Cinque Terre

Mariano Yberry

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Periodista.

El terrible Boccaccio

Giovanni Boccaccio (1313-1375), el Certaldese, es uno de los más importantes escritores eróticos del renacimiento italiano; junto con Dante Alighieri y Francesco Petrarca, se le considera uno de los grandes creadores de la lengua italiana. Sus obras son muchas y tratan temas muy diversos, algunas fueron escritas en latín; pero Boccaccio siempre será recordado por su obra maestra: el Decamerón.


 


Se puede afirmar que el Decamerón pone las bases del moderno arte de novelar, es un gran relato de aventuras y de costumbres. Víctor Montoya ha dicho que este libro enseña a contar buenas historias eróticas, con mesura y elegancia, y a escucharlas con dignidad y entusiasmo, o con esa pasión ácida y encarnizada de quienes gustamos de la prosa erótica, mientras otros sueñan en el retorno al puritanismo y la prohibición. Por su gran apertura para contar los amores libidinosos de los monjes y las monjas, es un texto que despertó encendidas controversias entre los lectores de su época y desató las iras del Vaticano, cuyo dogma se encontraba a caballo entre el ocaso de la Edad Media y los albores del Renacimiento.


 


No obstante, el Decamerón, a pesar de haber sido considerado un libro que atentaba contra las buenas costumbres ciudadanas, logró romper los cercos de la censura y circular entre los nobles y aficionados a las lecturas eróticas. Por eso, quizás, su influencia se dejó sentir tardíamente en la literatura europea, aunque Boccaccio estuvo inmerso en la redacción de su obra entre 1349 y 1351, a petición de la hija y esposa del rey de Nápoles, quienes, a pesar de ser tenidas por damas honestas y recatadas, gozaban con la lectura de las narraciones licenciosas que brotaban de la magistral pluma de Boccaccio.


 


El relato del Decamerón lo constituyen cien narraciones puestas en boca de tres gentiles hombres y siete mujeres de luto, quienes, huyendo de la terrible peste que asoló Florencia en 1348, decidieron refugiarse en una casa de campo, sobre una  loma que dominaba un pequeño valle, donde cada uno de ellos, a modo de pasar el tiempo, contó una historia diaria, sentados en ruedo sobre las hierbas de un prado. De los diez turnos de las diez personas proviene el nombre de esta obra imperecedera que, para cualquier lector o cultor de la literatura erótica, es un punto de referencia que permite apreciar mejor el erotismo como género literario.


 


Sobre este libro de Boccaccio se construye una de las películas de Pier Paolo Pasolini, una de las tres que centró en  cuestiones eróticas más que nada divertidas. En esta película la homosexualidad de Pasolini se manifiesta en la belleza de muchos de los actores masculinos, también de modo notorio en el tamaño de sus penes.


 


Un divertido ejemplo de la erótica de Boccaccio en el Decamerón se encuentra en una narración donde un santo ermitaño ya viejo, de nombre Rústico, “peca” maliciosamente con una bella muchacha de 14 años, de nombre Alibeth. Él le dice a ella que la buena religión manda que el diablo sea enviado al infierno, luego le explica que el  diablo es su pene erecto, un buen pedazo de carne resucitada, y que el infierno es la vagina húmeda de ella. Lo que siguió fue cosa fácil y agradable para los dos, puesesa noche Rústico metió al diablo en el infierno seis veces seguidas, todo un récord para el monje ruquito.


 


Boccaccio concluye este cuento con las siguientes palabras: “Hermosas damas, vos que tanto necesitáis de la gracia de Dios, deberíais aprender a meter al diablo en el infierno, ya que es la obra más meritoria que podeís hacer, y además, la que más satisface a Dios, mucho más cuando semejante ocupación no os causará otra cosa sino provecho y placer”.

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