Cinque Terre

Angélica Recillas

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Licenciada en Comunicación.

El salvador de Honduras y otros personajes antisistema

Este texto fue publicado originalmente el 7 de abril de 2017, forma parte de la revista impresa número 197

“Yo me metí a la política para salvar al pueblo hondureño”, dijo vehemente Salvador Nasralla, presidente del Partido Anticorrupción de Honduras (PAC), durante un debate con el diputado del Partido Nacionalista (PN), Antonio Rivera, el pasado 14 de marzo en el noticiero “Hoy Mismo”. Nasralla busca encabezar la alianza opositora contra el presidente Juan Orlando Hernández, quien pretende reelegirse en los comicios del 26 de noviembre.

En su discurso, Nasralla arremete contra las “cúpulas ladronas” que han fabricado cada vez más pobres en Honduras. Fustiga a los partidos políticos, pero sabe que los necesita para llegar al poder y por ello crea uno y se alía con otros; califica a las elecciones como una farsa pero participa en ellas; ofrece esperanza y transformación pero no explica cómo lo conseguirá.

Nasralla, igual que otros personajes políticos en el mundo que se presentan como “antisistema”, no necesitan de un programa de gobierno concreto para convencer, les basta con su popularidad para apelar a la indignación de amplias franjas sociales. Con su habilidad discursiva, invocan una batalla de buenos contra malos al final de la cual la justicia y la felicidad llegarán; la promesa es seductora, si tiene o no asideros en la realidad es lo de menos, con que la gente lo crea es suficiente.

De la pantalla a la política

Para incursionar en la política, dice haber hecho caso al “clamor ciudadano” que se lo pedía; era 2011 y la sociedad hondureña estaba polarizada, desencantada con su clase gobernante tras el derrocamiento dos años atrás del presidente Manuel Zelaya y los malos resultados de la administración de Porfirio Lobo. Conocido en toda Honduras por su carrera como presentador de televisión y narrador deportivo, Salvador Nasralla aprovechó su fama de más de siete lustros y se lanzó a buscar la Presidencia, para ello creó el Partido Anticorrupción (PAC) el 17 de marzo de 2012 y participó en los comicios de noviembre de 2013.

Nasralla trasladó a su campaña el desenfado de sus emisiones televisivas y el apasionamiento de sus crónicas futbolísticas, para buscar hacer clic con el público que lo sigue en la pantalla. En su discurso, les habló de ese “pequeño grupo de ladrones politiqueros” que tienen secuestrada a la democracia en Honduras y de la corrupción con la que ofreció terminar aunque no explicaba cómo. Sin embargo, los cómputos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) lo colocaron en cuarto lugar con el 13.72% de los votos; desconoció los resultados y alegó fraude, pero la acusación quedó en el discurso y Juan Orlando Hernández, del Partido Nacionalista, asumió el poder.

La votación obtenida, principalmente entre los jóvenes según las estadísticas del TSE, le permitió al Partido Anticorrupción ganar 13 escaños en el Congreso y eso animó a Nasralla continuar en la arena política sin abandonar su faceta como estrella de televisión, pese a que al calor de sus eventos políticosha acusado a los medios de mentir y ocultar información. A fin de cuentas éstos han sido su principal sustento y el propio Nasralla lo ha reconocido.

”Yo estoy haciendo un compromiso con la patria. Estoy invirtiendo dinero de mi patrimonio personal y mi tiempo para devolverle al país todo lo que me dio. En realidad, yo no pierdo porque tengo dos programas exitosos que me dejan muchísimo más dinero que el que tendría si soy presidente”, declaró a La Nación, el 6 de noviembre de 2013, 18 días antes de las elecciones presidenciales.

Pero la inquietud de Nasralla por ser presidente permanece; convencido de que “los ladrones” que gobiernan su país harán lo que sea para perpetuarse y de que requiere sumar más voluntades para echarlos del poder, el 15 de enero de 2017 decidió adherir al Partido Anticorrupción (PAC) a una alianza opositora con el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) y el Partido Innovación y Unidad (PINU). De acuerdo con los principales diarios y analistas de Honduras, la candidatura común se la disputarán Nasralla y Xiomara Castro de Zelaya, representante de LIBRE, por ser los más conocidos. El 31 de octubre de 2016, Nasralla aseguró que pase lo que pase en el proceso electoral de 2017, será la última vez que contienda.

La personalidad política del hombre espectáculo

Durante la breve carrera política de Salvador Nasralla, han aflorado facetas de su personalidad que sólo de vez en cuando aparecían en su desempeño como animador de televisión o cronista deportivo. Quizá para la gente habituada a seguirlo en pantalla no eran importantes sus excesos verbales o sus exabruptos durante la narración de algún partido de futbol; es más, hasta se podían dar el lujo de hacer mutis e incluso, secundarlo, por considerar que eran parte del espectáculo. Pero hacer lo mismo en el terreno político, máxime cuando se aspira a gobernar un país, tiene implicaciones distintas. Ya hay voces que así lo han advertido ante la posibilidad de que represente a la alianza opositora.

El 17 de agosto de 2009, se peleó al aire con los comentaristas deportivos José Ramón Fernández, Carlos Albert y Daniel Brailovsky, quienes en su programa “Futbol Picante” lo cuestionaron acerca de sus comentarios contra el árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez, a quien calificó de “ladrón” por su conducción del encuentro entre las selecciones de Honduras y Costa Rica; asimismo amenazó con revelar el hotel donde se hospedaba el silbante si no rectificaba sus decisiones. Cuando los cronistas le hicieron ver que era una forma de incitar a la violencia y una falta de ética, Nasralla reaccionó a la defensiva y dijo no entender el escándalo que se hacía por la simple opinión de un periodista de “un pequeño país perjudicado por los árbitros”. Aunque entonces no incursionaba en la política, el episodio dejó al descubierto a un hombre irascible, temperamental e incapaz de conservar la ecuanimidad ante preguntas incómodas.

Como político, se ha visto envuelto en distintas polémicas por no saber controlarse; el 30 de marzo de 2016, El Heraldo registró que al encabezar un mitin en la provincia de Yoro por el cobro del peaje en una carretera, arremetió contra la prensa y dijo que los medios mienten, incluso donde él trabaja: “Todos son pagados por el Estado para mentir”.

En el contexto de las divisiones internas en el PAC a causa de la votación que cuatro de sus legisladores emitieron para la elección de los ministros de la Suprema Corte de Justica de Honduras, Nasralla se enfrascó en enfrentamientos mediáticos con dos de los correligionarios disidentes, ambas mujeres. A la congresista Marlene Alvarenga, el 5 de mayo de 2016, la acusó, sin pruebas, de recibir 12 millones de lempiras del gobierno, mientras que de la diputada Fátima Mena, sugirió el 2 de junio de 2016, que pudo haber sido “conquistada por los dinosaurios” en el Congreso Nacional.

“Probablemente por su juventud o algo así y por ser mujer, los grandes del Partido Nacional, le dicen siéntese aquí mamita, usted tiene una gran carrera política, o sea que la convencen. Yo tengo un alto concepto de ella, pero estos dinosaurios, que tienen 60 años de edad y mucha experiencia, saben cómo conquistar a una muchachita, la llevan a cenar para acostarse con ella”, se le escuchó decir en una grabación que circuló en redes sociales y se publicó en el portal de La Tribuna. Al igual que en sus críticas a los medios, Nasralla quiso enmendar al señalar que no acusaba a su compañera de nada, sino que exponía una situación frecuente en la política.

También causó revuelo con la entrevista que concedió el 10 de octubre de 2016 al diario deportivo Diez, en donde hizo alarde de que en sus 63 años de vida ha tenido a 700 mujeres a las cuales ha dejado satisfechas; que su esposa la modelo Iroshka Elvir, llegó virgen al matrimonio y otros detalles de su vida sexual que deberían permanecer en el ámbito de lo privado en un hombre que aspira a gobernar su país.

Pese a quedar registro hemerográfico de todas sus expresiones hacia las mujeres, Nasralla, recurre al recurso de la victimización y en un video subido a su cuenta de Facebook el 10 de marzo de 2017, dos días antes de las elecciones primarias en Honduras, acusó que sus palabras fueron sacadas de contexto para montar una campaña de desprestigio en su contra por parte de “quienes no quieren un cambio para el país”. Y aun cuando el PAC no participó en el proceso, donde las principales fuerzas políticas definieron a sus candidatos, Nasralla no dejó pasar la oportunidad de promoverse mediáticamente con diversas declaraciones.

Según el calendario electoral, el PAC tiene hasta el 12 de mayo para nombrar a su abanderado y posteriormente se designará al candidato común de la alianza opositora que conforman el PAC, LIBRE y el PINU. Todo parece indicar que será nuevamente Nasralla pues es el único rostro visible del PAC en los promocionales de prensa, medios electrónicos y redes sociales. En el sitio oficial y cuentas de redes del partido aparece su fotografía con la leyenda “Nasralla presidente” y el eslogan “Somos el verdadero cambio para ti y para Honduras”.

Los partidarios de Xiomara Castro, candidata del Partido Libertad y Refundación, agrupados en la organización “Cual es la Ruta” han difundido en sus redes sociales varios videos donde se compilan los dislates de Nasralla, a fin de advertir al electorado que una persona con su perfil no es la adecuada para dirigir el destino de Honduras, pues todo lo que tiene en su haber es una popularidad ganada en la televisión organizando concursos de modelaje, haciendo “payasadas” o narrando futbol. Y además carece de un programa de gobierno.

Asimismo, un sondeo de FOX mostró también que la popularidad de Trump ha disminuido entre los estadounidenses. Solo un 43% de los consultados le otorgaron una calificación positiva, lo que representa una caída de cinco puntos respecto del 48% obtenido en febrero. Menos de la mitad de los encuestados aprobó su desempeño en economía, terrorismo, migración, salud y política exterior.

III.- Además del desencanto hacia los gobiernos y políticos tradicionales, hay otros factores como el terrorismo, que favorecen la aparición de actores antisistémicos. En los últimos 17 años, diversos países de Europa fueron objeto de ataques terroristas, entre ellos Holanda. En este contexto emerge Geert Wilders; los asesinatos de dos personajes públicos cercanos a él, a manos de fundamentalistas islámicos en 2002 y 2004, lo marcaron y desde entonces se ha declarado enemigo del Islam.

A diferencia de otros líderes emergentes, Wilders tiene trayectoria política. Fue congresista del Parlamento de los Países Bajos en los 90 por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), una organización de corte conservador, sin embargo, diversos desacuerdos lo llevaron a separarse y fundar en 2004 el Partido por la Libertad (PVV), desde donde ha promovido su agenda basada en el destierro del Islam, convencido de que en esta cultura está la semilla del terrorismo.

Al buscar el voto en las elecciones presidenciales y parlamentarias del pasado 15 de marzo, Wilders prometió que de ganar cerraría las fronteras a los inmigrantes de origen musulmán, prohibiría la venta del Corán y acabaría con las mezquitas. Tal y como lo hiciera Trump en EU, el controvertido político exaltó el nacionalismo y ofreció “recuperar” su país para los holandeses. En el único debate que tuvo el 13 de marzo con su contrincante del PVV, Mark Rutte, quien buscaba la reelección, Wilders espetó: “Si quieren que Holanda vuelva a ser nuestra, entonces echen a ese hombre (Rutte) y pónganme en la Torentje (la oficina del primer ministro)”.

Pese a ser la holandesa una sociedad abierta y tolerante, la retórica de Wilders permeó en varias franjas sociales, especialmente los jóvenes. Entre sus partidarios, motivados por los resultados del Brexit y la victoria de Trump, había mucha confianza en el triunfo de su líder. Hasta fines de enero y principios de febrero, el PVV lideraba los sondeos de opinión, que le daban hasta 32% de las preferencias. Pero la realidad fue diferente: Rutte y el VVD se situaron en primer lugar con 21.4% de los votos, mientras que Wilders y el PVV obtuvieron el 13.1% y el Partido Democristiano (CDA) quedó tercero con 12%. El resto se distribuyó entre otros ocho partidos políticos con rangos de votación del 9% y menos. Este espectro político refleja la diversidad de la sociedad holandesa que no le concede un triunfo contundente a ningún partido, lo que obligará a su primer ministro a construir acuerdos.

Pese a la popularidad que consiguió con su discurso xenófobo y segregacionista, Wilders, no era un personaje que convocara a multitudes en las plazas, sino a través de los medios y las redes. Al conocer los resultados asumió su derrota, pero reivindicó su movimiento.

Los reporteros Juan Diego Quesada e Isabel Ferrer, hicieron la siguiente descripción de este personaje en El País:

“El político de melena oxigenada vive aislado por miedo a ser asesinado por sus furibundas críticas al islam y así recibió los resultados. Mientras los otros candidatos compartían la noche con sus asesores y militantes, él escuchó lo que habían decidido los holandeses encerrado en su despacho. El hombre que lidera una entente de radicalidad y racismo con otros líderes similares en Francia, Alemania y Austria, se presenta a sí mismo como la voz de la gente de la calle, pero la realidad es que lleva más de una década viviendo en una burbuja. 24 horas protegido por la policía, sin domicilio fijo y limitando sus apariciones públicas. El candidato más popular de todos es el que menos se ha dejado ver en campaña”.

El mundo occidental recibió con júbilo la derrota de la derecha radical en las elecciones holandesas.

Llegaron para quedarse

Conforme crece el descontento social y la desconfianza hacia los gobernantes y partidos políticos convencionales, disminuye la credibilidad en las instituciones y las sociedades experimentan profundas divisiones. En estos contextos aparecen seres carismáticos que prometen una transformación total de lo establecido; su poder de convencimiento es tal, que mucha gente decepcionada por los malos resultados de las gestiones gubernamentales les cree y los percibe como la única posibilidad de cambio. El problema deviene en riesgos para las instituciones y las leyes de la democracia.

Personajes como Jimmy Morales sin una trayectoria política o figuras como Donald Trump o Greert Wilders hábiles para colocar una retórica nacionalista en sociedades ávidas de ser protagonistas en la escena mundial, se “venden” como todopoderosos para lograr su objetivo y una vez que lo consiguen, el desgaste del ejercicio del poder les va quitando ese halo de fascinación con que llegaron.

En el caso de Salvador Nasralla si bien no ganó en 2013, consiguió para el Partido Anticorrupción un importante número de posiciones en el Congreso. En los últimos meses, el popular presentador de televisión y cronista deportivo, dejó claro que está dispuesto a mucho para conquistar la Presidencia desde aprovechar sus espacios mediáticos para lucrar con su vida privada, hasta acusar al actual gobierno de narcotráfico, desacreditar a sus adversarios y generar expectativas desbordadas hacia su persona, más que a su programa de gobierno, que hasta el momento no se sabe en qué consiste.

En entrevista para el número de marzo de Letras Libres, el filósofo uruguayo Moshe Halbertal, al hacer un análisis de Donald Trump, expresó que la gran paradoja de los candidatos que se promueven como “antisistema”, es que al ser elegidos, se convierten en parte del “sistema”. Y es tan cierto, como también lo es que estos personajes llegaron para quedarse, incluso en desdoro de la propia solidez democrática.

 

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