Cinque Terre

Luis de la Barreda Solórzano

El periódico

Antes de las siete de la mañana el diario ya está en casa. Ya hice una hora de bicicleta estacionaria, me bañé y me rasuré. El café está listo. Su aroma invita a servirse la primera taza. El periódico no tiene secciones: es un solo bloque, tamaño tabloide, de 48 páginas.

1. En la portada hay dos fotografías de alta calidad, una a color y otra en blanco y negro. Son fotos cuya categoría no es menor a las que ilustran la revista National Geographic. Las fotografías no son las anodinas de un político pronunciando un discurso o cualquier reunión oficial sino imágenes espectaculares relacionadas con un acontecimiento notable del día anterior, paisajes urbanos o naturales, rostros sugestivos o bellos, escenas tiernas o extrañas. Los cadáveres decapitados o desmembrados han sido proscritos de la primera página. Las notas privilegiadas que en esta

página uno tienen lugar se refieren principalmente a buenas noticias: un descubrimiento científico, una obra destacada, un avance médico, una victoria contra la miseria o contra la opresión, aunque, claro, no faltan tampoco las que dan cuenta de grandes catástrofes o las que informan de sucesos lamentables. Lo notable es que estas últimas, las malas noticias, no desplazan a las primeras, las buenas, en esta página principal.

2. El periódico recoge declaraciones de funcionarios y líderes pero les concede un espacio reducido. Son los reportajes los que ocupan los mayores espacios. Son minuciosos y esforzados trabajos de investigación de campo de los reporteros con datos constatados. Se cuida mucho la redacción, que no desmerece respecto de la tarea de indagación de un hecho. Temas políticos, deportivos, domésticos, criminales, ambientales, biológicos, zoológicos, médicos, científicos, históricos, psicológicos, ambientales, ciudades, barrios, países, todo tratado con oficio, pasión, conocimiento -que supone un estudio concienzudo previo de cada tema- y objetividad. El lector que inicia la lectura de un reportaje queda atrapado desde las primeras líneas de tal modo que no puede ya interrumpir la lectura.

3. La sección de justicia es única en el periodismo mexicano. Los demás diarios dedican grandes titulares y grandes espacios a las acciones penales del Ministerio Público, pero meses o años después, cuando informan de la sentencia, lo hacen sin aludir a las consideraciones en que el juez o el tribunal basó su resolución. Este periódico, en cambio, le dedica un espacio generoso a explicar esos argumentos, lo hace de tal manera que todos entienden los porqués del fallo y los titulares dedicados a éste no son menores de los que dedicó a la acción penal. Sobre todo en las absoluciones, el texto explica por qué se consideró improcedente la acusación.

4. Todos los días hay una nota amplia sobre un personaje muy atractivo, del mundo de la política, el deporte, los espectáculos, la ciencia, la filosofía, el cine, el teatro, el canto, la literatura, la vida cotidiana, la mitología, etcétera. Puede ser un personaje aún con vida o ya muerto. Un día leemos sobre Pedro Infante, otro sobre María Callas, después sobre Tin Tán, el rector Javier Barros Sierra, Stalin, Hitler, Mao, Rasputín, María Victoria, Jorge Negrete, Palillo, Luis Buñuel, El Abogado del Corbatón, Lupe Vélez, Jorge Cuesta, Einstein, Cristo, Mahoma, Agustín de Iturbide, Miguel Hidalgo, Pancho Villa, Houdini, Cleopatra, Marilyn Monroe, María Félix, Dolores del Río, Tarzán, Super Ratón, Superman, la pequeña Lulú, Chanoc, Ulises, Perseo, Napoleón, Robespierre, María Antonieta, Fernando Savater. La nota supone que el redactor leyó ampliamente y con enorme interés acerca del personaje. Si éste no es ficticio y aún vive la nota incluye una entrevista.

5. La sección de divulgación científica y médica recoge la información más interesante de las más importantes publicaciones del mundo en la materia. Los encargados entienden de lo que están hablando, están al tanto de lo que va publicándose en esos temas y son capaces de explicarlo en términos claros y amenos a los lectores interesados pero ignorantes. Quien lee esta sección está actualizado respecto de los avances y las novedades del conocimiento científico y de la medicina. La sección no es pesada ni pedante: es ligera y seductora aunque, claro, exige un esfuerzo de comprensión cuando se abordan ciertos temas de suyo difíciles. De todos modos, los

lectores pueden comprender todo lo que allí se aborda.

6. La crítica cinematográfica está a cargo de cinéfilos conocedores y auténticos amantes del séptimo arte, y no, como suele suceder, de amargados que odian el cine y en cada línea se afanan por dejar constancia inequívoca de ese odio. La reseña no narra la película sino, mencionando sutilmente el tema y la trama, explica las emociones y las consideraciones, los recuerdos y las sensaciones que suscitó en el cronista. No sólo se incluyen como objeto de la crónica las cintas en cartelera sino también viejos filmes inolvidables. El cronista exige que esas antiguas joyas vuelvan a exhibirse no sólo en la televisión sino en salas cinematográficas. Cuando la película reseñada es buena, el lector cinéfilo siente la compulsión de correr a verla.

7. La sección deportiva se toma en serio los deportes. Las crónicas de las justas deportivas está hechas por cronistas que aman el deporte y la épica. Hacen recordar a Antonio Huerta y Manuel Seyde, a Fernando Marcos y Ángel Fernández. Algunas veces son encargadas a grandes escritores amantes de algún deporte como cronistas invitados. Las fotografías captan esos instantes únicos, irrepetibles y prodigiosos en que los protagonistas parecen romper las leyes de la física y hacen que el momento captado por la cámara parezca ballet, vuelo, duelo, batalla campal, dramatización, tragedia griega, comedia cómica, gag.

8. La sección cultural es un deleite: libros, piezas teatrales, pintura, música, danza, arte popular, todo es tratado con gusto, elegancia y pasión. Los críticos aman profundamente todas las manifestaciones culturales. Se reseñan las novedades junto a las obras clásicas, la novela recién publicada de un autor desconocido y Don Quijote de la Mancha, el disco de moda y las óperas y las sinfonías inmortales, de tal suerte que los lectores se ven tentados a disfrutar de lo nuevo pero también a conocer -sin aún no lo conocen- el arte que ha vencido la prueba del tiempo. Se incluyen todos los días poemas y fragmentos de ensayos, novelas, cuentos, dramas, diarios. La sección

es tan seductora que aun los más acémilas de los lectores quedan invitados a asomarse a la cultura.

9. El ocio es tratado con el respeto y la atención que merece. La gastronomía y la enología, los lugares más interesantes para visitar -de la ciudad, el país y el mundo-, las exposiciones, los recorridos guiados, los museos, la mejor programación de la televisión y la radio, los tips de diversión y entretenimiento y las noticias de la farándula son tratados de manera divertida e inteligente. Se ofrecen sugerencias de sitios que visitar, de calles que no deben dejar de caminarse, de iglesias y palacios que dejan con la boca abierta, de barrios a los que hay que asomarse, de restaurantes, cafés, bares y cantinas agradables, no sólo -como sucede en los demás diarios- de aquellos al alcance de los bolsillos privilegiados sino también de los que un obrero o un modesto empleado podría frecuentar.

10. Las columnas de opinión son imprescindibles porque están escritas por analistas inteligentes, preparados, desprejuiciados y progresistas, a salvo de las servidumbres que imponen las ideologías, los partidos y las sectas. Los columnistas del periódico no destilan bilis sino talento y agudeza, abominan de las posturas políticamente correctas y de los lugares comunes, revisan constantemente sus propios puntos de vista, saben escuchar opiniones distintas y son capaces de rectificar las propias cuando se les dan argumentos convincentes. No quieren escandalizar sino ser sensatos, razonar al unísono con los lectores, reflexionar en voz alta. No quieren vengarse de nadie sino

que las cosas mejoren. Descreen de lo perfecto pero apuestan por lo posible.

P.D. El periódico tiene un profundo aprecio por el buen español: cuida con esmero la semántica y la sintaxis. Respeta asimismo su código ético: no difama ni calumnia, publica sin excepción las aclaraciones y las refutaciones de quienes se sienten afectados por lo que se dijo en sus páginas, rectifica siempre que se le hace notar algún error.

En mi sueño ese diario se llama precisamente El periódico. Lo hojeo con placer y estoy contento de saber que cada mañana, cuando bajo a desayunar, ya me espera a la puerta de la casa.

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