Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

El narcisismo en Internet

Desde el nacimiento de Internet y la expansión de nuevos artefactos tecnológicos, la vida de los seres humanos se ha modificado paulatinamente. Las formas de comunicación, las estructuras de organización mental, los hábitos alimenticios, los gustos musicales y hasta la escritura son influenciadas por la cultura digital. Dentro de estos cambios, tal vez uno de los más profundos y menos conscientes, es el amor propio, el narcisismo humano que ahora se refleja en las pantallas electrónicas de dispositivos conectados a la red.

El narcisismo, término que en la cultura occidental está vinculado socialmente al egoísmo y al hedonismo, se relaciona semánticamente con términos negativos: el amor hacia uno mismo. Aunque algunas ramas sicológicas difieren de esta estigmatización, lo cierto es que el individuo que se convierte en su propio objeto, es definido como una negación de la colectividad para poner en el centro de las acciones humanas la individualidad.

En la Sociedad de la Información, ¿la red es una palanca que refuerza el narcisismo? No depende de la tecnología, sino del usuario, dado que la tecnología en su diseño es neutral, aunque tal neutralidad puede perderse cuando en su fabricación o idealización, los artefactos tecnológicos escondan intereses ajenos a sus fines.

Hoy en día, podemos hacer un recorrido por YouTube y encontrar infinidad de expresiones de enamoramiento individual. Existen miles de videos colocados por cibernautas que manifiestan determinadas actitudes que podrían encajar en el narcicismo: jóvenes intentando desnudarse eróticamente frente a una cámara web, hombres en ropa interior mostrando su cuerpo cultivado en el gimnasio o bien el rostro de una adolescente, maquillada, con el pelo alaciado y enviando besos anónimos a la comunidad virtual.

Fragmentos de la vida de las personas que viven en la red son publicados para que otros los vean, para que otros los contemplen. Esta actividad hasta cierto punto exhibicionista, puede enmarcarse dentro de la conciencia del individuo o bien, ser un acto totalmente irracional. El hecho de ser admirados por otros, el compartir la belleza física o el retocar alguna fotografía montada en Flick eliminando manchas en la piel o arrugas en los ojos, ¿podría considerarse un acto narcisista?

Narciso, el origen

El término narcisismo deriva del conocido mito de Narciso, aquel que según la leyenda griega fue castigado por la diosa Némesis, quien lo condenó a que se enamorara de su propia imagen.1 Al reflejar su rostro en las aguas de una fuente, Narciso se contempló a sí mismo al grado que terminó arrojándose al agua y murió ahogado. La historia mitológica al tiempo de explicar una característica de la condición humana, tras telones parece condenar el amor que se dirige una persona hacia sí misma.

Este enamoramiento está estrechamente vinculado al culto a la imagen propia, al egocentrismo y a la vanidad, términos que por lo general se enmarcan dentro de los rasgos de la personalidad, pero puede ser que el narcisismo no sea sólo un acto individual, sino también colectivo: como ha ocurrido con determinadas sociedades que se consideran superiores a otras por su raza o belleza, o bien en clases sociales donde la situación financiera puede llevar a un grupo de personas con rasgos similares a gestar un amor hacia en forma inconsciente.

Sigmund Freud analizó dentro de la investigación sicológica el concepto del narcisismo. Para el padre del sicoanálisis el amor hacia la propia imagen es parte de las etapas de formación del ser humano, nace en la infancia y se espera que al madurar, el individuo deje atrás ese periodo infantil, lo cual no siempre ocurre, pues una persona que no logra desarrollarse emocionalmente es probable que cargue el peso de la vanidad y el egoísmo durante el resto de su vida.

Según la teoría freudiana, el ser humano experimenta dos fases de narcisismo a lo largo de su crecimiento:2

a) Narcisismo primario: este periodo se registra cuando el niño es pequeño y requiere de la protección y el cuidado de los demás. En este lapso, el infante dirige todas sus acciones a satisfacer sus necesidades primarias, alimentarias, emocionales, etcétera. Para Freud el sentido de vida, concebido en el sicoanálisis como “eros” es dirigido por el niño hacia sí mismo: la libido es auto-consumida por el propio individuo.

b) Narcisismo secundario: se refiere a una etapa mental del individuo donde el “eros” o la libido que se encontraba investida en el exterior, por ejemplo en objetos o personas, ahora se dirige hacia el sujeto. En otras palabras, el erotismo o la potencia sexual se posan sobre el Yo3. Esta idea del amor hacia el Yo puede llevar a diversos desórdenes mentales como serían depresiones o neurosis, derivadas por la incapacidad de la persona para ser autosatisfecha por su propia imagen.

De acuerdo a la concepción freudiana, el crecimiento de un ser humano está definido en gran medida por el narcisismo (desde sus primeras etapas en la infancia) hasta que el individuo alcanza una madurez personal que le permite en forma consciente reducir su narcisismo para poder razonar y amar. Teorías sicológicas y siquiátricas han estimado que algunos de los problemas conductuales que presenta el ser humano se derivan en parte por la falta de madurez emocional.

A partir de la etapa primaria, Jacques Lacan explica el narcisismo no desde la concepción freudiana del amor hacia sí mismo, sino desde la imagen del otro, de un efecto espejo4. Para Lacan, la formación del Yo inicia en una relación imaginaria con el otro, por lo tanto un niño construirá su personalidad desde la madre, la imagen propia dependerá en gran medida del ideal del otro. El conocido caso patológico de Aimeé, llevó a Lacan a vincular el narcisismo con la agresividad.

Por otro lado, Erich Fromm profundiza sobre el narcisismo colectivo5 que lleva a grupos de personas, por ejemplo de una nación, de una sociedad elitista o incluso de una comunidad pobre, a tener rasgos similares que los orillan al amor por el colectivo. Así por ejemplo, existen en las culturas contemporáneas rasgos de narcisismo familiar que encajan dentro de la colectividad: un grupo de personas vinculadas por sangre y el poder económico no permitirán que uno de sus miembros adquiera vínculos maritales con alguien que no es de su clase.6

En las religiones y normas morales, existe la tendencia de llevar al individuo a la negación del narcisismo, renunciar a la idolatría de uno mismo para desprenderse hacia la solidaridad de la colectividad. Sin embargo, tal parece que la propia religión encarna dentro de sus concepciones la negación del narcisismo individual para trasladarlo a una nueva forma de idolatría. Esta característica de las creencias religiosas lleva a los grupos sociales a la manifestación de expresiones narcisistas hacia dios.7

Fromm en su obra El Corazón del Hombre, plantea una salida al narcisismo colectivo. Cuando el amor hacia una religión, hacia una élite política o hacia la raza sea desplazado por el amor a la humanidad, entonces el objetivo colectivo de amor desaparecería. Lo anterior implica cambios profundos en los sistemas culturales, incluso educativos, donde en lugar de destacar los logros de un gobierno o una nación, se destaquen los valores humanos universales.

En el campo de la economía y la sociología, pensadores de la Escuela de Frankfurt realizaron algunas aproximaciones al narcisismo como característica de las culturas contemporáneas occidentales. Para Adorno y Horkheirmer los medios de comunicación de masas tienen influencia síquica sobre las audiencias: son considerados “industrias culturales” por su capacidad para alimentar a la gente de artefactos mercantiles superficiales y efímeros.

Debido a la publicidad y a la transmisión de mensajes televisivos, radiofónicos o cinematográficos, la sociedad adquiere “fetiches” sobre los cuales desde una perspectiva sicológica, deposita sus deseos y emociones: “Algo se proporciona para todos, de modo que ninguno pueda escaparse; se acentúan y se amplían las distinciones”.8 La creación de necesidades, gustos, hábitos y preferencias por parte del sistema económico, ha derivado en que gran parte de los productos que hoy en día se venden en el mercado mediático apuntalen la vanidad de las personas.

Así la cultura vinculada a la moda en ropa, zapatos o alimentos bajos en grasas, la explotación de figuras femeninas y masculinas delgadas, atléticas y bronceadas, el uso de artefactos tecnológicos para estar a la vanguardia o incluso el efecto espejo para adquirir rasgos de deportistas, presentadores de televisión, cantantes, artistas de cine o alguna figura mediática, son parte de un campo de instrumentos que descansan sobre resortes narcisistas.

En otros campos, como el filosófico, el tema ha sido abordado en las últimas décadas por diversas corrientes de pensamiento. Jean Baudrillard en su obra De la Seducción9, establece que los sistemas actuales de comunicación y producción están orientados a la autoseducción del propio individuo, al hedonismo y el amor propio. Esto se debe entre otras causas, al imperio de los objetos y a la proliferación de una cultura del simulacro que tiende a sustituir cualquier acontecimiento real.10

Zygmunt Bauman considera que la sociedad actual se define en parte por el consumismo. Dentro de esta actividad humana el deseo es cada vez más efímero y huidizo, no referencial, pues sus motivaciones no exigen justificación objetiva. El deseo de la sociedad actual es narcisista: “su objeto primordial es él mismo, y eso lo condena a no poder saciarse, sin importar cuán alta sea la montaña de objetos (físicos o síquicos) que se apilan para marcar su derrotero pasado. La “supervivencia” que está en juego no es la del cuerpo o la identidad social del consumidor, sino la del propio deseo: el deseo que hace al consumidor, el deseo de consumir que todo lo consume”.11

Para Gilles Lypovetsky, en la actualidad el ser humano vive en un hiperindividualismo promovido por la cultura de masas y el mercado, cuyos valores principales son el egocentrismo y el hedonismo.12 Lypovetsky considera que en el desarrollo personal de las sociedades contemporáneas existe un neonarcisismo: la expresión propia, el look que representa el rostro teatralizado y estético, alérgico a los imperativos estandarizados y a las reglas homogéneas, producto de una disyunción entre los sexos.13

El Yo como objeto en la red

A partir de los postulados teóricos de algunos sicólogos, filósofos y sociólogos, podríamos suponer que el imperio tecnológico que parece ser hegemónico en los hábitos de los habitantes de la llamada Era de la Información, podrían ser un poderoso mecanismo para expandir la cultura a la propia imagen: el Yo como objeto en la red.

Lejos de una sociedad ilustrada, las nuevas tecnologías obedecerían al mercado impuesto desde el siglo XX por las Industrias Culturales. Sin embargo tal afirmación no debe ser totalitaria porque la diversidad de contenidos que genera Internet y sus redes, así como la posibilidad que da la Web 2.0 para la construcción de mensajes individuales, grupales o masificados constituye nuevas formas de identificación y adopción del sentido.

Por lo tanto en Internet tanto los valores promovidos por el sistema de consumo global y económico, como las propias fobias y deseos del cibernauta, convergen en la formación de la personalidad, en la edificación de lo mental y corporal del individuo. La cultura narcisista no desaparece, se desarrolla a partir de nuevas formas de interpretación, que en algunos casos puede llegar a ser patológico desde una perspectiva sicológica, o neonarcisista, desde una postura postmodernista.

En la Era de la Información, las redes sociales electrónicas son un campo propicio para el desarrollo de la personalidad narcisista. Entre las características se encuentran las siguientes:

Hiperrealidad: la red social es el contexto que define lo que es real, es decir, el cibernauta construye un mundo imaginario a partir de la virtualidad sobre lo que dice ser, pero que en los bites no es, pues es una simple representación, un signo que sustituye la realidad.

Lenguaje: el lenguaje oral y no verbal si bien no son eliminados por completo (por ejemplo una conversación a través de Skype), llegan a ser sustituidos por nuevas formas de comunicación electrónica. Imágenes fijas, emoticons, videos y cualquier función del signo que permita la comunicación entre un emisor y un receptor.

Nulidad espacial: el hecho de que no exista una distancia compartida o una proximidad real entre los usuarios de las redes, puede dar la posibilidad al cibernauta de adoptar roles no conscientes, patrones de “conducta virtual” que no encajan con sus actitudes, actividades y costumbres que denota en el mundo real.

Asincronía: cuando los acontecimientos no ocurren en el mismo tiempo, la percepción de la realidad depende de la interpretación de los códigos. Este rasgo de las nuevas tecnologías cobra cada vez mayor importancia debido a la cultura inalámbrica. La comunicación es ahora perpetua, el tiempo sincrónico es alterado y la realidad en la era digital es ahora instantánea: los momentos son segundos que transcurren en los dispositivos electrónicos.

Interés común: como parte de la aceptación social y la identificación de grupo, la red social es un canal propicio para el encuentro de usuarios que tengan afinidades. Los intereses dependerán en gran medida del desarrollo de la propia personalidad, de su contexto social, familiar, económico, cultural, etcétera.

Es necesario considerar a las redes sociales más que canales de comunicación o plataformas para la diversión, el esparcimiento y la “pérdida” de tiempo. En los últimos años uno de los aspectos que ha sido analizado desde la sicología y algunas ramas de la medicina, es el hecho de que la nueva tecnología puede aportar elementos para que los internautas construyan una identidad real o virtual con claras tendencias narcisistas.

Es de suponerse que los usuarios de las redes sociales levantan sus muros en Facebook desde sus intereses individuales, colocan imágenes en movimiento en YouTube o publican ideas en Twitter como parte de lo que son. ¿Pero hasta qué punto lo que alguien dice o comparte en Internet es consciente o representa un mensaje detonado desde el inconsciente? Sería casi imposible tratar de responder a esta pregunta a partir de las identidades virtuales que viven en la red, pero podemos encontrar algunos rasgos comunes de la cultura narcisista que nos acerque a una interpretación teórica. Con base en diagnósticos que identifican las conductas narcisistas,14 se puede tener un marco de referencia para encontrar que el amor a la imagen propia que existe en la vida real emigra sus elementos a la vida digital. Aquí algunas características que pueden aparecer entre los usuarios de las comunidades virtuales:

a) Exagerada importancia: un narciso en las redes sociales considera ser una persona muy importante, tal importancia se deriva de una auto-importancia que se impone a sí mismo. Aquí encontramos a cibernautas que magnifican sus logros, como podría ser obtener un título universitario, recibir un premio o hasta publicar un libro, pero que al manifestarlos en la red esperan que sus “seguidores” o “amigos virtuales” les reconozcan como una persona “superior” al resto de la comunidad.

Ejemplos encontramos todos los días en Twitter, donde algunos cibernautas narcisistas comparten lo que piensan o sienten en el “momento” en que les pasó por la mente o lo están viviendo. Si llevan esta carga emocional, necesitarán la retroalimentación de sus seguidores.

b) Fantasías irracionales: el individuo se preocupa en las redes por fracasar en sus proyectos o en sus actividades diarias, pues pretende alcanzar un éxito ilimitado, ya sea para obtener poder económico, lograr el amor o la belleza. Esta fantasía virtual le impide reflexionar sobre la realidad.

Dentro de las fantasías ubicamos a cibernautas que llegan a construir una personalidad en línea, donde no existen miedos a fracasos ni imperfecciones físicas. El caso de Second Life (secondlife.com) o los portales que ofrecen avatars personalizados, son ejemplos del narcisismo virtual.

c) Imagen propia: el culto por la imagen es sin duda una de las características de los cibernautas vanidosos. La libido dirigida hacia sí mismo lleva al individuo a un estado de contemplación, haciendo énfasis en la exteriorización de su persona y con una ilógica expresividad: desproporción de mensajes auto-dirigidos.

El cibernauta puede colocar videos para difundir sus estados de ánimo, su agradable sonrisa o su impecable rostro. El culto a la imagen propia puede derivar en un contrasentido, como es el caso de Angie Verona, cuyas fotografías fueron filtradas desde Photobucket al ciberespacio y hoy en día es la adolescente más buscada en Google, con más de 40 mil fans en Facebook.

d)Único: el individuo adopta una postura de ser único y especial, diferente al resto de sus contactos dado que posé un estatus que lo hace especial. El narcisismo también podría estar relacionado a un mecanismo de defensa contra la vergu%u0308enza.15 Ante esta hipótesis, las personas en la red evitarán colocarse en una situación de inferioridad, difundir comentarios que les representan rechazo por parte de la comunidad o adoptar una postura de perfeccionismo para sobre-compensar los miedos.

Aquí encontramos el caso de las personas que publican fotografías o videos al lado de miembros de la farándula, abrazando a políticos, saludando a cantantes o a deportistas.

e) Admiración: este sentido está relacionado con el exhibicionismo. El usuario de las redes sociales que busca ser reconocido, puede llegar a exigir de los demás, la adulación. Cuando ocupan posiciones de poder político o económico, los narcisistas de la red se exhiben en lugares privilegiados que generen admiración, o bien se rodean de personas de su mismo nivel simbólico o inferiores a ellos.

Facebook se ha convertido en una vitrina para la admiración y el exhibicionismo de los narcisistas. Son parte de la vanidad en la red desde las fotografías retocadas de los perfiles y hasta las imágenes de viajes al extranjero que son compartidas en Instagram.

f) Envidia: puede ser que el narcisista perciba que los demás lo envidian por la posición que ocupa o por el poder que tiene. Este sentimiento está vinculado a la soberbia: comportamiento arrogante que refleja determinados grados de egocentrismo y amor propio, detonados por una gran variedad de factores, desde la posición económica, hasta el nivel intelectual o incluso por la esfera cultural.

En esta posición de superioridad egocéntrica ubicamos a personas con un elevado nivel económico, como recientemente se publicaron por las redes sociales fotografías de jóvenes millonarios que mostraban desde imágenes con tickets de gastos hasta poses afuera de mansiones, en yates o portando lujosas joyas.16

En la Era de Internet se manifiestan a diario las patologías y desórdenes emocionales, trastornos de personalidad y toda aquella perturbación síquica que pueda llegar a padecer el ser humano. El narcisismo con sus características sicológicas o sociales, aparece dentro de las redes electrónicas para formar parte de los espacios de interacción, de identidad de grupo, de realización “virtual” y de construcción personal.

En el caso de la cultura narcisista, los videos, las imágenes y las posturas ideológicas, racionales o irracionales que manifiestan los usuarios de las redes sociales puede contener mensajes inconscientes sobre su hiperindividualización, para el reconocimiento social, para el culto a su propia imagen o bien para alcanzar la perfección en el amor a sí mismo. En Internet, y en especial en las redes sociales, el narcisismo alcanza un gradode expresión que no se había visto antes en otras tecnologías de la comunicación

Referencias

1 Graves, Robert (2008). Los Mitos Griegos. España: Editorial Ariel.

2 Freud, Sigmund. (1987) Introducción al narcisismo. Buenos Aires: Amorrortu.

3 En su teoría sicoanalítica, Freud distingue tres elementos del aparato mental: El Ello, definido como el inconsciente y revestido de pulsiones o deseos; el Yo la entidad psíquica actuante, es la mediadora entre los otros dos niveles; y el Superyó, conformado por normas y reglas sociales, morales o familiares.

4 Lacan, Jacques (1987). Escritos I. México: Siglo XXI Editores.

5 Erich Fromm (1998). Anatomía de la destructividad humana. México: Siglo XXI Editores.

6 Fromm, Erich (2001). El arte de escuchar. Barcelona: Paidós.

7 Fromm, Erich (1983). El corazón del hombre. México: Fondo de Cultura Económica.

8 Teodor Adorno y Max Horkheimer (1993). The culture industry: enlightenment as Mass Deception”, en Dialectic of Enlightenment.

New York: Continuum.

9 Baudrillard, Jean (1986). De la Seducción. Madrid: Editorial Cátedra.

10 Baudrillard, Jean (1978). Cultura y Simulacro. Barcelona: Editorial Kairós.

11 Baumand, Zygmunt. (2007). La Sociedad Sitiada. México: Fondo de Cultura Económica.

12 Lipovetsky, Gilles (2008). La era del vacío. Barcelona: Editorial Anagrama.

13 Lipovetsky, Gilles. (1987). El Imperio de lo Efímero. Barcelona: Editorial Anagrama.

14 Un ejemplo es el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), de la Asociación Americana de Psiquiatría.

15 Gabbard, Glen. (2002). Psiquiatría psicodinámica en la práctica clínica. Buenos Aires: Ed. Médica Panamericana.

16 Para consultar imágenes de “jóvenes millonarios” visitar el blog: http://richkidsofinstagram.tumblr.com/

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