Fidel Figueroa

¿En qué planeta viven los artistas contemporáneos?

Es México y es otoño, tengo frío y por momentos me parece que esta ciudad es un espacio vacío y desolado. Prometo no hablar explícitamente de política; al cabo no leo periódicos ni veo noticieros, no tengo Facebook ni Twitter. Mi opinión sería tan desolada como esta ciudad. Camino por Tlatelolco y leo en un rincón de mi memoria: “Mano: extremidad de Dios en el hombre que hace y deshace a su voluntad”. Sigo caminando y llego a mi clase de pintura en la UVA (Unidad de Vinculación Artística de la UNAM), el maestro Fidel Figueroa tiene puesta su bata azul, está sentado en una banca, habita el presente y disfruta lo que acontece para no forzar las emociones. Él nos enseña que dejarlas salir naturalmente significa permitirles ser claras.

Fidel tiene 46 años y nació aquí. Se graduó de arquitecto en la UNAM con el mejor promedio de su generación y luego se infiltró valientemente en el ejército de los artistas contemporáneos. Afortunadamente carece del monstruo ególatra que aquéllos relucen. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte “Creador artístico”. Su obra forma parte de colecciones privadas en México, Suiza, Alemania, Francia y Estados Unidos. Y en museos; Museo Universitario de Ciencias y Artes, México D.F., Cabinet Cantonal des Estampes Vevey, Suiza y Musee Pully, Suiza.

Estamos fuera del tiempo, en un espacio inventado, busco mi atril, mis pinceles, mis colores y prendo la grabadora. Fidel enciende su pipa y comienza a murmurar. Sus palabras fluyen como polivinilo en el espacio, dejando la huella de una memoria silenciosa.

-¿Fidel, cuéntame cómo llegaste a ser quien eres?

Supongo que tomando pequeñas decisiones de poca importancia que al irse sumando te van dibujando poco a poco. Difícil tratar de verlo fuera de la piel en la que siempre me he sentido envuelto. Aislarme para poder mirar en retrospectiva es extraño, casi imposible; todo pasa vertiginosamente y posiblemente el tocar la “edad madura” te presenta de frente la primera oportunidad de pausa para plantearte si te gusta el sabor que han adquirido esas decisiones, de cualquier modo la pregunta es inútil, el bocado ya lo masticaste, lo tragaste, y no hay manera de volverlo a integrar.

-¿Qué te obsesiona por estos días?

La memoria, la ausencia, el espacio vacío, aquellos lugares a los que alcanzó el abandono y configuran una nueva calidad de sensaciones.

-¿En qué sentido te obsesiona la memoria y la ausencia y en qué sentido lo hace el espacio vacío…?

Si tratara de englobar las tres en un solo concepto las pondría en el casillero de lo que Olafur Eliasson llama “orientación ampliada”: una capacidad de orientarnos no solo en un espacio determinado sino en el tiempo que transcurre en ese espacio. Los lugares abandonados -como te comentaba antes- poseen mejor que ningún otro sitio el potencial de permitirnos leer ese mapa de actividades pasadas. Siento que todo en ellos es activador de una memoria silenciosa que no para de hablarnos, aunque la mayoría de las veces no podamos descifrar lo que nos dicen, es una especie de canto en una lengua que no conocemos pero que no por eso deja de ser disfrutable.

La ausencia se genera con cada segundo que pasa en nuestra vida, es todo eso que perdemos irremediablemente y de lo cual solo nos queda el silencio; sin embargo al igual que en la memoria o tal vez por ser parte de la misma, tampoco puede estar callada, vuelve a ser un silencio que tampoco para de hablar, es un farfullo que te agobia en todo momento, recordándote que de ahora en adelante carecerás de esto o aquello, es ese ruido que termina siendo inaudible. Creo que un espacio abandonado está impregnado de ausencia, de memoria, tal como lo describe Bachelard: “…No solamente nuestros recuerdos, sino también nuestros olvidos, están “alojados””.

-A propósito de la lengua….dice Joseph Brodsky…” El poeta sabe siempre que aquello que comúnmente llamamos la voz de la Musa es en realidad un mandato de la lengua, sabe que no es la lengua la que sirve de instrumento, sino que él es el medio del que la lengua se sirve para prolongar su existencia”. Por eso mismo me pregunto qué es para ti el arte? y ¿para qué sirve?

Me encantaría buscar símiles de esta propuesta en el imaginario común, ya que el origen de ese “mandato”, la musa, la inspiración, eso que provoca a crear puede ser tan dispar y contrario al elevado papel que normalmente se le da a quien se zambulle en el proceso creativo, que en ocasiones raspa los linderos de lo mundano.

En tu pregunta estableces el juego de que el artista dejaría de ser ese “tocado por dios”, ese que logró servirse del fuego robado del Olimpo, para en cambio pasar a ser solo un poseído, una simple herramienta de un ente superior tratando de materializarse entre nosotros. Este concepto nos dejaría bastante mal parados como creadores, nosconvertiría en protagonistas de “El Bebe de Rosemary”, “El Exorcista”, o “El resplandor”, un Chucky que no solo genera miedo sino que ayuda a entender cuáles son los miedos de la sociedad: la muerte, la exclusión, la incomprensión, el aislamiento. Entonces veríamos al artista como la marioneta del arte, y al arte como un fabricante de preguntas a propósito de la sociedad, un fabricante que se vale de la mentira, de la puesta en escena, del truco visual, de la generación de un mundo paralelo que nos acompañe en el camino de la vida real, sobre todo cuando esta se pone fea, o aburrida.

-(Nos quedamos ambos suspendidos en un prolongado silencio)-

¿Será entonces el arte un incubus metido en el rol de psicoanalista de la sociedad, un púlsar que nos indica qué tan enferma se ha puesto la sociedad en cada momento histórico, un tablero que nos muestra qué cosas le han importado a Europa en el siglo XII, a oriente en el siglo I, a Mesoamérica en el siglo XV o al mundo entero en el siglo XXI? Me parece, que para que éste juego funcionara, las reglas deberían ser en primer lugar la honestidad de la voz que venga del diván, no importan si lo que nos dice tiene sentido o no, y en segundo lugar que las preguntas ahí generadas queden siempre abiertas, que ya habrá tiempo para que la sociedad misma se vuelva a escuchar dentro de varios siglos y trate de responderlas, de cualquier modo lo más seguro es que ésta solo volverá a entender lo que quiera entender y responderá lo que quiera escuchar. La utilidad de este juego será entonces relativa para cada jugador, cada participante tendrá un papel distinto y en cada uno el arte servirá para cosas distintas.

¿Y a ti Fidel, qué es lo que te motiva a hacer arte?

No sé… continuo haciéndome las mismas preguntas que me hice la noche antes de dormir, me sigo enfrentando con aquellos problemas que dejé pendientes antes de apagar la luz del estudio, y poco a poco esas preguntas van encontrando caminos que, algunas veces, nos permiten deambular nuevas rutas. Es una especie de columpio cuya gracia consiste en no dejar de balancearse hasta intentar girar una vuelta completa de 360 grados, nada fácil de conseguir, pero la adrenalina que conlleva el proceso hace que valga la pena el intento. Insisto en que, mientras dichas preguntas se hagan con honestidad y buscando no cerrar caminos puede valer la pena.

El porqué estoy aquí haciendo lo que hago y no otra cosa eso no lo sé. Tal vez soy demasiado nervioso y necesito estar siempre ocupado en algo, me da vértigo el descanso: poner a trabajar las manos al mismo tiempo que surgen las voces en la cabeza es una buena manera de vencer dicho vértigo.

¿En qué mundo viven los artistas contemporáneos?

Quiero pensar que en el mismo bloque de superficialidad e inmediatez que vive todo el mundo contemporáneo un mundo que nos cobra caro la libertad, si los artistas no estuvieran barnizados de ello sería imposible reflejar lo que pasa en él.

¿Te sientes parte de una generación? ¿Cómo podrías definirla?

Me gusta como lo describe Alberto Chimal, me siento parte de esa generación que no tiene nada en común entre sí, esa generación que vio como se derrumban las ideologías, como se consumen movimientos de rápido aliento. Una generación que toma de asidero la melancolía para tragarse el sinsentido.

Hablando de tus obsesiones… ¿qué estás haciendo por estos días?

Trabajo en una serie de dibujos que se desprenden del sustrato e invaden su contexto, están basados en los recorridos que la mirada puede tener en un espacio determinado, normalmente espacios que poseen alguna carga emotiva, se puede tratar de lugares que han sido abandonados o aquellos sitios donde haya quedado grabado determinado suceso y que pese a no haber quedado rastro físico puede seguir sintiéndose la carga emocional, las piezas que he venido trabajando pretenden ser detonadores de esa memoria espacial ampliada.

¿Cómo describirías la gestación de ese proyecto?

Este trabajo comenzó a gestarse hace unos ocho años basado en una reflexión sobre la ausencia que dejan impregnadas las personas en sus objetos más cercanos. Visité una exposición sobre vestiduras reales de la edad media española, en su mayoría se trataba de prendas de vestir que mostraban no solo el paso del tiempo sobre las telas en sí mismas, sino la huella que les habían dejado quienes las habían vestido, me brindó una experiencia muy fuerte donde la presencia estética de los vestidos como objetos se veía empujada hacia adelante por esa emoción de despojo corporal que poseían, además, al tratase de diseños sumamente generosos en cuanto a cantidad de materia, brindaban una sensación de escala ajena a la humana.

Descríbeme tu proceso creativo…

Comencé a trabajar una serie de dibujos y pinturas referentes a este tema y el paso a una solución tridimensional se dio manera natural, la debilidad que tengo hacía la arquitectura hizo que de los objetos mudaran a edificios como envolventes y testigos de vivencias y trabajé una serie de pinturas donde contrastaba la rigidez de los ejes cartesianos en que se basa la representación arquitectónica con lo aleatorio, sutil y fluido que puede ser una representación de la memoria, del recorrido infinito que puede tener un visitante en ese espacio ampliado que te comentaba antes. Después, estos trabajos bidimensionales los arranqué del plano para pasar a formar parte del “espacio real” convirtiendo el dibujo en materia.

Hablas de la importancia del proceso en la creación de una obra… ¿Qué es para ti lo más valioso de un artista?

El proceso es una de las múltiples capas que posee una obra, cada artista decide qué tanta importancia le da a cada una y dónde queda colocada según sus propios intereses, eso es lo que me gusta más de la expresión artística: cada persona es capaz de encontrar un acomodo diferente a un mismo problema, una propuesta puede repetirse infinitamente y la solución será siempre distinta.

¿Qué es lo que a ti te cuesta más como artista? ¿Cómo trabajas en ello para mejorarlo?

Supongo que lo que más le cuesta a un artista es encontrar una voz propia, pero una vez encontrada el mayor reto se convierte en tener el valor de rebasarla para seguir avanzando. La autocrítica tal vez sea el mejor jarabe, aunque resulte bastante amargo.

¿Y por qué enseñas pintura?

Pues porque me gusta compartir ese disfrute visual con quienes -al igual que yo- están dispuestos a entregar un pedazo de su vida a tratar de encontrar un gozo de mirar diferente, descubrir que la manera en que estamos acostumbrados a recibir lo que entra por los ojos puede degustarse lento y saboreando cada ingrediente.

¿Qué crees que necesita un artista para ser un buen maestro?

Tal vez el mayor reto que exige la enseñanza es el desprendimiento, me parece que la actitud correcta de quien decide convidar lo que ha ido encontrando en el camino a los demás es la generosidad, otro factor que me parece importante es la conciencia de convertirse en una guía que acompañe y no en una herramienta que solucione, crear las situaciones y el ambiente de aprendizaje propicio para que cada quién según sus intereses y capacidades pueda encontrar su propio lugar. Cada persona puede enseñarnos algo de manera diferente, artistas maravillosos pueden ser pésimos educadores y viceversa, por fortuna nuestra capacidad de aprender no termina en las aulas; estar parado horas frente a una obra o a algún recurso que nos conmueva muchas veces puede convertirse en el mejor aprendizaje.

¿Y qué crees que requiere un maestro para ser un buen artista? Es decir, ¿qué aprendes enseñando?

El tratar de explicar algo te obliga a entenderlo, la enseñanza también es un acto de cuestionarte lo que sabes para poderlo reinterpretar y colocarlo al nivel que exijan tus alumnos en cada proceso de aprendizaje. No paras de reformularte lo que ya sabes hacer, de buscar nuevas maneras de aplicar “tus trucos” para que le funcionen a alguien cuyo mundo gira en un sentido diferente al tuyo, te exige ampliar más tus esferas de gustos y conocimientos para poder verlo con los ojos y las dudas de quien espera de ti una guía… eso es profundamente enriquecedor.

¿Fidel, qué es la pintura para ti?

La pintura es uno de los medios de expresión artística más difíciles, requiere una disciplina militar, vocación y muchísimo trabajo, tal vez es por eso que en las esferas mundiales del alto arte contemporáneo ha logrado dejarse de ver un poco, en un mundo donde la eficiencia de un resultado es esperado en segundos, donde un deslizar de tus dedos en una pantallita de no sé qué metal líquido reproduce todo un universo de imágenes, muchas de ellas bellísimas y con una facilidad de reproducibilidad inaudita. Es lógico pensar que una técnica que requiere recursos y tiempos propios de otras épocas sea tan poco popular entre las nuevas generaciones. Sin embargo eso -el tiempo y la manufactura- le da un gusto que se aproxima al morbo, mirar la piel humana con sus vellosidades, cambios de tono, variación de textura al sentir diferencias de temperatura, como se le marca la ropa en sus pliegues, las pequeñas cicatrices o imperfecciones como resultado de la vida en ella, todo ello con lo exquisito que resulta solo puede verse comparado al trabajo de una buena pintura recreando un mundo que no existe pero que puede ser facilitado con una buena dosis de mentira visual y recursos técnicos bien empleados.

¿En qué medida crees que la pintura está obsoleta?

No me parece que la pintura sea o haya sido obsoleta, existen propuestas aburridas y estas pueden darse en el cine, en la música, en el video, instalación performance o en la pintura. Si ahora -que nuevamente comienza a cantarse el himno de la victoria y el renacimiento de la pintura- hiciéramos un ejercicio de revisión con la producción de pintores desde mediados de los años sesenta hasta finales de 2000, que es el periodo que se supone estuvo muerta, podríamos darnos cuenta que en realidad nunca mostró signos de agotamiento, o no más de los que ahora ya muestran las propuestas que se supone la suplantaron en esos años. De hecho me gusta la postura del artista ficticio del libro de Houellebecq, El mapa y el territorio: alguien que comienza su formación como pintor, encuentra su voz en la fotografía, la afina en la pintura y termina su carrera dedicado al video en formatos desconocidos; como su historia ocurre en el futuro, me refuerza la idea de que no existen disciplinas vivas o muertas, existen como te mencioné propuestas vivas o muertas.

¿Entonces crees que la pintura es un arte vanguardista?

Déjame desconfiar un poco de la vanguardia en el arte. ¿Quién define que algo es vanguardia o no? Quien dice que “esto o aquello” es la línea valida en un momento dado, me suena al nuevo traje del emperador ¿no? Mecenas, consejeros reales, curadores, papas, mercado del arte, coleccionistas, galeristas… la pintura será vanguardista siempre y cuando alguien esté dispuesto a pujar en una subasta por un lienzo tensado sobre un bastidor de madera con una capa de pintura sobre ella.

¿Cómo te imaginas el arte del futuro?

No muy diferente del arte que se ha hecho siempre. Las inquietudes siempre han sido las mismas, lo seguirán siendo en la medida que las personas no cambien y me parece que eso se trae muy bien grabado en el inconsciente. A lo largo de los años solo se han sofisticado los medios de expresión, aparentemente se debería estar atento a la evolución técnica, pero para poder responder a esto prefiero atender a la ciencia ficción y suponer que el arte comience a darse dentro del propio cuerpo: un arte de sensaciones, donde el objeto tiende a desaparecer y la vivencia se potencia por medio de estimuladores que van directo a la zona de percepción en el cerebro. Nos guste o no el arte siempre ha sido un incondicional aliado del manejo de conciencias e insisto que no veo porqué esto cambie en el futuro.

¿Fidel cómo es tu mundo interior?

No tengo idea, muta a cada instante conmigo.

¿Y finalmente qué te preguntas tú?

Lo que me pregunto en este momento es qué podrá seguir…

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