargó a Disney la elaboración de cortometrajes animados que serían exhibidos en las salas cinematográficas de todo el país para elevar la moral de la sociedad ante la guerra. En ellas, el Pato Donald saltó a la fama como el personaje animado principal, encargado de generar el apoyo social al esfuerzo bélico de EU. Por si fuera poco, Disney destinó recursos al diseño de insignias para las fuerzas armadas, sin cobrar un solo dólar. Así, el 93% de toda la producción de Disney, en ese tiempo, se relacionaba con la contienda bélica.

Adicionalmente, Hollywood creó un Comité de actividades de guerra en el que convergían distribuidores, productores y propietarios de unas 16 mil salas cinematográficas. Con ello, se garantizaría la exhibición de películas favorables a los intereses de EU durante la guerra, además de fomentar la cohesión social. Algunas producciones elaboradas conforme a los parámetros del manual fueron “The Air Raid Warden”, de los estudios Disney en que se buscaba fomentar el pago de impuestos por parte de la población; “Arsenal of Might”, de Universal acerca del complejo militar-industrial; “Men Working Together”, de Columbia, donde se mostraba el trabajo de los obreros en casa y de los soldados en el frente; “Everybody’s War”, de la 20th Century Fox, que muestra un pequeño pueblo donde se exalta la contribución que, pese a su tamaño, hace a la guerra, etcétera.2

Tras la segunda gran conflagración mundial, se produciría uno de los episodios más negros en la historia de Hollywood: el macartismo, en el que la histeria anticomunista desencadenó una persecución a ultranza contra presuntos comunistas en todo el país y esto se reprodujo en la meca del cine. Directores, productores, guionistas, actores, etcétera, fueron convocados a comparecer ante el Comité de Actividades Anti- Estadounidenses. Este comité se originó en 1938 para evitar la influencia nazi, pero ya en el contexto de la guerra fría se convirtió en una comisión permanente en la Cámara de Representantes del Congreso, presidida por el Senador republicano por Wisconsin, Joseph McCarthy. Toda persona sospechosa de ser comunista era citada a comparecer ante el comité. Los indiciados eran exculpados si proporcionaban nombres de sospechosos y, a continuación, eran liberados de cualquier responsabilidad, pudiendo seguir adelante con sus vidas. Quienes eran citados y no cooperaban con el comité, eran encarcelados, perdían sus empleos y eran estigmatizados por la sociedad.3

Hollywood era un escenario ideal para llevar a cabo la cacería de brujas del macartismo, dado que los actores, directores y guionistas que eran citados, recibían una amplia publicidad. Para el comité también era atractivo llamar a los famosos, a manera de intimidación del público estadounidense, porque no era lo mismo citar a un ciudadano de calle, que a Charles Chaplin. Por supuesto que hubo personajes dispuestos a colaborar con el comité incluyendo, además de Walt Disney, a Elia Kazan, Ronald Reagan, Gary Cooper y Robert Taylor, entre otros. En las antípodas se ubicaban John Huston, Frank Sinatra, Judy Garland, Billy Wilder, Gregory Peck, Lauren Bacall, Kirk Douglas, Groucho Marx, Ira Gershwin, Burt Lancaster y Katherine Hepburn, quienes participaron en el Comité de la Primera Enmienda y acusaban que el comité de McCarthy era anticonstitucional, pues coartaba las libertades fundamentales y los derechos civiles. La célebre escritora Lillian Hellman documenta su experiencia al ser citada para comparecer ante el comité, al que desnuda en Tiempo de canallas.4 Al igual que ella, decenas de personas vinculadas al mundo del espectáculo fueron acusadas de desarrollar actividades antiestadunidenses. Un grupo de guionistas y directores conocidos popularmente como Los Diez de Hollywood fueron citados por el comité. Todos se negaron a declarar y por “desacato” fueron encarcelados. Muchos de ellos se habían distinguido por hacer guiones o películas proestadounidenses y antifascistas. Entre los Diez, figuraba el novelista y guionista Dalton Trumbo quien, tras el citatorio, fue encarcelado brevemente y luego se mudó a México con su familia. Siguió trabajando con pseudónimos, recibiendo salarios irrisorios, y no sería sino hasta 1960 cuando Kirk Douglas, productor de la película Espartaco, anunció como guionista a Trumbo, quien sería rehabilitado y continuó su exitosa carrera en Hollywood.5

Hollywood aldeano

A pesar de que la cultura es un componente esencial del poder suave, el espíritu del culto a la diversidad cultural que postula la UNESCO no siempre es honrado, no al menos en el caso de Hollywood. Si bien las producciones cinematográficas, televisivas y para plataformas digitales hechas en EU dominan a nivel planetario, exportando, simultáneamente, estilos de vida, visiones del mundo y valores estadunidenses, lo contrario no es cierto. Las producciones cinematográficas, televisivas y para plataformas digitales hechas fuera de Estados Unidos, no son consumidas masivamente por su población, esencialmente por la barrera del lenguaje, pero también por las prácticas de exhibición y distribución que monopolizan las corporaciones estadunidenses.

De hecho, las audiencias en EU cada vez ven menos cine producido en otras latitudes y si bien las plataformas digitales podrían facilitar el acceso a producciones extranjeras, lo cierto es que las más consumidas no son, paradójicamente, las más recientes. Así, producciones como “La cage aux folles” (Francia, 1978); “Como agua para chocolate” (México, 1992); “Il Postino” (Italia, 1994); “Fearless” (RP China, 2006); “Amélie” (Francia, 2001); “El laberinto del fauno” (México, 2006); No se aceptan devoluciones (México, 2013); “Hero” (RP China, 2004); “La vita è bella” (Italia, 1998); “Crouching Tigger, Hidden Dragon“ (Taiwán, 2000), son las películas extranjeras más vistas en EU en los últimos años y algunas de ellas tienen tiempo de haber sido producidas y, en el mejor de los casos, han dado paso a remakes hechos en inglés en Hollywood, como ocurrió con “The  Birdcage” (1996), versión estadounidense de “La cage aux folles”, con Nathan Lane y Robin Williams como protagonistas.6

Lo anterior remite a que, si bien Estados Unidos es un enorme generador y exportador de entretenimiento, no compra el que se produce en otras latitudes. Puede ser por la barrera del idioma –algunos argumentan que los estadunidenses no quieren leer subtítulos– o por la falta de costumbre al doblaje. La barrera del idioma y el papel de distribuidores y comercializadores pueden ser también resultado del proteccionismo comercial disfrazado de nacionalismo económico, reforzando, de paso, los intereses corporativos de las grandes empresas fílmicas en ese mercado. Sin embargo, esa cerrazón al mundo se traduce igualmente en un desconocimiento o negación de otras culturas, elemento a considerar en los diversos desencuentros que mantiene EU con las naciones. No se puede ser promotor del libre flujo de películas, series de televisión, videojuegos u otros productos audiovisuales en el exterior, mientras que se restringe al mercado estadounidense, el ingreso de los que se producen en otras latitudes. De hecho, eso es proteccionismo y es motivo de sanciones a partir de numerosas disposiciones existentes en acuerdos internacionales avalados por organismos internacionales. Vaya, se puede ser proteccionista –y la Unión Americana emprende acciones en esa tesitura todo el tiempo–, pero no es lo más deseable en un mundo cada vez más diverso y globalizado. Tal pareciera entonces que Estados Unidos se ha preocupado más por dominar el mundo que por entenderlo.7

¿Qué tan multicultural y diverso es Hollywood?

Un estudio de la Universidad del Sur de California de 2016, encontró que la meca del cine es “blanca”, misógina y no da cabida a las minorías, sea por su raza o por su orientación sexual.8 El estudio proporciona datos reveladores:

• De los 4 mil 583 personajes con diálogo de los filmes de 2016, sólo el 31.4% fueron mujeres. Se trata del mismo porcentaje que se obtuvo en 2015 y es el dato más alto de la serie del estudio –que se realiza año con año– desde 2008 y 2009, dos años en el que el 32.8% de los roles fueron femeninos. En promedio, cita el informe, los espectadores vieron en 2016 a 2.18 hombres por cada mujer en la pantalla.

• Esto denota que pese a que la demografía estadounidense ha cambiado y los WASP tienden a bajas tasas de natalidad y, eventualmente, a ser minoritarios frente a los no- ASP, entre 2007 y 2016, las mujeres sólo aumentaron su presencia en la pantalla grande en apenas 1.5 puntos.

• El documento también explica que sólo 34 películas de las 100 más exitosas de 2016 tuvieron a protagonistas o coprotagonistas femeninas, y esto empeora dependiendo del género de que se trate. Así, en las películas de acción y de aventuras, las mujeres sólo encabezaron el 23.4% del total de los personajes.

• La desigualdad también es visible cuando se considera que de 120 realizadores (incluyendo codirectores) de las 100 películas más taquilleras en 2016, sólo cinco fueron mujeres.

• Otro dato a ponderar: los personajes de Hollywood continuaron en 2016 siendo mayoritariamente WASP al alcanzar el 70.8%, frente al 13.6 de caracteres afroestadounidenses, 5.7% de asiáticos y el 3.1% de latinos. De los 4 mil 583 personajes con diálogo en las películas de 2016, sólo 51 fueron identificados como miembros de la  comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB).9

La situación no parece haber cambiado mucho respecto a 2017. En la pasada entrega de los Globos de Oro, todos los nominados a mejor director fueron hombres –Guillermo Del Toro, Steven Spielberg, Christopher Nolan, Ridley Scott y Martin McDonagh–. Asimismo, Hollywood tiene la tendencia a premiarse a sí mismo, es decir, a directores, guionistas, actores y demás de nacionalidad estadounidense.

Un aspecto digno de mención es el de los estereotipos. Quienes vieron la superproducción de Disney-Pixar “Coco”, quedaron maravillados con la historia, la animación y la música de la película. Con todo, conviene destacar que este largometraje presenta el estereotipo tradicional de Hollywood sobre México y los mexicanos, a los que  retrata como rancheros, tramposos y mentirosos.

Por lo tanto, no es tan cierto que Hollywood sea liberal ni tolerante, mucho menos multicultural. Puede que lo sea en el mundo de lo políticamente correcto pero no en el fondo. En 2016, para la entrega de los Premios de la Academia causó indignación la ausencia de nominados afroestadounidenses. En 2017 se trató de poner remedio a esto y la galardonada como mejor cinta fue “Moonlight”, con un carácter protagónico afroestadounidense y homosexual.

Este año como la polémica principal gira entorno al acoso sexual, no queda claro cómo se premiará a alguna película en la que se reivindique el papel de la mujer. Una solución sería nominar –aunque careció de la calidad para ello– a “La mujer maravilla”, dirigida por una mujer, Patty Jenkins, y estelarizada, obviamente, por una fémina, Gal Gadot. Pero aun si eso ocurriera, el problema subsistiría. Para decirlo de otra manera: no porque “Moonlight” se haya alzado con el Oscar como mejor película en 2017, eso significa que haya terminado la discriminación contra los afroestadounidenses y los homosexuales en Hollywood. Lo mismo aplica a los laureados cineastas mexicanos, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y de manera más reciente, Guillermo Del Toro. Su reconocimiento no significa, como ya se explicaba en el caso de “Coco”, que se valore favorablemente a México en el vecino país del norte. Y ni qué decir de otras minorías.

¿Qué tanto puede cambiar Hollywood, considerando las tendencias mostradas por la demografía en EU? La lógica señala que una manera de lidiar con este desafío es exponer a las audiencias estadounidenses a las producciones extranjeras. Pero las evidencias sugieren que la ruta no es viable al menos por ahora. Las producciones de Hollywood dominan en los mercados internacionales, pero ¿qué hay de las películas extranjeras? Menos del 1% de las películas que se exhiben en las salas de cine en EU son extranjeras.10 De hecho, en 2012 se suscitó una polémica de cara a la entrega de los Oscar. La película francesa “El artista”, ganadora de todos los galardones posibles en donde quiera que se exhibió, era la principal candidata para recibir el Oscar como mejor película. El ahora defenestrado productor Harvey Weinstein, encabezó una campaña para convencer a los miembros de la Academia que “El artista” era –por inverosímil que esto parezca– una película estadounidense, pese a ser una producción francesa, dirigida por un ciudadano galo, financiada por franceses y con protagonistas del país europeo. El argumento de Weinstein, cuya empresa distribuía la película en la Unión Americana, fue que la producción fue rodada en Estados Unidos. Y la estrategia resultó. “El artista” se alzó como mejor película y recibió también otros cuatro premios, incluyendo el de mejor director y mejor actor. Es la primera cinta no anglófona en la historia de Hollywood, en obtener el Oscar (y conste que los premios de la academia se entregan cada año desde 1930). Si alguien duda del poder e influencia de Weinstein –lo que explica el tamaño del escándalo que ahora protagoniza–, hay que añadir que “El artista” fue una película poco vista por las audiencias estadunidenses. Por ello, se trata de un caso excepcional, pero que corrobora la importancia que tienen las empresas distribuidoras. Gracias a ellas, las películas estadounidenses siguen dominando en el mundo entero. Tal vez la tendencia a “blanquear” aún más a Hollywood se acentúe en los siguientes años. Como se pudo constatar en el proceso electoral de EU en 2016, los principales contendientes eran WASP y el vencedor fue un personaje vinculado a Hollywood y que recibió el voto de los WASP –y de otras minorías claro está–. En cierta forma, las elecciones de 2016 en la Unión Americana buscaron reivindicar a los WASP, dado que las tendencias demográficas no los favorecen. Esto ocurrió justo tras la presidencia del primer afroestadounidense en la historia del país, por lo que también se puede interpretar a la victoria de Trump como la intolerancia a las minorías. Por lo tanto, la cerrazón a otras culturas, etnias, razas y demás, podría acentuarse en los años por venir, como una suerte de mecanismo de defensa. Pero EU parece olvidar que su fundación partió de la inmigración y que millones de personas, procedentes de las más diversas latitudes, coadyuvaron a forjar el destino de ese país. Para “volver a ser grande otra vez”, Estados Unidos debe recordar su historia y valorar con tolerancia y apertura a la otredad y a la diversidad. Aunque para que eso ocurra, todo parece indicar que pasará mucho tiempo.


Notas:

1 María Cristina Rosas (24 de julio, 2017), “La política exterior de Hollywood”, en etcétera, https://www.etcetera.com.mx/artculos/ la-politica-exterior-de-hollywood/ 

2 María Cristina Rosas (2017), Los Simpson: sátira, cultura popular y poder suave. Ninguna serie de TV debería durar 30 años… ¿o sí?, México, Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olof Palme A. C./editorial e/UNAM/Australian National University/Columbia University, p. 172.

3 Ibíd.

4 Lillian Hellman (1980), Tiempo de canallas, México, Fondo de Cultura Económica.

5 María Cristina Rosas, Op. cit., p. 173.

6 María Cristina Rosas, Op. cit., pp. 181-182.

7 Ibid.

8 El Comercio (01.08.2017), “Estudio revela cómo la falta de diversidad sigue dominando el cine de Hollywood”, https:// elcomercio.pe/luces/cine/estudio-revela-falta-diversidad- iguedominando- cine-hollywood-noticia-446604 

9 Ibíd.

10 Stephen Galloway (February 24, 2012), “How Hollywood Conquered the World (All Over Again)”, en Foreign Policiy, disponible en http://foreignpolicy.com/2012/02/24/how- ollywood-conqueredthe- world-all-over-again/

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password