Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Es tiempo de una ley de radiodifusión y telecomunicaciones

En el decurso de enero registramos varias coordenadas desde las que podrían definirse los procesamientos de los asuntos públicos más relevantes, acordados por el Presidente y los partidos políticos en el llamado “Pacto por México”. Atestiguamos el desemboque legal de varios escándalos originados durante las campañas proselitistas del proceso electoral federal 2011-2012 y, así, registramos a un árbitro electoral que, basado en la estructura normativa e institucional que fue ideada por los propios actores políticos, resolvió sobre las quejas presentadas por los partidos y acerca del rebase de los topes de campaña. Con ello, una vez más, constatamos que uno es el terreno sobre el que se desenvuelven, digamos, los escándalos políticos, y otro es la forma en como legalmente se procesan. En este orden de ideas no deja de preocuparnos que la credibilidad del IFE siga poniéndose en entredicho porque sus resoluciones no son de la simpatía de los grupos interesados en donde, incluso, hay que incorporar a las empresas mediáticas.

Enero también contempla una situación complicada para el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, el IFAI, en virtud de las diferencias internas que, al adquirir notoriedad, generan una legítima preocupación pública. El IFAI es el órgano garante de la transparencia de los quehaceres públicos y, hasta ahora sin duda, ha acreditado solvencia ética, eficacia y solidez institucional incluso para enfrentar las resistencias oficiales e impulsar el derecho a saber. El lector de etcétera conoce los vericuetos en los que ahora se halla el IFAI, por eso no pormenorizamos al respecto y, en cambio, subrayamos que nos parece exagerado plantear la remoción de los comisionados, más aún cuando no se conoce, no al menos al cierre de esta edición, el resultado de las indagatorias del Instituto para verificar si la comisionada Sigrid Arzt incurrió en alguna irregularidad administrativa y, si es el caso, cuál es su dimensión. Por otro lado, no creemos que la intensa polémica interna sobre la elección de su presidente sea motivo para que, desde el Congreso, surja un manotazo que desintegre al Instituto.

Entre esas y otras conmociones, como la liberación de la señora Florence Cassez debido a la irresponsabilidad de las autoridades que la encarcelaron sin observar el debido proceso, el ambiente político y social vivió una intensidad que, esperamos, vaya cobrando temple en la mira de adecuar las leyes y sus prácticas para afianzar a las instituciones: la ley electoral, la autonomía del IFAI y la procuración de justicia. Junto con esas tareas legislativas por fortuna, se mantiene la expectativa de concebir una ley de telecomunicaciones y radiodifusión que le dé mayor ímpetu a la industria sobre la base de diluir los monopolios. Diversificar contenidos en la televisión es tan importante como alentar la competencia en el mercado de las telefonías fija y móvil. Por eso esperamos que en las próximas semanas exponga su postura el ingeniero Carlos Slim quien, en otras latitudes allende las fronteras mexicanas, pregona la competencia para abrir sus expectativas de negocio. Habrá que esperar, por lo pronto, en estas páginas de etcétera como siempre, ofrecemos campos temáticos y ideas para nutrir el intercambio público.

El lector de esta edición también encontrará la pertinencia de una ley que regule la publicidad oficial, que es a lo que se comprometió el presidente Enrique Peña Nieto cuando estuvo en campaña. Una tarea así trastoca la relación entre el poder y los medios de comunicación y el rejuego de cantidades millonarias cuya distribución ahora está al arbitrio del gobierno federal y que, hasta ahora, han significado un dispendio inaceptable, más aún, indignante al reparar en las enormes franjas de la población del país que ahora viven en la pobreza y la pobreza extrema.

Aquellos y otros asuntos más ocupan el ejemplar que tiene en sus manos. Dele un vistazo y, una vez más, verificará que sin demagogia ni atajos verbales, desnudamos las ideas y las exponemos a su consideración y al intercambio con usted que siempre será fructífero. Y ya que hablamos de desnudos, mire otra vez su revista y recree en las imágenes y las letras la desnudez del cuerpo. Observarnos despojados de ropas puede ser una pasión lúdica, lúbrica y, sin duda, también artística. Son instantáneas que nos revelan en la fascinación del amor, el sexo y el erotismo. Ah, el cuerpo descubierto que simultáneamente muestra las pulsiones emocionales y las expectativas de que, en esa vertiente humana, se halla el arsenal para cada ilusión que se proyecte.

 

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