Premio Nacional de Protección Nacional
Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

[email protected]

Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

El protagonismo político de las redes sociales

La política transita hacia nuevos escenarios. Una de las tesis sobre las transformaciones actuales sostiene que los Estados modernos deben adaptarse a las tecnologías. Algunos autores como Negri (2005) creen que el impacto sobre los gobiernos debe generar nuevas concepciones sobre el modelo tradicional del Estado. Tal modelo implica reformular los sistemas políticos para construir nuevas figuras de legitimidad, así como la producción de normas jurídicas y constitucionales. Está comprobado que los sistemas políticos, los gobiernos y la sociedad civil son afectados por los cambios globales y tecnológicos (Fernández, 2011).

 

 

Existe una crisis global de legitimidad en el Estado. Esta se debe en parte a la expansión de nuevos sistemas de comunicación e información generados por la tecnología. Una reciente investigación reveló que la pérdida de legitimidad por parte de los representantes sociales se debe a que los gobiernos intentan legitimar sus programas mediante la transmisión de mensajes en medios de difusión. Las autoridades llevan a cabo campañas mediáticas para legitimar sus acciones en lugar de cumplir con sus obligaciones legales. Es un hecho que los políticos continúan usando a los medios como principal vehículo para difundir su ideología. Mediante formas de interacción tradicionales, como la organización de ruedas de prensa y entrevistas, los políticos intentan legitimar sus acciones. El problema es que paralelo a ello se generaron en Internet nuevos espacios para la información y la discusión de lo político que ponen en crisis comunicativa a las instituciones tradicionales.

 

Sin embargo, los medios continúan jugando un importante rol para transmitir a la sociedad los programas, las acciones y la ideología del sistema establecido. Es por esto que los medios tradicionales también tienen una crisis de credibilidad. La mayoría de las empresas mediáticas disputan el mercado y la información relegando lo que piense y opine la audiencia. Varios estudios a nivel global han demostrado empíricamente que la comunicación internacional es controlada a través de empresas transnacionales, que imponen sus intereses y su influencia a los contenidos periodísticos que transmiten. Los conglomerados poseen diversos medios: son dueños de periódicos, estaciones de radio, canales de cable, revistas, página de Internet, compañías de publicidad y casas editoriales, entre otros. Entre dichos conglomerados están empresas como Disney, Sony o News Corporation.

 

Contrario al uso de medios tradicionales, estudios realizados en 25 países europeos durante épocas de cambio de gobiernos, demostraron que a mayor penetración de Internet entre la población aumenta el consumo de información electoral y política en detrimento de los canales tradicionales de comunicación: radio, televisión y prensa escrita (Lusoli, 2005). En los últimos años, partidos, instituciones electorales, grupos de presión, burocracias públicas y entidades de poder mundial, comenzaron a utilizar las nuevas tecnologías. Un estudio de Warschauer (2004) encontró que la participación de las personas en asuntos políticos mediante el uso de canales mediáticos, depende en gran medida de la disposición tecnológica. Recientes conflictos políticos en Ucrania, Grecia, Brasil y Bulgaria se caracterizaron porque los manifestantes tenían conexión a Internet y dispositivos móviles. En 2013, el conflicto armado en Siria fue el primero en transmitirse en tiempo real mediante YouTube. Bajo este panorama, la política está cambiando: las personas participarán más en política en tanto tengan mayor información y podrán retroalimentar al sistema político y al mediático en la medida en que dispongan de la tecnología para hacerlo.

 

Un análisis sobre las elecciones y los partidos políticos encontró que los ciudadanos y las organizaciones civiles emplean sitios electrónicos y redes sociales para organizar campañas y discutir temas que proponen los candidatos. El uso de redes digitales en el campo político norteamericano demostró que los artefactos son importantes para determinar la conducta política de los ciudadanos a partir de oleadas rivales y grupos de identidad (Christakis y Fowler, 2010). De acuerdo con este estudio, en Internet los partidos organizan redes de militantes, quienes a su vez tienen la misión de adherir a más personas y recaudar fondos. En este sentido el sistema político está acudiendo a los espacios virtuales. El Presidente de México, los gobernadores de los Estados o los alcaldes del país, tienen perfiles en las redes sociales para intentar alcanzar a nuevos consumidores de información. Así lo demostró una investigación encabezada por Meneses (2009), quien descubrió que el aparato político utiliza sitios oficiales para difundir la propaganda electoral, montar videos en la web, abrir perfiles en redes sociales, blogs y micrositios para la promoción del voto y del voto nulo.

 

A nivel individual, la libertad que tienen los usuarios de Internet para crear y compartir información generó en los últimos años una cultura libre de contenidos que compite con las noticias de los medios tradicionales. Los internautas diseñan mensajes en espacios como blogs y encabezan discusiones en Facebook o Twitter sobre asuntos que consideran de interés. Una característica de esta nueva producción mediática es que los temas que llaman su atención no son siempre los que difunden los medios tradicionales. Periodistas, conductores y personas con cierto prestigio en radio o televisión, están utilizando las redes sociales con la finalidad de ampliar sus comentarios y participaciones. Sin embargo, algunas investigaciones descubrieron lo contrario: a pesar de los cambios que se registran al interior de los medios, éstos continúan siendo industrias culturales que banalizan sus contenidos y profundizan poco sobre aspectos relevantes (Hesmondhalgh, 2007).

 

 

En Internet los mensajes políticos circulan de manera diferente a los mensajes de los medios tradicionales. En Internet, los contenidos pueden difundirse como una “bola de nieve” y afectar o beneficiar al sistema político. Las redes de colectivos civiles se unen porque comparten temas que no sólo afectan las localidades, sino que en algunos casos abordan problemas planetarios. Una de las primeras investigaciones sobre la acción política en Internet, es el célebre trabajo de Bell y Boas sobre el Fulan Gong, disciplina espiritual basada en principios de verdad y benevolencia (Owny, 2008). Luego de ser introducida en 1992 en China, el gobierno prohibió la práctica espiritual bajo el argumento de que era nociva para el Estado al ser “herética”. La página de Internet de la disciplina fue bloqueada por las autoridades, lo cual generó una reacción por parte de defensores de derechos humanos y asociaciones religiosas, quienes en la red expusieron los abusos cometidos por el gobierno. Las autoridades chinas fueron exhibidas a nivel global gracias a la colaboración en red de otras organizaciones civiles.

 

Con Internet, la participación política de las personas es diferente a la forma en que lo hacían en espacios tradicionales (plazas, teatros, edificios, etcétera), y en forma mediática (en periódicos, programas de televisión, etcétera). Esto se debe a que la nueva tecnología da la posibilidad de consultar una mayor cantidad de información, tener reciprocidad con otros individuos y abordar temas más plurales. En una indagación sobre la funcionalidad de los blogs, Orihuela (2006) concluyó que es fundamental la información para la participación social: los usuarios de las nuevas técnicas necesitan datos relevantes y oportunos para tomar decisiones. En el ciberespacio, las personas pueden adoptar variados roles, como turistas, parroquianos o surfers. La red posibilita que las organizaciones no gubernamentales como Change.org, promuevan temas tan variados como el riesgo del cambio climático o la cancelación de un programa televisivo. La red es una herramienta de lucha para que la sociedad exija mejoras democráticas como ocurrió en años recientes en Medio Oriente.

 

La ciberparticipación en asuntos políticos abarca temas internacionales contra actores globales, el modelo económico capitalista o las empresas trasnacionales. Un análisis sobre los jóvenes indignados en España determinó que la movilización actual surge en forma espontánea pero atrás de su activación hay múltiples factores que la originan. En este caso, el trabajo plantea que los inconformes intentaron rescatar la política local ante el desmantelamiento de los servicios públicos, el aumento de la edad de jubilación, la privatización de la sanidad, la educación y la cultura, producto del proceso neoliberal (Roitman, 2012). Otro ejemplo son las revueltas en países árabes durante 2010 y 2011, que surgieron como respuesta para modificar el sistema de gobierno. En la llamada “Primavera árabe” se descubrió que la conectividad a la red y la educación fueron determinantes para los cambios sociales.

 

La red es capaz de mejorar los sistemas democráticos, tal como lo señala Jones (2010) luego de analizar las campañas políticas en la red: los internautas pueden formar parte del desarrollo del futuro global a través de su participación virtual dentro de los sistemas políticos y democráticos. La conectividad en la red permite a las personas construir circuitos de información autónomos para impulsar iniciativas civiles ante el Estado. Evidencias recolectadas en varias partes del planeta confirman que los usos de las nuevas tecnologías pueden democratizar la comunicación, mejorar los procesos industriales, reformar las estructuras políticas, económicas y culturales. En Sudáfrica mediante internet se logró implementar una campaña para el tratamiento contra el SIDA: fue abierto un sitio electrónico y un correo institucional que funcionaban para las personas enfermas. Según el informe Global Internet Report elaborado por la asociación internacional Internet Society (2014), una de las características recientes de las prácticas en la red se relaciona con el diseño de gobiernos abiertos y la participación social en campañas políticas. En los últimos años empresas vinculadas a las nuevas tecnologías y organizaciones civiles participan en las contiendas políticas como soportes de la llamada democracia virtual o edemocracia. Google abrió plataformas especiales durante 2012 para dar seguimiento a las campañas en Estados Unidos, Chile, Japón, México y Australia. En Italia, el Movimiento 5 Stelle (M5S) presentó en 2013 una plataforma en línea para incorporar las opiniones de los electores e incidir desde las redes en el proceso político. Estonia representa el mayor avance en contiendas electrónicas pues todas sus elecciones se llevan a cabo a través de Internet. En la India, Brasil, Filipinas o Kazajstán, se realizan ensayos para integrar el modelo virtual de votos. Otra de las prácticas políticas que se registran en el mundo consiste en dar seguimiento a la actividad pública de los candidatos que fueron elegidos. En Estados Unidos o Reino Unido, después de que el representante toma posesión del cargo, a través de Internet el electorado puede influir sobre sus decisiones políticas.

 

 

Los estudios demuestran que cada vez es más común la integración de nuevas tecnologías para la ejecución de políticas públicas. Este modelo es conocido también como gobierno electrónico, e-gobierno o gobierno virtual. Un estudio comparativo sobre los espacios públicos digitales entre las ciudades de Aguascalientes, México y Quebec, Canadá, demostró cómo existe una diferencia entre las decisiones que se toman para desarrollar la comunicación pública de los gobiernos, y por otro lado el uso que realizan las personas tanto de los contenidos como de los servicios (De León, 2015). En Kenia los ciudadanos pueden pagar sus impuestos en línea. En la región Asia-Pacífico existen programas gubernamentales a través de Internet para atender la educación, la asistencia sanitaria, la lucha contra la corrupción, etcétera. En los procesos de elecciones políticas, la participación social en línea es más sólida cuando los individuos se informan en comunidades a las que pertenecen. Haythornthwaite (2012), concluyó que en dichas colectividades son pocas las fuentes pero diversas; existe visibilidad de los integrantes y una relación fuerte con el resto de la colectividad; el control interno y normativo no se da por el exterior; y los propósitos no son comunes, sino grupales.

 

Hoy en día las redes virtuales son parte de los procesos políticos y electorales. Una encuesta realizada en Estados Unidos a dos mil 253 personas adultas en 2012 reveló que el 63% de los internautas no publican contenidos de candidatos durante las campañas electorales, el 12% envió al menos un correo electrónico para promover a los aspirantes y el 10% mandó un mensaje de texto a sus conocidos. Sólo el 36% de los encuestados que son amigos en Internet de algún aspirante afirmaron compartir a veces información política en sus espacios virtuales. Conforme al estudio Hábitos y Percepciones de los Mexicanos sobre Internet y Diversas Tecnologías Asociadas, publicado por World Internet Project, el 41% de los internautas mexicanos considera que la red es una herramienta política a través de la cual la gente puede decirle al gobierno lo que debe de hacer; el 48% cree que mediante Internet las autoridades pueden saber lo que las personas creen; el 64.4% piensa que la red le dará mayor poder político a la sociedad y el 59% está de acuerdo en que mediante esta tecnología la gente puede comprender mejor la política.

 

Una investigación efectuada en México durante la campaña electoral federal de 2012 descubrió que la contienda careció de debate de temas y se enfocó principalmente a la promoción de la imagen de los contendientes. Aparecieron prácticas clásicas del sistema político: el troleo, la descalificación, el acarreo digital y la retórica (Chavarría, 2014). En enero de 2014 en España se presentó y se difundió por Internet el manifiesto “Mover ficha: convertir indignación en cambio político”. El documento firmado por una treintena de intelectuales, periodistas, académicos y activistas que habían apoyado a los indignados españoles fue el inicio del partido Podemos. Con el fin de contender en las elecciones europeas en mayo de ese año, los impulsores se propusieron lograr tres objetivos: el apoyo de al menos 50 mil personas en Internet, construir una plataforma política con la participación abierta y buscar la unidad con otros movimientos de izquierda. En 20 días se afiliaron 100 mil personas y en las elecciones primarias abiertas de la Eurocámara, Podemos ganó cinco escaños y fue el cuarto partido más votado. Un reciente estudio efectuado en 32 países en desarrollo reveló que el 30% de las personas encuestadas ve a Internet como una “mala influencia” para la política y el 36% consideró que las redes pueden aportar cambios significativos en los gobiernos.

 

 

En México, según una investigación efectuada por Galindo y González (2013), la acción de estudiantes del movimiento #YoSoy132 fue un acto “estético” por su encanto: generó un amplio poder de convocatoria y las redes digitales fueron canales que ampliaron el fenómeno. Los estudiosos definen las comunidades estéticas como sistemas de comunicación impulsados sobre todo por los medios de difusión masiva y el Internet. Un movimiento social estético es entonces un movimiento social diferente a la acción política tradicional, principalmente por no estar a favor o en contra de algo en particular. Los autores establecen que #YoSoy132 representó un comportamiento colectivo condicionado por resortes no del todo visibles, como podrían ser factores económicos, políticos y culturales. Tanto el Estado como sus instituciones perdieron la capacidad de generar participación social y estos vacíos fueron llenados con acciones civiles. Con base en encuestas, los investigadores descubrieron que la sociedad mexicana no participa en acciones sociales por miedo, pero más del 80% de los jóvenes afirmó estar dispuesto a defender sus ideales. Otro trabajo realizado por Meneses (2015), demostró cómo las redes sociales facilitan la conectividad entre los individuos al grado de poder movilizar a una gran cantidad de personas, protestar contra el sistema político y contra desigualdades que viven en sus propios contextos. Los participantes, en su mayoría universitarios, utilizaron las herramientas tecnológicas a su alcance para emprender una lucha contra de los medios de comunicación y exigirles la democratización de sus contenidos y en un segundo momento, canalizaron sus baterías contra el sistema político.

 

Conclusiones

 

La nueva tecnología cuyo motor de conectividad con otras tecnologías y seres humanos es Internet, está modificando profundamente el concepto de la política y esto es posible observarlo al menos en tres estructuras. El primer cambio y tal vez el más visible, se ubica en la comunicación política. El poder político y los propios medios de difusión –como extensiones de la ideología– están transitando sus formas jerárquicas de difusión a los nuevos espacios digitales. En dichos espacios, la comunicación política es más vulnerable y se encuentra disponible para la discusión y el linchamiento virtual. El segundo cambio son las estructuras del Estado. Las instituciones públicas llevan a cabo acciones para integrar sus políticas púbicas en el ciberespacio. Servicios como el pago de impuestos o la realización de trámites, ahora los ciudadanos pueden realizarlos en forma remota. El paradigma del gobierno abierto existe en tanto tal visibilidad de información sea posible mediante las nuevas tecnologías. Y el tercer cambio analizado en el presente texto, se refiere a las nuevas formas de participación social. Las personas tienen a su alcance tecnología que les permite intercambiar –o no– formas comunicativas con el poder político y los medios de difusión. La ciberparticipación abarca toda una gama de acciones colectivas que las personas desarrollan desde el teléfono móvil o la computadora portátil, y que en algunos casos, puede derivar en acciones reales, visibilizadas en las calles y en las instituciones.

 

Referencias

 

1.Christakis, N. y Fowler, J. (2010) Conectados. México: Taurus.

 

2.De León, S. (2015). Estudio comparativo de espacios públicos en línea: Aguascalientes y Quebec. Clivajes. Revista de Ciencias Sociales, 2 (3), 45-66.

 

3.Chavarría, A. (2014). Esfera pública digital: viejas prácticas en 140 caracteres. Virtualis, 5 (9), 75-89. 4.Fernández, J. (2011). Política, Gobierno y Sociedad Civil. México: Fontamara.

 

5.Galindo, J. y González, J. (2013). #YoSoy132: la primera erupción visible. México: Global Talent University Press.

 

6.Haythornthwaite, C. (2012). Democratic process in online crowds and communities. Journal of Democracy, 4 (2), 160-170.

 

7.Hesmondhalgh, D. (2007). The Cultural Industries. Thousand Oaks: Sage Publications.

 

8.Jones, A. (2010). Globalization: key thinkers. Cambridge: Politic Press.

 

9.Lusoli, W. (2005). A Second Order Medium? The Internet as a Source of Electoral Information in 25 European Countries.

 

Information Polity, 10, 247-65.

 

10.Meneses, M. (2009, 1 de diciembre.). Elecciones e Internet en México: los usos políticos de la red en el marco de la campaña electoral de 2009. Sala de Prensa. Recuperado de Sitio Web: http://www.saladeprensa.org/art926.htm.

 

11.Negri, A. (2005). La forma-Estado. España: Akal.

 

12.Owny, D. (2008). Falun Gong and the future of China. New York: Oxford University Press.

 

13.Roitman, M. (2012). Los indignados al rescate de la política. España: Akal.

 

14.Warschauer, M. (2004), Technology and Social Inclusion: Rethinking the Digital Divide. London: MIT Press.

 

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password