Cinque Terre

Arouet

En Hollywood los hombres maduros son sensuales y las mujeres brujas

Ruth Esparza Carvajal es dueña de este párrafo: “¿Te fijas Arouet? Entre los arquetipos de Hollywood la mayoría de las mujeres maduras son brujas anodinas, suegras despiadadas, madres abnegadas, alcohólicas o solo neuróticas, en tanto que los hombres maduros son atrevidos, pistoleros, conquistadores y hasta cuando vampiros tienen más sed de piel que de sangre”. Muchas de esas mujeres de otoño, siguió Ruth, hace poco fueron símbolos sexuales. En cambio, igual que Clint Eastwood al rebasar los setenta era todo un galán, el inefable Sylvester Stallone con las mismas dotes remueve las hormonas de una chica de no más de 25 años en “Los indestructibles II” (2012).

Me fijé. Pero antes le comenté de una notable excepción reciente: “La vida privada de Pippa Lee”, una cinta estadounidense producida en 2009 que aquí se estrenó dos años después. La protagonista es Robin Wright Penn, o sea la hermosa y madura señora Lee casada con un editor treinta años mayor que ella, que todavía restegraba lo suyo en otras opciones. Pippa no era feliz al reprimir sus ganas por otras experiencias; estaba aprisionada en el juicio de sus dos hijos adultos que no le concedían ese derecho y en las paredes de la casa para la que era solo excelente anfitriona. Pero los vericuetos de la vida la ponen al fin en otro camino y ella lo anda con su joven amante Chris Nadeau (Keanu Reeves) entre las piernas.

Los aullidos del deseo

Ruth Esparza y yo no hallamos otro caso notable. Al contrario, al recordar a Michelle Pfeiffer admiramos su erotismo en “Las brujas de Eastwich” (1987), el que exhibió como Gatúbela en “Batman regresa” (1992) o sus aullidos en “Lobo” (1994), pero luego llegamos a una cinta en la que sí, hay algo parecido a ser intensa sin importar la edad, “El novio de mi madre” (2007), pero es una comedia torpe que más bien incita a la cordura con clases de moral. Entonces repasamos varios papeles donde Pfeiffer encarna cualquiera personalidad menos una adulta mayor con la líbido entusiasta. Así arribamos a “Sombras tenebrosas” (2012) donde vuelve ser bruja, pero esta vez incólume e irrelevante. Ah, pero en cambio en esta mala película Johnny Deep a los 49 años sí tiene un memorable aquellarre que hasta a las paredes estremece con una joven diosa platinada. Por ello, antes de cambiar de tema, la subdirectora de etcétera y quien eso escribe dimos gracias de que, aunque pueda estar acorralada en el desempleo, Michelle Pfeiffer haya rechazado participar en “Las crónicas de Narnia: el león”.

¿Crees que soy sexy?

Ustedes lo saben, pláticas como estas siempre tienen destinos insospechados por lo que de un momento a otro preguntamos por Susan Sarandon. Fue la última de las bellas, suspiró Ruth, que luego aclaró que tal es el nombre de la cinta de 1973, “La última de las bellas”, en donde la actriz destacó por sus cualidades histriónicas y su belleza, igual que 18 años después en “Thelma y Louis”. Les advierto que no es que quisieramos verla con el mismo donaire liviano de entonces (tenemos claro el significado de la palabra ridículo; apesar de que sea subjetiva compartimos Ruth y yo coordenadas similares). Lo que ambos decimos, recordemos, es que las mujeres en la meca del cine con la edad pierden, pongamos, el sexy, lo que no pasa con los hombres, de ahí que nos remitiéramos a “Mentiras peligrosas” (2012), donde a los 63 años Richard Gere carga entre las piernas a una gacela de veintitantos en tanto que su esposa de 66, o sea nuestra querida Sarandon, bebe whisky en cantidades ingentes, da la vida por su hija, despilfarra el dinero de su marido y apenas intuye que la bancarrota toca las puertas de su casa. (Eso a varios expertos les pareció una despiadada crítica del capitalismo).

Mujeres de acero

Enseguida nos detuvimos en Meryl Streep, con la consecuente exclamación de que la actriz se cuece en otros escenarios a los antedichos. Pero si la memoria no nos falla -y ojalá que nos falle para que ustedes, lectores, nos corrijan- Streep no es más “La mujer del teniente francés” (1981) ni quien fuera sonsacada por Cupido en “Enamorarse” (1984) donde actuó junto a De Niro; ni es la “ama de casa” -entonces tenía 49 años- que encontró su segunda oportunidad en “Los puentes de Madison” (1995). No. A lo sumo ha sido editora homosexual en “Las horas” hace diez años, editora otra vez, pero de una revista de modas, interpretando a una mujer fría frente a tentaciones que solo disfruta, claro, Anne Hathaway; (“El diablo viste a la moda”, (2006). Por supuesto que mencionamos a la implacable monja en “La duda” (2008) o la tierna cocinera en “Julie & Julia” (2009) además de a Margaret Thatcher y sus encantos que son tan contundentes y lúbricos como la creatividad de Bryce Echenique (“La dama de hierro”, 2012). Sin duda en estos filmes la actuación de Meryl es soberbia, pero el tema no es ese ni sus reconocimientos sino el que ya dijimos.

Si la mujer fuera hombre…

De pronto Ruth planteó una hipótesis arriesgada aunque yo agregué que no es insospechada: si esos papeles de Streep los hubiera hecho un hombre de su edad otros serían los acentos: coincidimos en que si el hombre fuera monje o sacerdote seguro algún espíritu chocarrero tendría para desfacerlo en la propia cama, el confesionario o donde fuera; si editor vaciaría la tinta aunque no tuviera tanta en algo más que papel; si cocinero rostizaría la carne más jugosa y hasta si hombre de Estado tendría a su becaria consentida. Ejemplos tenemos varios pero los dejamos para otra ocasión.

El sexo nunca llama dos veces

Más tarde trajimos a cuento a la estrujante Jessica Lange. Lo hicimos severos al verificar sus 27 años en 1973 cuando participó en el remake de King Kong, donde más que histriónismo lució labios estravagantes y cuerpo tallado a mano. La reivindicación también la acordamos gracias a otra reedición: “El cartero siempre llama dos veces” (1981 ahí subrayamos su sobresaliente interpretación junto con Jack Nicholson y aquel memorable achuchón sobre la mesa de la cocina que a muchos nos hizo pensar -y casi estamos seguros que a los actores sentir- que la cogida fue tan real como cualquier campeonato de los Yankees de Nueva York, lo cual niegan ambos desde siempre. Ya no citamos a “Tootsie” (1982) y fuimos de inmediato a Nicholson para nombrar, y cómo si no, “Alguien tiene que ceder” (2003) y verlo a sus 66 años con cuanta muchacha se le pusiera en la bragueta hasta que caer perdidamente enamorado de Diane Keaton que, ella sí tan pudorosa, resistió a la tentación de entregarse para siempre a Keanu Reeves (lo que hizo Pippa Lee, como vimos).

Ni cenizas quedan

Y qué pasó con Jessica Lange. De aquel fuego en la mesa de cocina o las faldas revoltosas que concentraron la mirada de Dustin Hoffman en “Tootsie”, ni cenizas quedaron. La actriz ha sido desde entonces, sobre todo, madre y abuela. Ahí están “El voto” (2012 Grey Gardens (2009) y “Gran Pez” (2003), entre otras donde actúa como médico; en “Flores Rotas” (2005), por cierto, comparte créditos con Sharon Stone, otra estrella incandescente de principios de los noventa (“Bajos instintos”, 1992), relegada al olvido. A propósito, quizá la única escena rescatable de la Gatúbela de Halle Berry (2004) sea el dramático reclamo de Sharon (Laurel Hedare) a la industria de la moda y el espectáculo que se aprovechó de ella cuando bella y ahora la tratan como deshecho.

Deseos interrumpidos

Quién no recuerda el fántastico entrecruce de piernas de la señora Stone en, vaya, ni siquiera hay que decir la película. Entonces ella tenia 34 años y su amante, o sea, Michael Douglas, 48. Lo que sí puede resultar esclarecedor es que ahora Stone encarna a cualquier personaje menos al de que aquellos tiempos idos en tanto que Douglas, a los 68 años es el protagonista sediento de sexo en “Hombre solitario” (2010), donde también actúa la ya nombrada Susan Sarandon quien, en la historia por supuesto, de humedades solo sabe cuando se baña. Ella es una madre considerada de su “adolescente” pareja y un dulce manto protector de los hijos (casi como doña Sara García en sus últimas películas y tal vez ni como ella si recordamos algunos suspiros de la abuelita en honor de Joaquín Pardavé).

Ni polvo de aquellos años

Al evocar a Michael Douglas fue imposible no remitirnos a Glenn Close, ¿alguien tiene en la memoria los roces implacables que hubo entre la señora y Douglas en “Atracción fatal” hace 26 años? Desde entonces ha sido reina (Hamlet, 1990), un año después pirata (Hook), diva con apenas rastros de cafeína en “Cita con Venus” (1991 ridícula en “Marcianos al ataque” (1996) y hasta Cruela de vil en “101 dálmatas”, además de prestar su voz en dos versiones animadas de Tarzán, y con esas virtudes hasta habló como Pinocho (2002) y Mona Simpson (1995-2012). Ahora es Patty Hewes, poderosa abogada que tiene con el alma en un hilo a los espectadores de la exitosa serie de televisión “Daños y perjuicios”.

La sombra del amor

Así durante la tarde de la charla desfiló Demi More que en el cine ya no oye cierta “Propuesta indocorosa” (1993) como la que le hizo el sesentón de Robert Redford cuando ella tenía 31 años, ni asedia para calmar los apetitos de la carne como se atrevió en “Acoso” (1994) y menos se quita las ropas igual que en su memorable “Striptease”.(1995). ¿Algún romance en el cine como el que tuvo en “Ghost” (1990)? Ni lo piense, en su más reciente actuación, “El poder y la avaricia” (2012), el otrora angelito de Charlie ahora es una neutórica operadora de bolsa que, al final, es despedida. Aclaro que Ruth y yo deslindamos esto que pertenece a Hollywood porque, en la vida real, la señora More es tremenda y qué bueno.

Ya entrados en pláticas iba a mencionar a Sigourney Weaver, Kim Basinger y hasta a Winona Ryder con especial énfasis en Catherine Zeta-Jones. Incluso ya estaba dispuesto a hablar de Catherine y ese espectacular traje negro de latex que luce en “La trampa” (1999), pero de pronto me interrumpió un “¡épale!” de la subdirectora de etcétera: “ya reivindicamos a las mujeres otoñales en el cine, ahora hablemos de esos hombres hermosos en la madurez”. Y fue así como también el último párrafo del texto fue suyo.

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