Avelina Lésper

El show del fracaso

Mandaron hacer un monumento sin saber qué es y para qué es. Un monumento es una construcción con significado, es un homenaje, es un recordatorio colectivo de una victoria histórica, social o para la memoria de una persona; así se deba a conmemoraciones luctuosas, enaltece ese sacrificio. La presencia de esta obra tiene que sobresalir del entorno citadino para que, aun sin conocer en su totalidad el contenido de su temática, los ciudadanos y los visitantes lo compartan como una referencia social y estética. El monumento expone tal fuerza que determina el contexto en el que se ubica y logra manifestar con su materialidad la idea que representa.

Con esto planteado ¿qué sucede con la Estela de Luz? Que no cumple ni los más elementales propósitos de un monumento. No despierta una emoción, no provoca orgullo por lo que conmemora, vemos una estructura mediocre, que no destaca del entorno porque es una copia de la arquitectura de la mayoría de los edificios actuales de vidrio y acero, su vecina La Torre Mayor mide 225 metros de altura, la Estela 104 metros; es un edificio enano, vacío, literalmente una estructura subdesarrollada.

Con un andamiaje que asemeja dos anuncios espectaculares, de día le falta el plotter que nos venda algo, y de noche es una marquesina sucia, sin letras de un antro clausurado. Cuando encienden las luces empieza el show del fracaso; centraron su valor estético en los materiales pretenciosos, mil 700 placas de cuarzo, incorporaron tecnología de luces de leds para hacerse los modernos y comparada con las pantallas publicitarias de leds que saturan la ciudad es como ver une televisión de bulbos al lado de una pantalla de plasma; fue víctima de la obsolescencia tecnológica y estética antes de ser inaugurada. El cuarzo manchado obstaculiza la luz, no la matiza, el programa computo que usan para que rote la iluminación es tan rudimentario como el mecanismo de las series de foquitos navideñas, en el Centro de Cultura Digital CCD hicieron una propuesta para “interactuar de forma creativa” y ni a los artistas del estilo VIP, que tienen vocación por lo insignificante, les interesó ara hacer sus conceptuales creaciones.

Los aniversarios de la Independencia y laRevolución son las fechas más celebradas del calendario nacional, y con este monumento las devalúan, las emparentan con la frustración, el mensaje de la Estela es que no vale la pena ni recordarlas, que para el gobierno panista que la construyó lo mejor es que se olviden rápido y pasen desapercibidas.

Evidentemente la población se sintió agredida y desilusionada, porque aunque las fiestas patrias sean excusa para el proselitismo político, tienen gran arraigo en la identidad ciudadana. La relación de la numerología de los 104 metros de altura como múltiplo del 52 y las tribus indígenas, lejos de aportar empeora las cosas, denuncia la nula comprensión y valoración de los aniversarios que conmemora por parte de los organizadores y del arquitecto Cesar Pérez Becerril, autor del diseño ganador. Trataron de justificar su presencia sumando el Centro de Cultura Digital, una casa de cultura-cibercafé y continuaron con la torpeza de las intenciones, un centro digital debería tener un sitio virtual, no físico, y que tenga esa torre encima fractura su forzado propósito comunitario.

La intención real de hacer este monumento fue borrar los trágicos errores de un gobierno, eso lo predestinó al fracaso: un diseño fallido, un uso ilógico. Tenemos que reconocer que sirve como recordatorio de lo cara que nos cuesta la estupidez y la arrogancia.

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