Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

El invierno del patriarca, ¿una primavera democrática para Cuba?

Hace algunos años en La Habana un colega cubano me decía: “Conozco México. Los mexicanos se parecen a los cubanos: somos latinos. Pero la principal diferencia entre los dos países es que en Cuba la pobreza está más repartida”. La frase ha estado conmigo desde entonces. ¿Qué es mejor? ¿Repartir la pobreza o la riqueza? ¿Qué es preferible? ¿Que haya unos pocos ricos y muchos pobres o sólo lo segundo, con una mejor distribución de lo que hay?


El tamaño del territorio, de la población, de la economía de México y Cuba no tienen parangón. México es la 14ª economía a nivel mundial, frente a la de Cuba que se ubica en la posición 64ª. En términos demográficos, por cada cubano hay 11 mexicanos. Pero tener más no significa estar en mejores condiciones. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ubica a Cuba en la posición 67ª, siete lugares por encima de México, con un desarrollo humano alto. En los recientes Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Cuba de ubicó en el medallero en la 18ª posición, con 11 medallas, sólo superada en América Latina por Brasil, el anfitrión -y poseedor de la economía y demografía más importantes en la región. La esperanza de vida en la mayor de las Antillas ronda los 79 años –superior a la de Estados Unidos-, mientras que la de México no ha podido rebasar los 75. La mortalidad infantil es de apenas cuatro niños en Cuba –nuevamente por encima de la registrada en la Unión Americana-, frente a 11 en México. Por otra parte, el analfabetismo en Cuba es inexistente, en tanto México se ubica en el 86° lugar mundial.


¿Qué hay de las libertades y derechos políticos? También aquí sobresalen las diferencias. En los índices de libertad que publica el think tank estadounidense Freedom House, Cuba figura como el único país “no libre” en el continente americano, en tanto México aparece como “parcialmente libre” en gran medida debido a los crecientes márgenes de maniobra de la delincuencia organizada que ha permeado a buena parte de las instituciones gubernamentales. Estos datos son relevantes a efecto de valorar el significado de Fidel Castropara Cuba y el mundo. La figura de Castro, icónica, desencadena opiniones encontradas: hay quienes lo consideran un gran líder que enfrentó a Estados Unidos y salió avante. Pero también hay quienes opinan que Castro fue un dictador, supresor de las libertades individuales y de los derechos políticos de los ciudadanos, a fin de ejercer un control que le garantizara la supervivencia política por largo tiempo.


Cuando la Unión Soviética inició dramáticas reformas económicas y políticas al amparo de la dirigencia de Mijaíl Gorbachov, Europa Oriental experimentó, salvo excepciones, procesos de democratización económica y, sobre todo, política, sumamente convulsos. El caso más dramático es el de los Ceausescu en Rumania. Cuba resintió el colapso de la Unión Soviética, al igual que el fin del enorme subsidio que Moscú otorgaba a la economía caribeña. Con todo, Cuba sobrevivió a ese terremoto político. En pleno siglo XXI, en América Latina, el populismo de izquierda, poco a poco fue perdiendo terreno, sin que ello tuviera eco en La Habana. Las llamadas primaveras árabes que vieron caer a dirigentes como Mubarak, Qadafi, Saleh –considerados todos ellos como dictadores-, tampoco tuvieron eco en Cuba. Con una modesta perestroika en lo económico, Cuba se las arregló para postergar la glasnost al día de hoy. A todas luces, la supervivencia del régimen cubano en un mundo donde el respeto de los derechos humanos está en boga, es un logro que no se explicaría si no fuera porque otros derechos humanos, sobre todo los de carácter social, lograron notables avances.


Fidel Castro tuvo el tino de identificar y aprovechar la importancia geopolítica de Cuba. A unos cuantos kilómetros del territorio estadounidense, la isla es considerada como parte de la zona de seguridad de EU. Cuando, en los 60 finalmente La Habana estableció una alianza estratégica con la Unión Soviética, había logrado maniobrar para protegerse de cualquier intentona invasora o golpista de parte de Washington. Esta alianza fue más cara para la URSS que para Cuba. Pero a los ojos de Moscú, bien valía la pena tener un aliado a unos pasos de Estados Unidos.


No hay que perder de vista que la Revolución Cubana fue una revolución antiimperialista, por más trillado que puede parecer el adjetivo. La explotación azucarera en manos de los intereses estadounidenses, beneficiaba escasamente al pueblo cubano y sólo privilegiaba a un estrato social. El azúcar generaba riqueza, sí, pero una riqueza muy mal repartida. Con la Revolución Cubana y la expropiación de tierras e infraestructura que poseían sobre todo los estadounidenses, se dio un paso decisivo para redistribuir la pobreza. Hay quienes acusan que los dirigentes cubanos, encabezados por el propio Fidel, gozaban de enormes beneficios que le estaban vedados al grueso de la población. Con todo, la calidad de vida de los cubanos, medida en términos de los indicadores anteriormente referidos, mejoró sensiblemente. Y ello se explica en buena medida por su idiosincrasia. Castro devolvió la dignidad a un pueblo ávido de tomar el control de su destino. Eso no es poca cosa. Los cubanos se organizaron para defender su territorio de cualquier intromisión –ello ha derivado en una preparación no sólo para hacer frente a un conflicto bélico, sino, incluso, para responder a fenómenos naturales como los huracanes, por ejemplo. Los cubanos reformaron su sistema educativo, generando recursos humanos calificados que le reportarían enormes beneficios al país, tanto internamente como en la política exterior. Sin ir más lejos, Cuba se las ha arreglado para vía la diplomacia de la salud, echarse a la bolsa a diversos gobiernos africanos, agradecidos con el envío de médicos, personal sanitario y demás, para hacer frente a diversas contingencias como el ébola, por citar sólo uno de los casos más recientes.


La Revolución inspiró a otros tantos movimientos en el mundo, la mayoría de los cuáles fracasaron, posiblemente porque sus líderes no supieron mover los alfiles del ajedrez mundial con la sagacidad con que lo hizo Fidel Castro. Cierto, hay negritos en el arroz como la aventura de Angola, pero este hecho, contrastado con los logros en política exterior, arroja resultados que favorecen al país caribeño. Por ejemplo, cada año Cuba se las arregla para que la comunidad internacional vote, en su inmensa mayoría, en la Asamblea General de Naciones Unidas, contra el embargo que EU mantiene en su contra. Este año, por ejemplo, por primera vez EU se abstuvo de votar y los 191 países restantes votaron por levantar el bloqueo.



Orador excelso, Fidel Castro ha sido el líder que dio el discurso más largo en la ONU el 26 de septiembre de 1960 –duró 4 horas y 29 minutos. Otro discurso, esta vez ante la Asamblea Nacional de Cuba, en febrero de 1998, se prolongó por espacio de 7 horas con 15 minutos. Castro es también el dirigente que más tiempo ha permanecido en el poder. Asimismo, fue a quien más veces trataron de asesinar: 638 intentos, según el servicio secreto cubano. Asimismo, a diferencia de otros dirigentes obsesionados con costosos bienes materiales y mujeres hermosas, Castro se distinguió por la discreción en torno a su vida personal, no obstante contar con una familia numerosa en la forma de hermanos, hijos, nietos, etcétera.


A Castro se le puede dar el crédito de haber colocado a Cuba en el mapa y la geopolítica mundiales, pese a ser una pequeña nación de 11 millones de habitantes y 110 mil kilómetros cuadrados, con una base de recursos naturales muy limitada.Se cuenta que tras el fallido asalto al Cuartel Moncada en 1953, en el juicio que se le siguió, Castro acuñó una frase emblemática al señalar “la historia me absolverá”. Por si las dudas, esa frase se puede complementar con otra que manifestó a propósito de su emblemática barba. Al respecto, el polémico líder cubano afirmó: “mi barba significa muchas cosas para mi país. Cuando hayamos cumplido la promesa de un buen gobierno, me afeitaré la barba”. Pero Castro portó esa barba hasta el último momento.

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