Cinque Terre

Marco Levario Turcott

[email protected]

Director de etcétera

En favor del Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia

Hace tres años y medio, etcétera festejó la reforma que modificó el modelo de comunicación política que, en su aspecto central, evita el dispendio de recursos del erario en la propaganda de los partidos en los medios electrónicos. “Se acabó el negocio”, ese fue el título de la nota principal de la portada en octubre de 2007. Recordamos eso no sólo porque ahora también festejamos la resolución de la Suprema Corte de Justicia que, el 28 de marzo pasado, sobreseyó el amparo de los intelectuales contra la reforma política de 2007. Lo recordamos porque, a partir de ese octubre, también señalamos los siguientes cambios que consideramos requería el país: “Seguridad, la reforma que viene”, alentamos, y comenzamos a revisar el contenido informativo de los medios acerca de la violencia, en especial, la que genera el narcotráfico, y eso siempre lo hicimos sobre la base de convocar a los propietarios de los medios y a los trabajadores, a un intercambio que arrojara la definición de coordenadas conjuntas para la cobertura de ese tema que, al paso de los años, se ha convertido en el más preocupante de México.

“Inseguridad, es la hora de los medios”, advertimos un año después, en octubre de 2008, y con mayor énfasis publicamos los datos y los análisis de diversos expertos tanto en el ámbito nacional como en

el internacional; el registro impreso de este esfuerzo documenta más de 200 cuartillas hasta que, en septiembre de 2010, el director de esta revista hizo una propuesta a los medios de comunicación que, en sus aspectos medulares, está reflejada, y se halla superada, en el Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia difundido el pasado 24 de marzo. Todo este material lo puede consultar el lector en nuestro portal.

A mediados de marzo de este año conocimos el Acuerdo y de inmediato coincidimos con las diez líneas que contiene, y claro que lo firmamos: la inseguridad que priva en el país es una razón de Estado y los medios debemos asumir la responsabilidad que corresponde a su función social, sin menoscabo de la crítica a la estrategia emprendida por el gobierno federal contra el narcotráfico. Más aún, vemos en el documento la posibilidad de inhibir los excesos o las distorsiones en que han incurrido los diarios, las televisoras y las estaciones de radio más importantes del país que ahora lo impulsan. Nos alienta que nadie, dentro de esa esfera inasible que llamamos “Opinión pública”, disienta del contenido del acuerdo precisamente porque las variables que comprende son de lo más acabado que se conoce no sólo en la experiencia mexicana sino en la de otros países que, como Colombia, han vivido el flagelo del narcotráfico. Los cuestionamientos son menores ya que no aluden a los ejes centrales que hicieron concurrir a más de 700 medios de todo el país. Se critica, por ejemplo, la forma en que el acuerdo fue difundido aunque, coincidamos o no con ésta (nosotros no coincidimos), en modo alguno es un argumento por el que no deba firmarse, o se inquiere el hecho de que las dos principales televisoras hubieran impulsado el acuerdo, como si el mismo pudiera concebirse sin las dos empresas de mayor cobertura en el país. Para etcétera es un asunto de la mayor importancia que Televisa y TV Azteca sean parte de compromisos éticos y profesionales con los que las audiencias podrán revisar su contenido (y el de los demás medios) lo que, por supuesto, haremos también nosotros. Más aún, para ello se integrará un observatorio ciudadano de medios.

Nosotros no coincidimos con la Iniciativa México y el lector lo sabe, más aún hemos sido los primeros en criticarla, y no nos gusta que el Acuerdo se hubiera impulsado en ese marco, pero sostener eso como argumento para no firmarlo reflejaría una inteligencia limitada y una ética endeble o un pragmatismo que atiende sólo al “mercado” de quienes consideran que acordar con el otro es abandonar la causa. No: la causa en la que vale tanto la pena que participen la mayor cantidad de medios posible es, en efecto, coincidir en trazos básicos con la cobertura de la violencia y, en el plazo inmediato, traducirlos en medidas específicas. La heterogénea oferta noticiosa hace imposible, además, que esto opere como “mordaza” para censurar los contenidos.

No sobra reiterar el compromiso social que tenemos los medios, más aún en el marco de la violencia que atraviesa el país. Por eso también tenemos la seguridad de que sería muy conveniente que las empresas que no quisieron firmar el Acuerdo expongan sus propios criterios para la cobertura de la inseguridad. Así no sólo se nutriría con ideas y compromisos el intercambio público (porque para ello las arengas son insuficientes) sino que se expondrían ante las audiencias o los lectores los parámetros que seguirán. Es uno los aspectos nodales con que el trabajo periodístico debe enfrentar la muy preocupante situación que vive México.

Marco Levario Turcott

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password