Premio Nacional de Protección Nacional

Jesús Olguín

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Médico cirujano

El poder de la iglesia (última parte)

Los tiempos remotos de la lucha por el poder y la riqueza, así como los tiempos de ahora no pueden comprenderse sin el rol de la iglesia y su intento de ser una clase privilegiada, y lo ha conseguido en distintas épocas y en muchas regiones.

La iglesia ha establecido el control de grandes masas a través de imponer reglas que, por supuesto, no emite su jerarquía sino que las traduce de los designios divinos, o sea, del dictado hecho por el propio creador de todas las cosas y quien depositó en la iglesia católica la custodia y el cumplimiento cabal del mismo, so pena del castigo eterno si se pasan por alto.

Dogmas de fe

Son múltiples las teorías sobre el origen y el sentido de la vida. Diferentes culturas lo han definido a través de sus propios dogmas con una convicción tal que han sido causa de guerras.

Sería más fácil creer que alguien o algo diseñó la interacción entre las moléculas de un organismo para su funcionamiento, reproducción y muerte con la capacidad de coexistir con otras especies complejas en un ecosistema que es absolutamente equilibrado. Costaría menos trabajo pensar que, de la nada, alguna inteligencia superior creó la vida o que ésta fue producto de la casualidad o de la combinación de algunas moléculas que por azar se mezclaron entre sí.

Ese pensamiento se ha descompuesto en infinidad de particularidades desde las que se entretejen diversas teorías que finalmente, al no ser sustentables científicamente, se han convertido en dogmas de fe, que han tratado de seguir sus propios paradigmas y han buscado certeza en su propia cosmovisión.

Al César…

La iglesia católica fue y ha sido una de las principales asociaciones religiosas en sentar sus bases en los misterios encerrados en la vida y en tratar de explicarlos apelando a las emociones. Cuestionar el papel de la iglesia católica y el quehacer de la institución no implica criticar las creencias individuales, ni las acciones de todos sus protagonistas.

Hay suficiente evidencia que resalta el desempeño de diversos hombres que han sido congruentes con su prédica en favor “del prójimo”. Lo cuestionable es la manipulación para controlar a pueblos enteros a través de la industria del pecado y el castigo, de establecer reglas a conveniencia para someter las acciones y el pensamiento para limitar el desarrollo y la educación.

Nuestro país no ha sido la excepción de esa dinámica de la iglesia católica que desde su llegada a las Indias encontró tierra fértil para sembrar sus doctrinas y crear una nueva cultura y que con un espectacular sincretismo generó una sociedad fiel a sus dogmas, incluso sin importar en muchas ocasiones que se rompieran sus propias reglas en el nombre de dios. El fin es mantener el control y preservar su supremacía, en el dictado de una vida moralmente aceptable desde la perspectiva cristiana.

Bajo la lupa

La moral establece lo que la sociedad acredita como aceptable y la iglesia en México a partir de la moral religiosa ha tenido que ver en la definición de lo bueno y lo malo. Lo interesante es que ahora la ética ha puesto bajo la lupa a la iglesia católica.

Revisar la historia de la iglesia católica implica hablar de represión, de confabulación con los poderosos, de acumulación de bienes y riquezas emanadas de los fieles, de acomodar las reglas a conveniencia, de eliminar obstáculos al precio que fuere, de héroes emanados de sus filas que por una u otra cosa terminaron sus días sentenciados por su propia institución y, es también, hablar de gobernantes manipulados vergonzosamente por el perdón de los pecados o por intereses económicos.

Hoy la iglesia requiere de congresos para concretar sus acciones sobre los múltiples casos de pederastia que ha cometido. Además, en México, sus jerarcas, son capaces de insultar a quien por sus preferencias sexuales difieren en lo que ellos establecen como normal, y hacen política e incluso atacan desde el púlpito a funcionarios gubernamentales aún cuando la Constitución se los prohíbe.

La iglesia católica, a 500 años de su llegada a México, sigue mostrando su condición humana que no ilumina a ninguna deidad superior y está alejada de los preceptos que pregonan.

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