Cinque Terre

Ruth Esparza Carvajal

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Subdirectora de etcétera

El rostro del mezcal

Hace unas semanas estuve en la ciudad de Oaxaca y tuve la oportunidad de visitar Santiago Matatlán. Encontrarme con un mundo tan diferente al que se vive en la ciudad de México, en donde el tiempo parece transcurrir de otra forma, a otro ritmo. Es algo que sabemos, pero verlo, vivirlo y platicarlo con sus habitantes es una experiencia singular.

Al entrar al poblado de Santiago Matatlán, conocida como la capital mundial del mezcal, a tan solo 45 minutos de la ciudad de Oaxaca, se encuentra uno con calles de tierra y zaguanes que esconden en su interior fábricas artesanales de mezcal. El patio de la casa de don Marcelino es una de las muchas destilerías que le han ganado fama a este lugar.

Del horno sumido en la tierra que cuece con el calor de las piedras durante tres días la piña del maguey, a la molienda, después a los barriles de fermentación y a la destilación. Solo maguey, piedras, leña, fuego, agua y, claro, la mano del hombre y la fuerza de la bestia intervienen en la producción de tan apreciada bebida que hoy empieza a internacionalizarse.

Es domingo y todos trabajan, aquí no hay horario ni calendario: es Matatlán, Oaxaca

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