Mauricio Collado Martínez

Analista político

Fuera máscaras: a debatir

Puede afirmarse que en este mes y el que sigue los mexicanos presenciaremos el período más intenso de la competencia electoral por la Presidencia de la República. Así será, entre otras causas, porque el Consejo General del IFE y los partidos políticos han fijado las fechas y lugares en que se celebrarán los dos debates entre candidatos presidenciales que de acuerdo al artículo 70 de la ley electoral le corresponde organizar a dicho órgano colegiado. El primero será en la Ciudad de México el 6 de mayo, en el World Trade Center a las ocho de la noche, mientras que el segundo tendrá lugar en la Ciudad de Guadalajara el 10 de junio, en instalaciones de la Expo Guadalajara a las ocho de la noche. Será este el cuarto proceso electoral en que los candidatos a la Presidencia deciden realizar debates, como forma de lucha para conseguir adeptos. No obstante ello, esta será la primera vez que esos debates se sustentan en un marco legal que los auspicia y protege.

Lentamente, en nuestro país, el debate electoral seinstitucionaliza y arraiga en la cultura política. A 18 años de aquél debate protagonizado por Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, por primera vez se ha creado una Comisión encargada de organizarlos, conforme a reglas fijadas por la autoridad electoral, de consuno con los partidos políticos. Recordemos que en 2000 y en 2006 se suscitaron sendos debates acerca de los debates que lograron captar la atención de amplios sectores sociales: ¿quién puede olvidar el momento en que Fox exigía el debate “hoy, hoy, hoy” golpeando con el puño la mesa para apoyar su dicho, o la silla vacía de López Obrador en el primer debate presidencial de 2006?

El interés que desde entonces ha mostrado la sociedad mexicana en el tema no ha sido correspondido ni premiado adecuadamente por la clase política, aún ahora mismo. No es de soslayarse el esfuerzo realizado por el Consejo General del IFE en los dos meses anteriores y mucho menos los resultados obtenidos, pero vale la pena asomarse a ver lo que en esta materia se hace en el país que mayor experiencia tiene al respecto, cual es el caso del vecino del norte, a fin de dimensionar lo que aún falta por hacerse en ese renglón de la política.

Si usted es de los que piensan que el debate electoral en Estados Unidos se desarrolla en un ambiente libérrimo y sin reglas previas, únicamente con base en lo que puedan acordar los candidatos con los medios de comunicación, le recomiendo revisar su punto de vista, porque eso no es así. Si bien está garantizada la libertad para debatir, en realidad los debates presidenciales son organizados por un organismo denominado Comisión de Debates Presidenciales, mismo que fue creado en 1987 con el objetivo principal de promover y producir los debates para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, de candidatos tanto al puesto de Presidente, como al de Vicepresidente. Esta organización no partidista y sin fines de lucro ha patrocinado los debates presidenciales desde 1988 en aquél país. Ahora mismo -y en realidad desde el año pasado- se desarrollan sus actividades tendientes a preparar los debates correspondientes a las elecciones presidenciales de noviembre de este año.

La organización de los debates presidenciales es una actividad que se realiza públicamente, con amplia participación de la sociedad y se inicia con gran anticipación (más de un año y medio), pues se trata de un gran acontecimiento político que está claramente inserto en la cultura política de los estadounidenses.

Por ejemplo, es de mencionarse que desde el 3 de enero del año pasado la Comisión de Debates Presidenciales emitió un comunicado señalando las directrices que debían de seguir quienes se interesaran en ofrecer un sitio para la realización de debates (tradicionalmente universidades), al cual le siguió otro en abril en que se informaba la lista de las universidades solicitantes. El 31 de octubre del mismo año -hace siete meses- dio a conocer los sitios, fechas y criterios de selección de candidatos. Al respecto informó que el próximo miércoles 3 de octubre se realizará el primer debate en la Universidad de Denver, CO.; el jueves 11 se llevará a cabo el debate de candidatos a vice-presidente, en el Centre College de Danville, KY; el martes 16 tendrá lugar el segundo debate presidencial (con un formato de reunión de ciudad o ayuntamiento), en la Universidad de Hofstra, Hempstead, NY; y el lunes 22 será el tercer debate presidencial en Lynn University, Boca Ratón, FL.

La Comisión también dio a conocer los criterios de selección de candidatos de 2012, que se utilizarán para determinar quién será invitado a participar en los debates de las elecciones generales. Además de ser constitucionalmente elegibles, los candidatos deben aparecer en un número suficiente de papeletas estatales que les brinden posibilidades matemáticas de ganar una mayoría de votos en el Colegio Electoral, y tener un nivel de apoyo de al menos 15% del electorado nacional, según lo constaten al menos cinco encuestadoras de opinión pública, utilizando el promedio de los resultados más recientes públicamente reportados de dichas organizaciones en el momento de la determinación. La Organización Gallup, asesorará a la Comisión de Debates Presidenciales en la aplicación de sus criterios a los datos electorales como lo hizo en 2000, 2004 y 2008. Todo ello según se afirma en la web de la Comisión referida.

Los formatos para los cuatro debates y los moderadores serán elegidos durante este verano. Al respecto es de comentarse que en los debates norteamericanos suelen ser comunicadores de prestigio, con amplia credibilidad, quienes los conducen. Estos en alguna de las modalidades de debate tienen la facultad de elegir los temas que se traten y las preguntas que se formulen. Es relevante destacar que no se acostumbra que el conductor comparta las preguntas antes del debate,por lo que las mismas no son conocidas previamente por la Comisión y menos por los candidatos.Hay un formato muy interesante, que suele aplicarse al segundo debate presidencial, conocido como “ayuntamiento” o reunión de ciudad. Para explicarlo citaré a Tom Brokaw, prestigiado periodista de NBC News, quien fungió como moderador en el segundo debate entre los senadores Obama y Mc Cain en las elecciones de 2008: “El debate de esta noche es el único con un formato de Ayuntamiento. La organización Gallup eligió 80 votantes no comprometidos de la zona de Nashville para estar aquí con nosotros esta noche, y hoy cada uno de ellos me dio una copia de su pregunta para los candidatos. De todas estas preguntas -y de decenas de miles que se presentaron en línea- he seleccionado una larga lista de preguntas excelentes sobre política nacional y exterior. Ni la Comisión ni los candidatos han visto las preguntas… La audiencia aquí en el Salón ha accedido a ser educada y atenta, sin animar a los oradores ni incurrir en arrebatos …”

Al leer las transcripciones de esos debates, o al ver los videos correspondientes uno puede apreciar gran dinamismo en la conducción y el desarrollo. Incluso es aceptado que los oradores se interrumpan cuando hay alusiones personales, lo cual, desde mi punto de vista opera sin mayor dificultad cuando los rivales saben respetarse sin que por ello tengan que arriar sus banderas. Los moderadores no fungen como una voz externa o marginal al debate, sino que se integran de manera activa, como un interlocutor más, aunque guardando la distancia e imparcialidad que les es propia. Tampoco es rígida la conducción al grado de que el moderador parezca mas bien un maestro de ceremonias, como ha sucedido hasta el momento con los pocos debates presidenciales llevados a cabo aquí, en México. Por el contrario, el moderador formula las preguntas y cita el tiempo disponible sin mas protocolo para que el orador responda con naturalidad, al cual le da seguimiento con preguntas o comentarios cortos, que sirven de apoyo. En realidad, no se vuelven a invocar las reglas, si no hay circunstancia que lo amerite. El resultado es: debates frescos, ágiles, comprensibles, que propician un intercambio y confrontación de ideas más directo y auténtico, que una sucesión alternada de oradores, al modo Toda esta información se puede consultar en la página web de la Comisión de Debates Presidenciales (debates.org), misma que de verdad no tiene desperdicio. Ahí se puede observar que esta comisión no se limita a organizar debates presidenciales, sino que se ha convertido en un instrumento para promover una sociedad deliberante, una comunidad de interlocución o -como la denominan algunos investigadores- una democracia deliberativa (Held, Fishkin). Ello porque ese organismo realiza y promueve la investigación permanente de los debates políticos, además de que auspicia y asesora a los mas variados sectores de la sociedad civil para organizar debates sobre prácticamente cualquier tipo de agenda que interese a un grupo social y no solo sobre eventos electorales.

En México, apenas en 2007 se contempló un marco normativo mínimo para los debates presidenciales, y es ahora cuando por primera ocasión se pone en práctica. Para ello en el Consejo General del IFE se creó la Comisión correspondiente, misma que ha logrado reunir las voluntades de los partidos y sus candidatos para consensuar reglas del juego que ordenen los debates presidenciales. Algunas voces han considerado que estas reglas son rígidas y limitativas, señalando que propician poco el intercambio de posiciones entre los contendientes. En efecto, hay algo de eso. Pero al respecto es de comentarse que la autoridad en un tema como éste, en que se privilegia la libertad de expresión de los participantes y su voluntad de participación, debe desempeñar el papel de facilitador, dado que no le es dable imponer unilateralmente, sino sólo aquello que la ley le ordena. Así que, no obstante el buen desempeño de los consejeros electorales que integraron la comisión encargada de los debates, el alcance de las reglas del juego en esta materia depende fundamentalmente de la voluntad política y disposición de los candidatos participantes. Esta es un área crítica en la que se debe tener muy presente que se pueden construir escenarios que faciliten, propicien y hasta promuevan los debates, pero lo que no se puede ni debe hacerse es pretender obligar o usar cualquier forma de coacción para que los candidatos debatan. En este caso las reglas del juego sólo pueden construirse reuniendo la tarea facilitadora de la autoridad y la voluntad deliberante de los candidatos.

Es de los candidatos, fundamentalmente, que depende la realización de debates político-électorales de calidad y altura. Los legisladores pueden poner el paraguas normativo y las autoridades pueden poner de la mejor manera la mesa, pero la confrontación y el cotejo de las ideas no tiene más asidero que el de la voluntad participativa de los candidatos y su disposición a profundizar los temas. A ellos deseo dedicar la siguiente cita de David Held, autor de esa espléndida obra denominada Modelos de democracia, que destaca no sólo por aportar una matriz de análisis de las diversas experiencias democráticas de la humanidad a lo largo de su historia, sino también por su inspiradora propuesta de una sociedad deliberativa en la que conecten dialéctica y constructivamente los principios de la democracia representativa con los ideales de la participación política, sin caer en las desviaciones autoritarias que suelen acechar a diversos experimentos de democracia directa:

“El debate en las democracias contemporáneas suele ser superficial, mal informado e irrflexivo; los votantes muestran una clara desconexión respecto a un proceso político lastrado por la alienación, la falta de compromiso y la complacencia. El énfasis en la personalidad de los políticos impregna una política electoral mediatizada. Las citas sustituyen a los argumentos, la ostentación de los famosos desplaza al debate político sobre los principios y los candidatos se eligen más o menos como se elige un detergente” (Held, 2005, p. 336). Bien harían nuestros políticos en separarse a tiempo de las campañas de detergente, para arribar a la lucidéz que promueve el debate racional y con ella ayudarnos a los ciudadanos a comprender el sentido profundo de sus ofertas políticas. Sólo así podrán involucrarnos, o mejor aún, incluírnos. Sólo así podremos llenar de contenido y dotar de sentido a nuestro voto, como el acto de elegir entre opciones

PD. Ojalá que en el momento en que usted esté leyendo estas notas ya se hayan producido debates entre los candidatos presidenciales. Si no, pues ya sabe a que me refiero.

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