Cinque Terre

Mireya Maldonado

Periodista.

El periodismo mexicano: entre la agonía y la esperanza

Este articulo fue publicado originalmente el 20 de octubre 2014, lo abrimos de manera temporal para su consulta


La crisis del periodismo de investigación parece agravarse. Si bien es cierto que el periodismo anodino sentó sus reales desde la segunda mitad del siglo XX, en México se observa un círculo vicioso que atrapa cada vez más a los medios: el desinterés por temas relevantes cercanos a la ciudadanía, la frivolidad como estrategia de mercadotecnia, noticieros convertidos en tribunales, la connivencia con poderes económicos y políticos, fallidos intentos de ganar la nota en medio de la voracidad con que la red de redes deglute información, crisis económicas, violencia, la tentación del relumbre que antepone filtraciones a la obligación de reportear o de plano el periodismo militante, incapaz de abarcar las dos caras de la moneda.

El periodista argentino Ernesto Martinchuk, docente en la Escuela de Periodismo “Círculo de la Prensa”, considera que el sensacionalismo cobra mayor peso que la información referente al “desarrollo tecnológico, la cultura, la educación, la salud, el desarraigo, la migración interna, la planificación urbana o rural, el agua, las fuentes de energía, la minería o problemas que hacen a la calidad de vida vigentes en el país todo. Nos han enseñado a vivir el presente sin proyectarnos hacia el futuro como personas y país. La clase dirigente también, los empresarios y muchos destacados periodistas sólo se ocupan de salvaguardar sus intereses.

“Si una democracia depende en buena medida de la calidad de las formas de comunicación que la hacen posible, es necesario rehabilitar la vida pública, llenando el presente de palabras y actos que permitan imaginar horizontes nuevos dado que faltan propuestas y sobran escándalos en el estéril panorama intelectual de los medios”.

La pregunta sería si está a punto de la extinción el profesional que en los 60 se denominaba “nuevo periodista”. Como decía John Hollwell, profesor de la Universidad de Arizona, “el nuevo periodista va más allá de la versión oficial de las cosas y suele ser francamente crítico de los poderosos intereses que controlan la difusión de las noticias”. No se resigna a los boletines de prensa del poder ni guarda deferencia alguna hacia los funcionarios públicos. Le arrebata la iniciativa a los directores de comunicación social o jefes de relaciones públicas y no se limita a transcribir sus declaraciones. Todo lo contrario: “lucha por revelar la verdad oculta tras los hechos superficiales”.

Sin embargo, la maestra Regina Santiago Núñez, directora general en Investigación y Análisis de Medios, dice que si nos remontamos a los orígenes del periodismo hallaremos que siempre “ha estado ligado a poderes que promueven o financian ciertas investigaciones para fastidiar al rival. Hay toda una tradición donde los periodistas publican con fines distintos a su misión informativa”. Por ejemplo, recuerda la analista de medios, durante la guerra cristera, varios estuvieron relacionados en actividades de propaganda y espionaje. “Eso me obligó a hurgar en los archivos de inteligencia en Estados Unidos para comprobar que era una práctica reconocida y valorada.

“No estamos hablando de vagas teorías del complot sino de políticas de los gobiernos que incluso trabajan y han trabajado con agencias informativas”. En México, la mayor parte de la información sobre las malas prácticas de Carlos Slim las conocemos por Televisa y las de Televisa por quien es considerado uno de los hombres más ricos del mundo, también por medio de los periodistas identificados con cada uno de ellos.

“Por eso es muy importante que cuando llega una información filtrada el periodista siempre se haga muchas preguntas, no puede tomarla tal cual, porque entonces simplemente se convierte en caja de resonancia de intereses específicos (…) Tampoco quisiera que cayéramos en esta suposición de que un periodista esta siempre subordinado a los poderes o que todos trabajan de esa manera”.

¿Y la investigación periodística?

El tema es complejo y tiene muchas aristas. “Pensemos en toda la cobertura que se está dando al derrame en Sonora. Grupo México tiene antecedentes de impunidad, de violación a los derechos humanos, laborales, a las normas de protección ambiental. Esa empresa estaba acostumbrada a gozar de protección gubernamental”. Pero hay un cambio de paradigmas. Ahora se observa una amplia cobertura en los medios, las críticas se alimentan también de los propios competidores de Grupo México, así como la ruptura pública de Emilio Azcárraga con Germán Larrea, dueño del grupo.

El punto fundamental en las investigaciones y en la ofensiva es que se supo que Larrea, con Cinemex, va detrás de un canal de televisión, lo que propició su salida del consejo de Televisa con dos versiones: la agencia Reuters lo consideró una renuncia y Joaquín Lopez Dóriga dijo que Emilio Azcárraga lo corrió, y lo acusa de conflicto de intereses, de aprovecharse de su posición en el consorcio televisivo donde tenía acceso a todas las estrategias de éste.

En resumen, si hay investigación periodística en temas determinados, varias nacen del interés informativo sobre el desastre ecológico y el daño a varias comunidades en Sonora, y otras están ligadas a grupos de poder. Las irregularidades de Grupo México eran un problema nacional desde hace años y cuando irrumpe en la agenda hay que preguntarse qué está sucediendo.

Karla Sponar y Ana Jacoby, directora y asistente del Programa de Medios de Comunicación y Democracia en Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer presentan en 2007 el “Estudio comparativo: la pobreza en los medios Latinoamericanos”. Analizaron 21 periódicos y 2 mil 395 notas de Argentina, Brasil, México, Chile, Perú, Venezuela y Bolivia. La mayoría de las notas aparecieron en los periódicos de los tres primeros países. En el nuestro se publicó la mayor cantidad; sin embargo, en Perú observaron un debate muy rico sobre el tema.

En el estudio apareció una tendencia en esos países. Un 90% de las notas publicadas aparecen sin firma o son firmadas por periodistas, y el 10% tiene otros autores como funcionarios del gobierno y de la oposición. Asimismo, en un 46% no aparecen fuentes y en el 53% que sí se mencionan predominan organismos internacionales y fuentes oficiales. Intelectuales, religiosos, damnificados, ONG, empresarios y activistas sociales muestran porcentajes muy bajos, particularmente la voz de los damnificados. Este dato, según Karla Sponar y Ana Jacoby, muestra que los mismos protagonistas de las notas son pocas veces citados como fuente.

La publicación reveló también que predomina la nota común, “existen pocas de opinión, entrevistas o reportajes. Es una clara indicación de que no se toman en cuenta diversas voces y fuentes ni se trata el tema de la pobreza con profundidad”.

El periodista José Manuel Llarena López considera que la crisis del periodismo se da como resultado de una crisis generalizada en todos los terrenos: de principios, de valores, de educación… Los medios se han enfocado mucho a la nota diaria que no requiere investigación, por lo tanto tiene poca profundidad y no le dan seguimiento. “No vayamos lejos, el aeropuerto fue nota casi cinco días pero prácticamente careció de investigación.

“También puede observarse que en las primeras secciones de los periódicos casi todo es nota roja o de agencias. No hay información que valga la pena; yo reviso seis periódicos diarios y leo halagos al presidente, a Mancera, o la disminución de la criminalidad. Creo que ahí hay incentivos a las altas direcciones de los medios”.

La cercanía real con la gente casi no existe, agrega. Por ejemplo, los damnificados por desastres naturales en Guerrero o Baja California Sur solo son nota cuando acuden los funcionarios, pero casi nadie les da voz y su drama se diluye con el tiempo.

“Todo esto también se deriva de los programas de estudio de las universidades, que no se han adecuado a la época actual. Realmente no se le enseña a los estudiantes a reportear, la importancia de la investigación, a distinguir fuentes confiables. Los periodistas jóvenes, y lo he atestiguado, redactan sus notas desde la comodidad de sus computadoras, con la información que obtienen en Internet, ya no gastan la suela de los zapatos para inquirir, indagar, contrastar datos. Incluso creen que una entrevista de pasillo es hacer periodismo.

“Tanto Internet como las redes sociales son un instrumento importante de comunicación que ha transformado todo, pero su inmediatez ha provocado que medios impresos, electrónicos quieran competir con ella y no pueden. Así, tratan de ganar espacios de otra forma. ¿Cómo? La notita, sin la investigación de antes, sin los buenos reportajes”, opina el periodista especializado en información financiera.

De hecho, comenta Regina Santiago, existen quejas constantes de reporteros a quienes les piden investigaciones al vapor, y se pregunta: ¿De qué estamos hablando cuando un editor pide ese tipo de cosas? ¿Cuál es el concepto de investigación? Lo que se obtiene es un texto gogleado. Internet es una herramienta que rompe las barreras del espacio y el tiempo, pero no es la base de un verdadero trabajo reporteril.

La sobrevivencia

En cuanto a esa demanda inagotable de información propiciada por las nuevas tecnologías, debemos reconocer que hay un fenómeno que ha rebasado incluso a los estrategas de los medios: ¿cómo van a sobrevivir? Sucede que la red de redes ha cambiado los hábitos de consumo periodístico, cultural, las prácticas de convivencia…

Hay lejanía con la sociedad, inclusive cuando protestamos contra las redes sociales, más cercanas a la problemática cotidiana de la gente. La gran pregunta no es cómo enfrentarse a ellas, sino integrarse a esa nueva dinámica y el uso de Internet. La verificación datos es crucial también en este contexto, pero sobre todo creo que los medios deben buscar acercarse a la sociedad, apartarse de su zona de confort donde tienen asegurada su subsistencia a través de convenios de publicidad, de convenios de apoyo con ciertos grupos que hacen que únicamente le hablen a los poderosos. Ahí está el reto.

Además la “información se trivializa cuando el periodista no se toma el trabajo de investigar, cuando se queda con primera impresión que le dan sus fuentes. Es un círculo vicioso donde la sociedad corre muchos riesgos porque si no preparamos periodistas conscientes de que es importante ir más allá de la del boletín, de las fuentes, quedan atrapados por el yugo de la filtración”.

Lo que debería prevalecer es la calidad de la información, la explicación, contexto y solidez que deben acompañarla. Hace mucho tiempo que los medios no invierten en el periodismo de investigación. Un buen reportaje implica dinero, muchos días, si no es que meses de investigación Se trata de un punto clave: el costo y el financiamiento.

Ése es otro aspecto que impacta las prácticas periodísticas. Los problemas económicos de las empresas de comunicación, porque su estructura de negocios ya no funciona. Por ejemplo, dice la analista, varios periódicos han dejado de tener corresponsales y compran de las agencias “paquetes que contienen información sobre espectáculos y otro tipo de notas banales”.

Regina Santiago considera, finalmente, que si bien “el periodismo es un fenómeno que armamos los seres humanos y no podemos extraerlo de las filias, fobias que hay en una persona, de compromisos individuales y de una serie de presiones; cuando un verdadero periodista se apasiona o indigna por un tema y necesita darle voz a quienes no la tienen, es cuando el individuo y la sociedad podemos conocer y transformar partes de esa realidad. No todo está perdido si hay quienes ante la injusticia saben que pueden recurrir a la pluma, al relato para cambiar las cosas”.

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