Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

El gasolinazo: la protesta social desde las redes

En México, el inicio de 2017 estuvo marcado por acciones colectivas: miles de personas mostraron inconformidad contra el sistema político por el aumento al precio de la gasolina. Tomaron carreteras, bloquearon accesos a edificios y escenificaron toda una gama de manifestaciones en espacios físicos e Internet. Las redes sociales digitales (RSD) se convirtieron en el flujo de información de la protesta y en instrumento de lucha entre los contendientes. El conflicto de la calle, también fue un conflicto en las redes.

A finales de 2016 circuló la noticia de que sería liberado el precio de la gasolina a partir de 2017. Entre los días 8 y 14 de diciembre, los cibernautas comenzaron a utilizar la etiqueta #gasolinazo para rechazar tales aumentos. Los incrementos pronosticados fueron de 14.2% para la magna, 20.1% para la premium y 16.5% para el diésel. Estos aumentos serían variables durante 2017, es decir, cada mes habría cambios en el precio y estos serían diferentes en los estados del país. Entidades como la Secretaría de Hacienda y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), el sector empresarial e incluso la banca proporcionaron una serie de explicaciones sobre tal medida. Entre las causas del aumento mencionaron la eliminación de subsidios, la depreciación del peso y el alza sostenida del costo de la gasolina en EU, entre otros factores.

El 27 de diciembre la CRE dio a conocer los aumentospara las 83 regiones del país y las 7 regiones de la frontera, tales cambios entrarían en vigor el primer día de 2017. De acuerdo a la dependencia, los incrementos continuarán hasta el 1 de enero de 2018 cuando en todo el país los precios de la gasolina sean libres, con lo cual se pasará de un modelo de proveedor único a un sistema donde participarán empresas nacionales y extranjeras. A partir de este anuncio, comenzaron a difundirse infografías y gráficas que mostraron una realidad que sólo había intentado ser explicada y entendida a través de la narrativa textual. Desde las RSD las inconformidades se amplificaron: los usuarios publicaron comentarios, compartieron enlaces y fue más frecuente el empleo de la etiqueta #gasolinazo, #magna #NoAlGasolinazo y #ReformaEnergética.

La inconformidad no se expandió sólo por aquella medida. A finales de 2016, al menos en 15 estados se registró desabasto de gasolina. Según Pemex, esto se debió a una toma clandestina del poliducto Salamanca-León, en tanto miembros de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas), señalaron que fue por la especulación debido al aumento en los precios. Otras versiones como la de Carlos Murrieta, director de Pemex Transformación Industrial, indicaron que la culpa fue de los consumidores por incrementar la demanda debido a compras de pánico. Durante los primeros días del año, el asunto de la gasolina ya se había convertido en uno de los tópicos más comentados tanto en las RSD como en una gran cantidad de medios de difusión tradicional. En Facebook, Twitter y WhatsApp se convocó a una primera acción colectiva: bloquear las instalaciones de gasolineras y no consumir combustible en los tres primeros días del mes. Entre los mensajes, los convocantes llamaron a realizar una revolución contra el gobierno traidor, despedir a los políticos “rateros” y al Presidente de la República, pues confiaban que a través de las movilizaciones vencerían al Estado corrupto: “les ganaremos la guerra en 72 hrs. Sin ningún ejército de por medio, sólo un ejército de ciudadanos que en silencio haga eso, no consumir combustible tres días”.

La manifestación en redes

A nivel planetario las RSD se han convertido en un espacio de enfrentamiento entre rivales. Por lo general tal enfrentamiento, implica a víctimas y victimarios, a grupos que encaran a otros grupos que tienen cierto poder. En los últimosaños, Internet y en específico, Twitter y Facebook, se han utilizado con fines de acción colectiva virtual. La protesta tradicional, que incluye cierta organización y abarca repertorios de acción colectiva –huelgas, marchas, revueltas, etcétera– se registra en espacios físicos: plazas, edificios, calles. Las manifestaciones, como apunta Charles Tilly, uno de los teóricos clásicos en los movimientos sociales, siempre tienen una forma política que intenta obtener ciertos derechos no alcanzados o exigir ciertas promesas no cumplidas. En nuestra sociedad, tales exigencias encuentran eco en las RSD.

¿Qué ha pasado en nuestro planeta en las últimas décadas en el campo de los conflictos sociales? La acción colectiva integró a sus repertorios las nuevas tecnologías. Esto fue posible debido a que los nuevos artefactos permiten la conexión entre los usuarios. Como señala Manuel Castells en su célebre Comunicación y Poder: “el campo de la comunicación de nuestra época está surgiendo a través de un proceso de cambio multidimensional configurado por los conflictos enraizados en la estructura contradictoria de intereses y valores que constituyen la sociedad” (Castells, 2010, p.84). Por lo tanto, los grupos en pugna encuentran en las nuevas redes un canal donde comunicar el problema. En la historia reciente, es posible ver la evolución de las inconformidades sociales ligadas al uso tecnológico. Desde las elecciones en Irán y EU, hasta las manifestaciones en Medio Oriente, cada historia tiene ingredientes diferentes derivados de circunstancias específicas. La acción colectiva por el desempleo en España fue diferente a las inconformidades en Brasil contra el gasto público, y lo mismo ocurrió en Gran Bretaña para exigir justicia o en China para pedir al gobierno mayor apertura democrática. Lo cierto es que las personas al acceder a la tecnología tienen la facultad de construir sus propios discursos. Con Internet y las RSD las narrativas dirigidas a amplios sectores (o públicos) dejaron de ser de uso exclusivo de los medios tradicionales y de otras formas de poder. Por tal motivo, los hechos ahora pueden narrarse desde múltiples perspectivas y sus subjetividades tienden a ser cada vez más densas.

En México, cuando existen intereses y valores diferentes entre actores sociales y grupos de poder, tales desacuerdos encontrarán en las redes un espacio para exponer sus posiciones. Internet y las RSD posibilitarán que la información del conflicto circule y pueda ser conocida por los demás. En este proceso, individuos y grupos ajenos al conflicto podrían manifestar una postura a favor o en contra de alguno de los bandos. Un ejemplo fue el caso de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. La participación del crimen organizado y de autoridades públicas en la desaparición de los jóvenes generó un clima de encono en varias partes del país. La indignación se tradujo en un movimiento social que durante los últimos cuatro meses de 2014, se caracterizó por emplear Internet. La información circuló por las redes y permitió nuevas adhesiones contra de los victimarios.

El tema del llamado #gasolinazo es un nuevo ejemplo de cómo las redes se han convertido en un asunto que va más allá de un simple sistema de comunicación. La nueva tecnología no es sólo una serie de artefactos que funcionan con lenguaje binario y que tienen la capacidad de conectarse en red con otros aparatos y usuarios siempre y cuando existan códigos comunes para la interactividad. Se ha convertido bajo ciertas circunstancias en una herramienta política. Aquí me refiero sólo a un punto de tal afirmación: los usuarios dotan a la tecnología de significados políticos. Convertir los teléfonos móviles en instrumentos de lucha supera los intereses que en su momento tuvieron los diseñadores de dichas innovaciones. Pedir a los cibernautas que utilicen la red con fines no políticos, es casi imposible. Las sociedades han encontrado un espacio ideal para llevar a cabo acciones en defensa de sus valores y para montar narrativas contra aquello que intenta ejercer dominio.

#Gasolinazo

El conflicto por el aumento al precio de la gasolina entre amplios sectores de la sociedad y el sistema político, polarizó posturas, dividió a grupos y enfrentó a opositores. Al menos en las redes, el tema se abordó desde la intolerancia, prevaleció un discurso irracional mezclado con otros factores políticos (posturas del gobierno, declaraciones de líderes partidistas, escándalos por corrupción, etcétera), factores sociales (pobreza, inflación, precariedad laboral, salario mínimo, etcétera) y aspectos tecnológicos (videos, hashtags, memes, trending topics, etcétera).

La protesta no se derivó simplemente por el aumento en los precios al combustible, se trató como lo han escrito diversos analistas, de la gota que derramó el vaso. En el último año se añadieron nuevos ingredientes a una inconformidad social latente y a veces, evidente, contra el sistema político y otros grupos de poder. Aquí podríamos citar los casos de corrupción en las administraciones estatales, el incremento de la violencia originada por el narcotráfico, la impunidad, el abuso que comenten trasnacionales contra pobladores, la condonación de impuestos a grandes empresas, la incertidumbre que generó el triunfo de Donald Trump, el aumento de impuestos, etcétera. Todos estos problemas son administrados individualmente. Vale la pena preguntarnos hasta qué punto la sociedad es capaz de procesar las grandes cantidades de información que todos los días circulan en los espacios públicos.

Desde los espacios virtuales la sociedad manifestó diversas posturas, que se confeccionaron en forma individual de acuerdo a distintos factores, como la información disponible para intentar comprender lo que ocurriría. En la primera semana de enero, circularon una gran cantidad de etiquetas relacionadas al aumento de los combustibles: #NoAlGasolinazo2017, #reversaAlGasolinazo, #Gasolinazo2017, #BoicotEconómicoYa y #AltoAlSaqueo, entre otras. El primer día del mes marcharon personas en la Ciudad de México, quienes partieron del Ángel de la Independencia hasta la Plaza de la Constitución. Lo mismo ocurrió en Saltillo, Coahuila. También ese día se presentaron bloqueos de calles y toma de gasolinerías en Aguascalientes, Jalisco, Hidalgo, Guerrero, Nuevo León, Veracruz y Quintana Roo.

El 2 de enero, transportistas bloquearon instalaciones de Pemex en Morelos, Chiapas y Sonora, en tanto en Michoacán los camioneros tomaron casetas de cobro de las autopistas en Apatzingán, Jacona, Nueva Italia, Buenavista, Tomatlán y otros puntos. En Chihuahua, integrantes de El Barzón bloquearon las carreteras que conducen a Nuevo Casas Grandes y Juárez, mientras productores agropecuarios impidieron el paso por Ciudad Cuauhtémoc y Camargo. Los días 4 y 5 de enero las manifestaciones ya se habían extendido a Baja California, Sonora, Tamaulipas, Guanajuato, Guerrero, Puebla, Tabasco, Chiapas, Yucatán y Zacatecas. Como parte de la inconformidad fueron cerradas oficinas de gobierno, se tomaron plazas públicas, se permitió el paso libre de vehículos que circulaban por autopistas y se obstaculizó el ingreso a gasolinerías.

La acción colectiva no fue organizada, surgió en forma espontánea. En medio del caos, la irritación terminó algunas ocasiones en violencia. En el municipio de Acolman, ciudadanos inconformes quemaron llantas para impedir el paso vehicular y regalaron el combustible de una estación de gasolina cercana. En la zona Metropolitana del Valle de México, varias tiendas fueron asaltadas por personas que protestaban y en Naucalpan, un contingente de encapuchados se llevó aparatos electrónicos de una tienda Chedraui. Los robos a negocios de tiendas de autoservicio como Soriana, Bodega Aurrerá, Coppel, Walmart y Famsa, se expandieron a Oxxos, mueblerías, casas de empeño y tiendas de abarrotes en Hidalgo, Guanajuato, Quintana Roo y Veracruz. La intervención de la policía dejó a su paso las primeras muertes producto del vandalismo y los robos. Algunas de las protestas se convirtieron en ocasión propicia para llevar a cabo este tipo de prácticas.

El conflicto por el gasolinazo pasó de ser una realidad virtual a una protesta callejera. Este punto es central en las movilizaciones contemporáneas por dos motivos. El primero es que si bien es cierto que la indignación en las RSD por el aumento al precio del combustible tiene repercusiones sobre las formas de poder, tales efectos en el fondo son virtuales. Este activismo en línea adquiere mayor relevancia cuando los grupos sociales dejan la pasividad y participan en acciones. Las marchas, los bloqueos e incluso los saqueos, son simplemente la actualización de un estado virtual: la protesta real siempre fue posible en tanto fue latente en Internet. El tema del #gasolinazo fue capaz de sacar a los manifestantes de sus espacios online y llevarlos a la exigencia real. Y el segundo punto es que al traspasar la barrera de la virtualidad, los manifestantes también adquieren mayor vulnerabilidad. La queja desde el ciberespacio es hasta cierto punto cómoda. Pero cuando el internauta se manifiesta en la calle, aquello que era virtual se reviste de una identidad real.

Otra característica del #gasolinazo fue la desinformación y la descontextualización de hechos. A lo largo del tiempo que el tema fue parte de la agenda en las RSD y de los medios tradicionales, circularon por Internet una gran cantidad de versiones tergiversadas, información manipulada y una serie de acontecimientos no comprobados. Lo interesante de este fenómeno fue que los contenidos simbólicos generados tenían como fuente la ficción, siempre apelaban a las emociones y estaban dirigidos contra oponentes políticos. Las noticias inventadas se difundieron desde portales como www.argumentopolitico.com y www.lanoticiauniversal.com. Entre la fantasía publicada se encuentran las supuestas amenazas de muerte que recibió un científico que descubrió la forma de reducir el precio de los combustibles: “fuertes amenazas que ha recibido Francisco Nungaray Benitez desde que se conoció su descubrimiento de la creación de hidrocarburos a partir de desechos hospitalarios que no sólo reduciría los precios de la gasolina sino que también ayudaría al medio ambiente”. Otra información falsa fue el supuesto mensaje de Kate del Castillo que circuló en WhatsApp, en el que supuestamente llamaba a un “paro nacional” y a la “desobediencia civil”: “Amigos y familiares. Todos nos hemos dado cuenta del poder que tienen las redes sociales y la facilidad con la que podemos difundir un mensaje. Hagamos viral lo que nos beneficia a todos y no sólo lo que nos provoque un momento de risa, como todos sabemos la gasolina tendrá un incremento el 1 de enero, por ello invito a paralizar por 3 días la compra de gasolina, hagamos una revolución pacífica sin disparar un solo tiro…”.

También aparecieron bots. La estrategia de los robots fue distribuir a través de Internet una gran cantidad de mensajes con distintos fines. Durante los días de protestas que registraron los saqueos de tiendas al menos en cinco estados, en Twitter fueron más visibles las etiquetas vinculadas al vandalismo que a la manifestación por el gasolinazo. Mediante esta red, se promovieron hashtags sobre el saqueo y el robo de establecimientos. En WhatsApp también circularon mensajes que inducían a la población al saqueo de productos durante las protestas. De acuerdo al colectivo @LoQueSigue, un grupo de bots y trolls lograron posicionar como tema tendencia en Twitter la etiqueta #SaqueaUnWalmart. Días después, la Policía Cibernética de la Ciudad de México confirmó que durante los saqueos se detectaron mil 500 cuentas bots que incitaron a cometer los robos. No obstante, la empresa Agencia Digital reveló que no fueron mil 500, sino 14 mil 403 cuentas falsas que promovieron la desestabilización social, y en su mayoría, ubicadas mediante su dirección IP en Zacatecas y Chiapas. A esto, se sumó un segundo objetivo: promover la confusión y el miedo colectivo. Fueron distribuidos videos e imágenes falsas que mostraban hechos ficticios, como enfrentamientos a pedradas entre ciudadanos y policías, hasta tanques de guerra tomando plazas. Las imágenes y los videos correspondieron en algunos casos, a hechos registrados en los conflictos armados de Turquía, Siria e Irak.

La acción colectiva se nutrió de la irritación social, inició como activismo online y se trasladó a la movilización callejera. La comunicación en red fue un elemento central para la cohesión, para la organización espontánea y para identificar a los enemigos, a los responsables de la crisis social. Las RSD se convirtieron en un nuevo espacio de conflicto político. La gran cantidad de información y la rapidez de su distribución, hicieron cada vez más difícil lacodificación y su interpretación. Las distorsiones de la información y la manipulación en la visibilidad de los temas debilitaron la participación social y atentaron contra la libertad en Internet. Esta fragilidad de la red tiene consecuencias directas sobre la forma en la cual las personas configuran su realidad, definen y dan significado a las circunstancias y acontecimientos sociales a partir de experiencias mediatizadas.

 

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