Cinque Terre

Arouet

El volcán, indiferente a nosotros

Foto: efeverde.com

Tan inenarrable es todo aquello de lo que ha sido testigo este viejo de 750 mil años, como lo es su propia majestuosidad. Dichas o escritas, no hay palabras para abarcar ni esa historia ni su belleza.

Sólo registramos la indiferencia del Popocatépetl en su perpetua actividad de fumarolas con su forma cónica y sus glaciares en la cima. Con la mirada lo seguimos pasmados envuelto en el horizonte azul u obscuro para, casi siempre, hablar entre nosotros mismos o con nosotros mismos de la imponente naturaleza.

Al cerro que humea no le importa su nombre náhuatl ni que le llamen Don Goyo o Serafín. Quién fuera como ella o como él: junto a las estrellas milenarias, los saludos del sol y los abrazos del viento, le tuvo sin cuidado haber sido erigido en Dios y luego dejar de serlo debido a la impronta cristiana que resume en uno al verdadero.

Quién sabe si sea el cuerpo de un guerrero que ama a su mujer dormida para siempre y que ello sea la ofrenda al amor no consumado. No sabemos si es la visita de aquel Vulcano que proviene desde Roma, si es otra forma incandescente de atizar a las pasiones humanas o si sólo trata de escombros rocosos que de vez en cuando nos ponen a temblar.

Entonces sólo admiramos su hermosura y, esta vez, lo sorprendemos seducido por una tarde espléndida hasta que sus exhalaciones se fundieron en el horizonte. Y dejamos registro de que ese día humedeció al cielo y que así llovió, llovió y llovió

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password