Cinque Terre

Aurelio Contreras Moreno

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Periodista, autor de Rúbrica.

“Hay Festival”, o cómo callar a una ciudad en nombre de la libertad de expresión

A principios del mes de febrero de este año, un grupo de escritores y periodistas envió a los directivos del encuentro literario internacional Hay Festival, una misiva en la que manifiestan su repudio a lo que a su juicio es el “uso político” que el gobierno de Veracruz le dio a este evento cultural, que de 2011 a 2014 tuvo su sede mexicana en Xalapa, la capital de este estado.

Los firmantes, la gran mayoría no avecindados en Xalapa ni en Veracruz, argumentaron que “los objetivos del Hay Festival, lamentablemente, solo han servido a una campaña del gobierno estatal que aparenta la prevalencia de un clima de libertad intelectual y crecimiento cultural. El gobierno de Duarte ha demostrado ser -sin exageraciones- el peor enemigo de la libertad de expresión, del derecho a la información y del pensamiento crítico en México”.

“Duarte llegó en 2010 al gobierno de Veracruz y, desde entonces, once reporteros han sido asesinados y cuatro más están desaparecidos. La agresión más reciente sucedió el 2 de enero del 2015, en el municipio Medellín de Bravo: el periodista Moisés Sánchez fue sacado de su casa por un grupo armado. La procuraduría del estado informó que un expolicía confesó el homicidio y responsabilizó de su muerte al alcalde Omar Cruz”, se señaló en la carta enviada a Peter Florence, director general del Hay Festival; a Cristina Fuentes La Roche, directora del festival para Latinoamérica; a Lena Milosevic, del Consulado Británico en México; y al embajador del Reino Unido, Duncan Taylor.

Según los más de 300 firmantes, “una celebración de la libertad y la cultura, como es el Hay Festival, no puede realizarse en un contexto de violencia contra la libertad y la cultura. Lastima la memoria de los compañeros reporteros. (…) Esperamos que sea tomada en cuenta la solicitud de que a Veracruz le sea retirada la sede por el uso político que le da al festival, se hagan públicas las razones y se pida al gobierno mexicano su compromiso para garantizar la libertad de expresión”.

Pero para elaborar su petición, los responsables y promotores de la misma no consultaron el sentir más que de unos cuantos reporteros y académicos veracruzanos. No averiguaron lo que este festival representó para la población de Xalapa durante los cuatro años que se efectuó. Algunos en su vida han pisado la capital de Veracruz ni asistieron jamás al Hay Festival.

La gran molestia de la intelectualidad y el sector periodístico políticamente correcto con el Hay Festival fue la fotografía que en la última emisión, en octubre de 2014, se tomó el gobernador Javier Duarte de Ochoa con el escritor británico Salman Rushdie, y que difundió a través de su área de Comunicación Social. No les importó que el propio Rushdie se deslindó de cualquier apoyo al régimen que gobierna Veracruz inmediatamente después de que se publicó la instantánea. El objetivo, claro y único, era quitarle a Veracruz el festival.

Penosa retirada

Y lo lograron. El 6 de febrero, cuatro días después de que se difundió la carta y se creó una petición para apoyarla en la página change.org, Cristina Fuentes La Roche y Peter Florence anunciaron la salida del Hay Festival de Xalapa.

A través de otra carta -nunca nadie se tomó la molestia de un diálogo abierto con la sociedad, principal afectada por la violencia que se vive en Veracruz- ambos directivos del Hay Festival señalaron que “hemos escuchado el sentir de buena parte de la comunidad intelectual, y a raíz de ello hemos decidido que este año mantendremos la fecha de octubre y, en lugar de hacerlo en un lugar determinado, celebraremos el festival de manera digital, para así no solo llegar a nuestros amigos de Xalapa, sino a todas las personas que tienen acceso a internet en México. Asimismo, a través de nuestro proyecto México20, llevaremos a autores mexicanos a nuestros festivales internacionales, y continuaremos dialogando con todos nuestros socios para determinar la mejor manera de avanzar en nuestro proyecto mexicano en el futuro”.

Sin más, se decidió silenciar a una ciudad, a un estado e incluso a un país azorado por la violencia criminal, en el momento que más se necesitan foros de expresión de ideas y denuncia. Ello, a pesar de que en la misma misiva, Fuentes La Roche y Florence afirmaron que “sentimos que tenemos más autoridad e impacto para hablar de estas atrocidades cometidas en contra de la libertad de expresión si lo hacemos desde los lugares donde suceden. Creemos en el compromiso, no en la retirada; en la palabra, no en el silencio ni en el vacío. El festival congrega a miles de personas, la mayoría de ellas estudiantes. Es un foro en el que la libertad de expresión se ejerce y se promueve. La respuesta de muchas, muchas personas en Xalapa evidencia claramente que ésta es una plataforma poco habitual, que es muy valorada por la comunidad local”.

¿Qué le dieron a cambio a Xalapa, a Veracruz y a México? Absolutamente nada.

El “Jav” festival

Los promotores de que el Hay Festival se fuera de Veracruz festinaron la decisión y alegaron que se había dado un “gran golpe” político a Javier Duarte al “exhibirlo” ante la opinión pública internacional.

Solo que al gobernador veracruzano no le importó en absoluto. Tanto así, que alardeó que a pesar de contar con las garantías legales para obligar a la organización del Hay Festival ha permanecer en Veracruz hasta 2016, su administración no las haría valer.

La razón es muy simple. El Hay Festival representaba una molestia para el gobierno estatal. Las críticas a la grave situación que la libertad de expresión y los periodistas viven en Veracruz -y que en la misma carta original se reconoció que se hicieron a lo largo de todas las emisiones de este encuentro artístico- incomodaban a las autoridades, que por esa misma causa buscaban contrarrestarlas con las fotos del mandatario con los “invitados de lujo”.

Así que una vez finiquitado un evento de trascendencia internacional que podría haber servido para hacer un verdadero pronunciamiento contra la violencia y los ataques a la libertad de expresión en la entidad, Javier Duarte se apresuró a anunciar que su gobierno organizará su propio festival literario en el mismo mes que se celebraba el Hay Festival, para no “afectar” a los hoteleros y prestadores de servicios que obtenían ingresos gracias a éste.

Y para alimentar su ego y casi como una burla a sus detractores, al otro día de que se anunció la salida del Hay Festival de la entidad, Duarte invitó a Veracruz al embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne, para tomarse una fotografía con él y que el diplomático declarara que el mandatario veracruzano “es un luchador de los derechos de la democracia”.

Mientras eso sucedía, en Veracruz se registraban tres nuevas amenazas contra reporteros, y los asesinatos de otros once siguen impunes.

Una ciudad viva

Desde hace décadas, en Xalapa se vive en medio de una actividad cultural y creativa vasta e intensa, promovida lo mismo desde la Universidad Veracruzana que por artistas independientes, y en alguna medida, por diferentes administraciones estatales que han visto en la cultura algo más que una oportunidad de desarrollo turístico, concepción torcida que se implantó desde el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, que trasladó al Instituto Veracruzano de la Cultura de la Secretaría de Educación a la de Turismo, donde permanece.

Si bien la cancelación del Hay Festival es un despropósito, pues no aporta solución alguna para la fragilidad de la libertad de expresión y de prensa en el estado de Veracruz, y en cambio despoja -a cambio de nada- a la entidad entera de un foro valioso que pudo ser la plataforma de denuncia contra la administración de Javier Duarte, tampoco es el fin del mundo para los creadores, los periodistas ni la sociedad.

Varias voces -que no firmaron la carta por no compartir sus argumentos, razón por lo cual han sido tachadas de “hacerle el juego” a Javier Duarte- han propuesto que desde la misma sociedad se cree un espacio independiente para honrar el arte de la palabra y mantener viva la exigencia de que se garantice el ejercicio de la libertad de expresión y del periodismo crítico y plural.

El reconocido periodista veracruzano Miguel Molina -quien radica en Europa pero visita Veracruz frecuentemente- propuso en un texto publicado en la prensa local que “hay intelectuales que no tienen librerías pero tienen ideas. Y hay civiles, personas que no escriben ni componen ni tocan instrumentos ni actúan, pero están interesadas en la literatura, la música, el teatro, otras artes. Y hay un largo etcétera implícito en una ciudad que se llama a sí misma la Atenas veracruzana”.

“Hay cosas sueltas, nuevas y viejas. Está La Tasca – que comenzó hace diez mil años en un tapanco de Bravo – y está el Bar de Poesía – fresco y optimista – y en medio hay decenas de antros y espacios que no necesitan financiamiento ni apoyo del gobierno para hacer lo que hacen.

“De ellos depende el nuevo festival, que desde ahora me atrevo a bautizar como ‹Jornadas Pitol›, nombre que dice mucho y honra más porque es el de un intelectual propiamente dicho, que ha tocado todas las playas del quehacer humano, como quería Terencio y quisiéramos todos.

“Pero es cosa de ellos organizar diálogos sobre todas las cosas, y crecer hablando de eso. Y es cosa de nosotros también. No de intelectuales que piensan por uno, ni por gobiernos que no hacen eso. A ver. Ahí pueden denunciar todo lo que quieran, porque es necesario, y usar una tribuna importante para hacerlo. No firmar cartas…”.

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