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Melina Alzogaray Vanella

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Melina Alzogaray Vanella Lic. en Historia. Investigadora-creativa

El periodismo como un servicio público a la ciudadanía

Una entrevista que pone en tensión la función del periodista

Hoy en Argentina hay una disputa del sentido común ante el bombardeo de los medios de comunicación masivos. La nueva Ley de Medios plantea la comunicación como un Derecho Humano y concibe al periodismo como un servicio público. ¿Cómo repercute esto en América Latina?

La Ley establece las pautas que rigen el funcionamiento de los medios radiales y televisivos. Fue promulgada en 2009 por la presidenta Cristina Kirchner y reemplazó a la Ley de Radiodifusión, promulgada en 1980 por la dictadura militar. En 2009 se envió un proyecto de ley a la Cámara de Diputados, luego de haber sido debatido por un año en 24 foros que se desarrollaron en distintos puntos del país, una propuesta de proyecto de ley presentado por la Coalición por una Radiodifusión Democrática en 2004. El proyecto fue aprobado por esta cámara.1

Esto significó un cambio radical en el sistema público y privado de los medios audiovisuales, abriendo y garantizando la participación de instituciones públicas, organizaciones sociales y de la ciudadanía como productores activos de la comunicación social.

Camilo Ratti nació en Argentina el 30 de enero de 1975. Estudió periodismo en la Universidad Nacional de Córdoba. Su primer trabajo fue en Radio Universidad y luego se especializó en periodismo gráfico. Trabajó en numerosos medios gráficos -como Página 12 y la Revista Veintitrés-. Fue asesor de prensa de la Viceintendencia de Córdoba en 2011. Desde el 2012 es miembro del equipo de coordinación del AFCA en Córdoba, que es la Autoridad Federal del Servicio de Comunicación en Argentina, el organismo nacional responsable de aplicar la nueva Ley del Medios.

Recientemente publicó su primer libro, Cachorro. Vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez, donde reconstruye la historia del siglo XX en Argentina a través de la biografía de uno de los principales genocidas de la última dictadura militar. En Córdoba dicen que su libro es una investigación periodística que demuestra que la profesión está intacta para quienes quieran ejercerla.

Son las siete de la tarde del 4 de julio, estamos en nuestro barrio natal de Arguello-Córdoba. Mientras ceba mate, Camilo me dice: “Cambiar el sentido común es un proceso sutil y lento que lleva mucho tiempo, pero vale la pena organizarse, la organización fortalece los medios comunitarios; sabemos que va a llevar muchos años consolidarla, pero ya comenzó…”. En Argentina ya existe un proceso que lucha contra el monopolio de los medios. Ésta es una entrevista a un crítico del periodismo actual. A un jornalero de la construcción de sentido y de la identidad.

Camilo, ¿cómo llegaste a ser quien eres o… cómo puedes dar cuenta de eso?

Y… laburando desde los 19 años; laburando en distintos medios, tratando de aprender de cada uno. Empecé en radio pero la vida me fue llevando a lo gráfico. El periodismo gráfico me parece la base de todos los formatos; te lleva a pensar y a reflexionar. Desde muy chico me interesó la comunicación y sentí la necesidad de practicarla, además de estudiar; es un oficio de mucha práctica: yo creo que “se aprende a escribir escribiendo”, y “se aprende a hacer radio haciendo radio”. El estar siempre abierto a aprender con humildad, es lo que me ha llevado a ser quien soy. Escribir el libro fue condensar todo ese aprendizaje. Fue como mi tesis periodística, a puro pulmón porque estuvo bancada y financiada por mí mismo.

¿Cómo podrías describir tu libro?

Es un abordaje de la historia argentina a través de un personaje, de la cara menos feliz, pero fundamental de nuestra historia; Luciano Benjamín Menéndez, un prototipo de las Fuerzas Armadas del Ejército Argentino, expresión de las clases dominantes y de un modelo de país profundamente antipopular. Es un trabajo periodístico-histórico; más allá de que no tuvo ese fin en un principio. Lo que hice fue -a través de la biografía de Menéndez- contar la historia del siglo XX en Argentina; un siglo muy violento.

Me interesaba encontrar los procesos por los cuales hubo un 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado y una dictadura genocida. ¿Cómo llegámos a eso?.

¿Como periodista, cuáles crees que fueron los principales aprendizajes en el proceso de escribir este libro?

Aprendí a escribir. Yo tenía un oficio de escribir notas y entrevistas pero nunca había escrito un libro. Fue un desafío personal, porque Menéndez es un personaje muy opuesto a mí en su ideología. Aprendí a estructurar un trabajo de investigación y eso me llevó cinco años.

El libro mezcla distintos estilos: reconstruyo algunos hechos con crónica; de análisis como histórico-periodísticos; también hay entrevistas crudas de los personajes y además juego con cosas literarias. Por primera vez tuve la posibilidad de hacerlo, ya que en los medios gráficos son contadas las ocasiones. Ahora soy mucho mejor periodista (creo).

Ya adentrándonos en la discusión sobre medios, ¿qué crees que significan para un país los medios de comunicación?

Yo entiendo la comunicación y los medios como un servicio público; los periodistas somos los intermediarios entre el poder y la ciudadanía (y me refiero al poder político y económico). Los medios deberían dar herramientas a la ciudadanía para que puedan analizar lo que pasa y tomar decisiones en el marco de un sistema democrático.

No creo en la objetividad periodística, más bien creo en la honestidad periodística, en la rigurosidad y en la honestidad intelectual. Porque uno siempre parte de una ideología, de un punto de vista de la realidad y hay que ser honestos con eso. Teniendo en cuenta que hoy los medios son un engranaje más de las grandes empresas o grupos económicos, me parece que se han perdido en su mayoría en esa función intermediaria. Hoy son parte del aparato del poder. Y esto no significa desconocer que los medios siempre construyen poder, porque defienden un modelo económico, un sistema de valores, pero deberían hacerlo desde la interacción con esos grupos de poder, no como meros engranajes de uno u otro.

Hoy es muy difícil hacer periodismo, hay contadas excepciones, por lo menos en Argentina (no sé cómo es en México, pero creo que está más agudizado), esto de que los periodistas somos como “voceros de…”; y hoy nos conformamos como “instrumentos de control de la opinión pública”, como dice Chomsky. La concentración mediática genera que los medios no reflejen los intereses de la ciudadanía, sino los de los grupos de poder; evidentemente a los grandes medios les funciona la concentración de medios, porque antes teníamos medios gráficos, radiales y televisivos, y hoy son multimedios que controlan todo el aparato de la función del discurso hasta su distribución. Eso ha erosionado mucho la función del periodista, cada vez hay menos margen de independencia.

Hoy en Argentina, con la nueva Ley de Medios, vivimos una recuperación de los medios públicos y una disputa -también desde el Estado- hacia esos que defienden intereses económicos; y en su mayoría intereses de grupos transnacionales, ni siquiera nacionales. La ley puso en cuestión esa visión inmaculada de que los medios no defienden intereses.

La Ley de Medios ha permitido rediscutir la función del periodismo, eso para mí es un avance, más allá de que falte mucho por recorrer. La ley da voz a otros actores -las organizaciones sociales y los medios públicos-. Ha cuestionado el tamaño y la concentración de los medios, que generan un discurso único y control de la opinión pública. También está en discusión la propia función del periodista. De hecho se está rediscutiendo académicamente la formación periodística; es un momento interesante de cambio de paradigma en la Argentina.

¿Cómo describes el proceso por el cual se llegó a este momento histórico?

En la Argentina de la dictadura, el decreto de la Ley de Medios de Videla, en 1980, le da un poder absoluto a las empresas comerciales dejando de lado la función del Estado y los medios públicos. En el proceso de recuperación democrática hay un intento del poder político por poner límites al crecimiento de los grupos multimedia, que fracasan. Menem entrega el poder a los grandes grupos, permite que los medios gráficos también tengan radio y TV -antes estaba prohibido y para mí debería estarlo-. Menem permite la creación de los multimedios, contraproducente con una mejor democracia y mejor información; a más concentración, menos libertad de expresión.

Eso significa que se monopolice la información…

Se monopoliza la palabra, el discurso y la producción de sentido. Esos grupos mediáticos se van consolidando y empiezan a erosionar el sistema político, la democracia. Hoy la principal oposición al proyecto político de Argentina y América Latina es el poder económico a través de los medios en función del control de la opinión pública.

Hay una pérdida cada vez más grave de los medios gráficos y de los medios radiales en función de la TV. Y la TV, en un 90% -lo más-, no hace periodismo, produce shows y por ellos se va perdiendo cada vez más la capacidad análisis; hay que ver cómo revertir eso.

Eso nos invita a reflexionar en qué medida los discursos mediáticos repercuten en el sentido común de la gente…

Totalmente. Cambiar la construcción de un sentido común. La relación de Menéndez y la dictadura con algunos de los grandes medios de Córdoba fue muy fuerte y continuó con los distintos gobiernos democráticos del 83 a esta parte, y la construcción de ese sentido común refleja hoy una Córdoba neoliberal, conservadora, oscurantista, en contra de lo que existió y circulaba en la década del 60 y 70. Había una organización popular ¡fuertísima! La médula del proyecto de la dictadura fue quebrar la organización popular de la sociedad. Se recuperó una parte en el sentido de lo público y del Estado, pero no compensa todo el daño hecho. Lo que los medios intentan es barrer todos estos proyectos políticos que buscan recuperar y dar la disputa del sentido.

¿Qué es lo que significa e implica la Nueva Ley de Medios…? ¿Cuál es su espíritu y su naturaleza?

El espíritu de la nueva ley de medios es democratizar la comunicación monopolizada; democratizar la producción de discurso y de sentido; la agenda que discute la ciudadanía. La ley busca federalizar los contenidos; darles protagonismo a nuevos actores como son las organizaciones sociales, sindicales, cooperativas, centros vecinales, clubes, ya que le otorga el 33% del espectro y la posibilidad de tener licencia de radio y TV.

También le da un nuevo empujón a los medios públicos e intenta que el sistema de medios comerciales se desconcentre. Desconcentrar grupos y darles voz a esos nuevos actores de la comunicación popular, “que tengan sus propios medios”, sus propias herramientas de producción de sentido para darle disputa a la agenda que discute la ciudadanía. Le da poder, herramientas, recursos, capacitación a nuevos actores de la comunicación en función también del desarrollo de nuevas tecnologías que permiten abaratar costos, etcétera. Es una ley profundamente democrática que tiene el basamento de 25 años de discusión, se discutió en todo el país, en 24 foros provinciales, con más de 300 organizaciones sociales, sindicales y de trabajadores y estudiantes, que participaron en su redacción. Además fue discutida y reelaborada en el Parlamento con Audiencias Públicas y votada por una inmensa mayoría -de distintas fuerzas políticas-. Pero claro, eso traducirlo a la práctica no es fácil.

Bien. Ése es el espíritu de la Ley. ¿Y en la práctica qué está sucediendo?

Es una ley que es vanguardia a nivel internacional, destacada por el relator de la ONU por la libertad de expresión, Frank La Rue, es modelo para otros países de América Latina -está siendo discutida en Uruguay, se quiere poner una Ley en Brasil, se hizo una nueva Ley de Medios en Ecuador-. El tema de esos grandes medios y cómo condicionan el poder político de los estados soberanos es una discusión mundial.

Entonces es una ley ambiciosa y que avanza muchísimo en lo normativo, y que después tenés que traducirlo a la práctica, donde tenés que toparte con los poderes fácticos. Con los famosos grupos de poder que tienen nombre y apellido (en Argentina el Grupo Clarín, TELEFE, el Grupo Vila Manzano, etcétera), que se oponen a la democratización de la comunicación.

También surgieron los factores del poder judicial, clausuraron cuatro años de la Ley, impidieron su aplicación efectiva en convivencia con el medio económico y mediático de Clarín, para evitar su aplicación integral que recién pudo ser aplicada a partir del 29 de octubre del año pasado, cuando la Corte Suprema -el máximo tribunal jurídico del país- la declaró total y absolutamente constitucional.

¿Te referís a los medios comunitarios…?

La TV comunitaria es un actor totalmente nuevo, y la ley establece que se debe destinar el 10% de todo lo que recauda de los medios por gravamen para la promoción y fortalecimiento de los medios comunitarios, sin fines de lucro, de pueblos originarios y de frontera. Por primera vez los pueblos originarios, las cooperativas, las asociaciones civiles pueden ser titulares de licencias de radio y TV.

Eso significa un cambio cultural muy grande, hoy tienen un apoyo muy fuerte; pero hay que ver qué pasa con las elecciones. Si se mantiene la línea política se va a ir profundizando y si cambia va a decaer porque es una línea política que se opone a la Ley de Medios. Igualmente muchos de los avances que se han vivido será difícil frenarlos, ya estamos en ese proceso de transformación cultural de los medios.

¿Y cuáles son los obstáculos con los que vos -como funcionario del AFSCA- te encuentras a la hora de intentar aplicar esta ley?

Los medios masivos y los grandes poderes políticos, económicos y jurídicos van poniendo todas las herramientas del poder burocrático del Estado para frenar esta nueva experiencia. Se oponen a la producción local, porque es más fácil comprar enlatados: se oponen a la difusión de música nacional, de artistas independientes. La ley de medios también busca la formación de nuevos puestos de trabajo y la generación de nuevas industrias culturales, entonces estos grandes grupos mediáticos, que muchos de ellos tienen industrias extranjeras, se oponen a que surjan estos nuevos actores. No solo controlan TV, radio, medios gráficos y publicidad, también son proveedores de Internet y telefonía. Controlan no solamente “la producción de sentido”, sino también lo tecnológico, los canales de distribución. Entiendo que en México también es así, que los grandes grupos controlan todo.

¿Cuál crees que es el impacto de esta Nueva Ley de Medios en América Latina?

La ley ha desnudado la influencia que tienen los medios en los proyectos políticos: poner en crisis la función del ejercicio periodístico y de la importancia central que tienen en el dominio de la opinión pública; y ha develado el poco margen de acción del ejercicio de una ciudadanía que no recibe información certera, veraz, confiable (o por lo menos diversa). La concentración mediática ha ido erosionando la libertad de expresión y el derecho a la información.

¿Cuáles son las principales críticas que puedes hacer al gobierno argentino en su nuevo vínculo con los medios?

El canal público debería tener una línea ideológica informativa más amplia; todavía es demasiado oficialista, debería ser autónomo del gobierno, entiendo que la BBC es así. Debe tener un financiamiento y una independencia que hoy no tiene en la línea editorial, ésta debería ser más autónoma del poder de turno. El otro avance que debería complementar a la Ley de Medios, es la discusión de la publicidad oficial, su distribución debería estar regulada. Pero ojo con esto, porque los medios masivos que critican la pauta pública por la influencia del gobierno, a nivel global la verdadera incidencia de la pauta oficial es del 8% de la torta publicitaria, el 92% de la pauta es privada; y sobre todo es de las grandes empresas multinacionales.

¿En qué medida crees que ayudan las redes sociales a democratizar el discurso mediático?

Hoy mucha gente se informa a través de lo digital. Pero las redes como productoras de información periodística no son buenas. Son nuevas maneras que disputan ese discurso único de los grandes medios. La gente busca otras maneras de informarse y lo digital lo permite: se están abriendo nuevos canales, producciones más independientes o más caseras que se suben a la web.

Es interesante pero circula mucha basura informativa, anonimato, descalificación; discusiones que deberían ser más profundas, y desde el anonimato hay mucha violencia. Me aturde Facebook. Tenemos mucha información pero de poca calidad; estamos informados pero no sabemos de nada. Las redes sociales tienen ese doble impacto: abren otros canales de comunicación pero de baja calidad informativa.

Hay cosas que solo se comprenden retrospectivamente…

Exactamente, tenemos pocos elementos para poder evaluarlo más. No podemos desconocer a las redes como actores, muchas movilizaciones y acciones públicas han surgido o se han potenciado a partir de las redes sociales y no de los canales tradicionales. Aún así, siguen imponiendo la agenda los grandes medios; las redes sociales potencian, profundizan, viralizan…

En Europa, en países como Suecia, la gente consume más TV por Internet, ese que es un fenómeno incipiente en Argentina y América Latina; posiblemente en 10 ó 15 años la gente termine armando su propia programación. Hoy el 30% de las radios acá se escuchan por Internet, falta un recorrido para poder analizarlo, esta retrospectiva que decís vos.

¿Entonces cómo te imaginas a los medios de comunicación, y a los periodistas del futuro?

García Márquez representa un paradigma del periodismo central junto con otros con la misma formación. Aquellos grandes cronistas que quedan en la América Latina, me duele esta pérdida del periodismo gráfico. Me parece que estamos perdiendo profundidad. No puede ser que “lo tecnológico” supere el contenido: para hacer periodismo alcanza con la capacidad de observación de un periodista. Lo otro tiene que ser una herramienta que ayude a mejorar eso. Estamos reemplazando la tecnología por el contenido, es más importante la imagen, el impacto, que el verdadero contenido periodístico. Los diarios y los medios gráficos en general tienen una mirada más profunda y reflexiva. Uno cuando lee está reflexionando, se detiene; a diferencia de los que escucha en la radio o ven la TV… No puede ser que “el aparato” suplante “al pensamiento, al contenido, al periodista”.

Viéndolo así es una trampa, significa relativizar la importanciaque tiene la mirada subjetiva, subordinando todo a la premisa de que “la realidad supera tu visión del mundo”: no hace falta ninguna reflexión ni interpretar nada porque tal como se ven las cosas ya alcanza y sobra. Y en realidad se está subestimando la verdadera capacidad que tenemos cada uno de nosotros de analizar y decir algo más sobre lo que está pasando, y de nuestra capacidad de transformar el mundo en ese decir.

El periodista está ocupando un lugar en esa relación entre los poderes y la ciudadanía. No puedes solamente retransmitirlo, estás para procesarlo y ahí aparece la ética periodística de la honestidad intelectual de decirle al ciudadano desde qué lugar ideológico vos le estás analizando la realidad y qué información le estás dando. Este salto tecnológico está queriendo reemplazar la función del periodista, no los necesitan; lo que necesitan son trasmisores de su discurso, que a su vez lo único que hacen es optimizar ese mensaje, potenciarlo, son solamente “voceros de”. No pueden reemplazar a los periodistas, o no deberían poder reemplazar la función periodística.

Hoy se pone más el acento en la rapidez que en la profundidad. García Márquez se negaba a grabar las entrevistas porque decía que eso adormecía nuestros reflejos para escuchar lo que te estaba diciendo tu interlocutor, entonces te obligaba a estar bien atento para poder escuchar y desarrollar nuestra capacidad de observar la realidad. Hoy lo único que hacemos es registrar y no interpretar, y no analizar.

Me siento un poco frustrado con el periodismo actual. Conozco muy pocos lugares donde realmente se puede hacer periodismo hoy, en el sentido de procesar la información; el nivel de concentración mediática ha ido atacando el poder de independencia, que obviamente nunca es total ni completa: cuando uno sabe que está en un medio sabe que defiende intereses, ideologías; esa independencia absoluta es virtual, es utópica, es irreal. Pero cada vez se ha ido perdiendo más. Me asusta, pensándome en el futuro, creo que la comunicación tiene que estar al servicio de la ciudadanía y no de los intereses económicos.

¿Hay algo que no te haya preguntado y de lo que quisieras hablar?

Bueno… te puedo decir como crítica constructiva a los mexicanos respecto a sus medios gráficos, no sé cómo se verá allá pero creo que la revista etcétera sí lo plantea; en Argentina hay muy pocas revistas y hay muy pocos espacios para ejercer este tipo de periodismo de investigación, de análisis, de crónicas. Hay algunos medios digitales pero no hay medios comerciales ni privados que apuesten al periodismo más profundo. La necesidad de escribir un libro era para poder realizar un periodismo que no podía hacer en Córdoba. Córdoba no tiene una revista de interés general ni de política -una ciudad de un millón y medio de habitantes-, es gravísimo. Los suplementos en los diarios son escuálidos. No habla bien de nuestras sociedades, deberíamos revisarlo; debería haber un fomento público a otro tipo de medios, incentivos para poder ejercer el periodismo y no tener que recurrir solamente a un libro -como en mi caso- para poder hacer periodismo, tanto de crónicas, entrevistas, vuelo literario, etc. ¡Estaría bueno que eso sucediera! Mi saludo entonces a la experiencia de ustedes, de la revista etcétera. Esto lo ves reflejado en notas cada vez más cortas, en entrevistas cada vez más breves, de 2 ó 3 paginas; antes había entrevistas de seis o siete páginas donde vos podías profundizar en un tema o en un personaje, un perfil. No hay lugar para contar historias.

Apagamos la grabadora, ya nos hinchamos de mate y ahora encendidos, conversamos sobre la fantasía de que Messi haga un pinche gol y nos traiga la Copa del Mundial. Entonces Camilo me dice: “¿Meli, te das cuenta que es la primera vez que la Televisión Pública transmite el mundial, y de manera libre y gratuita? ¡No hay que pagar para ver el mundial! ¡Eso es un avance enorme en el tema del derecho de información de la ciudadanía! Hoy todo el país de la República Argentina está viendo el mundial con altísima definición y con una cobertura excepcional. Poner el fútbol como una política pública es muy criticado por los sectores de la oposición, pero lo cierto es que ahora no hay que ir a un bar ni pagar un abono extra carísimo para ver el Mundial, que indiscutiblemente es parte de nuestra idiosincrasia y de nuestra cultura popular”.

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