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Gracias, Lidia Camacho

Hay quienes no tienen reparo en elogiarse. Hay quienes no tienen reparo en elogiarse sin merecimientos. Y hay quienes no tienen reparo en elogiarse sin merecimientos aun en desdoro de las personas que de veras lo merecen. Eso sucede con el excelente libro que se llama Una historia hecha de sonidos, editado en 2004 con motivo del 80 aniversario de Radio Educación.

Por eso hay que decir que una de las omisiones más señaladas del libro es, precisamente, el relieve de los créditos de la investigación, que corrió a cargo de los expertos Felipe León, Gabriel Sosa Plata, Leopoldo Ortega, Benjamín Flores y Perla Oliva. Gracias a ello el texto sistematiza la historia de la emisora desde su nacimiento en los años 20 hasta nuestros días, e incluye fotografías y datos muy importantes.

Sin embargo, la calidad del libro se ensombrece por el despliegue propagandístico que hay en sus páginas en favor de las autoridades, como se hacía antes, en el México premoderno y sus vetustas inercias burocráticas. Y eso, naturalmente, no es responsabilidad de quienes realmente lo escribieron, sino de las propias autoridades. Dígalo si no cuando lo primero que se lee es un directorio de funcionarios que va desde el entonces presidente Vicente Fox hasta el oficial mayor de la SEP. Enseguida hay otra página y otro directorio, ahora de funcionarios de CONACULTA, están ahí desde Sara Bermúdez hasta el secretario técnico “b” deesa dependencia. Continúa un directorio más, el de Radio Educación y ahí se lee desde el nombre de su entonces directora, Lidia Camacho, hasta el jefe de Departamento de Continuidad. Posteriormente está la foto de un sonriente Vicente Fox y unas palabras que llevan el título de “Saludo”, luego un “Mensaje” de Reyes Tamez, quien sale también en la imagen muy sonriente. Además está el prólogo de la señora Bermúdez y su imagen donde está todavía más sonriente y, finalmente, la introducción firmada por Lidia Camacho. Todos esos materiales iniciales (saludo, mensaje, prólogo e introducción) repiten en alguna de sus líneas que Radio Educación inició en 1924. Nunca se lee el crédito de los autores reales –tanto de escribir como de investigar– ni en portada ni en el índice, sólo al final de cada capítulo que realizaron. Estamos seguros de que ese espíritu festivo fue el que suprimió, injustificadamente, las enormes críticas que los intelectuales de finales de los 20 en México le hicieron a Radio Educación.

En contraste con la discreción de los autores del libro, la foto de la señora Camacho está acompañada de su currículum vitae en la segunda de forros, como es habitual en las solapas que identifican la trayectoria de quien es autor de un libro (aunque ella no haya escrito un solo capítulo): “Lidia Camacho ha desempeñado un papel fundamental en el medio radiofónico como promotora de la creatividad, lo que se ha visto concretado en su labor como fundadora y directora de la Bienal de Radio”, dice.

Pero la ex directora sólo escribió la introducción que está llena de párrafos como el siguiente: “Esta obra ha sido posible gracias a la intervención de muchos esfuerzos, desde los individuales, hasta los institucionales. Desde estas líneas agradezco el decidido apoyo del Doctor Reyes S. Tamez Guerra, Secretario de Educación Pública, y de Sari Bermúdez”.

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