Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Frases

La política es el arte de evitar que los ciudadanos se metan en lo que sí les importa.

Decía Francis Bacon que la política y la moral rara vez son compatibles. Una versión más autóctona es la del cacique potosino Gonzalo N. Santos, autor del célebre apotegma “La moral es un árbol que da moras”. En ese contexto, nos hemos acostumbrado a que la raza política de este país se enfrente, cada vez con más frecuencia, a los medios masivos de comunicación, y ello ha producido, dada esta proclividad al relajamiento de la verdad, frases inmortales como aquella de “Lo que el Presidente quiso decir”, que nuestro compañero Rubén Aguilar popularizó (ser vocero de Fox lo imagino como una prefiguración del infierno). En efecto, los políticos mexicanos han adquirido sobre la marcha una habilidad sorprendente para capotear a los medios de comunicación, capacidad que, sin embargo, presenta más boquetes que el Titanic y que ha sido documentada puntualmente a lo largo de décadas.

Las frases que los políticos usan para salir del paso son variadas y forman un ramillete que procederemos a analizar sin el menor rigor, como es mi maldita costumbre.

“Sacaron de contexto mis declaraciones”.- Un verdadero clásico que es utilizado con el agua al cuello. Normalmente es producto de lo que yo llamo una “declaración kamikaze” que siempre está grabada. Ejemplos abundan. Cuando el Secretario

Cordero dijo que con 6 mil pesos uno podía acceder a la vida de los happy few, cualquier observador con 12 neuronas hubiera previsto lo que pasó. Es notable que el único que no se percatara del nivel suicida de una declaración de ese calibre fuera él. No contento con ello nos declaró un país de “renta media”. ¿Qué es lo que sigue? Explicaciones farragosas para salir del paso, matices que nadie cree y la desconfianza unánime que deviene en pitorreo.

“Esperemos el proceso”.- Ésta normalmente aplica para los momentos en que un correligionario cae en desgracia porque lo pescaron sodomizando a un animal o clavándose los dineros en flagrancia. Entonces los reporteros (esa turba sedienta de sangre) llegan a pedir la opinión del líder del Partido o equivalente y éste saca un capote que envidiaría Manolete y dice cosas como “no estoy informado”, “no protegeremos a nadie” y “el Partido (insertar aquí cualquiera de los siete mamarrachos que tenemos) siempre se ha conducido por la ruta de la legalidad”.

“Queremos una campaña de propuestas”.- Los que somos mexicanos sabemos perfectamente que cada que alguien inicia una frase diciendo “con todo respeto”, el asunto adopta una ruta muy precisa a la chingada, ello porque nuestro lenguaje es una muestra filológica del barroco tardío. Lo mismo pasa con la frase que analizamos, ya que todos los candidatos la pronuncian para acto seguido iniciar una serie de acciones que harían palidecer a un puerco. La guerra sucia consiste en grabar comunicaciones privadas, decir que fulanito de tal es protegido del narco o que la señora madre de aquel era venezolana y ello entraña peligros insondables. En este caso, como puede apreciarse la distancia entre el dicho y el hecho sepulta nuevamente cualquier elemento de credibilidad que algún ingenuo depositara en los políticos.

“No son los tiempos, estoy dedicado a mis tareas”.- Otra mentira flagrante, absolutamente todos los políticos parten de la idea de que el cargo al que llegan es una especie de plataforma que los llevará a otro. Es por ello que la mitad de sus acciones se orientan con ese fin. Lo notable es que es algo que nadie ignora y entonces se es testigo de obras de relumbrón de campañas mediáticas en las que el Gobernador de Jalisco “informa” al noble pueblo de Yucatán de lo bien que lo ha hecho y de giras “fuera de los tiempos de oficina” para apoyar a los compañeros del Partido. Debo reconocer que esta perversión es abonada por muchos periodistas que hacen del futuro un arte y se erigen como pitonisos mediáticos.

En fin, con lo anteriormente escrito me parece que, aunque sea de manera marginal, he demostrado el punto de que los mexicanos hemos elevado a niveles olímpicos el noble arte de hacernos pendejos, pero, señaladamente, los políticos.

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