Cinque Terre

Emiliano Levario Saad

En tu propia piel

Dentro de los fotógrafos contemporáneos que han transitado por la fotografía comercial y de arte se encuentra Erwin Olaf. Originario de Hilversum (Países Bajos), Olaf fue reconocido como el Artista del Año de los Países Bajos (2007) y recibió el Premio Holandés Johannes Vermeer en 2011, por mencionar únicamente dos de sus condecoraciones más destacadas.

Como ocurre con gran parte de los artistas que no se dedican exclusivamente a sus proyectos personales, Olaf ha sido criticado por trabajar para uno o más clientes, representar ideas que no son únicamente de su autoría y obtener dinero por hacerlo. Cumplir exigencias externas y cobrar por el trabajo que uno desempeña, no son planteamientos que generen mucha simpatía en los puristas, especialmente cuando el resultado de esta labor agrada a una gran cantidad de personas que no tienen una formación artística.

Al respecto el fotógrafo ha comentado que se siente orgulloso de su trabajo y que el aprendizaje que se ha llevado de los proyectos realizados por encargo es similar al obtenido con su labores artísticas. La independencia económica que le brinda su faceta comercial ha permitido que tenga el tiempo y los recursos suficientes para impulsar sus propias ideas. Además, sus aprendizajes también le han sido útiles en sus exposiciones, las cuales, no solamente han sido de carácter fotográfico, sino que también han incluido videos y esculturas.

El estilo de Olaf se caracteriza por su perfeccionismo, no pretende captar la realidad tal cual es, sino que busca representar un universo propio, escenografías sin sonrisas, con una iluminación artificial impecable y con todas las exigencias que se requieren para fotografiar un producto. Su conocimiento técnico se combina con la formación periodística que adquirió durante su estancia en Utrecht y esto permite que sus imágenes formen parte de una narrativa ficticia que comunica ideas relevantes para el mundo no imaginario y que ponen aprueba los prejuicios de las personas.

Su vínculo con el periodismo y su solidaridad con quienes desempeñan esta labor fue notoria cuando le dedicó algunas instantáneas a los atentados de Charlie Hebdo. “Siempre me siento conectado con las personas que usan su pluma para exponer errores, reportar acontecimientos y, a veces, expresar opiniones controversiales”. Los asuntos sociales y la controversia caracterizan el trabajo del artista, no obstante, temas como éste no son los únicos que se ven representados en sus obras, puesto que también suele tratar cuestiones relacionadas con el género, la sexualidad, la desnudez, etcétera. Dada la pluralidad y diversidad de su labor, es imposible expresar su enfoque en unas cuantas líneas, sin embargo, en este texto vale la pena comentar, por lo menos, una de sus exposiciones del año pasado con el fin de que el lector pueda darse una idea de la perspectiva que se busca compartir.

Las imágenes que acompañan a este artículo fueron expuestas en una instalación, de 2016, cuyo registro aún puede encontrarse en línea al acceder a la página del fotógrafo. En “Piel Profunda” (título de la exposición) el autor busca retratar una desnudez distinta a la pornográfica y librarse de sus “últimos vestigios, bastante considerables, de vergüenza profunda”. La fascinación del artista por la piel humana es notoria en las fotografías y esculturas que componen esta exposición.

Los sujetos fotografiados se muestran cómodos con su cuerpo y libres de complejos, incluso a pesar de sus defectos. No hay vergüenza en el rostro de los modelos y probablemente tampoco en Olaf después de fotografiarlos. “No hay nada mejor que sentirte bien en tu propia piel y luego hacer el amor brillantemente y con total abandono”, enfatiza.

Exhibir el cuerpo es un tabú y las fotografías en las que los genitales se muestran explícitos están ligadas culturalmente con malas prácticas. A pesar de que la piel humana carece de pelaje, normalmente se cubre con prendas para no ser vista. “De la misma forma en que la sonrisa, en la fotografía, fue robada por los anuncios, también los genitales, en la fotografía, han sido robados por la pornografía” (Erwin Olaf). Es por ello que este fotógrafo busca brindar una visión alternativa en la que el cuerpo de la mujer y del hombre, pueden ser bellos y artísticos, incluso cuando se exhiben por completo.

Independientemente de las diferencias culturales, sociales y políticas que podamos tener con Olaf, la revisión de su trabajo suele ser agradable a la vista y el análisis de algunos de los temas que pone sobre la mesa es interesante. Por lo que invito a los lectores a conocer más de este artista y de otros que en los próximos números de la revista se recomendarán.

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