Cinque Terre

Ernesto Villanueva

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Coordinador del área de derecho de la información del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM donde se desempeña como investigador de tiempo completo.

Falta voluntad

 



El Imer no ha sido ajeno al proceso de democratización que -con tensiones y peligros de regresión en algunos ámbitos- ha vivido el país. Es posible observar que ha pasado de la contaminación gubernamental excesiva en sus contenidos a un accidentado esquema de apertura. Este proceso es sinuoso y todavía aislado. En algunos casos ha tenido sensibilidad social, en otros, en cambio, ha sido atrapado por la inercia que paraliza.

Es loable que tenga espacios como la Radio Ciudadana, que representa uno de los rasgos distintivos de un medio público. Es en esa programación donde se puede acreditar la concurrencia de distintos segmentos de la comunidad para procesar algunas inquietudes sociales.

En la misma dirección se inscribe también la iniciativa del código de ética para el Sistema Nacional de Noticiarios, aunque sea sólo el despliegue de voluntad personal para una de las áreas del Instituto y no resultado de una política institucional para el Imer en su conjunto.

No se observa, empero, la voluntad de ir más allá del día a día. La política de estímulo-respuesta parece marcar la regla de actuación y no se puede atestiguar, al menos no todavía de acuerdo a la información pública disponible, la existencia de una estrategia integral que permita hacer una feliz suma de racionalidad presupuestal más calidad de contenidos con liderazgo social. No hay, por citar tan sólo algunos ejemplos notables, políticas para tratar los temas de la niñez y la infancia. Tampoco existen pautas para tratar los temas de sexo y violencia. Menos todavía se ha hecho presente la figura del defensor de la audiencia. Y así podría citarse un largo etcétera en un medio que vive con cargo al erario.

El Imer puede hacer muchas cosas más. El director Héctor Villarreal es un hombre inteligente quien podría poner su talento al servicio del interés público con mayor énfasis de lo que ha puesto en juego hasta ahora. Podría, con su talento, pasar de una democracia de contenidos de baja intensidad a una iniciativa que forme agenda sobre los grandes problemas nacionales. Todavía más: podría establecer un sistema de rendición de cuentas programática para hacer diferencia con la radio comercial.

El día de mañana, ojalá, la ley marcará la pauta de los medios públicos, qué deben hacer y hacia dónde dirigirse. Con ello, acotará la discrecionalidad. Hoy, para bien y para mal, el estilo personal de dirigir puede hacer mucho o no hacer nada. Ahí se encuentra el dilema.

 


Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
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