José Luis Peralta

Comisionado de la Cofetel.

Fomento a las tecnologías de información y comunicación (TIC)

“… por ejemplo, las importaciones de equipo rodante proceden de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Bélgica; los rieles de Estados Unidos e Inglaterra; la hulla de Inglaterra; y los durmientes de encino y roble de Estados Unidos, los cuales, debido a las condiciones ambientales de México, duran poco, y se empieza a utilizar madera tropical de chicozapote, con la ventaja de que se petrificaba” (Corona, 2004: 111).

Referido al sistema de ferrocarriles nacionales de principios del siglo XX, el escenario que toma cuerpo en la cita anterior es de clara dependencia hacia el exterior, de subordinación inclusive. Acaso la participación nacional se centraba en la instalación de los equipos y sistemas que llegaban de fuera, y si bien los recursos humanos y materiales entonces disponibles en el país podían aprovecharse para incrementar ese protagonismo, faltaba la tecnología y la organización necesarios. ¿Porqué habilitar los durmientes de encino y roble y cuyo aguante era limitado? Porque no se tenía el saber hacer que explotara nuestra propia madera tropical, el chicozapote, de mayor firmeza, adecuada al medio ambiente local, y más durable porque al fosilizarse se tornaba más resistente. Con esa adaptación, se habrían abatido los costos por partida doble: de importación de los durmientes foráneos, y de mejor negocio sin duda, pero sin posibilidad de concretarse en los tiempos pioneros del sistema ferroviario.

Un escenario semejante se observa en las infraestructuras de comunicación de hoy, que poco a poco han relevado a los ferrocarriles como red nerviosa para fincar el desarrollo socioeconómico. En las tecnologías de Información y Comunicación (TICs), se observa que la participación nacional pudiera ser mucho mayor en la concepción, diseño e implementación de los sistemas en funcionamiento, y sin embargo en el desarrollo concreto de la industria y los servicios no se detecta el convencimiento de que puede cultivarse y aprovecharse ese protagonismo nacional para conformar la oferta final de telecomunicaciones y TICs. Incluso, tal articulación parece fuera de lugar tanto en la reflexión nacional sobre el sector como en el entorno de análisis que lo acompaña. Por ejemplo, al plantear en 2009 el desarrollo de una alianza entre universidades y centros de investigación para atender líneas de desarrollo que tuvieran impacto en la industria y los servicios nacionales, uno de los investigadores convocantes estableció : “espero que la comunidad científica llegue al consenso de que, de seguir en la situación actual, México, en términos de las TICs, está condenado a mantenerse como un observador pasivo y, en el mejor de los casos, un consumidor experto…” (Kuri, 2009). Como el experto señala, resulta necesario el considerar siquiera que la infraestructura científica y tecnológica que existe en nuestro país puede generar un empalme virtuoso con los agentes industriales y de servicios de las TICs, para conformar una oferta propia, enfocada a resolver nuestras carencias nacionales. Hoy en día, tal premisa no es solo pertinente sino actual, justo por el momento político que vive nuestro país: la Reforma Constitucional de las Telecomunicaciones que se mantiene en proceso legislativo.1

Como señalé en mi colaboración anterior, las actividades de I D i no encuentran eco en la reestructuración anunciada. Por ello quiero abordar el tema a partir de una relación esencial en el desarrollo tecnológico: el financiamiento de riesgo, mismo que puede dedicarse a la conversión de la investigación en productos y servicios comerciales. Este proceso es un círculo virtuoso que parte de la detección de necesidades o problemas a resolver por la tecnología, el desarrollo de fundamentos teórico prácticos que expliquen la solución tecnológica posible; la aplicación de los fundamentos encontrados en el desarrollo de productos comerciales de aplicación inmediata, y, finalmente, la creación de nuevos mercados. Esta última fase genera necesidades a cubrir mediante innovaciones. Para impulsar el desarrollo de ésto es fundamental obtener recursos económicos suficientes. La operación de una unidad de fomento que justamente intervenga para complementar el proceso, puede ser una alternativa sólida para el mayor y mejor desarrollo del ecosistema de comunicación y de las tecnologías asociadas a su funcionamiento.

* * *

Las acciones de investigación y desarrollo concebidas e instrumentadas bajo diseño a la medida y con la profundidad requerida, son un insumo primordial en cualquier tarea que implique creación y desarrollo de una nueva capacidad o función en el sector, sobre todo de software de aplicaciones que facilite el aprovechamiento y apropiación social de la tecnología. Estas actividades se complementan con la formación de recursos humanos, que debe considerar desde la especialización superior y de vanguardia de estudiantes e investigadores, hasta los cursos de inducción y manejo de las tecnologías en operación.

Como organismo regulador que ya nace con facultades sustantivas y con el propósito institucional de romper inercias y alterar estructuras, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel en adelante) bien puede aprovechar la sinergia del cambio y transformarse en un agente revulsivo que explore y explote nuevas vías para conducir, proponer e incluso protagonizar actividades que deriven en el fortalecimiento de la industria y los servicios. Si sus propuestas se cobijan en el fortalecimiento del sector, los resultados a lograr tenderán a garantizar su permanencia y funcionalidad. Si por el contrario el organismo se mantiene ausente o bien se ejecutan acciones sin certeza ni calidad, la progresión exitosa de las telecomunicaciones puede comprometerse en el mediano y largo plazo. Es necesario romper la dicotomía planteada por Kuri, y nuestro país no puede ser más observador pasivo o consumidor activo.

El involucramiento del nuevo organismo parte de dos certezas. Por una parte, la naturaleza misma de las TIC, que emergen como áreas de negocios intensivas en conocimientos, calidad que supone la combinación virtuosa entre protagonistas, no necesariamente identificados entre sí, La producción de conocimientos -en México, aún radicada en las instituciones académicas y de investigación- y la aplicación del mismo en sistemas y servicios, no se implican ni se comprometen, y tal lejanía propicia un divorcio que se constituye como uno de los obstáculos más difíciles para el crecimiento endógeno de las TIC y de sus sectores asociados. En consecuencia, la relación constantemente aludida entre la investigación y la industria no se ha enraizado aún, reproduciendo una situación no por conocida superada: el investigador carece de los medios para comercializar sus hallazgos; el empresario no se acerca a la academia para buscar soluciones productivas.

La segunda premisa es que, en México, la tradición rentable de la investigación y desarrollo tecnológico no ha rebasado la etapa artesanal, y está lejos todavía de adquirir las modalidades y exigencias que la globalización económica impone. Los instrumentos disponibles para financiar estas actividades apoyan principalmente a proyectos que se encuentran en la etapa comercial, o bien a empresas cuya estructura económica les permite obtener recursos en tanto garantizan el crédito, independientemente del mérito tecnológico de sus propuestas. Si bien la creación reciente de otros instrumentos tiende a solventar el problema, persiste sin embargo la insuficiencia de capital de riesgo (venture capital), con lo cual se limita el soporte económico para aquellas iniciativas que implican incertidumbre en sus resultados, y se desaprovecha una herramienta de desarrollo de empresas de base tecnológica y de conocimientos.

En general, puede decirse que el acercamiento e interacción entre las fuentes de capital y los proponentes de iniciativas tecnológicas tienen las limitaciones y escollos que se listan enseguida:

i) El desconocimiento de los instrumentos disponibles para el posible financiamiento de proyectos. Es común que los investigadores se mantengan alejados del sector bancario y financiero. Incluso, en algunos parece privar la visión de que aquel investigador que busca la aplicación productiva de sus hallazgos no hace sino prostituir el trabajo científico. En otros casos, el mantener un estatus económico de investigador y experto resulta más cómodo que iniciar la tramitación de una solicitud de crédito, para lo cual se tiene poca preparación e interés.

ii) La carencia de una cultura de promoción y de gestión en las unidades y centros de producción tecnológica, que además de difundir los trabajos, resultados y potencialidad de los centros de investigación, debe abordar y atender procesos menores, como el satisfacer los requerimientos técnicos y administrativos necesarios para acceder a los créditos disponibles. En estas tareas, se cuentan labores en apariencia simples y rudimentarias -como por ejemplo, el requisitado de los formatos de solicitud- pero que de no realizarse con precisión pueden entorpecer cuando no bloquear en definitiva las demandas de financiamiento. El seguimiento intensivo de los proyectos es primordial, que implica tanto el desahogo de habilidades cercanas a las relaciones públicas porque implican el contacto y relación personal, como el conocimiento técnico a profundidad de las iniciativas sometidas y de su impacto en el medio nacional.

iii) La poca relación entre las fuentes de financiamiento con los proveedores posibles de iniciativas de inversión en tecnología. Esta limitación se relaciona principalmente con la poca demanda de soluciones tecnológicas por parte de la industria, acostumbrada a importar paquetes llave en mano que sólo requieren de una adaptación menor para su aprovechamiento en las coordenadas locales. Por su parte, la academia ha sido también poco sensible a las demandas de la industria, por lo cual no es exagerado afirmar que cada sector se mantiene separado de su posible complemento en la creación de tecnología nacional.

iv) El desinterés o insensibilidad del capital hacia aquellas iniciativas tecnológicas de riesgo. Tal condición es permanente; incluso, los programas de financiamiento que con tino se han instrumentado para impulsar la modernización de las empresas nacionales en el sector no establecen distinción entre los solicitantes, y difícilmente soportan una iniciativa que no incluya un esquema de garantías sólo aplicable a compañías ya establecidas. Se ha presentado el caso de investigadores que han debido hipotecar o vender sus bienes particulares para solventar una solicitud de financiamiento, que finalmente y después de todo no implica su autorización. En síntesis, puede afirmarse que no existe en el país un esquema de financiamiento para los proyectos de desarrollo tecnológico que impliquen un riesgo elevado y un grado alto de incertidumbre.

v) La poca trascendencia de los proyectos entre la industria y la academia. Si bien esta afirmación no puede generalizarse, se ha detectado que cuando se logra establecer sinergia entre los centros de investigación y las empresas productoras en el área de TIC, los proyectos a desarrollar se refieren más a los temas de servicio y mantenimiento que a la generación de soluciones. Tal tendencia debe revertirse, en tanto también se cuentan experiencias exitosas aunque si bien no en la tecnología de avanzada.

Las cinco condiciones señaladas, que mediante el accionar institucional del regulador sería posible superarlas y que se desarrolle una nueva articulación entre iniciativas de I D i que se propongan consolidar y fortalece al sector en el corto y mediano plazo, y las fuentes de financiamiento institucionales y/o privadas nacionales y extranjeras, que permitirían solventar las necesidades de los proyectos hacia las soluciones de mercado. Así, el relacionar y el hacer son los primeros distintivos de esta propuesta.

* * *
“capital riesgo (risk capital).
Capital que no está garantizado por un
gravamen o hipoteca.
capital riesgo (venture capital).
Reinversión del dinero de los accionistas. Fondos
invertidos en empresas que generalmente no tienen
acceso a las fuentes de capital convencionales
(bancos, bolsa, agencias de
financiamieto, etc.)…”
Rosenberg, 1987:57.

Excepcional. De acuerdo con las definiciones que anteceden, tal adjetivo parece ser el correcto para calificar la inversión de riesgo. De excepción, porque el sujeto de esta modalidad de financiamiento se aleja de la concepción tradicional: no es el típico hombre de negocios, el empresario con oficinas establecidas o poseedor de plantas industriales o instalaciones productivas que le sirvan de garantía. También de excepción porque el objeto de la inversión es en general un sector al margen de estándares, futurista -embrionario, como se le califica con frecuencia.

Aunque en el financiamiento con capital de riesgo se cuentan los proyectos para fondear empresas ya establecidas, que demandan renovar su línea de negocios, un buen porcentaje de los proyectos en operación se refieren a compañías que empiezan apenas su ciclo reproductivo y disponen únicamente de intangibles para constituir sus activos. Es por ello que al capital de riesgo se asocia la visión, el empuje, incluso la genialidad, de los individuos que se integran a los proyectos específicos. No obstante, fuera de las cualidades personales de los titulares, en el esquema del financiamiento de riesgo resalta un punto que es común a casi la totalidad de experiencias: se trata de aprovechar el conocimiento para innovar, para optimizar un producto, un sistema, un método. La imaginación, la inventiva, la visión de negocios, se transforma entonces en hecho objetivo, cuantificable. A la vez, el entorno en el que se produce tal conversión es favorable y positivo para su desenvolvimiento, la cobija y le permite alcanzar el potencial que conlleva. Así, puede decirse que el contexto de la innovación por el conocimiento conjunta y entrelaza por lo menos los tres vectores siguientes:

* El ambiente intelectual, académico y cultural. En este ámbito se contabilizan los recursos humanos calificados y la infraestructura científico-tecnológica disponible en escala nacional, que en conjunto propician, cultivan y estimulan la preparación académica y la especialización del personal, la difusión del conocimiento y la generación de innovaciones como uno de los resultados concretos del aprovechamiento de esa capacidad nacional. Incluso, en algunos países la producción de tecnología alcanza niveles industriales, como bien lo argumentan los todavía poderosos Laboratorios Bell que en promedio generan por año alrededor de 5 mil patentes para la microelectrónica y las comunicaciones.

* Un entorno institucional que promueve la innovación y permite que su desarrollo madure. El ambiente jurídicolegal; el regulatorio; el andamiaje fiscal y administrativo; las estructuras de gobierno; las estrategias nacionales de fomento industrial; la política de información y de estadística, se integran para desahogar y estimular el desarrollo de la innovación.

Resalta en este sentido Estados Unidos, donde para constituir una compañía únicamente se demanda el cumplimiento de tres requisitos básicos. Tal simplificación redunda en el crecimiento de su planta empresarial, lo que sin duda significa un elemento central para traducir la innovación en productos y servicios para el mercado.

* Un contexto que capitaliza los resultados de la innovación y la reproduce en otros sectores o empresas. Quizá el elemento central en esta tercera variante sea la existencia de un mercado nacional con la suficiente madurez y apertura para aceptar los productos y servicios que se le propongan, tanto a nivel de economías de escala como en cuanto a una infraestructura de recepción, condiciones ambas que les permite expandirse y permear a la estructura social y con ello iniciar de nueva cuenta el ciclo de la innovación. Sin el consumo, el proceso final de la I D i no podría cerrarse, y tampoco renovarse.

En armonía con los tres escenarios descritos, la Unidad tendría entonces por función el habilitarles para coadyuvar al crecimiento y consolidación del sector nacional de las TIC mediante la promoción, soporte e implantación de acciones específicas para impulsar el desarrollo tecnológico, el aprovechamiento de la innovación en las materias científico-técnicas relacionadas con el sector; y la formación de personal y de capital humano que con su desempeño fortalezca las áreas y temas asociados. Nuestro país dispone de una base material y humana suficiente para emprender estas acciones, y si se atienden los compromisos acordados en el Pacto por México, su desempeño habrá de fortalecerse tanto porque tendrán una mayor dotación de recursos financieros -hasta el 1% del PIB para investigación- y el apoyo político y financiero necesario para consolidar esas fortalezas. Este fomento directo sin duda habrá de contribuir en el fortalecimiento del primer eje: el ambiente cultural adecuado para que la innovación se engendre y propague. De igual forma, en el entorno institucional, pueden aprovecharse los apoyos que existan y hacer los planteamientos y formulaciones necesarias para procrear otras, que complementen el ambiente favorable para la innovación en TICs. Por último, como ya se señaló, la apertura de mercados que supone la Reforma Constitucional configura el ambiente para que los productores industriales y de servicios intenten explotar los mercados que nacen o los nichos de oportunidad, lo cual debe propiciar la búsqueda de soluciones tecnológicas que, como en el caso del chicozapote, serían más adecuadas y asertivas si provienen de nuestro propio contexto socioeconómico.

Para explorar las opciones de articular I D i con la industria y los servicios de las TICs y concretar las alternativas que puedan surgir, es posible proponer la constitución y funcionamiento de una instancia institucional de fomento y promoción de proyectos específicos (Unidad en adelante). De inicio, esta estructura formal debe satisfacer un propósito dual:

* Concebir, rescatar y validar; promover y generar proyectos específicos de investigación, desarrollo e innovación, y de formación de recursos humanos, tanto para consolidar las fortalezas de los sectores industriales y de servicios de las TIC, como para superar las debilidades que puedan detectarse en ese mismo universo productivo; y,

* Detectar y conseguir apoyo financiero para el desarrollo de proyectos, principalmente bajo el esquema de capital de riesgo, para que su realización contribuya a la modernización de las TIC y a propiciar la vinculación entre los centros de investigación y de enseñanza y las estructuras productivas dedicadas a su explotación comercial.

La Unidad propuesta debe ceñirse al cumplimiento de diversos objetivos secundarios. Entre éstos pueden considerarse como primordiales…

1. Favorecer el planteamiento, desarrollo y conclusión de proyectos de investigación y desarrollo, de innovación tecnológica y de formación de recursos humanos para el mercado industrial y de servicios de las TIC, donde se genere la concurrencia virtuosa hasta de tres grupos relacionados:

* Los protagonistas de la industria y los servicios de las áreas y sectores productivos relacionados con las TIC, en especial el sector concesionario de los servicios operativos y los fabricantes de equipos y bienes del sector;

* La academia nacional e internacional, principalmente representada por los centros de investigación, las instituciones de educación superior y el personal y trabajadores de empresas medianas y pequeñas inclusive, mismas que en ocasiones con instancias plenas de esquemas de innovación surgidas de la praxis productiva o profesional. 2

* Otros actores, especialistas; personas físicas y/o grupos de profesionales o enterados, cuya intervención en la concepción, desarrollo y finiquito de los proyectos planteados se juzgue básica y sustantiva.

2. Generar el soporte institucional que demanden los proyectos, en especial aquellos que ya se llevan a cabo, para que su desarrollo sea sólido y lo más favorable posible, sus resultados puedan aprovecharse y cumplir a los propósitos de su planteamiento e implementación.

3. Interactuar con la Administración Pública Federal y de otros niveles de gobierno relacionadas con la I D i y de financiamiento de riesgo, para promover, apoyar y ejecutar los proyectos diseñados y en desarrollo.

4. Activar y aprovechar todas aquellas relaciones institucionales que solventen y faciliten la implantación de los proyectos.

5. Conocer y explotar las instancias de promoción, financiamiento y soporte disponibles en el entorno nacional e internacional, para respaldar la ejecución de los proyectos concertados con recursos frescos y suficientes.

6. Incentivar la intervención de los actores nacionales e internacionales de las TIC, para que concurran en el planteamiento y desarrollo de iniciativas.

7. Conseguir financiamiento de riesgo para las propuestas con potencial de mercado, y desahogar los procedimientos jurídico-legales y administrativos para obtener los recursos necesarios para su operación y finiquito.

8. Formalizar el control de gestión para los proyectos operativos, para detectar las desviaciones que pudieran generarse y corregir el desempeño y alcanzar los objetivos
comprometidos.

Respecto al último objetivo específico, aquellas iniciativas con posibilidad de atraer financiamiento de riesgo deberán de evaluarse mediante la sistematización de información sobre dos temas para la toma de decisiones: las necesidades de soluciones tecnológicas implícitas en los planes concretos y el desempeño operativo de los nuevos prestadores de servicio o de los operadores en activo; y, el registro e inventario de los protagonistas nacionales que con excelencia puedan llevar a cabo las propuestas tecnológicas que solventen los requerimientos. Es conveniente enfatizar que la Unidad habrá de animar un desempeño distinto al observado en las fuentes tradicionales de financiamiento: no se trata únicamente de recibir proyectos de la comunidad científica y tecnológica, lo que habrá de buscarse que esa comunidad se involucre en el desarrollo del sector, y lleve a cabo iniciativas de trascendencia que puedan identificarse para el corto, mediano y largo plazo.

¿Cómo y de qué forma articular protagonistas científicos, operadores y agencias de financiamiento? En la segunda parte de esta contribución, estos temas habrán de precisarse.

(Primera parte)

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