Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

El lenguaje electrónico de Trump

Desde que fue elegido candidato a la presidencia Donald Trump y su equipo utilizan Internet como espacio de conflicto para expandir sus propuestas. Si bien es cierto que los discursos circularon por canales tradicionales –ruedas de prensa, mítines, entrevistas en televisión, boletines, etcétera– Twitter se ha convertido en el medio de comunicación de Trump, quien así explota la libertad que le otorga la red para publicar lo que piensa y siente, sin diques.

Desde que tomó protesta como Presidente el pasado 20 de enero, Trump cambió la comunicación política de la Casa Blanca. De forma atemporal, las audiencias de los medios tradicionales y los cibernautas conocieron la ideología de la nueva administración, las políticas puestas en marcha, la cancelación de acuerdos, la firma de órdenes ejecutivas, los enemigos del país, etcétera. Mediante su perfil @realDonaldTrump el presidente expande fragmentos de su vida pública y de su pensamiento privado. Como nunca antes había ocurrido con un mandatario norteamericano, Trump inaugura una nueva era de la política donde el espacio social -que es Internet-, es una especie de vitrina donde se observan sus representaciones ideológicas. La cosmovisión hegemónica del Presidente encontró en Twitter un espacio ideal para virtualizar sus políticas antes de materializarlas. Una de las formas de encarnarlas es responsabilizar a los otros de los problemas sociales que padece Estados Unidos.

El empresario emplea las redes sociales como su principal vehículo para llegar a sus seguidores. El día que tomó protesta la cuenta oficial (@POTUS) fue transferida a su equipo. Los mensajes del mandatario saliente -Barack Obama- se almacenaron en @POTUS44, gestionada por la Administración Nacional de Archivos y Registros. El perfil @POTUS registró en las primeras tres semanas del nuevo gobierno más de 160 tuits, lo cual equivale a casi ocho tuis por día, es decir, un promedio de un tuit por cada tres horas. Dicho perfil sigue a seis cuentas y tiene más de 15 millones de seguidores. El perfil registra cinco me gusta y un “momento”. Los perfiles que sigue @POTUS son la Casa Blanca (@WhiteHouse), la primera dama Melania Trump (@FLOTUS), el vicepresidente Mike Pence (@VP), la segunda dama de Estados Unidos Karen Pence (@SecondLady), el asistente del presidente y director de Medios Sociales Dan Scavino Jr. (@Scavino45) y el secretario de Prensa Sean Spicer (@PressSec). La cuenta oficial es administrada por @Scavino45. El nuevo gobierno también utiliza otros servicios en línea: Facebook, Instagram, Google Plus, Scribd, Pinterest, Vimeo, YouTube, Live Stream, Sound Cloud, Ustream, Storify, Thunderclap, Flickr, Mapbox, Add, Socrata, Slide Share y Google Moderator.

A pesar de la variedad de las herramientas institucionales, Trump continúa utilizando su cuenta donde mezcla asuntos institucionales con opiniones personales sobre temas públicos y privados. El primer tuit como Presidente lo hizo desde @realDonaldTrump: “Hoy no solamente estamos transfiriendo el poder de una administración a otra, de un partido a otro -sino que estamos transfiriendo el poder de Washington y entregándoselo a ustedes, el pueblo estadounidense”.

En su cuenta personal, el magnate ha publicado más de 34 mil mensajes, sigue a 41 personas, lo siguen más de 23 millones y ha dado me gusta a 45 tuits. ¿Cómo se combina la comunicación institucional de @POTUS y la comunicación personal de @realDonald Trump? La estrategia es sencilla, desde @POTUS existe un límite a lo institucional de lo que se publica: se comparten tuits de políticos y funcionarios, se envían felicitaciones a quienes reciben nombramientos públicos, se distribuyen enlaces a videos en directo y a publicaciones en línea y tradicionales, pero principalmente se difunden actividades del Presidente. Sin embargo, el límite a lo institucional es borrado cuando a través de @POTUS se comparten mensajes publicados por el Presidente en su cuenta personal @realDonaldTrump. Un ejemplo se presentó el 8 de febrero: “Mi hija Ivanka ha sido tratada tan injustamente por @Nordstrom. Ella es una gran persona –siempre empujándome a hacer lo correcto! ¡Terrible!”. La crítica del millonario fue porque la empresa Nordstrom rompió relaciones comerciales con la marca de ropa de su hija.

Política electrónica

Antes de intentar penetrar en el discurso virtual que Trump impone en Twitter, es necesario considerar que tal actividad se desprende de las nuevas formas de hacer política en el mundo. A raíz del cambio tecnológico y la difusión de las tecnologías de la comunicación, las esferas sociales de producción –economía, cultura, educación, etcétera– se modificaron a un ritmo acelerado. En las últimas décadas, tales cambios alcanzaron nuevos campos, como la política y la democracia.

Desde la sociología y la ciencia política se observa a Internet como la raíz de las recientes modificaciones en las funciones tradicionales de las instituciones públicas y la forma en la cual operan los sistemas políticos. En este campo de estudio, la democracia es definida con innovadores conceptos como democracia electrónica, democracia virtual, e-democracia o ciberdemocracia.

Para varios autores uno de los rasgos que conforma esta democracia es que los nuevos medios son interactivos y permiten la construcción de comunidades virtuales. Para Lévy (2005), se trata de una nueva esfera pública en donde florece la libertad de expresión, un espacio de comunicación inclusivo, transparente y universal, que renueva las condiciones de vida pública en el sentido de una libertad y una responsabilidad mayores de los ciudadanos. Internet y las redes digitales son el nuevo espacio de conexión entre las personas y los integrantes del Estado o las entidades de interés público. Para otros autores, la democracia en nuestros días debe ir acompañada de la voluntad política abierta al cambio y a la innovación (Colombo, 2007). Con base en esto, los gobiernos que respetan y hasta cierto punto promueven la disposición tecnológica, aceptan las nuevas reglas del juego: lo político puede ser enjuiciado por lo civil desde los espacios electrónicos.

Internet facilita la virtualidad, reinventa el gobierno, descentraliza sus funciones y afecta la distancia y el tiempo.

Los efectos sobre las instituciones son complejos e interdependientes, forman un tipo nuevo de política virtual. En el Estado- ación y su materialidad, las negociaciones, conflictos y batallas entre quienes toman las decisiones constituyen la construcción de un nuevo Estado virtual (Fountain, 2013). Los procesos a través de los cuales se desarrolla dicho Estado demuestran diferencia entre los regímenes autoritarios y los democráticos: los primeros tienden a utilizar las nuevas tecnologías para aumentar el control sobre la sociedad, en tanto los segundos amplían la democracia a través del aumento de los modos de participación desde un lejano lugar.

La ciudadanía y la democracia presuponen la existencia de un espacio de comunicación, donde los invididuos son capaces de poner en práctica ciertas libertades informativas. El ciberespacio le proporciona al individuo y a la colectividad una mayor libertad: existe una amplia interdependencia comunicativa para manifestar expresiones a nivel planetario y a su vez, para dominar las nuevas herramientas técnicas. En la actualidad, las personas tienen más libertad de emitir comentarios políticos en las redes que en la vida real. Los representantes populares pueden recibir solicitudes o demandas ciudadanas a través de sus páginas oficiales. La gestión política ya no sólo se realiza en los edificios públicos. Decisiones de los gobernantes transitan ahora por el teléfono móvil. Las elecciones se inclinan cada vez más a la virtualidad. Para algunos teóricos el ejercicio del poder público, las formas de deliberación y debate, ahora pueden montarse en las redes de Internet. Entre las implicaciones que esto tiene en la política contemporánea se pueden mencionar:

a. Los Estados modernos utilizan las tecnologías para cumplir fines institucionales. Las innovaciones permiten a las colectividades conocer lo que hacen las entidades públicas. La tecnología y las nuevas prácticas por parte de los usuarios están cambiando la forma tradicional de hacer comunicación política.

b. El sistema político traslada los mecanismos que definen los procesos democráticos al campo tecnológico, como el voto electrónico. Un ejemplo son los partidos políticos: encuentran en la red un nuevo espacio para la propagación ideológica de sus propuestas.

c. En las democracias contemporáneas los políticos están utilizando las redes para distintos fines, desde vincularse con los ciudadanos hasta funcionar como herramientas de control y manipulación.

d. Los internautas adquieren mayores márgenes de libertad en Internet. Los integrantes de las comunidades virtuales son capaces de demandar al sistema político a través de canales legales virtuales y utilizar la red para construir discursos no formales de exigencia: marchas, mítines, paros, toma de carreteras, etcétera. Desde esta perspectiva, Internet es capaz de convertirse en un input social.

e. El ciberespacio puede representarse como una nueva ágora. Sin embargo, la democracia deliberativa estará delimitada por factores sociales, culturales y tecnológicos. Las redes a pesar de su horizontalidad comunicativa también presentan límites.

 

Dader (2003) fue uno de los primeros en advertir la capacidad de Internet para modificar los sistemas políticos tradicionales. Según este autor, la emergente democracia electrónica da la posibilidad de construir una esfera pública abierta a los ciudadanos de a pie políticamente motivados sin el filtro tradicional que establecen las élites políticas y los medios de comunicación. Es precisamente en esta esfera donde algunos estudiosos como Huges y Hill (1998), Fernández (2008) o Paviani (2008), han intentado caracterizar esa forma de hacer política mediante el uso de nuevas tecnologías. Si bien es cierto que la política a través de la red o ciberpolítica, como objeto de estudio de la ciencia política aún está en construcción, se debe reconocer que la ecología propiciada por la era electrónica tiene profundos efectos sobre la política actual, y específicamente, sobre la vida de millones de seres humanos. En este sentido, el discurso electrónico de Donald Trump se puede enmarcar como parte de la ciberpolítica.

La narrativa de Trump

Mediante Twitter, Trump conduce la comunicación política tanto hacia lo público como hacia lo privado. En la era del nuevo Presidente su lenguaje es hipertextual. La comunicación del magnate emplea elementos propios de la cultura del ciberespacio: videos en directo, textos acotados a 140 caracteres, infografías, enlaces a sitos electrónicos, etcétera. Sus mensajes tienen características de la comunicación en red. Desde la inmediatez los contenidos simbólicos se expanden a la velocidad de la luz. La distancia le permite alejarse y acercarse al mismo tiempo de los receptores de sus contenidos. Los mensajes políticos desde la distancia son más fáciles de enviar a rivales que si se entregaran cara a cara. Así ocurrió después de que el magnate se reunió con el presidente Enrique Peña Nieto en la Ciudad de México. El jueves 1 de septiembre a las 5:30 de la mañana, el entonces candidato publicó en su cuenta personal: “Mexico will pay for the wall!”. Casi nueve horas después, Peña Nieto respondió por la misma red: “Repito lo que le dije personalmente, Sr. Trump: México jamás pagaría por un muro”.

La distancia física fue un factor decisivo para que Trump enviara el mensaje. La otra cara de la distancia en Internet es la cercanía. La estrategia comunicativa en Twitter busca aproximarse a la sociedad. El hecho de que el Presidente norteamericano pueda publicar un tuit como los demás internautas, da la impresión de proximidad electrónica: cualquier persona puede comunicarse como él lo hace, cualquiera incluso puede enviarle un mensaje vía inbox, o mencionarlo en alguna publicación con la posibilidad de que “lea” el mensaje. Bajo este derecho de expresión, Trump desmonta el lenguaje institucional para sustituirlo por contenidos desmesurados e irracionales.

Otra característica de las tácticas comunicativas de Trump es la eliminación del llamado doble flujo de comunicación o los dos pasos de la comunicación. Los medios de difusión tradicionales no envían directamente los mensajes a las audiencias. Los contenidos que producen los medios atraviesan por un proceso más complejo. En primer lugar, se trata de representaciones de hechos reales o ficticios que son ordenados técnicamente para adquirir cierta coherencia. Los mensajes estructurados bajo normas y técnicas establecidas se presentan a las audiencias de manera indirecta. Son los líderes de opinión, presentadores de noticias, periodistas, conductores, etcétera, quienes llevan la información a las audiencias. Los medios como aparatos técnicos posibilitan a los presentadores que los mensajes puedan ser distribuidos. En la narrativa de Trump el doble flujo de comunicación queda dinamitado, Twitter le permite la comunicación directa con los internautas. En la comunicación de Trump no hay intermediarios, el propio magnate comunica y a la vez es su propio guardabarreras. Los límites en todo caso, son de espacio: 140 caracteres.

El lenguaje electrónico que caracteriza a la política norteamericana también atraviesa las fronteras de la privacidad. Es la hipertransparencia de la red una de las formas que identifican la comunicación del Presidente norteamericano. La hipertransparencia es una cualidad bifacial de las nuevas tecnologías. Es la posibilidad que da la tecnología inalámbrica de la comunicación perpetua: las personas pueden estar conectadas en todo momento con la única condición de que exista disponibilidad técnica y conexión a la red. Da la facultad al usuario para compartir en la red fragmentos de su existencia. En @realDonald Trump, el mandatario difunde contenidos sobre su gobierno: acciones de su gabinete, iniciativas económicas, propuestas hacendarias, etcétera, pero también mezcla partes de su ideología personal. Un ejemplo fue el enfrentamiento textual que durante varios días tuvo con el actor de Hollywood, Arnold Schwarzenegger. La figura de cine publicó un video en su red social con el siguiente mensaje: “Hey Donald, tengo una gran idea ¿por qué no intercambiamos trabajos? Tú te haces cargo de la televisión, ya que eres el experto en los índices de audiencia, y yo me encargo de tu trabajo, y así la gente puede finalmente dormir tranquila de nuevo”. Ante este mansaje, Trump lanzó un ataque: “Sí, Arnold Schwarzenegger hizo un muy mal trabajo como Gobernador de California y uno peor en El Aprendiz… pero por lo menos lo intentó uramente”.

Tal vez la característica más común en la era de Trump es el uso de la tecnología como espacio de conflicto. A través del lenguaje en línea el mandatario exalta el patriotismo de su administración. Incluso antes de que fuera investido como Presidente presionó a Ford para que cancelara la instalación de una planta en San Luis Potosí. El 4 de enero en Twitter agradeció a la compañía tal medida: “Thank you to Ford for scrapping a new plant in Mexico and creating 700 new jobs in the U.S. This is just the beginning -much more to follow”. También aprovecha la red para difundir sus valores políticos. Frases como “Make America Great Again” o el hashtag #MakeAmericaGreat Again son utilizados frecuentemente por el magnate, como ocurrió el 4 de febrero a través de un mensaje que fue compartido 66 mil 500 veces y con 256 mil 532 me gusta.

El discurso electrónico también alberga palabras negativas como “bad”, “death” o “terrorist” para referirse a enemigos de Estados Unidos. Eso permite a los cibernautas identificar a los enemigos del régimen norteamericano. Tan sólo en los primeros 20 días de su administración, Trump propagó ataques textuales contra la Agencia de Inteligencia a la que cuestionó: “No deberían haber permitido a las noticias falsas filtrar esto al público. Un último disparo contra mí. ¿Vivimos en la Alemania nazi?”. También enfrentó a estudiantes de Berkeley por no haber permitido que Milo Yiannopoulos -simpatizante de su gobierno- presentara una conferencia: “Si la universidad no permite la libertad de expresión y practica la violencia sobre gente inocente con un punto de vista diferente, ¿¿no fondos federales??”. De igual forma, criticó a Chelsea Manning, ex analista militar del ejército y autora de la filtración de más de 250 mil cables a WikiLeaks. Un día antes de dejar la presidencia, Obama indultó a Manning, ante lo cual Trump señaló: “Traidora desagradecida Chelsea Manning, que nunca debería haber sido excarcelada, ahora llama al presidente Obama un líder débil. ¡Terrible!”.

 

 

Una de las principales víctimas de ese lenguaje de Trump en las redes ha sido México. El 24 de enero publicó en su cuenta: “Mañana será un gran día para la seguridad nacional. Entre muchas otras cosas, ¡construiremos el muro!”. Tres días después atacó nuevamente a México, al que calificó de haberse “aprovechado de Estados Unidos durante demasiado tiempo. Los masivos acuerdos deficitarios y la poca ayuda en la muy débil frontera deben cambiar ¡YA!”. Trump también arremetió contra el gobierno de Irán, el juez James Robart –debido a que suspendió su decreto migratorio–, la actriz Meryl Streep, la aerolínea Delta y la cadena departamental Nordstrom. En cuanto a los medios el mandatario enfocó sus críticas contra tres empresas: calificó a CNN como “un desastre con sus NOTICIAS FALSAS porque sus ratings se están hundiendo desde las elecciones y su credibilidad pronto desaparecerá”; al periódico The New York Times lo desacreditó señalando que “ha estado equivocado sobre mí desde el principio. Dijo que iba a perder las primarias y después las elecciones generales. ¡NOTICIAS FALSAS!”, y sobre Saturday Night Live, tuiteó que “es lo peor de NBC. No es divertido, el reparto es terrible, siempre un trabajo completamente desaprovechado. Muy mala televisión!”.


Conclusión

La comunicación de Trump refleja una profunda crisis del pensamiento racional: desde la distancia convierte el espacio público electrónico en un lugar de enfrentamiento. Con base en la posibilidad de diseñar sus propios mensajes, el Presidente identifica y embiste, critica a quienes disienten de su ideología y los etiqueta. Mediante la red social, Trump promueve los valores de su administración, exacerba el patriotismo, y prepara la implementación de sus políticas: el muro será virtual en tanto no se realice su edificación. La hipertransparencia de su función pública y su vida privada diluyen lo institucional. El lenguaje electrónico de Trump parte de la horizontalidad, pero intenta funcionar jerárquicamente. Los enfrentamientos que el Presidente ha protagonizado en Internet demuestran que la libertad que proporciona esta tecnología también encarna formas de control.


Referencias

Colombo, C. (2007). e-Participación: Las TIC al servicio de la innovación democrática. Barcelona: UOC.

Dader, J. (2003). Ciberdemocracia y comunicación política virtual: el futuro de la ciudadanía electrónica tras la era de la televisión.

En Salomé Berrocal (Coord.). Comunicación política en televisión y nuevos medios. Barcelona: Ariel.

Fountain, J. (2013). La construcción del Estado virtual: tecnología de información y cambio institucional. México: CIDE.

Lévy, P. (2005) Por la ciberdemocracia. Por otra comunicación: los media, globalización cultural y poder. Denis De Moraes (Ed.). Barcelona: Icaria Editorial.

 

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