Cinque Terre

Ignacio Herrera Cruz

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Analista

Falsa elegía para una pin-up queen

Bettie Page el nombre, así colocado sin más, quizá no evoque mucho sin una fotografía que ilustre su sonrisa y sus turgencias.

Es difícil capturar en palabras la esencia de una mujer que se manifestó mucho mejor a través de la imagen, en especial la estática. Bettie Page surgió a la fama entre los años 40 y 50, una era que se ve con nostalgia, antes que se hipersexualizara nuestra vida colectiva a través de la publicidad.

Page jugó de eslabón tangible entre las mujeres idealizadas que dibujaban en la revista Esquire artistas como Alberto Vargas y George Petty, y que influenciaron sin duda a las que tuvieron su hora de gracia en las páginas de Ja-já, una publicación que marcó a una generación de mexicanos como José Luis Martínez, quien donó unagran colección de estas revistas como parte de su legado a la Biblioteca José Vasconcelos en la Ciudadela.

Cuando las mujeres dejaron atrás el corset y se “liberaron” real y simbólicamente en los 20, la etapa en la contemporaneidad en la que el cine se consolidó como el gran espectáculo mundial de masas, el canon del cuerpo femenino pasó a ser el de las flapper, mejor representadas sin duda por Louise Brooks o Dolores del Río; estrellas delicadas, etéreas, apapachables.

El momento de Page es el de las divas de cuerpos carnosos, formas tentadoras y derroche de sensualidad, sea Jayne Mansfield, Gina Lollobrigida o Ana Bertha Lepe, que llegó a su auge en los años 60.

Antes de asomarnos al mito, a lo irreal, a la ilusión, conviene darle un repaso a la historia presuntamente verdadera, a la dama de carne y hueso a la que su personaje erotizado le concedió la fama.

Bettie Mae Page, nació el 22 de abril de 1923 en Nashville, Tenesí, una de las ciudades más importantes para la difusión de la música Country; murió el 11 de diciembre de 2008 en Los Ángeles, California.

De una familia de seis hijos, tres de los cuales eran mujeres, reveló en una entrevista que su padre había abusado de ella y de sus hermanas. Un tiempo el estado se hizo cargo de los niños Page en un orfanatorio. Bettie, a pesar de todo, era buena alumna, logró ser maestra. Sin embargo, no aguantó mucho en esa profesión, parece que los niños no se comportaban bien en su salón de clases. Tampoco sus vecinos, una vez los muchachos del pueblo la secuestraron para usarla como objeto sexual.

Buscó fama en Hollywood, según ella un productor le pidió hiciera el casting de colchón, a lo que ella se negó. Debido a eso, mudó de costa y se fue a Nueva York. Allí un periodista y fotógrafo aficionado la “descubrió”. Posteriormente, una pareja de hermanos la enroló como modelo para fotografías que se vendían de manera semiclandestina y para películas “subtérraneas” de 8mm y 16mm en las que aparecía con látigos y ropa de cuero que la convirtieron en una semicelebridad en los bajos fondos.

El estrellato efímero le llegó cuando fue elegida como la Playmate de la edición de enero de 1955 de Playboy en la que posó sólo con un gorrito navideño; quizá fue la segunda modelo más famosa en los primeros años del magazine, sólo detrás de Marilyn Monroe.

Un senador con ansias de fama la tomó como blanco para usarla de chivo expiatoria en unas investigaciones sobre la pornografía, en realidad no le sucedió nada, pero eso la condujo a volverse una cristiana renacida. Desapareció de la vida pública en 1957 y se sumió en la oscuridad, las enfermedades mentales, el abandono, la pobreza.

Pero un admirador nunca la olvidó. Realizó un comic The Rocketeer del cual ella era el molde para la novia del héroe. El cómic se llevó a la pantalla grande y allí una Jennifer Connelly en el apogeo de su belleza retoma el look Bettie con curvas delineadas, rostro angelical e incitación tentadora.

A partir de entonces comienza el revival y veneración abierta de Page. Con lo que, robándole la frase al finado Monsiváis, lo marginal pasa al centro.

En el capítulo de la cuarta temporada de los Expedientes secretos X, “Never again”, un pretendiente de Scully se tatúa a una Bettie, la cual comienza a hablar en voz de Jodie Foster y lo empuja al crimen. Años después, se haría una película basada en su existencia “La notoria Bettie Page”, aunque la actriz seleccionada para el papel no tenía las formas sinuosas de la biografada sino el aerodinámico en boga hoy; luego Britney Spears en su transformación de Lolita a femme fatal aparecería en videos vestida en la forma en la que salía Page en sus films underground y en San Diego, California, existe la Bettie Page Store que vende vestidos de los 50. Se escriben libros y se crean páginas web en su honor.

Pero retornemos a las fotografías, a lo que nos condujo hacia ella. A esa muchacha coqueta, desinhibida, con la cual la cámara tiene efectivamente un romance salvaje. Desde esa inmortalidad que se consigue a través de la imagen que nos permite contemplarla, allí en ese tiempo más allá del tiempo, se ve feliz; oculta en plena visibilidad, prófuga de nuestras pasiones y elusiva a nuestras lágrimas.

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