Cinque Terre

Iván de la Torre

[email protected]

Egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la Pampa, Argentina

Feas, sucias y malas

Y todo era alborotar al ñudo, y hacer papel; conocí que era pastel pa engordar con mi guayaca; ¡Ah, hijos de una…! ¡La codicia ojalá les ruempa el saco!”

 

José Hernández, “Martin Fierro”.

 

Un caníbal de tu estilo

 

Este año comencé a buscar trabajo como redactor creativo y descubrí que muchas agencias de publicidad y marketing (no todas) han convertido la explotación en una retorcida forma de arte, haciendo que los aspirantes trabajen de forma gratuita durante semanas con la promesa de un pago que nunca llega; tanto meses lidiando con gente que, consciente de su impunidad, maltrata a personas que realmente necesitan un trabajo, me permitió definir el perfil de las cuatro típicas compañías explotadoras que hoy existen en el mercado. A saber:

 

Manipuladoras

 

Tienen como representante/vocero/reclutador a un hombre encantador y charlatán (MUY charlatán), la clase de personajes que aprovecha la entrevista para contarnos en forma minuciosa los grandes proyectos en los cuales (si tenemos la suerte) podremos participar.

 

Este monólogo –el aspirante sólo puede participar con tímidas afirmaciones– termina cuando el personaje nos dice que, para pasar al siguiente nivel, debemos hacer una prueba, algo simple, un trabajo rápido que confirme nuestras habilidades; como uno necesita el trabajo, acepta; acepta, además, encantado, porque toda la cháchara que acaba de oír –aunque posteriormente lo niegue– lo sedujo y convenció de que tiene la oportunidad de entrar en una gran empresa, con un futuro brillante y un sueldo acorde; tan enceguecido quedó que dedica dos, tres, hasta cuatro días al texto que se le pidió (por lo general, propuestas para activaciones o presentaciones de nuevos productos), lo entrega y espera una respuesta… Pasa un mes, pasan dos, pasan tres meses y no hay noticias, hasta que un día, el mismo personaje, más charlatán y encantador que nunca, nos escribe como si nada hubiera pasado: ¡hay otro proyecto fantástico y podemos ser parte de él, por supuesto, sin hacer mención (ninguna mención) al trabajo que realizamos tiempo atrás y nunca cobramos.

 

Esa clase de agencia ahorra mucho tiempo y dinero explotando a las personas que buscan trabajo; sus víctimas, por lo general, son creativos recién recibidos que necesitan sumar experiencia y aceptan, aún sabiendo que serán estafados; con este procedimiento, perfeccionado por años de práctica, decenas de compañías –incluyendo varias muy conocidas, con enormes edificios y bellas secretarias– ahorran dinero y tiempo aprovechando el talento de personas a las que nunca le pagaran un centavo por sus ideas. Mano de obra esclava en pleno siglo XXI.

 

Kafkianas

 

Las agencias kafkianas no prometen nada pero se caracterizan por la inmensa lentituuud de sus respuestas: por lo general, hacen una prueba a todos los aspirantes que respondieron a su pedido y así, decenas de personas quedan esperando un mail que nunca llega (ni siquiera un escueto “desaprobaste el test”). Nada.

 

Con el tiempo (y tras haber sufrido ese maltrato de parte de varias agencias), el aspirante entiende el mecanismo y, cuando pasa una semana y no recibe mensaje, simplemente descarta cualquier posibilidad de trabajar allí.

 

En este caso la pregunta es: ¿cuánto le costaría a compañías especializadas en montar inmensas campañas de marketing enviar por correo un simple “no has sido seleccionado para el puesto”? Nada pero prefieren dejar a los aspirantes con la duda: ¿me aceptaron o no? ¿Qué habrá pasado con el test que hice? ¿Qué tan bueno (o malo) fue?

 

Explotadoras

 

La peor clase de agencia y, lamentablemente, la más común: se caracteriza por pedir trabajos que no tiene la menor intención de pagar; por lo general, el encargado de las entrevistas habla de “una cantidad fija” pero nunca define claramente un número y, mientras tanto, el aspirante tiene que pasar una serie interminable de pruebas: escribir un texto sobre esto, generar ideas sobre aquello, presentar cinco páginas para activaciones urgentes… cuando, tras varias semanas de trabajo uno se anima a preguntar por la posibilidad de un pago (una cantidad mínima, aunque sea), la comunicación se corta.

 

 

 

El aspirante (una persona, recordemos, que está buscando trabajo por lo que no cuenta con grandes recursos) sabe que no vale la pena contratar un abogado porque la ganancia no cubriría los gastos, además, no tiene ninguna prueba –papel impreso o grabación- que pueda confirmar que realmente trabajo para la compañía. La principal diferencia entre estas empresas y las “manipuladoras” es que aquí el trabajo no se limita a una sola entrega sino que se prologa durante semanas -meses incluso- hasta que el aspirante finalmente dice basta.

 

Miserables

 

A diferencia del caso anterior, aquí el creativo sí recibe un pago por su trabajo pero la remuneración es tan pero tan baja que no alcanza para nada y ese, precisamente, es el truco que usan estas compañías para escoger personal: el salario está pensado para separar a las personas que necesitan desesperadamente un ingreso de aquellas que todavía cuentan con un mínimo capital; al ofrecer un sueldo insultante, estas compañías saben que no existen límites a la explotación que pueden imponerle a sus nuevos empleados, personas desesperadas que harán cualquier cosa porque necesitan el dinero.

 

A las pruebas me remito

 

Para no quedarme sólo en la teoría y ayudar a otros aspirantes a evitar desengaños, citaré las peores compañías con las que tuve la desgracia de tratar:

 

Antawara (www.antawara.es): esta empresa sintetiza perfectamente el espíritu argentino que tan bien caricaturizan los extranjeros: Diego Ferriol ([email protected]), presidente y director de la agencia, me explico en una larguísimo monólogo (más de una hora vía Skype) lo que podríamos conseguir si combinábamos sus contactos con mi talento; como todo aspirante necesitado de trabajo, acepté escribir una serie de posteos “de prueba” para él pero, luego de enviarlos y recibir sus comentarios (“son interesantes, vamos a ver cómo funcionan blablabla”), no tuve noticias por largo tiempo hasta que, sorpresivamente, me envió un mail contándome que tenía un gran, inmenso, genial proyecto entre manos… gracias a la (mala) experiencia acumulada en ese tiempo, en vez de perder una hora escuchando como volvía a venderme la idea de trabajar gratis para él, le pregunte si, esta vez, habría dinero además de promesas; desde entonces no volví a tener noticias suyas pero, seguramente, todavía anda por Internet, buscando “colaboradores” para sus faraónicos proyectos.

 

Grupo Deboss (www.grupodeboss.com): está es la clase de empresarios que se aprovecha de la necesidad de los postulantes: primero me ofrecieron 300 dólares por cuatro horas de trabajo de lunes a viernes pero luego, en forma sorpresiva, me aclararon que se habían equivocado: en realidad eran 260 dólares por cinco horas; como necesitaba “El aspirante sabe que no vale la pena contratar un abogado porque la ganancia no cubriría los gastos” el dinero acepté pero renuncié poco después, cuando a la mentira sumaron la humillación: acostumbrados a tratar con redactores sin experiencia me aplicaron el viejo truco del policía bueno/policía malo: un editor (Alejandro Martínez Notte, [email protected]) recibía mis textos con entusiasmo mientras otro, en paralelo, me enviaba mails feroces, insultándome; poco después, encontré un aviso en un popular portal donde pedían personal pero esta vez remarcando que se enfocaban en gente joven, es decir, principiantes que no tuvieran experiencia profesional ni madurez para responder a su juego de humillar constantemente al redactor para obligarlo a trabajar más horas por menos dinero.

 

Nurun (nurun.mx): este caso sintetiza la mezcla de desprecio, desidia y desinterés de muchas compañías (grandes, medianas y pequeñas) ante las personas que responden a sus pedidos de personal.

 

¿Para qué solicitar creativos, con carácter de urgente si luego se los ignora? Misterio. Su política de reclutamiento recuerda los cuentos kafkianos, con un aspirante atrapado en un mecanismo burocrático hermético, lento e incomprensible.

 

En enero, Martha del Castillo ([email protected] nurun.mx) me preguntó cuales eran mis aspiraciones salariales, le respondí y, tras dos meses de silencio total (ni siquiera un educado “recibido, gracias”), volvió a hacerme la misma pregunta… como todavía necesitaba el trabajo, le respondí nuevamente pero esta vez, por las dudas, baje mis pretensiones, pidiendo un 20% menos: de nuevo, silencio total hasta que, tres meses después, me llegó otro mail preguntando: “¿cuánto quieres ganar, Iván?”

 

Para no equivocarme, esta vez elegí la opción más simple (“lo que ustedes paguen para mí está bien”) pero fue inútil: ni una palabra.

 

Supongo que en noviembre volveré a recibir otro mail preguntando por mis pretensiones salariales y esta vez, sólo para probar, diré GRATIS, trabajare gratis para ustedes, a ver qué dicen, si es que dicen algo.

 

Agencia fantasma (sin nombre, dirección física o referencias, sólo un correo genérico, [email protected] gmail.com, que usan para pedir gente sistemáticamente cada tres o cuatro meses): la oferta más increíble que me han hecho: escribir dos mil 500 reseñas al mes (sí, leyeron bien: dos mil quinientas) por 200 dólares; según me explicó el reclutador (un hombre convencido que su oferta era irresistible y generosa), la tarea era simple, muy simple: ellos me darían una lista de “distintos artículos de tecnología (celulares, computadoras, notebooks, etcétera.) y demás productos (electrodomésticos en general)” y yo tendría que escribir “reviews” con las siguientes “características”:

 

 

 

• “Superar los 160 caracteres (de letras, sin contar los espacios

 

• Contener obligatoriamente:

 

a. Mención de al menos 2 elementos técnicos

 

b. Mención de al menos 1 detalle de identidad

 

c. Mención de al menos 0,5 aspectos estéticos

 

• El estilo de redacción tiene que ser personal, con buen vocabulario y sin modismos propios de ningún país en particular.

 

• Las reviews tienen que ser el resultado de una investigación de las características del producto, y NO una descripción técnica o una apreciación somera o genérica del mismo.

 

• Todo de las reviews: éstas deben ser naturales, es decir, puede criticarse y remarcarse aspectos positivos y negativos de los productos”.

 

Es decir, tenía que escribir en promedio ¡84 textos por día! (fines de semana incluidos): un ritmo imposible que pocas personas soportarían pero que puede sonar irresistible para todos los periodistas y escritores que sueñan con vivir de su trabajo… la promesa inicial de que la retribución subirá de acuerdo con los resultados hace que cada año, seguramente, un centenar de aspirantes pasen por la empresa, redactando textos de manera industrial, sin descanso ni obra social, parte de una agotadora cadena de montaje donde se paga mal y las expectativas a futuro son nulas.

 

Revolvex (www.revolverx.com): mi experiencia con ellos fue particularmente desagradable: primero, Gerardo Granados ([email protected]) me pidió una “Tenía que escribir, en promedio, ¡84 textos por día!” muestra de trabajo para evaluar si me adecuaba a su estilo, luego me ofreció un contrato básico (un pago fijo de 150 dólares por estar disponible todos los días, resolviendo solicitudes específicas sobre conceptos de campaña, promociones, redacción de presentaciones, etcétera.)

 

Mi primera tarea fue armar ideas para el lanzamiento de EPSON Econotank, luego pensar textos para el lanzamiento de la línea HP “2 en 1”; envié los trabajos pero, de un día para otro, la empresa cambió sus correos y Granados dejó de responder mails: una vez más, trabaje gratis. Joyas de México (joyasdemexico.mx): el típico caso de postergación crónica: Fernanda Ballesteros ([email protected]), una chica encantadora pero, como demostraron los hechos, poco digna de confianza, se comunicó conmigo pidiéndome un texto para promocionar un hotel; poco después, me escribió diciéndome que había destacado entre los demás aspirantes y haciéndome una serie de preguntas (¿cuánto me interesaba ganar?, etcétera.); el problema era que sus mails llegaban, con suerte, veinte o treinta días después de mis respuestas… cuatro meses después de iniciado el proceso, me contó que su jefe, Vic Calleja, quería conocerme: cuando le mande la invitación correspondiente vía Skype, recibí un mensaje desagradable y prepotente (“¿y vos quien sos?”).

 

Desde ese momento, Fernanda desapareció y nunca más volvió a escribirme, dejándome con un montón de tiempo perdido y la desagradable sensación de haber sido engañado nuevamente.

 

Pregunta: ¿cuántos textos consigue cada año “Joyas de México” con la excusa de realizar una prueba a sus aspirantes a redactores? ¿20, 30, 100, 5000?

 

 

 

Textos que los aspirantes nunca cobraran, textos que, con algunas pequeñas modificaciones, luego pueden ser usados impunemente.

 

Un negocio redondo.

 

El final es en donde partí

 

¿Vale la pena quejarse? ¿Vale la pena hablar públicamente de todas estas cuestiones? Sí, definitivamente, porque la mayoría de los aspirantes prefieren no comentar estos maltratos en público por miedo, afortunadamente, hay excepciones: en el foro de Facebook “En esta agencia están buscando”, tres personas (seguramente tan cansadas como yo aunque, por su tono, mucho más jóvenes), desafiaron la lógica que aconseja no ponerse a los futuros jefes en contra y mostraron su agotamiento ante ese manoseo constante:

 

Alondra Pz:

 

“¡Hola! Tengo una duda.

 

¿De qué se tratan las entrevistas, de no dar oportunidad a las personas recién egresadas sólo porque no tenemos experiencia, cómo quieren que aprendamos?; ¿de citar a una misma hora a más de 6 personas para entrevista?; ¿de no responder correos cuando se tiene duda de cómo va el proceso de reclutamiento? Y por último, ¿por qué jamás dan una respuesta de NO para no estar esperando por medio de un correo electrónico? ¿Alguien puede explicarme?”.

 

Blue Hawkridge:

 

“Hola a [email protected]!

 

Varios de [email protected] hemos sido tratados de una forma visceral durante el proceso de selección. Muchas agencias que se anuncian en esta página, dejan incompletos sus procesos. Si todavía no cuentan con el dinero para contratar al personal PARA QUE QUIEREN VENDER LECHE, SI TODAVÍA NO TIENEN A LAS VACAS”.

 

 

 

Mario Arturo Vázquez:

 

“Estoy de acuerdo contigo, yo he vivido algunos procesos de agencias que se anuncian aquí, voy a la primera entrevista y después por X o Y razón, los procesos se suspenden, no te marcan para decirte qué sigue, quedan en avisarte tal día que va seguir pero nunca llega ese aviso o llamada, no sé qué esté pasando pero las agencias dejan mucho qué desear y el más afectado es el que se postula porque con tu tiempo y tú necesidad, no se juega!”.

 

Luego de leer estos testimonios vale la pena contar mis últimas experiencias, incluyendo una especialmente desagradable porque implica a uno de los grandes íconos del sector, una empresa en la que, se supone, por trayectoria y prestigio, uno puede confiar: Terán/TBWA.

 

Todo comenzó cuando Daniela Murillo ([email protected] terantbwa.com.mx) me escribió un mail (ella a mí, no al revés: un detalle importante), diciéndome que me habían recomendado para el puesto de redactor creativo; luego de un amable intercambio de correos, acepté una entrevista vía Skype el 22 de julio a las 10 horas… hasta ese momento, todo perfecto pero, cuando Daniela, además de no presentarse al encuentro, ni siquiera respondió los correos que le envíe al día siguiente preguntándole que había pasado, descubrí que había sido engañado de nuevo.

 

¿Tanto costaba decirme: “mira, Iván, ya tomamos a alguien”? Al parecer sí; por supuesto, a Daniela Murillo, con la seguridad y soberbia que brinda formar parte de una empresa sólida y exitosa, no le importó que yo tuviera que postergar otras entrevistas para hablar con ella, simplemente (es una hipótesis), perdió interés en mi postulación, o tal vez no le caí en gracia, o, peor aún, ¡se olvido!, ¡se olvidó completamente que había un escritor llamado Iván de la Torre esperando para hablar con ella desde las 10 de la mañana!

 

Poco tiempo después, para confirmar que no era una casualidad, que muchas agencias actúan de la misma forma, tuve la misma experiencia con Eduardo de la Mano ([email protected]), de “Primer Nivel Group” (www.primernivelgroup.com), quien me propuso una entrevista vía Skype el jueves 4 de agosto a las 10.30 de la mañana… y nunca se presentó.

 

Repitiendo el cobarde procedimiento de Murillo, de la Mano ni siquiera me escribió un mail explicando que había sucedido: silencio absoluto, una situación desagradable vivida, diariamente, por centenares de aspirantes cuyo tiempo es desperdiciado alegremente por sujetos que parecen disfrutan con su pequeña cuota de mezquino poder.

 

Lamentablemente, pocas personas se animan a denunciar estas situaciones por temor a que las agencias no las contraten, a que los marginen del mercado, a no poder trabajar nunca de lo que quieren; afortunadamente, he sobrevivido a situaciones similares y el miedo ya no me afecta como al principio, cuando suponía que denunciar públicamente una experiencia así destruiría mi carrera: con los años uno entiende que sólo la valentía para enfrentar estos abusos permite construir una carrera; que sólo diciendo en voz alta lo que sucede uno evita ser engañado de nuevo y, al mismo tiempo, ayuda a otras personas a no cometer sus errores.

 

¿Volverán a ofrecerme trabajo en publicidad después de esto?

 

No lo sé y, sinceramente, no me importa, porque uno se cansa de ser humillado una y otra vez por personas como Diego Ferriol, Martha del Castillo, Gerardo Granados y Daniela Murillo (lista a la que también puedo añadir nombres como los de Carlos Mondragón ([email protected]) de “Manuvo”, Augusto Moheno ([email protected]) de “La familia”, Mary Hernández ([email protected]) de “JWT” o Juan Pablo Ortega ([email protected]) de “Pentamedia”) que maltratan a los postulantes creyendo que nadie se animará a decirlo en público.

 

Neil Gaiman retrata perfectamente a estos personajes, soberbios y condescendientes, convencidos de su poder e impunidad:

 

“Hasta ahora, habéis alentado fantasías en donde sois los héroes de vuestras historias. Ensoñaciones consoladoras en las que, al final, siempre tenéis la razón. Ya no. El sueño ha terminado para todos para todos. Pues ésta es mi sentencia: que sabréis, siempre y para siempre, exactamente lo que sois. Y que sabréis cuán poco significa”.

 

Por supuesto, si alguien tiene experiencias (con estas u otras agencias) que quiera compartir, puede enviármelas a mi correo ([email protected]): sería muy interesante escribir una segunda parte de este artículo incorporando otras voces de quienes han pasado por lo mismo, para crear conciencia y evitar así futuros abusos, haciéndole saber a los reclutadores que no se pueden burlar eternamente de los aspirantes.

 

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