Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

¿Estamos peor o mejor que antes?

La esperanza de vida

 

En los últimos 25 años ha crecido la esperanza de vida en todos los segmentos de la población, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La mayor proporción, 9 años en hombres y mujeres, en los grupos de ingresos bajos. En el grupo de ingresos medios bajos 6.1 años en las mujeres y 7.5 años en los hombres. En el grupo de ingresos medios altos 6 años en las mujeres y 5.7 años en los hombres. En el grupo de ingreso altos 4.8 años en las mujeres y 3.7 años en los hombres.

Al inicio del siglo XX, la esperanza de vida era de 50 años y ahora la media mundial es de 69.64 años. En poco más de un siglo la expectativa de vida creció en 20 años. La OMS plantea que a finales del siglo XXI la expectativa de vida crecerá por lo menos en otros 20 años, para llegar a una media mundial en torno a los 90 años o incluso más, producto de la extensión de los servicios médicos en los países en vías de desarrollo y los avances en la investigación médica.

 

La alfabetización

La tasa de población joven alfabetizada creció de manera sostenida de 1985 a 2014, según la UNESCO. En el Asia Sur y Occidental pasó del 60% al 81%. En el África Subsahariana del 66% al 70%. En los estado Árabes del 74% al 90%. En América Latina y el Caribe del 93% al 97%. En el Asia Oriental y el Pacífico del 95% al 99%. En Europa Central y Oriental del 98% al 99%.

A manera de conclusión

Estos datos son un ejemplo de que el mundo mejora de manera sostenida en prácticamente todos los indicadores. Subsisten muchos problemas, no se trata de esconder la realidad, pero sí es posible afirmar que las condiciones de vida de la población de todos los países, incluyendo las regiones más atrasadas, son ahora mejores que hace 20 años y todavía más que hace 40 años. La mejora no ocurre en la concepción del progreso lineal y mecánico del siglo XIX. Hay avances, retrocesos y surgen nuevos problemas, pero de acuerdo con los organismos internacionales las expectativas son que las cosas seguirán evolucionando para bien. Eso que ocurre a nivel mundial también sucede en México.

En el mundo, en particular en nuestro país, el periodismo no contextualiza los hechos y los datos. Esa tarea exige un esfuerzo a los medios que no están dispuestos a pagar o resulta irrelevante en su concepción de informar. El dato descontextualizado se impone. En ese momento los acontecimiento y las cifras, que valen por sí mismas, pierden perspectiva y dimensión. Y gana espacio la idea de que las cosas están mal. Decir hoy que el nivel de escolaridad promedio de México es de 8.5 años y muy inferior al de otros países de la OCDE es cierto, pero sólo adquiere su verdadera dimensión si se dice, junto con ese dato, que hace 50 años el promedio era de 3.5 años. Se sabe entonces que se está en una mejor condición que antes, pero que todavía falta mucho por hacer.

Si los medios no contextualizan la información siempre, quiéranlo o no, la van a distorsionar y dar idea de que las cosas están mal e incluso empeoran con relación al pasado aunque los datos muestren que no es así. El gran reto del periodismo del siglo XXI que se hace en el mundo, en México, es saber contextualizar la información

 

Nota:

1 El texto se inspira y toma datos del artículo “Apóstoles del optimismo”, de Marc Bassets, Domingo, El País, 7 de febrero de 2014.

 

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