Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Gorby, a 20 años de la caída del muro

Washington D. C., EU.- El 2 de mayo de 1989 se produjo un suceso que cambiaría la historia: la cortina de hierro empezaría a desvanecerse cuando las autoridades húngaras decidieron desmantelar la cerca con púas que separaba al país de Austria. La cerca tenía una extensión de 150 millas, y su eliminación posibilitó que varios cientos de alemanes orientales que vacacionaban en Hungría irrumpieran en Austria, desde donde se trasladarían, a salvo, a Alemania Occidental. El hecho causó preocupación en diversos países de Europa Oriental y, por supuesto, en la Unión Soviética, aunque el gobierno encabezado en ese momento por Mijaíl Gorbachov no tomó represalias contra Hungría. En consecuencia, el éxodo de alemanes orientales aumentó, al punto de que el 19 de agosto, unos 900 germanos de la República Democrática Alemana (RDA) cruzaron la frontera austro-húngara y arribaron a Austria. Para septiembre de 1989, unos 13 mil alemanes orientales habían ingresado a Austria a través de Hungría. Este es el antecedente más importante de la caída del Muro de Berlín.

Estos cambios no habrían sido posibles sin la bendición de la Unión Soviética, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial integró a Europa Oriental y Central en su zona de influencia vis-à-vis Occidente. Como se recordará, tras el fin de la segunda gran conflagración mundial, los países de Europa Oriental y Central vivieron a la sombra de los designios de Moscú. La Revolución Húngara que se produjo un poco después de la muerte de Stalin, y que tuvo una brevísima duración (del 23 de octubre al 10 de noviembre de 1956) fue aplastada por la Unión Soviética. En Checoslovaquia, la desestalinización progresó más lentamente que en otros países de la región, pero hacia 1968, cuando Alexander Dubcek lanzó un programa de reformas internas -el socialismo con rostro humano- y de política exterior, el entonces líder de la URSS, Leonid Brezhnev, convocó a diversas naciones del Pacto de Varsovia para llevar a cabo una incursión bélica que hoy se conoce como la Primavera de Praga. La justificación política para llevar a cabo esta intervención en Checoslovaquia fue la llamada Doctrina Brezhnev, misma que se mantendría vigente hasta finales de la década de los 80. Esta doctrina señalaba que en el momento en que fuerzas hostiles al socialismo buscaran un viraje hacia el capitalismo en un país de la esfera soviética de influencia, entonces el problema dejaba de ser exclusivo del país en cuestión para convertirse en el problema de todos los países socialistas.

Las experiencias de Hungría y Checoslovaquia hacían patente que para posibilitar cambios en la esfera soviética de influencia, era necesario, en primer lugar, que se produjera un gran cambio en la Unión Soviética misma. Es aquí donde cobra importancia la figura de Mijaíl Gorbachov.

El ascenso de Gorbachov

Nacido en el seno de una familia de campesinos en Stavropol el 2 de marzo de 1931, Mijaíl Sergeivich Gorbachov se graduó en la carrera de derecho en la Universidad Estatal de Moscú en 1955. Mientras estudiaba, se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y un poco después comenzó a destacar por su entusiasmo y activismo. En 1970 ya era primer secretario del PCUS en su natal Stavropol y cuatro años después fue investido como primer secretario del Soviet Supremo. Para 1979 se incorporaba como miembro del Politburó.

Como se recordará, el 10 de noviembre de 1982 falleció Leonid Brezhnev, por lo que se desencadenó una contienda en el seno de las altas esferas políticas de la URSS para elegir a su sucesor. Así, el 12 de noviembre Yuri Andropov fue electo como secretario general del PCUS. Este personaje había sido embajador de la URSS en Hungría cuando se produjo la Revolución Húngara de 1956 y cuentan sus biógrafos que convenció a Nikita Kruschov para que interviniera. Andropov presidió al KGB a partir de 1967 y cuando se produjo la crisis de Checoslovaquia estuvo a favor de usar medidas extremas contra los reformistas.

Cuando llegó a la cúspide del poder soviético, Andropov se propuso luchar contra la corrupción y despidió a una cantidad importante de funcionarios de alto nivel. Su salud, sin embargo, estaba muy mermada, y a tan sólo 15 meses de haber asumido el cargo, enfermó gravemente. Antes de morir -padecía un mal renal- sugirió designar como su sucesor a Mijaíl Gorbachov.

Sin embargo, al morir Andropov, el ascenso de Gorbachov tuvo que esperar. Los reformistas lo apoyaban, pero la vieja guardia se resistía a ceder el poder. Por eso se eligió a un hombre muy enfermo, Konstantín Chernenko, el 13 de febrero de 1984, para dar tiempo a que se llegara a un consenso entre los jerarcas del PCUS. Hacia finales de ese año se vio afectado por toda clase de enfermedades: una afección hepática que se convirtió en cirrosis; enfisema pulmonar; y hasta una insuficiencia cardiaca, todo ello colapsando sus órganos vitales, de manera que murió el 10 de marzo de 1985.

Cuentan que cuando al Presidente estadounidense Ronald Reagan se le notificó sobre la muerte de Chernenko comentó: “¿cómo demonios voy a negociar con los soviéticos si sus líderes se mueren a cada momento?”. Este comentario, aunado a la necesidad de un liderazgo sólido, con una persona joven que gozara de buena salud, son factores que seguramente determinaron el ascenso de Mijaíl Gorbachov como secretario general del PCUS, el 11 de marzo.

El reformista

Una vez en el poder, Gorbachov se propuso realizar importantes cambios internos, los cuales, presumiblemente, ayudarían a dar una mejor proyección al país en el exterior. Gorbachov heredó de la administración de Brezhnev, una economía estancada, con problemas severos en el sector agrícola, además de la poca competitividad de sus industrias. Si bien estos males derivaron, en buena medida, de la especialización socialista del trabajo en la que importaba más producir los bienes básicos que la sociedad necesitaba a través de empresas del Estado, la vertiginosa carrera armamentista hizo su parte para distraer recursos que la URSS necesitaba para el sector civil -léase no militar-. Así, cuando en el mismo año en que llegó a la jefatura del poder soviético Gorbachov anunció la necesidad de incrementar la productividad y la eficiencia en los sectores agrícola e industrial, todos estuvieron de acuerdo en torno a la realización de una profunda reforma económica. Fue así que en el 27º Congreso del PCUS celebrado en febrero-marzo de 1986, Gorbachov dio a conocer una serie de reformas económicas radicales para acelerar el crecimiento y buscar el bienestar social. Estas reformas son conocidas como Perestroika.

De manera paralela a la Perestroika, Gorbachov dispuso la realización de una fuerte campaña contra el alcoholismo. Comenzó en mayo de 1985, y consistió en elevar los precios del vodka, el vino y la cerveza, además de restringir su venta. Fue una campaña muy valiente porque redujo sustancialmente los ingresos del gobierno, además de que al haber tantas restricciones en la economía formal, la venta de alcohol se realizaba en el mercado negro, privando a las autoridades soviéticas de 100 mil millones de rublos anuales. Con todo, esta campaña hizo ver a Gorbachov como un gobernante serio, decidido y preocupado por la salud de sus conciudadanos, pero además como alguien dispuesto a cambiar el estado de las cosas. En la medida en que el precio del alcohol aumentó considerablemente, la población mejoró su poder adquisitivo. Aquí nuevamente salió a relucir el problema de calidad y productividad de los bienes soviéticos: si los ciudadanos tenían ahora más recursos para comprar cosas, pero no había mucho qué comprar, entonces la economía experimentaría problemas. Así, la Perestroika estaba llamada a contribuir a su eventual solución.

Quizá la reforma económica más osada de Mijaíl Gorbachov fue la Ley de Cooperativas de mayo de 1988, misma que posibilitó la propiedad privada en los servicios, las manufacturas y el comercio exterior. Fue así que aparecieron restaurantes, tiendas y manufacturas diversas en el país. Asimismo, grandes monopolios estatales fueron divididos en pequeñas empresas. Adicionalmente se convocó a las pequeñas empresas recién nacidas a que buscaran inversión extranjera.

Sin embargo, en aras de concretar las reformas económicas, Gorbachov muy pronto se dio cuenta de la importancia de cambiar la estructura política y social de la URSS, dado que aunque él se encontraba en el poder, enfrentaba una fuerte resistencia a sus reformas de parte de la “vieja guardia”. Así, Gorbachov dispuso en 1988 la Glasnost, un programa que incluyó la libre expresión y la puesta en libertad de disidentes y presos políticos. En regímenes como el soviético, esto había sido impensable desde la fundación de la URSS, porque los diversos gobernantes temían por su estabilidad y permanencia si se permitía la libre expresión y la crítica de parte de los gobernados.

Para Gorbachov, sin embargo, la Glasnost era un mecanismo de presión contra quienes se resistían al cambio. Asimismo, Gorbachov tenía la esperanza de que, en la medida en que la población participara más activamente, entonces lo apoyarían. Irónicamente, Gorbachov basó la idea de la Glasnost en las reformas intentadas por el líder checoslovaco Alexander Dubcek y en particular en su propuesta de construir un socialismo con rostro humano.

Gorbachov se propuso reducir el control del PCUS sobre el aparato gubernamental, planteando el nacimiento de un nuevo poder ejecutivo en la forma de un Presidente, además de una legislatura, denominada el Congreso de los Diputados del Pueblo. Las elecciones para elegir a estos parlamentarios se celebraron en marzo y abril de 1989 y serán recordadas como las primeras elecciones libres en la URSS desde su creación, en 1924. El 25 de mayo de 1989, Gorbachov se convertiría en líder del Soviet Supremo y el 15 de marzo de 1990 sería confirmado como el primer Presidente de la URSS con el 59 por ciento de los votos de los diputados y sin enfrentar a ningún candidato opositor.

Pero a medida que se desarrollaban todas estas reformas políticas, la economía nacional experimentaba serias dificultades. Aquí Gorbachov jugó otra de sus cartas: la de la política exterior, mientras su popularidad se deterioraba rápidamente en casa.

Gorbachov y la Doctrina Sinatra

Gorbachov se propuso mejorar sus relaciones con Occidente. Claro que no era sencillo hacerlo ante un Estados Unidos tan belicista y agresivo en el mundo durante la presidencia de Ronald Reagan. Sin embargo, ya desde el 8 de abril de 1985, a un mes de su arribo al poder, anunció que suspendería el despliegue de los misiles soviéticos de alcance intermedio SS-20. En septiembre de ese mismo año sostuvo un encuentro con Reagan que si bien no arrojó ningún acuerdo, fue un primer acercamiento que posibilitó otros encuentros.

En enero de 1986, Gorbachov propuso la eliminación de los misiles de alcance intermedio estacionados en Europa, situación que llevaría a la suscripción, en 1987, del primer acuerdo de desarme nuclear en la historia, entre EU y la URSS. El 28 de julio de 1986, Gorbachov anunció el proceso de retiro de las tropas soviéticas de Afganistán y Mongolia. En el caso de Afganistán, el retiro se concretaría en 1989.

Pero quizá entre los más grandes logros de Gorbachov en el terreno de la política exterior figura la actitud que asumió a la luz de los procesos de democratización en Europa Oriental. Uno a uno, los regímenes de la zona cayeron pacíficamente -a excepción de Rumania-, en lo que se conoce como el fin de la Doctrina Brezhnev y el inicio de la Doctrina Sinatra. Comenzando por Polonia y siguiendo con Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia, y Bulgaria, se produjeron cambios de gobierno y transiciones político-económicas con dirección a Occidente, en las que la URSS no intervino y dejó que la otrora periferia decidiera a su manera -en el más puro estilo de la canción popularizada por Frank Sinatra-, qué régimen político y económico adoptaría.

Un hecho memorable aconteció el 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín y aunque inicialmente la URSS intervino para apoyar al gobierno de Alemania Oriental, al final dejó que las cosas siguieran su curso, ganándose el mote de Gorby por parte de los alemanes occidentales. Aquí de nuevo Gorbachov hizo una apuesta arriesgada pero que, a la postre, parece ser que fue la que mejor le funcionó: la pérdida de Europa Oriental sería el precio para echarse a la bolsa a Europa Occidental. La Primera Ministra de la Gran Bretaña, Margaret Thatcher, mejor conocida como la “dama de hierro” llegó a comentar sobre el líder soviético: “me cae bien el señor Gorbachov. Podemos hacer tratos con él”.

Con acciones como las descritas, la Guerra Fría llegó a su fin y Mijaíl Gorbachov se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz en 1990. Su popularidad en el mundo era enorme: era el político de moda y se vendían hasta muñecos con su figura. Sin embargo, dentro de la URSS las cosas empeoraban rápidamente.

La debacle

Las revoluciones de 1989 en Europa Oriental, tuvieron un efecto muy importante dentro de la URSS. Varias de las hasta entonces 15 repúblicas soviéticas (encabezadas por las del Báltico, Lituania, Letonia y Estonia) razonaban que si Gorbachov había accedido a aplicar la Doctrina Sinatra en Europa Oriental, entonces no debería tener problema para aceptar la independencia de las que formaban parte de la Unión Soviética. Así, el nacionalismo se exacerbó en diversas repúblicas soviéticas.

Otro efecto no anticipado por Gorbachov fue que al democratizarse los países de Europa Oriental, afloró el sentimiento anti-ruso y anti-soviético en muchos de ellos, de manera que el líder soviético perdió su apoyo y con ello dilapidó parte del capital político que poseía en el seno del PCUS, con lo que habilitó a los sectores más duros.

Por si fuera poco, los políticos reformistas reclamaban que Gorbachov actuaba con mucha lentitud, en tanto los conservadores consideraban que los cambios que se llevaban a cabo iban muy rápido. El líder soviético trató de mediar, pero lo único que logró es que aumentaran las críticas contra él. No ayudó mucho la situación tan desastrosa en que cayó la economía nacional, con escasez de alimentos básicos, el racionamiento, el incremento de la deuda externa y el enorme déficit presupuestal.

En agosto de 1991 se produjo un golpe de Estado contra Gorbachov que si bien no duró mucho tiempo, debilitó al Presidente soviético en beneficio del recién electo Presidente de Rusia, Boris Yeltsin. Tras el golpe de Estado, entre el 21 de agosto y el 22 de septiembre de ese mismo año, 14 de las 15 repúblicas soviéticas proclamaron su independencia. El 25 de diciembre Gorbachov renunció como Presidente sólo para que el día siguiente desapareciera la URSS.

Y ¿qué hace ahora?

Después de los dramáticos sucesos referidos, Gorbachov se inclinó por la socialdemocracia y se ha mantenido activo en la política de su país, aunque no con muy buenos resultados. Preside la Fundación Gorbachov, y dada su popularidad en Occidente se ha dedicado a explotar su imagen a cambio de varios cientos de miles de dólares. Se le recuerda, por ejemplo, haciendo comerciales para Pizza Hut y la firma de un contrato con la marca francesa Louis Vuitton para anunciar maletas. Cuando vino a México, exigió un millón de pesos para impartir una conferencia que naturalmente debió impartirse en la UNAM. Sin embargo, como ésta no podía pagar los honorarios del expresidente soviético, éste impartió su conferencia en la Universidad Anáhuac. Lo mismo aplicó para los medios de comunicación que lo quisieran entrevistar y solamente Multivisión logró -con la erogación correspondiente- que Gorbachov le concediera una entrevista a Pedro Ferriz de Con.

Entre las extravagancias más recientes de Gorbachov figura la grabación de un disco con viejas baladas románticas rusas dedicadas a su esposa, Raisa Gorbachov, fallecida en 1999. El expresidente soviético prometió que las utilidades que genere este disco serán destinadas a obras de caridad.

El año pasado, Gorbachov unió su carisma a los millones de dólares del magnate ruso Alexander Lebedev para crear el Partido Democrático Independiente de Rusia, con lo que muestra que no renuncia al juego político de su país. Aunque a estas alturas parece estar más allá del bien y el mal: venerado en Occidente y satanizado en Rusia.

Por cierto: la República Popular China (RP China) estudió a detalle la gestión de Gorbachov por razones obvias: siendo un país enorme, le preocupan las tendencias desintegradoras que no sólo existen en el Tíbet sino también en otras regiones como la provincia de Xinjiang.

Los líderes chinos de reciente cuño, interrogados a propósito de las cuatro modernizaciones esbozadas por Shou Enlai y ejecutadas a partir del arribo de Deng Xiaoping al poder, consideran que el error más grande que cometió Gorbachov y que derivó en la desaparición de la Unión Soviética, fue llevar a cabo, simultáneamente, la reforma económica, o sea, la Perestroika y la reforma política, es decir, la Glasnost. Los chinos afirman que para ellos la prioridad es la reforma económica. Es decir, para la RP China, las medidas adoptadas por Gorbachov como líder soviético son una muestra de lo que no se debe hacer. Y es que para la RP China no fue una buena noticia ni la desintegración de la URSS, ni la democratización de los regímenes de Europa Oriental y Central a partir de 1989, máxime cuando ese año los propios chinos enfrentaron protestas de estudiantes y diversos sectores de la sociedad, como quedó de manifiesto en Tiananmen.

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