Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Fake news: el mundo como ficción

En el último año, la mentira se convirtió en uno de los principales temas de interés público. Psicólogos, tecnólogos, políticos, periodistas, académicos, filósofos, sociólogos, gobernantes, clérigos, etcétera, levantaron la voz ante la ola de información sin comprobar que invadía los espacios comunicativos. Presenciamos una alarma emitida desde distintos nichos que denuncia los riesgos que representa la mentira. Millones de personas eran timadas todos los días por noticias falsas construidas clandestinamente. Las llamadas fake news adquirieron mayor visibilidad gracias a las redes sociales. Internet ha sido el principal canal a través del cual se han erigido este tipo de mentiras. La falta de filtros adecuados para discriminar la información que es compartida en la red posibilitó el florecimiento de esta nueva cultura. Para algunos analistas, las fake news son esencialmente instrumentos de manipulación y propaganda (Caparrós, 2017) que difunden contenidos sin contexto para calumniar o denostar (Pérez, 2017) y atacar a rivales poderosos (Deacon, 2017).

En los últimos meses se focalizó el interés por la mentira debido a que existen indicios para sospechar que estas tienen repercusión sobre la vida física. El acontecimiento que encendió el grito en el cielo fue la elección presidencial de Estados Unidos a finales de 2016. Durante este año, agencias policiacas y de inteligencia norteamericana revelaron que antes, durante y después del proceso electoral circularon noticias falsas que tuvieron como finalidad desorientar a la población. El 30 de octubre de 2017, The Washington Post publicó un informe de tres gigantes de Internet que describe la forma en que fabricantes de noticias enviaron datos falsos desde Rusia que contaminaron la contienda política. En el caso de Facebook, la red social identificó que a través de su servicio fueron enviadas fake news a, por lo menos, 126 millones de usuarios en Estados Unidos. Google afirmó haber encontrado indicios de que operadores rusos utilizaron YouTube para difundir 43 horas de mentiras. Además, se detectó la inversión de 4 mil 700 dólares para posicionar noticias ficticias en los primeros lugares de los resultados de búsqueda. Por su parte, Twitter dio a conocer que desde Rusia se utilizaron 36 mil bots y dos mil 752 cuentas para publicar durante las elecciones casi millón y medio de contenidos apócrifos. Ante estos números, algunos autores minimizaron el impacto de las noticias falsas, toda vez que sólo el 14% de la población estadounidense considera a las redes su principal fuente de noticia, en tanto la mayoría continúa informándose mediante la televisión (Allcott y Gentzkow, 2017). Los hallazgos que continúan apareciendo a un año de dicha contienda han dejado una estela de dudas sobre la legitimidad del sistema político.

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¿Por qué el tema de la mentira es tan importante en la actualidad? Esta pregunta puede responderse desde distintos ángulos; conforme la sociedad se vuelve más compleja se requieren nuevos mecanismos que permitan contener tal complejidad. Los historiadores –responsables de la fragmentación temporal– nos han enseñado que las transformaciones sociales tienden a mejorar las condiciones existentes de la misma sociedad. Por ejemplo, las revoluciones registradas durante el siglo XIX pretendieron superar el sistema monárquico y construir una forma de atender la complejidad a través de mayores márgenes de libertad y derechos. Al menos desde el Renacimiento –y con mayor énfasis en la Revolución Industrial–, el proceso dialéctico de la sociedad actual fue definido a través del paradigma de la modernidad. Desde el pensamiento contemporáneo, se dice que lo moderno es aquello que abandonó las creencias para explicar la realidad –y la ficción también– a través de la razón. En la modernidad sólo puede conocerse aquello que es sometido a un riguroso sistema de comprobación. Lo que no transita por este sistema, carece de validez. La época que vivimos es la era de la evidencia. Y contrario a lo moderno, el corazón de las noticias falsas descansa en la ausencia de solidez. En la mentira no se requieren evidencias.

Pero ¿qué significa una mentira? Se trata de una afirmación mediante el uso del lenguaje que oculta en forma parcial o total la realidad o los elementos que constituyen la narrativa de los hechos. La mentira puede ocultar algo que existe, o bien tener como referente la ficción. Mentir es un engaño intencionado que ocurre en la interacción física o mediante el uso de tecnologías de la comunicación. En la sociedad premoderna, la mentira fue condenada desde la moralidad.

El sistema de creencias judeocristianas impuso un castigo de pecado a quien profesara mentiras. Aristóteles y San Agustín vincularon el acto de mentir con la decadencia valorativa de los individuos. En nuestros días, la mentira no es vista con buenos ojos, aunque existe un debate generado por el filósofo Leo Strauss, para quien se puede llegar a mentir en ciertos casos. La reflexión de Strauss ayuda a los gobiernos a justificar las mentiras que difunden a su población: la gente no puede saberlo todo, porque si lo sabe no sabría cómo reaccionar y tal vez empeoraría la situación. En la sociedad moderna, la mentira no se oculta en creencias sino en la falta de evidencias. Quien no dice la verdad puede ser castigado. La metáfora de pinocho encarna una amenaza contra los infantes mentirosos. Desde la ciencia y la tecnología se construyeron mecanismos para combatir los embustes como el polígrafo y medicamentos que pueden hacer visibles los pensamientos más profundos de los mentirosos. La psicología aportó un arsenal de técnicas para revelar la verdad mediante la observación del comportamiento. A través de las teorías de la interacción social se descubrió que el habla y la escritura pueden mentir, pero no así el cuerpo.

Decir mentiras es una práctica que ha preocupado a la sociedad contemporánea, puesto que suponemos vivir en un mundo desprovisto de mitos sobre los cuales se sostuvieron nuestros antepasados. Es cierto que es reprobable que un alumno haga trampa durante un examen o que un comerciante engañe a sus clientes, sin embargo el efecto de los embustes será diferente dependiendo de la posición del individuo dentro de la sociedad.

En el sistema capitalista, el rol de ciertos actores cuyas decisiones pueden repercutir en la vida privada, en las políticas públicas o en las instituciones sociales, será mayor que el rol que desempeña el estudiante en la escuela. Afirmar que los humanos mentimos es cierto, pero decir que todas las mentiras tienen los mismos efectos es una falacia. El 26 de enero de 1998, el entonces presidente Bill Clinton –con su esposa al lado– ofreció una conferencia de prensa en la Casa Blanca y ante las cámaras aseguró: “Ahora, tengo que regresar a trabajar en mi discurso del Estado de la Unión. Ya trabajé en él hasta bastante tarde la pasada noche. Pero quiero decir una cosa al pueblo americano. Quiero que me escuchen. Voy a decir esto de nuevo: Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky. Yo nunca le dije a nadie que mintiera, ni una sola vez; nunca. Estas alegaciones son falsas. Y yo necesito regresar a trabajar para el pueblo americano. Gracias”. Como se descubrió después, la declaración de Clinton fue una mentira. El embuste a la nación le costó la presidencia, tuvo efectos políticos colaterales y por si fuera poco, el partido demócrata perdió la contienda electoral de 2000. En la concepción de la sociedad moderna las mentiras en campos como la política, la impartición de justicia o los medios de comunicación pueden llegar a tener impactos profundos sobre lo social. Es por esto que es importante observar las noticias falsas. La ascendente cultura de las fake news esparcidas en los espacios comunicativos es posible que deforme las percepciones que tienen los individuos sobre asuntos que son expuestos públicamente.

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Una aproximación

De acuerdo al Foro Económico Mundial el riesgo global por desinformación digital masiva se encuentra en el centro de una constelación de peligros tecnológicos y geopolíticos que van desde el terrorismo hasta los ciberataques y el fracaso de la gobernanza global. La hiperconectividad puede germinar mediante la desinformación “incendios forestales digitales” que pueden generar estragos en el mundo real (Howell, 2013). Según Rubin, Chen y Conroy (2015), investigadores de la Facultad de Información y Estudios de Medios de la Universidad del Oeste de Ontario en Canadá, existen tres grandes familias de noticias falsas:

1) Hechos sensacionalistas: información exagerada sobre diversos temas y cuyos orígenes se encuentran en los periódicos amarillistas de la primera mitad del siglo XX.
2) Bulos o hoax: noticias de ficción que abarcan hechos fantásticos como la caída de un platillo volador o el descubrimiento de la Atlántida.
3) Noticias divertidas o sátiras: tienen la finalidad de convertir hechos sociales en bromas, como ocurre en México con el portal El Deforma.

Un estudio (Aymanns, Foerster y Georg, 2017), reveló que el éxito de la información falsa se debe a la elevada capacidad de viralidad que existe en la red. Según los investigadores de la Escuela de Economía de Londres, y las Universidades de Oxford y Cape Town el “truco” es encontrar un grupo de personas que crean la mentira. Cuando dicho grupo se vuelve creyente entonces el embuste puede ser reproducido hacia sus amigos y seguidores en redes sociales digitales. En una investigación publicada por Marketing Lewis (www.teamlewis.com) se consultó a mil personas que estuvieron expuestas al consumo de fake news y entre los resultados destaca que 7 de cada 10 encuestados afirmó que es necesario que las empresas de tecnología, como las redes sociales establezcan mecanismos para bloquear las fuentes de información no verificada, el 78% afirmó que las noticias falsas afectan la credibilidad del sector de los medios de comunicación y el 66% dijo confiar sólo en las noticias que publican los medios de difusión con los cuales mantienen cierta familiaridad.

Otra investigación empírica (Shao, Luca, Onur, Flammini y Menczer, 2017) descubrió que los propagadores utilizan robots o bots para esparcir mentiras. El estudio consistió en el análisis de 400 mil noticias falsas que se distribuyeron en Twitter antes y después de las elecciones norteamericanas del año pasado. Mediante el uso de algoritmos encontraron la existencia de 122 páginas web desde donde se distribuyeron las ficciones aparentando ser noticias. Los investigadores concluyeron que la forma de expansión de las falsedades se logró en parte por el uso de miles de bots que reprodujeron los temas en el ciberespacio. La consultoría británica Kantar (https://uk.kantar.com) publicó a finales de octubre de 2017 los resultados de una encuesta llamada Trust in News, aplicada a 8 mil personas residentes de Brasil, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. El 46% de los encuestados aseguró que las fake news han influido en las elecciones registradas en varias partes del mundo. El dato más interesante fue que las noticias falsas han provocado desconfianza en la información que consumen los cibernautas y han beneficiado a los medios tradicionales: el 57% desconfía de los mensajes que recibe a través de la mensajería instantánea y el 58% disminuyó su confianza en las redes sociales digitales, en tanto los medios tradicionales como el periodo o las cadenas de televisión, mantuvieron el nivel de confianza y en algunos casos aumentó.

En mayo pasado se publicó el informe “Estudio sobre el impacto de las fake news en España”, elaborado por la consultora de mercado Simple Lógica y la Universidad Complutense de Madrid. Según este documento, el 60% de la muestra afirmó haber consumido alguna notifica falsa, y aunque la mayoría aseguró que este tipo de información no repercutió en su vida real, el 30% de dicho segmento aseveró que sí tuvo efectos: el 22% dijo haber tenido problemas en su trabajo y el 18% en el plano emocional. La investigación arrojó que 6 de cada 10 personas afirmaron tener la capacidad de identificar la información falsa, sin embargo el 86% se confundió y sólo el 14% logró detectarla. A la pregunta “¿Sabe cuál es el principal motivo por el que sabe distinguir una noticia falsa?”, el 29.6% aseguró que por la irrealidad del contenido; el 26.9% por el medio en el que aparece publicada; el 17.9% porque los titulares son demasiado alarmistas, ridículos o improbables; el 7.7% por quien la firma; el 5.8% porque verifica la información en otras fuentes; el 3.1% por sentido común o lógica; el 5.7% por otros medios y el 3.4% no contestó. El 78% de los encuestados entre 16 y 24 años de edad fue incapaz de diferenciar una fake new, en tanto el 92% de los mayores de 55 años se equivocó en su elección. El 4% de los entrevistados reconoció haber creado o distribuido alguna noticia falsa. De acuerdo a una investigación publicada por Pennycook y Rand (2017), integrantes del Departamento de Psicología y Economía de la Universidad de Yale, algunas de las medidas implementadas para frenar las fake news en redes sociales no son efectivas. En el caso de Facebook se descubrió que el uso de etiquetas para que los usuarios identifiquen información falsa no tiene los resultados que se esperaba dado que la atención de los usuarios no varía entre ficción y realidad.

Mentir continuamente

En los últimos meses, las noticias falsas siguen germinando, principalmente en las redes sociales y en sitios web apócrifos, aunque esto no quiere decir que las fake news sean ajenas a medios con mayor formalidad. El 28 de noviembre de 2017, la revista etcétera registró una nota falsa publicada en empresas formales: Milenio Diario, Radio Fórmula, 24 horas y La Silla Rota informaron sobre la existencia en Japón de un restaurante que preparaba platillos con carne humana. A pesar de la mentira que propagaron, los medios no reconocieron públicamente su error. Las fake news son un fenómeno global y aparecen lo mismo en China que en Perú. Son pluritemáticas: política, economía, empleo, seguridad, cultura, deporte, moda, etcétera. Cada día las narrativas fantásticas invaden los espacios públicos sin que existan medidas efectivas para frenar su propagación. A continuación se presenta un recuento de algunas fantasías que circularon como noticia en los últimos meses.

En la India se distribuyó durante mayo, a través de WhatsApp, un mensaje que alertaba a los habitantes de Jharkhand sobre la presencia de secuestradores de menores. El mensaje decía: “sospechosos de secuestrar niños llevan sedantes, inyecciones, spray, algodón y pequeñas toallas. Hablan hindi, bangla y malyali. Si ves algún extraño cerca de tu casa informa a la policía puesto que podría ser un miembro de esa banda”. Mediante teléfonos móviles los habitantes comenzaron a vigilar las calles para detectar a los forasteros. Fueron detenidos siete sospechosos. Una turba de más de 500 personas los linchó brutalmente hasta matarlos. Mediante sus móviles grabaron imágenes de la matanza que distribuyeron por las redes. De acuerdo a la policía de Jharkhand no existió ningún reporte sobre la desaparición de niños y las siete personas ejecutadas no tenían antecedentes penales.

En Colombia a través de Twitter, Facebook y WhatsApp se difundió que el grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desfilaría con motivo del grito de independencia del 20 de julio. La información falsa alcanzó a embaucar a cibernautas, medios de comunicación y hasta políticos. La senadora del Centro Democrático, María del Rosario Guerra, arremetió contra el presidente Juan Manuel Santos, a quien acusó de abofetear a la sociedad por permitir que las FARC desfilaran el día de la independencia. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, mediante Twitter, desmintió la noticia al tiempo de solicitarle a la senadora Guerra no calumniar. El gobierno de Santos tuvo que salir ante los medios a informar que en ninguna parte de las tribunas ni en las listas de invitados había miembros del grupo guerrillero.

El ataque terrorista en Las Ramblas de Barcelona, donde murieron 15 personas y más de 100 resultaron heridas fue blanco de una gran cantidad de noticias falsas. Durante las horas siguientes a la tragedia del 17 de agosto circuló por Twitter una fotografía difundida presuntamente por la cadena CNN sobre uno de los atacantes. En realidad se trataba de una imagen del cómico Sam Hyde vestido de negro y portando un rifle de asalto. También transitó por Internet una versión torcida de los hechos: la policía alertaba a la población para que no se acercara al lugar debido a que un comando había ingresado a un bar y tomado a las personas como rehenes. Los terroristas estaban atrincherados y ejecutarían a los secuestrados. Algunos medios reprodujeron esta mentira, como El Nacional de Cataluña, El Independiente y las cadenas de televisión RTVE y TV3.

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En noviembre pasado y en pleno proceso electoral en Chile, se difundió en Facebook un video con el título “Si ves este video lo pensarás dos veces antes de votar por Guillier”. El bulo presentaba en forma de carrusel una serie de denuncias con imágenes de noticias publicadas en portales web. El abanderado de la Fuerza de la Mayoría, Alejandro Guillier, era señalado de tener vínculos con el narcotráfico y haber plagiado informes durante su paso por el senado. Al final de la producción musicalizada se hacía un llamado para votar a favor del candidato de “Chile Vamos”, Sebastián Piñera. Según una investigación realizada por El Mercurio, el video fue visto en Facebook por más de medio millón de personas y se distribuyó a través de 50 teléfonos móviles desde Brasil.

Un estudio de The New York Times reveló que en Italia creció el número de noticias falsas debido al periodo electoral que culmina en febrero de 2018. Esta situación llevó al Partido Democrático a proponer un proyecto de ley para multar hasta con cinco millones de euros a quien difunda fake news durante las campañas electorales. La gota que derramó el vaso fue la distribución de una fotografía editada donde aparece la presidenta del Congreso de diputados, Laura Boldrini, y la presidenta del Consejo de Ministros del Gabinete, María Elena Boschi, durante el funeral del mafioso Totó Riina. La imagen falsa produjo gran indignación a los incautos que la redistribuyeron mediante las redes sociales. De acuerdo a The New York Times los partidos Movimiento 5 Estrellas y la Liga del Norte han estado detrás de la desinformación política ya que, según Google, comparten sus portales la misma identificación que algunas páginas apócrifas como MondoLibero.org. De Boldrini se había difundido también una noticia falsa en la cual declaraba estar en contra de la celebración de la Navidad en las escuelas.

Michael Howard / NVM Ilustration

En México, las noticias falsas continúan expandiéndose como bacterias. El 20 de abril se difundió una fotografía donde aparecía en un aeropuerto Karime Macías esposa del exgobernador Javier Duarte –detenido entonces en Guatemala–. La imagen se complementó con una noticia falsa distribuida en páginas como notimina.com y presencia.com, en la cual se afirmó que de acuerdo al CISEN fue detectada Macías de Duarte en el Aeropuerto de la Ciudad de México, donde tomaría un vuelo con destino a Londres para escapar del país. Ese mismo mes se difundió a través del portal El Espectador México (www.espectador.com.mx) que barcos rusos y chinos habían arribado al Golfo de México. Según esta narrativa ficticia la maniobra militar se debió a las decisiones de Donald Trump contra Corea del Norte. El 27 de octubre, el sitio noticracia.com reveló que la salida de Emilio Azcárraga al frente de Televisa fue porque está enfermo de cáncer. El bulo precisaba que según “fuentes especializadas del mundo financiero” el empresario sería tratado de la enfermedad en Miami. En www.denuncialeaks.com, que se define como “medio de comunicación alterno sobre noticias de actualidad y filtración de documentos”, se difundió una noticia sobre el aumento de pensiones vitalicias a expresidentes y a sus viudas. La fake new daba cuenta que legisladores del PRI, PANAL, PVEM y PES aprobaron en San Lázaro aumentar en 800 mil pesos mensuales las pensiones que reciben exmandatarios o sus viudas. Entre otras noticias que circularon recientemente se encuentran las declaraciones apócrifas del expresidente Carlos Salinas sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto, el supuesto apoyo del mandatario ruso Vladimir Putin a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, la campaña del comediante Eugenio Derbez para que los diputados ganen cinco 5 mil pesos mensuales y las “tonterías” de José Antonio Meade que provocaron una recesión económica del país.

  AP

Cierre

La sociedad de la información es también la sociedad de la ficción. La mentira continúa siendo rechazada por la sociedad. Pero a través de la tecnología se puede liquidar esa condena y más cuando quien está atrás vive en el anonimato. Datos no comprobados, hechos descontextualizados y acontecimientos que nunca han ocurrido son parte de las noticias falsas que contaminan todos los días los espacios públicos donde la información es puesta para la desinformación de terceros. Las fake news son creadas por distintos fines: políticos, económicos, sociales… y su consumo y apropiación también depende en gran medida de múltiples factores –edad, nivel educativo, ubicación geográfica, etcétera–. La cultura de la mentira informativa se ha convertido en un dolor de cabeza para muchos y continuará siendo un problema de proporciones globales –y locales–. En periodos de crisis y en procesos políticos la profusión será mayor en tanto no existan mecanismos que impidan la viralidad de este tipo de contenidos.


Referencias

Allcott, H. y Gentzkow, M. (2017). “Social media and fake news in the 2016 election”. Journal of Economic Perspectives, 31 (2), pp. 211-236.
Aymanns, C., Foerster, J. y Georg. C. (2017). Fake news in social networks. Cornell University Library: arXiv:1708.06233 [cs.AI]
Caparrós, M. (2017, 30 de marzo). “La verdad de la ‘posverdad’”. El País. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2017/03/30/ ps/1490825121_149082.html
Deacon, M. (2016, 9 de julio). “In a world of post-truth politics, Andrea Leadsom will make the perfect PM”. The Telegraph. Recuperado de http://www.telegraph.co.uk/news/2016/07/09/ in-a-world-of-post-truth-politics- ndrea-leadsom-willmake- the-p/
Howell, L. (2013). Global Risks 2013. Eighth edition. Switzerland: World Economic Forum.
Pennycook, G. y Rand, D. (2017). Assessing the effect of “disputed” warnings and source salience on perceptiones of fake news acurracy. Disponible en SSRN: https://ssrn.com/ abstract=3035384
Pérez, D. (2017, 25 de octubre). “Posverdad, marca blanca de la mentira”. ABC. Recuperado de http://www.abc.es/opinion/ abci-posverdad-marca- lanca-mentira-201710251422_noticia. Html
Rubin, V., Chen, Y. y Conroy, N. (2015). “Deception detection for news: three types of fakes. Proceedings of the Association for Information”, Science and Technology, 52 (1), p. 1-4. Shao, G., Luca, G., Onur, V., Flammini, A. y Menczer, F. (2017). The spread of fake news by social bots. Cornell University Library: arXiv:1707.07592 [cs.SI].

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