Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

El sexo de la cultura popular

Este articulo fue publicado originalmente en diciembre de 2015, lo abrimos de manera temporal para su consulta.


Decía Rafael Hernández que el mercado mundial construye una imagen cultural “negociable” de cualquier país, que sustituye o reemplaza la del país “como es”.

Las industrias del entretenimiento operan cotidianamente con esas imágenes y, de hecho, inducen esos mismos patrones dentro del propio país. Estas aseveraciones son importantes en el análisis de la cultura popular, concepto cada vez más impugnado porque a primera vista parecería sugerir que si existen manifestaciones culturales populares, existen otras que no lo son, como si a la cultura se le pudiera medir solo en función del número de fans o seguidores que posee. Sin embargo, es un término de uso común que se emplea para designar a diversas manifestaciones culturales que son “consumidas” por un buen número de personas. Esto significa, de entrada, que hay una lógica de mercado que parecería preocuparse más por los “compradores” de “productos” culturales, que por las características, importancia y significado de la cultura en sí.

Luego de esta acotación, conviene hacer el intento de caracterizar a la cultura popular, o al menos, de explicar el debate que existe en torno concepto. Tradicionalmente lo que se denomina cultura popular es un tipo de cultura cuya característica principal es que se produce masivamente y, por lo mismo, es apreciada por una gran cantidad de personas, en oposición a la alta cultura o cultura de las élites, dirigida a una parte específica de la población. El principal problema de caracterización estriba en la pretensión de que las manifestaciones culturales se rigen estrictamente por consideraciones mercadotécnicas: si lo popular es lo que la mayoría consume, ¿significa que su valor social es inferior? Y si los productos de la alta cultura solo llegan a un reducido número de individuos, ¿eso les confiere automáticamente “superioridad” o un valor social mayor? ¿No será que en el mundo moderno resulta muy difícil mantener esa “división” de la cultura en momentos en que lo popular es altamente apreciado por las élites y la alta cultura es reconocida por las masas?

Garcia Canclini propone que a la cultura popular se le analice a partir de su relación con lo hegemónico. Así, conforme a este planteamiento, las clases dominantes buscan perpetuar su liderazgo moral, intelectual, económico y político sobre las clases dominadas.1 El autor refiere que lo popular es valorado desde el siglo XIX por escritores, antropólogos y folcloristas, quienes tomaron nota de las manifestaciones musicales, relatos y objetos de las clases bajas, distintas de las de las clases dominantes, para configurar la idea de nación.2

Claro que hay clases dominantes en un país y a nivel mundial. Éstas últimas, se concentran en los países más poderosos, por ejemplo, EU. Y aquí es posible identificar diversos elementos ponderados por Canclini, por ejemplo, el ejercicio del poder por parte del hegemón, el cual se sustenta en capacidades reales, “duras” y visibles -en el caso de la Unión Americana se puede citar el arsenal nuclear y sus fuerzas armadas, al igual que de su base industrial y productiva. Pero también el poder se ejerce a través de la imagen que el hegemón crea de sí mismo para el “consumo” interno y de los demás. Nadie pone en duda que EU es un país poderoso. Con todo, cuando se echa un vistazo a sus industrias culturales, las cuales, gracias a la globalización, son conocidas e incluso admiradas en las más diversas latitudes del planeta, por momentos pareciera que éstas predominan y prevalecen sobre las que naturalmente existen en otras naciones no hegemónicas.

EU es un Estado corporativo, donde la razón de mercado va de la mano de la razón de Estado. Siempre con un espíritu mercantil, consideran que lo popular es lo que logra un consumo por la mayor parte de la sociedad. Luego entonces, proceden a industrializar todas las manifestaciones culturales susceptibles de generar ganancias jugosas, sin importar la clase social que las genera. Así, la relación entre la cultura popular y la cultura de las élites presumiblemente importa menos de cara a las transformaciones socio-económicas y tecnológicas que impactan la vida de las sociedades.3 A partir de aquí aparecen numerosas líneas de análisis, entre las que destacan tres. La primera revisa la producción cultural y su relación con los medios de comunicación puesto que éstos garantizan su difusión. Aquí se suele identificar a la cultura de masas con la cultura popular, donde lo más importante es la masividad con la que se pueden distribuir los productos culturales y no las manifestaciones culturales en sí.

La segunda propuesta de análisis considera como manifestaciones populares solo aquellas prácticas que, siendo generadas por los desposeídos, condensan un sentido capaz de “resistir y enfrentar” a la cultura oficial o hegemónica, acentuando la capacidad de aquellos para deslegitimar el orden simbólico vigente. En este caso se niegan y desestiman todos aquellos componentes culturales que si bien parten de determinados estratos sociales, reproducen formas culturales dominantes.4

La tercera vertiente, en contraste, explica a la cultura popular en función de los contenidos temáticos. Generalmente aquí se tiende a idealizar las manifestaciones culturales tradicionales. Según esta vertiente, destaca la caracterización de la cultura popular a partir de construcciones sociales. Dos elementos son importantes desde esta óptica: el producto en sí mismo y/o la posición social de quien genera y/o recibe dicho producto.

En EU, el debate sobre la cultura popular se inscribe en lo que ha dado en llamarse “guerra cultural”. El término se refiere a diversos conflictos entre liberales y conservadores -tanto en aspectos políticos como culturales-, así como entre las comunidades religiosas y las seculares. En la cultura, la guerra se extiende a los valores familiares y sexuales, aunque el terreno en que se desarrolla cambia. Sin ir más lejos, la guerra cultural es parte fundamental de las contiendas electorales dentro y entre los partidos políticos.5

En este sentido, el debate sobre la cultura de las élites o alta cultura y la de la cultura popular o baja cultura, es parte de esa guerra cultural. Así, los defensores de la alta cultura postulan que la popular como cultura de masas es dañina. Los defensores de la cultura popular, por su parte, reviran y señalan que esos ataques son injustos porque tienen tintes discriminatorios y sectarios. Empero, la guerra cultural y el debate remite a algo más profundo: la lucha de clases.

Se trata de una confrontación entre los ilustrados frente a los analfabetos; de los más acaudalados frente a los más pobres; de quienes más influyen versus los marginados. En el fondo está en juego determinar si la vida cultural del país debería ser dirigida por la cultura de las élites, o bien si la cultura debería tener una lógica dirigida por los mercados, en el entendido de que, al menos en EU, los “clientes” gozan de un mayor margen de maniobra en ese mercado de lo que se observa en otros países, por lo que presumiblemente las “masas” que “consumen” podrían equilibrar la balanza a su favor en esa contienda.6

Para Herbert J. Gans, la alta y la baja culturas son estereotipos. Son la versión estadounidense de lo que originalmente en Alemania se denomina Kultur y Massenkultur, traducidos como “cultura” y “cultura de masas.”7 Las primeras teorías nacionalistas germanas de Johann Gottlieb Fichte y Johann Gottfried von Herder, incluyen la noción de das Volk -los campesinos o el pueblo- y su relación con la tierra, y dieron pie a la tradición del pensamiento que caracteriza al nacionalismo al día de hoy. El nacionalismo, a final de cuentas, es la teoría del pueblo, o de lo pop.8 Herder afirmaba que el lenguaje y las tradiciones culturales crean a la nación, la que se extiende para incluir el folklor -Volk-, la danza, la música y el arte.9

En cualquier caso, tradicionalmente la noción de “masas ha tenido una connotación peyorativa, debido a la tendencia a identificarla con los pobres y quienes carecen de educación. Empero, parecería como si las masas tuvieran valores comunes o idénticos, cuando en realidad las transformaciones económicas y tecnológicas, resultado de la urbanización y la industrialización, producen el efecto contrario. Así, según la teoría sobre la cultura de masas, vale la pena tener en cuenta que:

“… la industrialización y la urbanización sirven para crear lo que se denomina ‘atomización’. Ésta es la que define el significado de la sociedad de masas. Una sociedad de masas se integra por personas que solo se pueden relacionar entre sí como átomos en un compuesto físico o químico. Estas personas no se conciben como átomos aislados, sino que se dice que los vínculos entre ellas son puramente contractuales, distantes y esporádicos en lugar de ser estrechos, comunitarios e integrados. En una sociedad de masas, el individuo es cada vez más dejado a sus anchas, posee menos comunidades o instituciones con las que se identifica o valores conforme a los que se desenvuelve, y tiene menos idea de las formas morales apropiadas para vivir.

“Las personas se encuentran en una situación de ‘individuos atomizados’ porque la industrialización y la urbanización llevaron al declive de las organizaciones sociales mediadoras. Se trata de organizaciones como la aldea, la familia y la iglesia, que alguna vez proporcionaron un sentido de identidad sicológica, de conducta social y de certeza moral para el individuo. En contraste, sus contrapartes modernas, como la ciudad y la ciencia, no operan en el mismo sentido; no pueden forjar la identidad, ni definir la conducta, ni influir en la moralidad. De conformidad con la teoría, los pueblos en una sociedad de masas son atomizados tanto social como moralmente”.10

El sexo y la cultura popular

No se agotará aquí el debate sobre la cultura popular. Éste es abordado de manera amplia en un libro de quien esto escribe, de próxima publicación. Antes bien, pretende contar con elementos de análisis para abordar lo que ha dado en llamarse la “sexualización” de la cultura popular, en particular en las sociedades occidentales.

Hoy se observa una gran apertura en el debate público sobre el tema, en particular a la luz de que desde la década de los 60 del siglo pasado el sexo se convirtió en un elemento central de la cultura popular. Brian McNair identifica algunos factores que han generado este fenómeno, a saber:

El impacto del liberalismo en las actitudes de las sociedades occidentales en torno a la sexualidad y la familia nuclear tradicional. Pese a las diferencias imperantes en los países, se observa un marcado declive en instituciones como la religión y el matrimonio, al igual que en torno a la reproducción. Antaño el matrimonio era visto como la institución que enmarcaba la procreación. Tener hijos fuera del matrimonio era condenado socialmente, al igual que la incursión de las mujeres en los mercados laborales porque, se decía, ello comprometía la viabilidad de las familias. Desde los 60 a la fecha, la procreación se produce en condiciones distintas, y las relaciones no monogámicas con fines distintos a la perpetuación de la especie no son motivo de la condena moralista de otros tiempos.

El movimiento feminista ha tenido un fuerte impacto en las agendas políticas, sociales y culturales de los países, al lograr que existan más oportunidades para la expresión de la sexualidad femenina, en particular a partir de la llamada “revolución sexual”.

De manera paralela, el movimiento que reivindica los derechos de los homosexuales ha ganado terreno. Desde la década de los 70, hombres y mujeres homosexuales han logrado una notable visibilidad, en particular en terrenos como el arte y las industrias del entretenimiento.

La propagación del VIH/SIDA es otro factor importante, dado que la terrible enfermedad, justo en el momento en que tanto el movimiento feminista como el que reivindicaba los derechos de los homosexuales estaba logrando legitimarse, forzó a una reconsideración de la apertura y el liberalismo hasta entonces imperante. Ciertamente, el VIH/SIDA fue un tema que se politizó, de manera que los sectores más conservadores de las sociedades encontraron argumentos para oponerse a las agendas del feminismo y de la homosexualidad. Asimismo, lo políticamente correcto llamaba a diferenciar entre el “sexo seguro” y el “sexo inseguro”, con la sugerencia de que una intensa actividad sexual era, potencialmente, letal. Con todo, la aparición del VIH/SIDA condujo a que la distinción entre el “sexo seguro” y el “sexo inseguro” fuera publicitada de manera explícita, lo que le dio más visibilidad al tema.

El resurgimiento de los lobbys conservadores y moralistas, argumentan que la gran permisibilidad imperante en torno al sexo es la causa del colapso de la familia como institución al igual que es responsable de la degeneración moral; por lo que ha sido un caldo de cultivo para otros tantos males que aquejan al capitalismo contemporáneo.11

A esto habría que sumar un fenómeno que debido a la globalización ha encontrado condiciones inmejorables para propagarse: la prostitución, ya plenamente industrializada. Las redes transnacionales de prostitución y explotación sexual que incluyen a menores de edad constituyen un fenómeno muy lucrativo que se reproduce en mayor o menor medida en todo el mundo, pero que al mismo tiempo debe lidiar con los esfuerzos para poner en marcha normas y regulaciones a partir de la necesidad de observar y hacer cumplir los derechos humanos más elementales.

A la prostitución se le suele asociar y, en algunos casos, se le asume como sinónimo de la pornografía. A pesar de que existen vínculos entre ambas, hay importantes diferencias. Si bien en el caso de la pornografía existen sobre todo intereses económicos en su producción y comercialización, la diferencia fundamental con la prostitución estriba en que, en este caso, se trata de la mercantilización de las actividades sexuales a cambio, por supuesto, de dinero o bienes.

Raúl Salazar explica que “la pornografía es una petición social a los servicios de comunicación con el objetivo de aliviar necesidades físicas primarias, de manera recreativa y placentera, basada en la aceptación de imágenes que motiven en la intimidad (o no) del consumidor la satisfacción y extinción momentánea de dicha necesidad”.12 La pornografía tiene entonces, en la cultura popular, un medio primigenio para llegar a los consumidores.

Garganta profunda y la sexualización de la cultura popular

El 12 de junio de 1972 se estrenó en EU una película escrita y dirigida por Giorgio Damiano, estelarizada por Linda Lovelace y Harry Reems con el sugerente título “Garganta profunda” (Deep throat). Considerada como un parte aguas en la industria del cine porno, cuenta la historia de una mujer que acude al doctor debido a que no logra tener orgasmos. El médico encuentra que el problema radica en que el clítoris lo tiene en la garganta. Dado que Linda pone a prueba dicho “descubrimiento” con el doctor, éste la contrata como asistente, para que pueda poner en práctica este singular hallazgo con los pacientes masculinos que llegan al consultorio, hasta que encuentre al hombre adecuado para casarse. Mientras tanto, el doctor también aprovecha la oportunidad para “satisfacer” a la enfermera que lo asiste con la misma técnica. Así, la película gira en torno al sexo oral, la felación y el clímax orgásmico.

“Garganta profunda” fue una película innovadora, dado que contó una historia desde la perspectiva femenina, a partir de un guión con diversos detalles chuscos, incluyendo canciones, fuegos artificiales y sonidos de campanas cada que Linda logra un orgasmo. Se convirtió en todo un suceso en el cine del género, que hasta entonces se caracterizaba por mostrar el acto sexual, los órganos genitales y ya. Llama la atención que Damiano, antes de saltar a la fama como director de cine, fue peluquero, y que en el ejercicio de esa profesión refería haber escuchado en el salón de belleza a diversas mujeres que mientras arreglaban su cabello, de manera recurrente en sus conversaciones, manifestaban insatisfacción sexual. La cinta dura 61 minutos y fue rodada con un presupuesto de apenas 25 mil dólares, pero generó ganancias por 600 mil y hoy ya se le considera de “culto”. “Garganta profunda” sacó al cine porno de una suerte de gueto en que se encontraba para insertarlo de lleno en la cultura popular de las masas. Pero no todo fue miel sobre hojuelas. Richard Nixon y la derecha estadounidense figuraron entre sus principales detractores. La censura de “Garganta profunda” se fundamento en diversas leyes instituidas tiempo atrás, con miras a “proteger a las sociedades” de la inmoralidad y preservar las buenas costumbres.

En ese tenor, en 1868 se aprobó una ley en la Gran Bretaña, producto del caso Regina versus Hicklin respecto a cualquier material que buscara corromper y depravar a aquellos cuyas mentes eran expuestas a esas influencias inmorales, de manera que todo aquello que pudiera considerarse “obsceno” podía ser prohibido conforme a esas premisas. Así, por ejemplo, las obras de Honorato de Balzac, James Joyce, D. H. Lawrence y Gustavo Flaubert, entre otros renombrados escritores, fueron prohibidas porque en sus páginas existían pasajes “obscenos” que podían “dañar” a las nuevas generaciones, en particular, a los niños.13

Regina versus Hicklin fue la base para un fallo de la Suprema Corte de Justicia de EU en torno a la inmoralidad y la obscenidad, en 1957, en el famoso caso de Roth versus EU (354 U. S. 476). Samuel Roth, poseía un negocio en Nueva York en el que ofrecía literatura erótica y fue detenido por vender estos productos, considerados como “lascivos” e “indecentes”. Estuvo en prisión de 1936 a 1939, pero en la segunda ocasión (1957), cuando enfrentó el famoso juicio que lleva su nombre, fue confinado de 1957 a 1961, luego de que la Corte determinara que “la obscenidad es un tipo de discurso sin protección, [y] que los materiales obscenos abordan el sexo de una manera que atraen el interés lascivo”.14 Una situación parecida fue la que enfrentó Marvin Miller, quien tenía un negocio en California en el que vendía revistas con desnudos explícitos y libros eróticos. En aras de publicitar su mercancía, envió catálogos por correo en los que aparecían fotografías de sus productos, incluyendo las de revistas con desnudos. Al igual que Roth, Miller fue detenido y juzgado. El caso Miller versus California (1973) le permitió a la Corte revisar una vez más el concepto de obscenidad.

Tras su estreno, el éxito de “Garganta profunda” renovó el debate sobre lo que Nixon y la derecha consideraban “obsceno.” En ese contexto, Harry Reems, coprotagonista de la citada película, fue arrestado por agentes del FBI en Nueva York en julio de 1974, por los cargos de conspiración por distribuir material obsceno a lo largo y ancho del territorio estadunidense. El arresto se basó en acusaciones de que “Garganta profunda”, había sido financiada por algunas organizaciones criminales y Reems, junto con otros ocho conocidos mafiosos fueron acusados de conspirar para proveer material obsceno en la Unión Americana.15

El juicio fue muy desafortunado para Reems, dado que a lo largo del mismo aparecieron temas tan diversos como el lavado de dinero, asesinatos y otra serie de ilícitos perpetrados por los mafiosos, pero con los que el actor no necesariamente tenía que ver. Cabe destacar que durante el juicio, Reems recibió el apoyo de diversas celebridades como Jack Nicholson, Richard Dreyfus, Gregory Peck, Shirley Mclaine y Stephen Sondheim, entre otros.

El caso Miller versus California fue invocado para condenar a prisión a Reems y a los ocho mafiosos en 1976. Reems debería pasar cinco años en prisión. El actor impugnó la sentencia sobre la base de ser la primera persona en ir a la cárcel por el simple hecho de haber participado en una película y lo que él deseaba sobre todo, era limpiar su nombre. En el documental de 2005 titulado “Dentro de garganta profunda” (Inside deep throat)16 Reems considera injusto todo el proceso judicial y atribuye su reclusión a la “quema de brujas” de los sectores más conservadores de EU, quienes querían mostrarse ante el público preocupados por preservar las buenas costumbres y de enfrentar a las mafias de la pornografía, pero como Reems era una figura pública, debió pagar el precio de la fama en un proceso judicial plagado de irregularidades.

¿Qué fue de Reems después del nuevo juicio que enfrentó y del que ahora sí salió bien librado? Su vida estuvo marcada por el abuso de las drogas y el alcohol. Fue incluido en el elenco de la película “Vaselina” de 1978 en un papel secundario, pero los productores temían que su participación afectara comercialmente al musical, por lo que en la edición final, eliminaron su rol. El resto de su vida Reems trabajó en el mundo de los bienes raíces. Murió el pasado 19 de marzo a la edad de 65 años a causa de cáncer de páncreas.

Linda Lovelace: una vida azarosa

Si bien “Garganta profunda” hizo de Harry Reems la primera estrella masculina de la industria del cine porno, Linda Lovelace fue y será recordada como la protagonista más elogiada y polémica que jamás haya participado en una película XXX. La atención en torno a Linda no solo emana de su estelar en la cinta, sino por su activismo contra la explotación sexual y la industria de la pornografía. Ella misma afirmaba haber incursionado en el mundo de la prostitución, de la mano de su pareja sentimental Chuck Traynor, no por elección, sino porque la obligaba a hacerlo.

En su libro Ordeal, Lovelace -cuyo verdadero nombre era Linda Boreman- cuenta su historia, desde la infancia, al lado de sus padres, pasando por su relación con Chuck Traynor, su separación, y los intentos de rehacer su vida, convirtiéndose al mismo tiempo en vocera del movimiento contra la explotación sexual y la pornografía. En Ordeal, Lovelace es siempre una víctima. Desde la infancia hasta la adolescencia, fue su madre la victimaria, la golpeaba y controlaba su vida hasta que ya en su adultez temprana abandona el hogar para vivir con Traynor. Ella afirma que no estaba enamorada de Chuck, pero que aceptó vivir con él para escapar de su madre inquisidora. Parte de ésta y otras etapas de su vida se presentan en la película “Lovelace” (2013), que hace algunas semanas se estrenó en México. Esta cinta, dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman es estelarizada por Amanda Seyfried y Peter Sasgaard y corrobora los hechos relatados por Linda en Ordeal.

Hay detalles de la vida de Lovelace que no figuran en la película. Por ejemplo, la fatalidad parecía seguir a Linda desde su juventud. Antes de conocer a Traynor, tuvo un terrible accidente automovilístico en 1970, el cual le provocó severos daños y cicatrices en todo el cuerpo. Tras el accidente, sufrió un serio daño en su hígado, le suministraron transfusiones de sangre contaminada, la que le generó una hepatitis. Más tarde, el 3 de abril de 2002, tuvo un nuevo accidente automovilístico que le produjo graves heridas internas, por lo que su familia tomó la decisión de desconectarla 19 días después.

Linda Lovelace fue una figura trágica, pero no solo por los accidentes referidos. Su aparición en “Garganta profunda” fue de apenas 17 minutos, pero el impacto que tuvo en las audiencias de ese tiempo e incluso hoy, se mantiene. La manera en que se convirtió en la protagonista de esa película fue, en sus propias palabras, por la explotación sexual de que fue víctima a manos de Traynor. Al igual que la madre de Linda, Traynor la golpeaba e insultaba, y abusaba físicamente de ella todo el tiempo. En Ordeal, Linda refiere que empezó a trabajar con Traynor en un bar, propiedad de éste, donde inicialmente se hacía cargo de las cuentas. Poco a poco descubrió, sin embargo, que Traynor no era una persona honorable, sino que tenía varios cargos por tráfico de drogas y explotación sexual. Linda explica que en algún momento Traynor comenzó a golpearla y la ofrecía como un “producto” para que los “clientes” tuvieran relaciones sexuales con ella.

Linda también explica cómo se hizo una “profesional” del sexo oral, dado que al decir de los “clientes”, no era muy hábil en la cama. A ella le disgustaba la simple idea de la felación, pero hubo de obedecer al “padrote”. Y fue así que Traynor, necesitado de más ingresos, la propuso, con un video casero filmado previamente, para protagonizar la famosa película.

Cuando publicó Ordeal en 1980, Linda justificaba este terrible recuento biográfico en la necesidad de dar su versión de los hechos. Hay diversas opiniones de personas que la conocieron, que afirman que en el libro la autora se presenta como víctima, cuando en realidad gran parte de lo que hizo, incluyendo su participación en “Garganta profunda”, fue con su pleno consentimiento y sin que nadie la obligara. Se ha sugerido igualmente que Linda padecía un trastorno bipolar y por eso afirmaba haber experimentado cosas que no sucedieron. Por ejemplo, en 1986 testificó ante una comisión del abogado general abocada al análisis de la pornografía, y en esa ocasión dijo que era evidente, para quienes habían visto “Garganta profunda”, que ella había sido violada en presencia de todos los que participaron en la película sin que nadie hiciera nada para evitarlo.17

Lo que es más: habiendo sido vocera del movimiento contra la explotación sexual en la industria de la pornografía, años más tarde Linda se distanció de sus promotores por considerar que éstos la “usaron” en beneficio propio, haciendo dinero a sus costillas.18

Presente y futuro de la pornografía

Al integrarse a la cultura popular, la pornografía parece tener asegurado el éxito económico. Es una industria que, pese a la recesión económica, crece y genera jugosas ganancias. En EU el mayor productor a nivel mundial, el sector genera más ingresos que la NBA, y los estadunidenses invierten más en espectáculos XXX que en el cine y el teatro de Broadway, y mucho más que en entradas a la ópera o a conciertos de jazz y de música popular.19

Las nuevas tecnologías de la información contribuyen a masificar aún más el consumo de pornografía. Se calcula que existen unos 372 millones de páginas XXX. Hacia finales de la década pasada, se sabía que cada 39 minutos se producía en EU un nuevo video porno, y que cada segundo unas 30 mil personas acceden a sitios XXX. La palabra “Sex” es la más invocada en Google y Yahoo. A nivel global se trata de una industria valuada en 57 mil millones de dólares, de los que 12 mil millones corresponden a EU, seguidos de los brasileños y los holandeses.

Pero, ¿en qué estriba el éxito del sector? El sentido común apuntaría a que más importante que acceder a imágenes, videos, literatura y otros productos de ese tipo, es la salud sexual de las personas y las relaciones de pareja -o incluso, sin pareja. Sin embargo, como sugiere Linda Williams, el mundo de hoy es un entorno crecientemente urbanizado, estresante, en el que la convivencia, en particular en el seno familiar, va en declive. Parece paradójico, pero a las personas en el mundo del siglo XXI les resulta más sencillo ingresar a ambientes virtuales como las redes sociales, y contar y relatar diversos aspectos de sus vidas personales con desconocidos, que fortalecer los vínculos con las personas del mundo real. Se puede debatir, por supuesto, si la pornografía tiene o no un valor educativo para las personas, en términos de “orientarlas” en el complejo mundo de la sexualidad.

Con todo, Linda Williams tiene razón cuando refiere que en las sociedades contemporáneas se vive muy rápido y prevalece cada vez más el individualismo. Ya no hay tiempo para preparar alimentos nutritivos, y en su lugar se tiende a ingerir comidas procesadas. Con la sexualidad pasa otro tanto. Las personas pasan más tiempo viendo imágenes sexuales en línea, en la televisión, en revistas, etcétera, que teniendo relaciones sexuales.20 La industria de la pornografía, ciertamente se beneficia de este contexto.

Con todo, vale la pena preguntar sobre el legado de la revolución sexual y de otros eventos, aquí reseñados. ¿Se puede afirmar que la mayor libertad con que ahora cuentan las personas, en particular las occidentales, para hablar y acceder al sexo, se ha traducido en un declive de la explotación y los maltratos de que son víctimas millones en particular, mujeres y niños en todo el mundo? No parece que sea el caso. Posiblemente la revolución sexual, como idea, parecía muy “liberadora” y sin duda contribuyó a cambiar a las sociedades en cierto sentido. Sin embargo, tal parece que la cultura popular de la que la industria de la pornografía forma parte, haciendo a un lado ese debate, simplemente se ha limitado a ofrecer “productos sexuales” a través de nuevos canales y plataformas, dado que eso es mucho más sencillo -y lucrativo- que lograr una evolución a favor de sociedades más igualitarias y progresistas.

Notas:

1 Miguel Fernández Labayen (s/f), Cultura popular y cine español. Una aproximación a la obra de Miguel Albaladejo, Barcelona, Universidad de Barcelona, p. 2.

2 Néstor García Canclini (2002), Culturas populares en el capitalismo, México, Grijalbo.

3 Por eso García Canclini, atinadamente cuestiona si lo popular es lo tradicional o lo masivo (Ibid.).

4 Claudio Lobeto (s/f), “Cultura popular: hacia una redefinición”, en Román Reyes (coordinador), Diccionario crítico de ciencias sociales, disponible en http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/C/cultura_popular.htm

5 Herbert J. Gans (1999), Popular Culture & High Culture, New York, Basic Books.

6 Herbert J. Gans, Op. cit., p. 4.

7 Herbert J. Gans, Op. cit., p. 5.

8 Perry Meisel (2010), The Myth of Popular Culture. From Dante to Dylan, West Sussex, Wiley-Blackwell, p. 7.

9 Por su parte, Fichte caracterizaba a los judíos como “un Estado dentro del Estado” y por lo tanto, una amenaza a la nación germana. Esto es porque para Fichte los judíos eran otra nación.

10 Dominic Strinati (2003), An Introduction to Theories of Popular Culture, London, Routledge, 2nd, p. 6.

11 Brian McNair (1996), Mediated Sex. Pornography and Postmodern Culture, New York, Arnold, pp. 2-3.

12 Raúl Salazar (s/f), El negocio de la pornografía, Barcelona, Universitat Jaume, p. 2.

13 American Civil Liberties (22-08-2012), Regina v. Hinckli, L. R. 2 Q. B. 360 (1868), disponible en http://uscivilliberties.org/cases/4353-regina-v-hicklin-lr-2-qb-360-1868.html?newsid=4353&seourl=regina-v-hicklin-lr-2-qb-360-1868&seocat=cases

14 Case Briefs (s/f), Roth v United States, disponible en http://www.casebriefs.com/blog/law/constitutional-law/constitutional-law-keyed-to-chemerinsky/first-amendment-freedom-of-expression/roth-v-united-states/

15 Dave Itzkoff (s/f), “The After Life of a Porn Star”, en New York, disponible en http://nymag.com/nymetro/movies/features/10988/

16 Dirigido por Fenton Bailey y Randy Barbato, narrado por Dennis Hooper, producido por HBO y distribuido por Universal Pictures.

17 Esta comisión fue creada a petición del gobierno de Ronald Reagan y emitió el famoso Informe Meese, que tiene alrededor de 2 000 páginas y que fue dado a conocer en 1986 en el ánimo de documentar la importancia de la pornografía en Estados Unidos, su impacto en la sociedad, y las normas que deberían crearse o adecuarse para lidiar con el problema. Cabe destacar que bajo los gobiernos de Johnson y Nixon se crearon comisiones similares para abordar el mismo tema.

18 Legs McNeil y Jennifer Osborne (2005), The Other Hollywood, New York, Harper Collins, p. 439.

19 Raúl Salazar, ibid.

20 Linda Williams (2008), Screening Sex, Durham, Duke University Press, p. 6.

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