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América Pacheco

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Escritora, es también Tarzán del alma

Ésta no es una reseña

Delirios. Relatos y estampas literarias, el primer libro de narrativa del analista político, ensayista y periodista Marco Levario Turcott, es una recopilación de sesenta y nueve ejercicios narrativos que el autor recopiló en algún cajón de la memoria y que, por alguna razón no confesada públicamente, decidió escribir en un periodo de 8 años para después escupirlos al mundo sin pudor alguno.

Delirios se compone de cinco ejes en los que convergen la literatura, la ciencia y el pensamiento libre; así como el ensayo y las obsesiones personales del autor, pero sobre todo, de un descarado reto al lector a participar en ejercicios introspectivos mediante la ayuda de los principales responsables de su sempiterno conocimiento: Víctor Hugo, E. M. Cioran, Jean-Jacques Rosseau, François-Marie Arouet, Marguerite Duras, León Tolstoi, Miguel de Unamuno, James Joyce, Oscar Wilde, Fernando Savater, Antonio Gramsci, John Locke, Isaac Asimov, Galileo Galilei, Johann Wolfgang von Goethe, Milan Kundera, entre otros.

Principalmente en sus crónicas urbanas, Marco apostó –y arriesgó– por ofrecer al lector un retrato fidedigno de un contexto de expresión cultural completamente defeña. Sus relatos reflejan acertadamente la existencia cotidiana de un chilango a lo largo de las décadas, comenzando en los años setenta. El contexto cultural adquiere auténtica fuerza literaria cuando se le presta voz al delincuente que deambula en el mercado de San Camilito, cuya juventud transcurrió dentro las paredes de un penal y quien descubre con extrañeza que el ciudadano de a pie ha perdido la oportunidad de piropear con inofensiva lascivia a una mujer de buen ver. “Virgen de medianoche” es una clara muestra de la habilidad del autor para retratar con honestidad la realidad costumbrista de los invisibles habitantes de una Ciudad de México pródiga en crónicas irreverentes.

Describir la cotidianeidad de individuos ordinarios puede convertirse en el reto al que ningún escritor desea confrontar. De no ejecutarse con habilidad, el riesgo es inestimable: parir una pieza carente de vida y personalidad.

Delirios es un catálogo de sugestivas emociones que dejará a pocos citadinos exentos de nostalgia. Sobre todo a aquellos quienes compraron un boleto para el cine Variedades, después de un furtivo paseo en la Alameda. A título personal, relatos como “Natalia”, “El embrujo del equipo América”, “Hubo una vez, en el teatro Blanquita” o “Polymarchs” contienen referencias profundamente vinculadas a experiencias personales, a recuerdos primigenios y a poderosas digresiones. Se requieren altas dosis de nobleza hasta para relatar tragedias urbanas. El autor no escatima en nobleza ni en memoria histórica.

Pero también es crónica invaluable de un tiempo que no volverá jamás. Delirios es un ejercicio narrado con tesitura de distintas voces que intercalan entre sí la estafeta del relato.

Marco Levario plasma en cada página de este libro la solvencia en el manejo del lenguaje al que tiene acostumbrados a sus lectores y no defrauda. Este libro es un obsequio luminoso para los cazadores de narrativas contemporáneos a quienes la literatura nacional ha minado a dentelladas su genuina capacidad de asombro.

No es tarea fácil condensar, en vocablos simplistas, la diversidad de evocaciones, retratos e historias que este libro rescata a la lírica de la imaginación lectora. Los cuentos –que corresponden a la segunda parte de esta pieza– construyen un entorno de realidades turbias ¿flanqueado de turgentes caderas, diálogos procaces, pasión futbolera y entrañables personajes.

A riesgo de parecer reiterativa, me gustaría usar un ejemplo que utilizo con frecuencia para explicar de manera puntual la posible experiencia ante la que un entusiasta lector puede enfrentarse: el histograma.

En términos estadísticos, un histograma representa la frecuencia proporcional con la que un evento sacude a una población, un grupo, o un valor que nos interese analizar. El objetivo principal del uso de una de estas herramientas de análisis es que nos ayuda a identificar el espectro de frecuencias en tendencias y las dispersiones que alteran el equilibrio de un todo. Un histograma nos ayuda a observar en tercera dimensión lo que a primera vista se nos escapa, porque lo que parece aleatorio, quizás no lo sea. Es estimulante echar un vistazo al plano principal desde cualquier ángulo posible y notar que algunos incidentes se repiten con frecuencia, aunque pasen la mayor parte del tiempo misteriosamente desapercibidos ante nuestros ojos. Algunos comportamientos que adulteran nuestro statu quo son infinitos.

Marco Levario, mediante su trazo narrativo, nos invita a sumergirnos en un torrente de imágenes y un compendio de referencias conceptuales, dentro de un histograma literario en toda su variopinta textura. Un laberinto de puertas invisibles que a cada uno de nosotros le corresponde descubrir, reconocer, olfatear y disfrutar.

La puerta que elegí para abrir y contemplar largamente el interior es aquella que muestra el recuerdo de un niño de nueve años al que Dámaso Pérez Prado meció los cabellos a las afueras del inmortal Teatro Blanquita. Y justo abrazo a ese niño de alegría inextinguible a pesar de la pobreza de sus dos pesos en la bolsa, porque la razón de su felicidad estaría –sin saberlo– poderosamente vinculada a una niña recién nacida que dormía al otro lado de la ciudad. Casi cuarenta años tendrían que pasar para que ambos descubrieran que un campeonato de futbol ganado por el Club América habría de trastocar el rumbo de la vida de ambos y que los vincularía entrañablemente a través de la generosidad sin orillas de la escritura.

El turno ahora es de ustedes, amables lectores. Sigan el camino narrativo trazado con ligereza por el autor. La pasión por la palabra está impregnada en cada página. Bon voyage.

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