Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

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Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

Hermosos demonios

La literatura y la filosofía como estrellas de cine y televisión

Existe cierta suspicacia contra el estudio de la literatura y la filosofía como asignaturas escolares, y mucha más, como opción de carrera universitaria. Basta con que recurra al lugar común: es posible situar a estas disciplinas como una pérdida de tiempo en plena sociedad de consumo, o como formadoras de profesionistas disidentes o drogadictos que no pueden sino trabajar como profesores frustrados, situación que los llevará a la amargura, en el mejor de los casos, o a la soberbia intelectual en otros tantos.

La dificultad de hallar un fin práctico a estas materias implica también que los sistemas educativos las amenacen todo el tiempo. El famoso y ya caduco “sistema de competencias” de la SEP parecía meterlas con calzador en la currícula, junto con otras como Historia, Introducción a las Ciencias Sociales y Sociología, por no tener un claro, contundente y definido papel rentable. En fin: gracias a la poca sensatez que le queda a las instituciones educativas, no las han quitado, y espero que no lo hagan jamás.

En este contexto, es y no es, a la vez, una sorpresa que en el cine y la televisión se presente una gran cantidad de películas y series en las que, si un profesor es protagonista de la historia, lo sea comúnmente de Literatura o Filosofía. Basta con mencionar la ya clásica película de “La sociedad de los poetas muertos” (“Dead Poets Society”, 1989) protagonizada por Robin Williams, quien encarna a un profesor de Literatura capaz de hacer que sus alumnos recurran a una verdadera reflexión a través de su clase y de sus vivencias personales.

Además encontramos “Escritores por la libertad” (“Freedom Writers”, 2007), en la que Hilary Swank es una profesora de Literatura en una preparatoria de negros y latinos, a quien no le importa perder su matrimonio con tal de sacar adelante a sus alumnos marginados por la sociedad.

A estos ejemplos se pueden sumar películas buenas y no tanto, como “Palabras y colores” (en España, “Lecciones de amor”, “Words and Pictures”, 2013); “Escribiendo de amor” (“The Rewrite”, 2014) o “Una maestra” (“A Teacher”, 2013). Filmes donde los protagonistas son profesores de Literatura lastimados que encuentran cierta redención en su labor docente y, en el caso del último ejemplo, una maestra capaz de perder la cabeza por su romance con uno de sus alumnos.

También menciono la cinta irlandesa independiente “Hermoso demonio” (“Handsome Devil”, 2017): en un internado exclusivo para varones, un joven excluido y víctima de acoso por parte de sus compañeros encuentra en la nueva estrella del equipo de rugby, con quien debe compartir su habitación, a un verdadero amigo. A ambos personajes los guía un profesor de Literatura capaz de romper fronteras y estereotipos, que obliga a los protagonistas y a sus compañeros a trabajar en equipo y aceptar sus diferencias. El filme es conmovedor y original, además de tratar el siempre polémico tema de la homosexualidad, la reflexión a la que invita va mucho más allá, e incita a los espectadores a pensar en los prejuicios que aún tenemos, tanto individual como socialmente.

Además existen algunas series de televisión como la española “Física o Química”, cuya primera temporada data de 2008 y en donde las profesoras protagonistas son dos jóvenes mujeres en su primer empleo en la docencia. Las materias que imparten, contrariamente al título de la serie son, precisamente, Filosofía y Literatura. Cada una de ellas deberá aprender a lidiar con el duro trabajo de la academia en las asignaturas que pueden resultar solamente en desastres enormes o triunfos encomiables.

Otra serie que destaca es la catalana “Merlí” de 2015, disponible en Netflix, en la que el protagonista es el profesor de Filosofía en una preparatoria de Barcelona. Este docente es desordenado, rebelde y mujeriego, vive con su ególatra madre y su hijo homosexual, y enseña a sus alumnos mediante métodos poco ortodoxos o incluso agresivos. Cada uno de los capítulos de la serie se centra en explicar un filósofo o corriente filosófica a través del drama humano de los personajes en cuestión. Una producción altamente recomendable.

Por último, desde los lejanos países nórdicos nos llega, a través de Netflix, la serie danesa “Rita”, de 2012, con una profesora de Historia y Literatura de una primaria a quien no le importan las reglas sociales. Esta emisión humaniza el papel del profesor y lo desacraliza para mostrar a un ser humano igual que todos, lleno de errores y dolores, con gustos, aficiones y vicios. Ya no es más el docente bueno y guía intachable, sino una persona cualquiera con la vocación de la enseñanza y que debe luchar, al igual que sus alumnos, por aprender y ser mejor cada día.

Lo anterior me lleva a pensar que, si bien las materias en cuestión han sido objeto de escarnio sistémico, el cine y la televisión las han acogido con esmero gozoso y han contado historias íntimamente relacionadas con el contenido literario y filosófico. Decía que este asunto me sorprendía y no: la sorpresa radica en encontrar una coincidencia tan marcada en las asignaturas de los profesores protagonistas, calificadas de inútiles por el imaginario colectivo, muchos estudiantes e incluso algunos profesores de las mismas (lo que resulta gravísimo); por otro lado, entiendo bien que para que existan historias buenas y verdaderas (no reales, eso es otras cosa) se requiere de un conflicto que atrape, que emocione y, claro, no veo materias más conflictivas, que provoquen más las problemática humana que estas de las que hablamos.

Y es que Literatura y Filosofía son las asignaturas que permiten al ser humano conocerse, sentir y preguntarse sobre lo que pasa a su alrededor. El deseo de saber, la duda existencial, el dolor mismo de ser quienes somos, la soledad que experimentamos solamente pueden quedar de manifiesto en las historias y reflexiones que estas materias tienen para ofrecernos.

La literatura como arte permite al ser humano, a través de la experiencia estética del lenguaje, el autoconocimiento: nosotros somos el villano, el héroe, la prostituta, las historias son un reflejo del público que las lee, nuestra ventana al otro y nuestro espejo, nuestra pasión y nuestra razón, toda la condición humana está volcada en los textos que ella misma produce. Y claro, no solamente la narrativa, sino la poesía, el drama o el ensayo, todos son parte de la misma raíz literaria, fomentan el conocimiento profundo de los deseos y obsesiones que han estado presentes en la historia.

Por otro lado, la filosofía es el elíxir prohibido de la duda, la pregunta metódica ante toda la realidad y la existencia; es aquella disciplina que nos permite cuestionar absolutamente todo lo que somos y lo que nos rodea. Peligrosa en su más íntima estructura, lleva a los seres humanos a pensar si sus propias acciones, la política, la religión, la educación, el lenguaje o la mismísima idea de Dios están en lo correcto o lo incorrecto, si los caminos que seguimos son buenos o malos e incluso eso mismo, el concepto del bien y del mal, de lo correcto y lo incorrecto, puestos en duda. La filosofía es un manifiesto y un camino sin fin en la búsqueda de la verdad; es también el dolor de saber que jamás la encontraremos del todo.

A sabiendas de lo anterior, ¿cómo no vamos a hacer películas y series de la escuela con Literatura y Filosofía como estrellas protagonistas? Son los hermosos demonios de la cultura popular, esos que están ahí para desequilibrar, para meter la duda, poner el dedo en la llaga y propiciar el delirio existencial, disparadoras del drama humano en sus más íntimos cimientos. Par de locas, materias que pensábamos marginadas, son hoy todas unas celebridades.

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